Arte paleolítico en España

Primeras manifestaciones artísticas. Estilo artístico. Pinturas rupestres. Escuela francocantábrica. Cueva de Altamira. Animales. Signos geométricos

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Arte del paleolítico en España.

Estilo artístico desarrollado en España, lo mismo que en el resto de las

tierras europeas, hace unos 25000 años a.C., con la aparición de la

nueva cultura Auriñaciense. Son las primeras manifestaciones artísticas

del hombre, y aparecen en forma de pinturas rupestres realizadas en las

paredes de cuevas y abrigos.

A veces, además de dar colorido a las superficies de cuevas, el hombre

rasca la roca produciendo grabados y bajorrelieves. Sus mejores

manifestaciones son las pertenecientes a la denominada Escuela

francocantábrica, de la que se tienen ejemplos tan notables como la

Cueva de Altamira.

Estas manifestaciones son producto de la principal preocupación de

hombre en ese momento: la supervivencia como grupo. Las pinturas tenían

el efecto religioso o mágico de propiciar la caza y los nacimientos. Se

realizaban mediante materiales diversos: magnesio, óxido de hierro,

tierras, carbón, que mezclaban con grasas de animales. Mientras que los

grabados se realizaban aprovechando el propio relieve de la roca y

empleando útiles de piedra para perfeccionarlo, la representación de los

animales, que son objeto de caza y los símbolos de la procreación,

constituyen los motivos más frecuentes.

En la Península son numerosísimos los lugares habitados por el hombre

del Paleolítico Superior donde se han encontrado manifestaciones de arte

rupestre, especialmente en toda la cornisa cantábrica, zonas aisladas

del interior y costas levantinas y meridionales.

Algunas de las muestras más primitivas e importantes son las Cuevas de

la Hoz y la de los Casares. Estas dos cuevas, situadas en las

localidades alcarreñas de Santa María del Espino y Riba de Saelices,

respectivamente, fueron lugar de albergue del hombre musteriense,

especialmente la segunda, dejando en ellas restos de sus utensilios, de

los animales cazados y aún de ellos mismos (metacarpiano humano).

Sobre todo, destaca en esta cueva la abundancia y belleza de sus

grabados y pinturas parietales, perdidas casi por entero en la Cueva de

la Hoz, catalogadas como pertenecientes a un período situado entre el

Auriñaciense típico o Perigordiense Superior (22000 años a.C.) y el

Magdaleniense. Al primer período corresponderían los grabados de

antropomorfos y caballos más representativos de su arte parietal, que

dada su abundancia cabe pensar en la condición de santuario que debió de

tener en esta zona del alto Tajo.

Pertenecientes al Auriñaciense y con una antigüedad de unos 18000 años

son las pinturas rupestres de la Cueva de la Pileta en Málaga.

Estas pinturas incluyen bastantes dibujos de animales resaltando entre

otros varias siluetas de caballos realizados en rojo y negro, además de

abundantes signos geométricos. La profusión de pinturas (posiblemente

realizadas en "andanadas" por diferentes "artistas") confieren a este

lugar un sentido especial de santuario y como tal debió ser utilizado

durante largo tiempo. Más del 90 % de las representaciones artísticas en

la Península tienen como tema los bóvidos, siendo una de las pocas

excepciones un extraordinario dibujo de un pez, silueteado en negro,

realizado con gran realismo en esta cueva.

Durante el período Solutrense, hace unos 16.000 años, en diversos

lugares de las costas levantinas, en cuevas y abrigos naturales, se

realizan toscos grabados realizados en rocas, hueso y madera, o dibujos

con carbón u otros pigmentos en las paredes. Una de las muestras más

representativa de este período se encuentra en la Cueva del Parpalló,

situada en las proximidades de Gandía (Valencia). El hombre almacenó

allí miles de plaquetas grabadas con representaciones de diferentes

animales como cabras, ciervos, caballos, toros y algún jabalí.

Pero es en la cornisa cantábrica donde se encuentran las mejores

manifestaciones del Paleolítico español, todas ellas pertenecientes a la

escuela francocantábrica. La Cueva de Tito Bustillo, es una caverna

situada en Ribadesella, llamada así en recuerdo de uno de sus

descubridores que murió a los pocos días de su hallazgo en un accidente

montañero. Durante el Paleolítico fue utilizada por el hombre

prehistórico y un cataclismo ocultó la entrada natural.

Sus descubridores, el 12 de abril de 1968, tuvieron que descender por

una peligrosa chimenea y tras explorar sus salas se encontraron con una

pared totalmente pintada con figuras parangonables a las de la cercana

Altamira. En el Gran Panel hay figuras de tamaño natural: varios

caballos de diferentes razas, renos, ciervos, algún bóvido y signos

tectiformes. Están realizadas en manchas de color utilizando gamas de

negro, rojo, violeta y tierras que modelan las figuras a base de

esfumados y degradados de las tintas planas. La mayoría de las figuras

están repasadas con grabados. Particularmente interesantes son las

representaciones esquemáticas del camarín de las vulvas interpretadas

como órganos sexuales femeninos. También destacan las numerosas muestras

de arte mobiliar, rescatadas en las excavaciones.

En la misma zona asturiana existen otras cuevas con arte rupestre de

similares características. Destacan las Cuevas del Buxu en Cangas de

Onís, la de San Román de Candamo, la del Pindal en Pimiangu. Las

pinturas de esta zona están encuadradas en la línea estilística de

finales del Solutrense y Magdaleniense medio, es decir, tienen una

antigüedad comprendida entre los 20000 y 15000 años a.C.

Otra de las grandes muestras se encuentra en la Cueva del Castillo, en

la localidad cántabra de Puente Viesgo. Es uno de los complejos

cuaternarios más importantes de la Península Ibérica formado por las

cuevas del Castillo, Pasiega, Flecha, Chimeneas y Monedas que contienen

una variada representación pictórica y restos de útiles que cubren una

larga trayectoria histórica. Culturalmente se enmarcan desde el

Solutrense al Magdaleniense más temprano (18000 a.C. al 9000 a.C.).

En la Cueva del Castillo se han hallado, además de bastantes pinturas

rupestres, pertenecientes unas al Solutrense y otras al Magdaleniense,

diversos objetos entre los que destacan un omóplato con un ciervo

grabado y un bastón de mando realizado en asta con un perfecto

bajorrelieve grabado representando un ciervo. A la entrada de la cueva

se encuentra un importante yacimiento arqueológico donde se han

encontrado más de veintiséis niveles estratigráficos que comprenden

desde el Musteriense hasta el Neolítico y Edad de los Metales. Entre las

variadas pinturas y grabados del interior de la cueva destacan figuras

rojas o policromas de bisontes, caballos y ciervos; múltiples manos en

negativo, pintadas mediante el soplado de pigmentos a través de un tubo,

y la excepcional imagen de un elefante. Una estalagmita, situada en el

centro de la cueva, ha sido retocada y pintada con negro para resaltar

los rasgos de un bisonte rampante.

En esta cueva, al igual que en las otras, situadas en sus inmediaciones.

Existen múltiples dibujos de signos entre los que abundan los llamados

tectiformes, bandas de puntos y otros signos geométricos.

Por último, la obra magna del cuaternario español son las pinturas de la

gran sala de la Cueva de Altamira. Los habitantes del norte de la

Península de hace unos 15000 años consiguieron el más alto nivel

artístico en sus manifestaciones pictóricas, como lo demuestran las

pinturas de Altamira, denominada Capilla Sixtina del arte cuaternario.

Fueron realizadas utilizando las más sofisticadas técnicas de la época,

con gran variedad de colorido que cubre y modela las figuras, dando la

sensación de volumen al aprovechar los abultamientos naturales de la

roca, realismo y naturalismo extremos en las animales representados. Los

motivos representados son muy variados, pero sobresalen los bisontes de

estepa en diferentes posiciones y actitudes, coloreados en rojo y negro,

ocres y morados.

También se encuentran algunos uros, una gran cierva de 2,20 m corona el

"Gran Techo". Se da el caso de que cuando Sautuola descubrió estas

pinturas en 1879 la comunidad científica rechazó el que estas hubiesen

sido pintadas en la prehistoria. Hubo que esperar al descubrimiento en

Francia de pinturas prehistóricas similares para reconocer el valor de

Altamira.