Arte clásico romano

Historia del arte. Roma. Arquitectura. Ciudades. Construcciones de carácter público. Templos. Teatros. Anfiteatros. Circos. Termas. Basílicas. Obras de ingeniería. Calzadas. Acueductos. Casas. Escultura. Relieve histórico. Retrato. Hispania romana

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EL ARTE CLÁSICO

ROMA

ÍNDICE

* Historia de Roma……………………………. Págs. 1 y 2

* La arquitectura romana.

Características generales……………………. Págs. 2 y 3

* La ciudad romana…………………………… Págs. 3 y 4

- Construcciones de carácter público…. Págs. 4, 5 y 6

- Obras de ingeniería……………………… Págs. 6, 7 y 8

- Las casas romanas………………………… Págs. 9 y 10

* La escultura………………………………………. Pág. 10

- El relieve histórico……………………………….. Pág. 11

- El retrato…………………………………… Págs. 11 y 12

* El arte en la Hispania romana………... Págs. 12 y 13

BIBLIOGRAFÍA

  • Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta 2003.

  • Enciclopedia Larousse.

  • Libro de texto de 2º de Bachillerato de Historia del Arte de SM, Varios Autores.

  • Páginas web: www.artehistoria.com, www.arquivolta.com.

  • Apuntes de cultura clásica de 4º de la E.S.O.

  • Apuntes de Hª del Arte de 2º de Bachillerato.

1. Historia de Roma

Según la leyenda, la ciudad de Roma fue fundada por Rómulo y Remo en el año 753 a.C. En este período la península itálica estaba habitada por diferentes pueblos, entre los que destaca el pueblo etrusco, que proporcionó el rito de fundación y modelo de la ciudad, que más tarde se extendió por todo el orbe romanizado; los fundamentos de su religión y los sacrificios adivinatorios y funerarios.

Se sucedieron en Roma, según la tradición siete reyes en total, como sus siete colinas. El último de estos reyes fue destituido, su nombre era Tarquinio el Soberbio. Durante la monarquía había constituido un Senado representado por los “pater” de cada grupo familiar. Durante estos siglos Roma recibe las primeras influencias importantes de la cultura griega a través de la Magna Grecia. La tiranía de este último rey, suscitó la aparición de una nueva forma de gobierno: la República. Esta nace en el año 509 a.C. y se alza como un régimen democrático, con elecciones populares llamadas comicios y con unos magistrados elegidos por el pueblo. Los jefes de gobierno eran dos, conocidos con el nombre de cónsules, que también tenían a su cargo el ejército. La sociedad republicana estaba dividida básicamente en dos clases sociales: los patricios, que gozaban de los privilegios políticos y religiosos y ostentaban el poder; y los plebeyos, que luchaban por la igualdad de derechos. Esta forma de gobierno duró cerca de 500 años.

Su expansión territorial por el Mediterráneo supuso un gran avance hacia el engrandecimiento de Roma, ya que su cultura se enriqueció enormemente bajo el influjo de la cultura oriental y la helenística, sobretodo. Estas conquistas también tenían su lado negativo, ya que envanecieron a los poderosos y fomentaron la aparición de una plebe urbana muy disconforme. Las guerras civiles de los siglos I y II a.C. surgieron a consecuencia de este enfrentamiento y de la ambición de los jefes militares, que aspiraban a controlar el poder de forma personal. Al final del período republicano, Augusto instauró el Principado, y con ello legó a sus sucesores una nueva forma de dominio, el Imperio.

Tras los asesinatos de los hermanos Tiberio (133 a.C.) y Cayo Sempronio Graco (121 a.C.), la ciudad experimentó un período de inestabilidad que llegó a su cenit con las guerras civiles del siglo I a.C. que finalizaron con la auto-proclamación de Cesar Augusto como Emperador. A comienzos de este período, Roma era ya la capital del Imperio y de ella partía el sistema viario que la ponía en contacto con sus diferentes regiones.

Las dinastías de emperadores del s. I d.C. encarnaron el ideal de gobernante militar piadoso y divinizado. Estos eran elegidos por el antecesor y el Senado, el ejército participaba en menor grado, aunque fuera el auténtico motor del Imperio.

En el s. III d.C. las crisis económicas, el declive de la vida urbana en el que Roma basaba su prestigio y su modelo de vida, y la presión de los bárbaros en las fronteras llevaron al desorden político y con ello al anarquismo militar. En este período fue cuando el cristianismo se extendió por todo el territorio romanizado.

Debido al declive que sufre el Imperio, el emperador Constantino I el Grande, traslada la corte imperial a la ciudad que funda: Constantinopla, que se encuentra más próxima a las fronteras.

En el año 476 d.C. la invasión de Roma por los ejércitos ostrogodos pone fin la existencia del Imperio Romano de Occidente.

2. La arquitectura romana. Características generales

En Roma no se entendía la arquitectura sin conocimientos prácticos, es decir, de los materiales, de su peso, su resistencia y de las distintas técnicas de edificación, lo que hoy es parte de la ingeniería. Para el arquitecto romano su oficio consistía en levantar edificios útiles y bellos. Para que los edificios fueran útiles hacía falta materiales resistentes y ligeros como el mortero, que permitieran grandes alturas, amplios espacios y que adoptaran formas curvas; tenían que incorporar el arco de medio punto y la bóveda de cañón, que hacen posible que un muro se eleve varios pisos y cubrir grandes espacios rectangulares. La cúpula fue especialmente desarrollada por los romanos para cubrir espacios cuadrados o circulares.

Para que fuesen bellos, los edificios ocultaban los materiales baratos y ligeros de que estaban hechos (mortero, ladrillo) con placas de mármol o con pintura, y decoraban la fachada utilizando columnas, arquitrabes, arcos, etc. Hay que mencionar que en Roma no existía el concepto de orden arquitectónico, los elementos de los tres órdenes griegos, el toscano y el compuesto (mezcla de jónico y corintio) combinaban de forma conjunta según criterios compositivos y ornamentales.

Los romanos usaron tanto el sistema de construcción arquitrabado como el abovedado. Su uso dependía de la función del edificio, e incluso aisló algunos elementos para crear monumentos singulares (columnas y arcos triunfales).

El sistema arquitrabado era el más elemental y conservador. Roma lo usó en muchas basílicas y templos de tipo griego y etrusco.

El sistema abovedado consistía en cubrir grandes espacios mediante bóvedas de medio cañón. Esto permitía soportar más peso, elevar las construcciones y que el espacio interior fuera más amplio.

Los romanos también utilizaron ambos simultáneamente, pero el peso recae completamente sobre el sistema abovedado; y el arquitrabado y las columnas son meramente ornamentales.

Se diferencian diversos sistemas para realizar los muros dependiendo de los materiales y las necesidades, por ejemplo el opus cuadratum hecho con sillares de toba, aparejadas a soga y tizón o al hilo; el opus testaceum en el que el mortero iba entre ladrillos triangulares o rectangulares; opus caementicium, en el cual se vertía el mortero en un molde de madera que posteriormente se retiraba; opus latericlum se realizaba con ladrillos más estrechos que los actuales; opus reticulatum el cemento recibía forma entre dos paredes de piedras de toba; y opus incertum el cemento se echaba entre piedras irregulares.

3. La ciudad romana

El concepto de ciudad es de origen etrusco. Roma era una ciudad densa, caótica, con barrios humildes que se incendiaban con facilidad, y atestada de monumentos. La mayoría de las ciudades nuevas del Imperio romano poseían dos calles principales que se cruzaban en ángulo recto: el cardo (Norte-Sur) y el decumanus (Este-Oeste), que simbolizaban el universo y dividían la ciudad en cuatro sectores (Roma quadrata).

El trazado de vías menores se hacía de forma ortogonal y las ciudades romanas presentaban un aspecto muy ordenado. En el cruce de las vías principales estaba el foro, en principio lugar de templos y mercado y más adelante espacio público en el que se concentraban: basílicas, termas, fuentes monumentales, bibliotecas, pórticos y todo tipo de monumentos conmemorativos. Los emperadores construyeron sucesivos foros cada vez más grandioso. La ciudad romana de provincias imitaba la arquitectura de la capital:

Se pueden distinguir tres tipos de ciudades:

  • Las que se construyen a partir de un campamento militar.

  • Las que se fundaron por razones estratégicas.

  • Ciudades indígenas transformadas de acuerdo con los patrones romanos.

  • También existen diversas clases de ciudades dentro de cada tipo:

  • Coloniae, asentamientos de reciente fundación o núcleos de población autóctona aliada a Roma que goza del derecho romano.

  • Municipia, centros tribales importantes, pero cuyos ciudadanos no disfrutaban de los derechos romanos.

  • Civitates, capitales del mercado y centros administrativos de las circunscripciones tribales.

  • En las ciudades romanas se pueden distinguir diferentes tipos de edificaciones dependiendo de su función y su uso.

  • Construcciones de carácter público

  • Los edificios públicos gozan de gran importancia en la sociedad romana. Las construcciones públicas romanas son muy diversas. Podemos diferenciar varios grupos.

  • Edificios religiosos

  • a) El templo

    Los templos romanos derivan directamente de los modelos griegos y etruscos: planta rectangular, tejado a dos aguas, vestíbulo profundo con columnas exentas y una escalera en la fachada dando acceso al mismo templo. Los romanos también aportaron algo a sus templos, la utilización como base, de un podio elevado al que se accede mediante una escalinata.

    Por lo general no fueron períptedos y limitaron las columnas a la fachada, que contenía un pronaos previo a la cella. En ocasiones, las paredes de la cella contenían columnas adosadas en su parte exterior.

    Por influencia etrusca el primer orden empleado en los primeros tiempos fue el toscano, pero pronto se empezaron a utilizar el corintio o el compuesto. Realizaban templos de planta circular, que solían estar dedicados a la diosa Vesta. Por lo general los templos fueron de pequeñas dimensiones.

    Una variación estrictamente romana fueron los templos capitolinos, que contenían tres divinidades cada una con su cella correspondiente, aunque a veces se instalaba a la Tríada en tres pequeños e idénticos templos. Un gran ejemplo de la tripología romana es la Masion Carrée de la ciudad de Nimes.

    Los templos romanos no se construían exclusivamente en el foro, sino que se disponían a lo largo de toda la ciudad y hasta en el campo.

    Uno de los ejemplos por excelencia fue el Panteón de Roma, que consistió en el habitual vestíbulo o pórtico columnado cubierto a dos aguas, seguido por un espacio cilíndrico cubierto por una cúpula, sustituyendo la tradicional cella.

    En España subsistieron algunos restos de templos en Barcelona, Mérida, Córdoba y Sevilla.

  • Edificios dedicados a espectáculos

  • a) El teatro

    Los romanos copiaron los teatros griegos para construir los suyos. Constaban de un alto escenario junto a un foso semicircular (orchestra) y un área circundante de asientos dispuestos en gradas (cávea). A diferencia de los teatros griegos, situados en pendientes naturales, los teatros romanos se construyeron sobre una estructura de pilares y bóvedas y de esta manera pudieron ubicarse en el corazón de las ciudades. Los teatros fueron populares en todos los lugares del Imperio. Podemos encontrar ejemplos impresionantes en Orange (principios del siglo I d.C., Francia) y en Sabratah (finales del siglo I d.C., Libia). Los teatros de Itálica y de Mérida fueron realizados en tiempos de Augusto y de Agripa, respectivamente. El segundo de ellos, aunque presenta diferentes fases constructivas, destaca por su pórtico a modo de gran fachada trasera del escenario (frons scaenae) del siglo I d.C. y por su orchestra semicircular.

    b) El anfiteatro

    Estos son una creación romana de carácter monumental. Los anfiteatros (literalmente, teatros dobles) tenían planta circular o elíptica con una pista (arena) central, donde se celebraban combates entre gladiadores o gladiadores y animales, y un graderío alrededor similar al de los teatros. Poseían un complejo conjunto de galerías subterráneas bajo la arena y el graderío, ahí es donde guardaban los materiales, y donde se encontraban los gladiadores y las fieras. El anfiteatro más antiguo conocido es el de Pompeya (75 a.C.) y el más grande es el Coliseo de Roma (80 d.C.), que podía albergar a unos 50.000 espectadores sentados, más o menos la capacidad actual de los estadios deportivos. En la Hispania romana destacan los anfiteatros de Mérida, Tarragona e Itálica.

    c) El circo

    Los circos romanos eran edificios destinados a las carreras de carros, los competidores se llamaban aurigas y montaban en carros tirados por dos caballos (bigas) o por cuatro caballos (cuadrigas). Su forma esta condicionada por las características que se desarrollaban en ellos.

    La estructura de un circo es la de un largo rectángulo de graderías sobre un alto podio que termina en semicírculo en la zona de la meta y en segmento de un gran círculo en el otro extremo, descentrado respecto al eje del monumento, para que las cuadras, allí situadas fueran todas equidistantes del lado derecho de la arena, donde se situaba en comienzo de la carrera.

    El tribunal presidencial podía encontrarse sobre las cuadras o en el centro de un lateral.

    Tenía dos puertas principales en los extremos de la arena: la porta triumphalis, por donde salían los vencedores, y la porta pompea, entre las cuadras, por donde entraban los carros para ser sorteados y distribuidos.

    En el centro de la arena estaba situada la espina, un largo y bajo muro ligeramente desviado del eje longitudinal para facilitar las vueltas. En ocasiones estaba dividido en tramos, y siempre decorado con obeliscos, fuentes, estatuas, etc. Siete huevos y siete delfines indicaban las vueltas dadas por los carros. Este espectáculo movía a grandes masas de gente, los aurigas eran verdaderos ídolos y cada equipo vestía de un color distinto.

  • Otros edificios

  • a) Las termas

    Tanto las ciudades importantes como las más discretas tuvieron sus termas. Concebidas como auténticos centros de vida social, eran balnearios para baños colectivos. Su estructura era compleja y variaba mucho de unas a otras, pero por lo general todas ellas estaban constituidas por tres salas: una para el baño frío (frigidarium), otra para el tibio (tepidarium) y la tercera para el baño caliente (caldarium). Había también vestuarios, una sala para sauna y un gimnasio. En las grandes termas como la de Caracalla en Roma, había además jardines, piscinas, biblioteca, salas de conferencias y tiendas en su interior, además de amplios espacios decorados con estatuas, mosaicos y pinturas.

    b) Las basílicas

    Las basílicas eran los edificios de mayores dimensiones en los foros. Parece ser que surgieron para celebrar en su interior funciones de administración de justicia y reuniones de comerciantes o de asuntos públicos cuando las inclemencias del tiempo no permitían el uso del foro. Eran edificios de planta rectangular, dividida generalmente en tres naves, aunque también las hay de una nave y de cinco.

    La importancia de las basílicas fue enorme para el futuro del arte cristiano, ya que al concederse la libertad de cultos, se utilizaron como primeros templos y de ellas tomaron, los primitivos cristianos, el modelo para sus iglesias.

  • Obras de ingeniería

  • Estas eran obras de utilidad pública, pero que no eran edificios. Entre ellos podemos citar las calzadas, los puentes, los acueductos, los puertos, etc. Además de estas construcciones hay otras como embalses, murallas y cloacas.

  • Las calzadas

  • El Imperio romano daba gran importancia a las calzadas, constituían una tupida red que unía entre sí todos los territorios de cada provincia, y a todas ellas con la capital: Roma. En un principio el sistema fue creado con fines militares y políticos, pero con el desarrollo de la red de calzadas y el crecimiento del Imperio, estas adquirieron gran importancia económica, ya que facilitaban las relaciones comerciales y las comunicaciones. Eran conocidas con un nombre propio, generalmente con el del magistrado o emperador bajo cuyo mandato se habían construido.

    Los ingenieros militares decidían el trazado de la calzada y dirigían su construcción. De ésta se encargaban los propios soldados o contratistas que empleaban mano de obra esclava. El sistema de construcción se describía con la expresión “viam munire” (amurallar, fortificar). Su estructura respondió siempre a un tipo uniforme de construcción. Primero se excavaba un foso de 1.5 metros de profundidad por 6 u 8 metros de ancho. Luego se presentaban cuatro capas de materiales superpuestos, que de abajo a arriba son las siguientes: 1) “statumen” o cimento de grandes piedras fijadas con mortero, para darle solidez; 2) “rudus”, capa de pequeñas piedras y escombros; 3) “nucleus”, compuesto por grava; 4) “summa custra”, la pavimentación final hecha a base de grandes bloques de piedra, ligeramente curvados para no acumular el agua.

    Levemente abombadas, las calzadas disponían de aceras para el paso de peatones. La distancia era señalada cada milla por unos mojones de piedra llamados “piedras miliares”, de la palabra latina “millia” (mil), porque la milla suponía mil pasos lo cual sumaba 1479 metros actuales. Cada 40 Km. Había lugares de descanso y relevo de las caballerías. Estas distancias se marcaban con columnas en las que aparecía el nombre del emperador o magistrado al cual se debía su trazado.

    3.2.2 Los puentes

    Para salvar los accidentes del terreno, las calzadas estaban completadas con admirables obras públicas. Estos eran los puentes, utilizados para cruzar grandes ríos o salvar arroyos y torrentes de montaña. Estos puentes eran muy sólidos con fabricación de piedra. Se construían con arcadas de medio punto y bóvedas de grandes sillares. Los machones que sustentan los arcos tienen un espolón o tajamar para resguardar los cimientos del puente de la acción destructora del agua. Quedan, en la Península, gran cantidad de ejemplares como por ejemplo el puente de Martorell, en Barcelona o el puente de Alcántara, en Extremadura. El Pont du Gard es un ejemplo de puente-acueducto, ya que, en su arquería inferior realiza la función de puente y en su arquería superior es un acueducto.

  • Los acueductos

  • El acueducto es un canal artificial para transportar agua y abastecer a una población. Puede ser un canal abierto o cerrado, un túnel o una tubería, o puede ser un puente que eleve el canal sobre un valle o un río.

    Las culturas antiguas, India y Mesopotamia, construyeron acueductos, pero el sistema más extenso fue el construido por los romanos. Esto es debido a la preocupación primordial de los arquitectos romanos que fue el abastecimiento de agua salubre a las ciudades. El agua, de consumo gratuito para los ciudadanos, llegaba a las fuentes y termas públicas, atendía el saneamiento de las cloacas, etc.

    El conjunto hidráulico se comenzaba con la construcción de un pantano que recogía agua de ríos, a partir de aquí se procedía a la conducción a través de un canal que, según el trazado discurría al aire libre, bajo tierra o sobre arquerías. A la entrada de la ciudad se encontraban las torres de depuración y distribución de aguas. El primer acueducto romano fue el Aqua Marcia de 90 Km. De longitud. Diez acueductos suministraban a la ciudad de Roma 140.000 m3 al día. En la actualidad hay porciones de ellos que aún funcionan. Entre los acueductos construidos cabe destacar el acueducto de Segovia.

  • Los puertos

  • Los puertos en el Imperio Romano gozaron de gran importancia y de gran tráfico en sus muelles. Al igual que los fenicios, los egipcios y los griegos, los romanos buscaron puertos naturales para sus barcos utilizando bahías, desembocaduras de ríos o islas como lugares seguros. Sin embargo los romanos se vieron obligados muchas veces a crear puertos artificiales.

    En España hubo puertos importantes como el de Tarragona, Cartagena, Málaga y Cádiz. De todo el Imperio, uno de los puertos más importantes era el situado en Ostia, a la desembocadura del río Tíber.

  • Las cloacas

  • Los materiales con los que se realizaban eran muy similares a los que se utilizaban en la construcción de los canales de los acueductos. Tenían la función de evacuar las aguas residuales de las ciudades. Entre todas ellas destaca la Cloaca Máxima de Roma.

  • Las casas romanas

  • Aunque los edificios públicos fueron las construcciones más importantes, la mayor parte de la ciudad estaba ocupada por viviendas particulares.

    3.3.1 La domus

    Las viviendas unifamiliares se construyeron con una amplia variedad de formas y tamaños. Las casas más antiguas, fechadas entre los siglos III y IV a.C., parecen haber sido construidas de acuerdo con los modelos etruscos. La casa de los inicios de la República, constaba de un portal de entrada (“vestibulum”) en el cual solía haber en el suelo un mosaico representando a un perro atado con una cadena, con la siguiente inscripción: “Cave Canem” (cuidado con el perro). Tras el portal, y separado por una puerta se continuaba un pasillo (fauces), este se abría a un espacio principal a cielo abierto (atrio) con un estanque central para recoger el agua de la lluvia (“impluvium”), una serie de pequeñas habitaciones (“cubicula”), una zona de recepción y trabajo (“tablinum”) que normalmente daba al hortus, un comedor (triclinium), una cocina (“culina”) y a veces un pequeño jardín trasero (hortus). La parte delantera contaba en ocasiones con estancias abiertas a la calle que servían de tiendas.

    Durante el final de la República y el comienzo del Imperio, las casas romanas se convirtieron en unidades más complicadas. En el atrio se instalaron columnas de estilo griego, el antiguo “hortus” se ensanchó y se rodeó de una columnata (peristilo), y la decoración se hizo bastante profusa. Las viviendas de las ciudades más ricas llegarían a ocupar un bloque entero, como ocurrió con la denominada casa del Fauno de Pompeya, construida a principios del II siglo a.C.

  • La insulae

  • Este tipo de construcción tenía varias plantas, era una casa de tipo urbano y en ella vivían los ciudadanos que no podían permitirse tener viviendas particulares. Los pisos tenían ventanas sin cristales y sólo utilizaban contraventanas. Estas viviendas estaban construidas de ladrillos y argamasa, y estaban siempre expuestas a derrumbamientos e incendios. Los ejemplos mejor conservados, fechados en los siglos II y III, están en Ostia, el puerto de Roma en la desembocadura del río Tíber.

  • La villa

  • Había dos modalidades dentro de la villa: la villa rústica y la villa suburbana. La primera era una casa de campo y la segunda una especie de chalé donde la gente pudiente pasaba el verano fuera de la ciudad, la primera tenía establos, un lagar y una almazara, además de otras dependencias para las labores agrícolas. En la casa de campo había esclavos que, normalmente, eran los menos dóciles y ejercían los trabajos de campo.

    Las villas suburbanas, como las que pertenecieron a Cicerón, el orador y hombre de estado, y a otros romanos famosos, incorporaron grandes terrenos, lagos, santuarios y complejos termales. La más extraordinaria de las villas imperiales conservadas es la de Adriano en Tívoli (iniciada el 118 a.C.). El emperador, Augusto, vivió en una residencia relativamente austera en la colina Palatina en Roma, pero Domiciano ordenó construir a su lado un gran palacio imperial (iniciado aproximadamente el 81 d.C.) que sirvió también como cuartel general de los emperadores posteriores. Tuvo grandes salones de recepción, comedores públicos, fuentes y un jardín en forma de estadio, además de un ala residencial.

    4. La escultura

    La escultura romana, aunque con rasgos estilísticos propios, posee unas claras influencias griegas y etruscas.

    Los etruscos influyeron con su concepto de retrato funerario, que tendía al realismo, a pesar de que los rasgos aparecieran a veces esquematizados y se representase sólo la cabeza o el busto del retratado. También de origen etrusco son las esculturas de bronce de animales, a veces fantásticos, protectores de las tumbas y que en Roma se emplearon como simple decoración.

    De influencia helenística son el gusto por la alegoría y por los temas mitológicos y frívolos, así como el retrato y el relieve narrativo. Esta influencia es tardía en aparecer en Roma, ya que los patricios romanos rechazaban cualquier influencia extranjera y pensaban mantener sus representaciones de antepasados en cera. En cambio, con la llegada del Imperio, la influencia helenística se va extendiendo e imponiendo y, en general, la nueva Roma, fascinada por Atenas, prefirió imitar la época clásica, por eso cada vez el retrato es más idealizado. Esta tendencia se mantuvo hasta final del s. II, aunque a su mitad, el deseo de realizar retratos más expresivos y espirituales trajo la moda de agrandar los ojos y marcar las pupilas. En muchas ocasiones numerosas esculturas de autor romano son simples copias de esculturas griegas anteriores. Pese a esto, existen algunas diferencias, como por ejemplo la utilización de materiales distintos de los originales, ya que la mayoría de las esculturas griegas estaban realizadas en bronce, mientras que las copias romanas tienden a realizarse en mármol o a estar recubiertas del mismo material. Entre las copias romanas de esculturas griegas destacan el Discóbolo de Mirón o el Diademenus de Polícleto.

  • El relieve histórico

  • El relieve histórico no es una invención propia de los romanos, posee una clara influencia helenística, aunque los romanos introdujeron la cotidianeidad o un mayor realismo, se interesaban por relatar con detalle hechos reales de su propia historia. En los relieves romanos se utilizará la perspectiva arquitectónica y los diversos planos de profundidad.

    En el relieve histórico cabe advertir una evolución. En el siglo I a.C. predomina el idealismo de influencia griega. En la segunda mitad del siglo I d.C., la imagen se hace más realista y se impone la tendencia a explicitar detalles que completen la narración del episodio. Ya en el siglo II d.C., el gusto por el detalle y por el relato de acontecimientos pormenorizados se impone al interés por la perspectiva o la belleza.

    Las construcciones que se decorarán serán los arcos de triunfo, como el Arco de Tito, donde se celebra la victoria ante los judíos, en esta obra se busca conseguir el efecto de profundidad en una superficie reducida y ocupada por figuras grandes; los altares, el Ara Pacis de Augusto, donde las figuras son muy reales y donde los personajes de la procesión destacan en alto relieve o se confunden con el fondo; o las columnas conmemorativas como la Columna trajana, en la que observamos que el relieve es concebido como un cinta continua, sin separación entre las figuras. La composición cerrada se consigue con la colocación de las figuras, el intercambio de las miradas, etc. La sensación de profundidad se consigue superponiendo a los personajes. Nos acerca a la vida cotidiana o a las legiones romanas y glorifica la conquista romana de la Dacia, la actual Rumania.

    Los sarcófagos son también un soporte adecuado para el desarrollo del relieve. En un primer momento se coloca un medallón en el centro con el retrato del difunto, pero más adelante se tiende a una composición continua con temas relacionados con la vida de ultratumba. Más tarde, la superficie frontal se repartirá en espacios separados por columnas, fórmula que será adoptada por los cristianos.

  • Los retratos

  • Los retratos romanos adquirieron gran importancia gracias al culto familiar que daban las familias patricias a sus antepasados. Estos podían guardar, en la época republicana, imágenes de sus ancestros (“maiorum”), a los que sacaban en procesión y hacían sacrificios. Estas imágenes, hechas a partir de mascarillas de cera, dieron paso a los retratos de busto que se definen por su realismo o sus rasgos fidedignos. El busto esculpido se generalizó pronto y se dispone de una gama amplia de retratos en los que se llega a captar los rasgos psicológicos.

    En la época republicana se generaliza el retrato realista. En estos retratos, que perdurarán, existe dureza de trazos y de expresión, un buen ejemplo es el retrato de cuerpo entero de Julio César (siglo I a.C.). Este se presenta vestido con coraza y manto, tal y como lo harán los futuros emperadores más adelante.

    En la época imperial augustea, los retratos imperiales se idealizan. Los emperadores se representan como auténticos dioses debido a su divinización en la 1ª mitad del siglo I a.C. En el retrato de Augusto de Prima Porta se utilizan las dimensiones del cánon de Policleto, se observa una posición del retratado reproducida ya por escultores itálicos (con una leve inclinación del pie izquierdo), y se esculpen detalles menores (el imperceptible paso del tiempo), con la elegancia característica de los escultores helenísticos.

    En la época de los emperadores de la dinastía Flavia (2ª mitad del siglo I d.C.), se pierde la tendencia helenizante y se impone una tendencia más popular, que contiene los auténticos rasgos de los retratos romanos: el realismo casi perfecto, una estética helenística llena de movimiento, delicadeza y elegancia.

    En el siglo II d.C. los retratos vuelven a helenizarse. Los retratos de Antinoo, nos presentan una imagen semejante a la de un dios griego. La talla de las pupilas, o los contrastes entre los cabellos rizados mate con las superficies pulidas de la piel hacen muy atractivos los retratos del cruel Caracalla (209 d.C.) o el retrato ecuestre de Marco Aurelio (166 d.C.).

    5. El arte en la Hispania romana

    La conquista de Hispania dura dos siglos aproximadamente, desde que Escisión desembarca en Ampurias, en el 218 a.C., hasta la derrota de los cántabros por Augusto (19 a.C.). Los romanos llegaron a Hispania con la única intención de no permitir que los cartagineses se aprovisionaran de recursos para la guerra que mantenían contra ellos. Aníbal, jefe cartaginés, llegó antes a las costas hispanas y atacó Sagunto, ciudad aliada de los romanos. Después prosiguió hasta Italia cruzando los Pirineos y los Alpes y derrotó a los romanos en varias batallas. Mientras Aníbal avanzaba contra Roma, ésta desmanteló la retaguardia cartaginesa y conquistó el territorio que había sido púnico. Luego la ocupación se amplió, impulsada por la necesidad de tierras de cultivo y metales preciosos, así como por el deseo de someter a los pueblos que en el interior y el norte de la península Ibérica hacían peligrar el poder de Roma. A los pueblos que iban doblegando les pusieron grandes impuestos. Esto trajo gran descontento entre la población, por lo que varios caudillos se enfrentaron a los ejércitos de Roma, entre ellos Mardonio y Viriato. Estos fueron derrotados. Parte del ejército de Viriato se refugió en Numancia que fue destruida en el año 133 a.C. También un romano llamado Sertorio se alió con los indígenas hispanos contra Roma, pero fue asesinado. Finalmente Augusto sometió a toda la Hispania en el año 27 a.C. haciendo que esta adoptara las costumbres, la lengua y las leyes romanas, esto es la romanización.

    Se entiende por romanización el lento proceso de asimilación de la cultura, la civilización y el modo de vivir de los romanos por los pueblos hispanos. La romanización en la Península fue muy irregular: el sur y el levante fueron los territorios más romanizados y que antes aceptaron la civilización romana (la religión politeísta, las magistraturas urbanas, el uso de la moneda, etc.); mientras que en el centro y en especial en el norte y el oeste peninsular la influencia romana fue más tardía y menos intensa.

    En el arte, al igual que en los demás aspectos de la cultura, Hispania seguirá el modelo de Roma. No se puede hablar de un arte hipanorromano distinto al del resto del Imperio. Toda forma de arte local desaparecerá completamente. Pero en Hispania, puede considerarse que se realizaron obras que están en los más alto del arte romano, especialemente obras de ingeniería, como el acueducto de Segovia o el puente de Alcántara sobre el Tajo.

    Los ejemplos de urbanismo romano abundan en Hispania. El trazado, inspirado en el rito etrusco, tiende al esquema octogonal en las ciudades de nueva planta como Regio (León), antiguo campamento romano. También destacan los edificios públicos, de manera especial los edificios de espectáculos (teatro de Mérida, anfiteatros de Sagunto o Itálica) y los templos (como el de Diana en Évora, Portugal). Roma también levantó en Hispania arcos conmemorativos que suelen ser austeros, como el arco de Bará en Tarragona.

    De las artes figurativas, que también siguen el modelo de la capital, destacan las imágenes de dioses como las de Diana y Mercurio de Itálica (Sevilla). En esta última ciudad también hubo una estatua de Trajano divinizado, prueba de la importancia que tuvo en Hispania el culto imperial. En Mérida se ha hallado una imagen de Mitra, dios de origen orienal cuyo culto estaba muy extendido entre los soldados veteranos que ocuparon la ciudad.

    Durante el Bajo imperio (siglos III y IV) hubo en la península Ibérica riquísimas villas; en ellas se han encontrado mosaicos de temas eruditos, como los de la villa de la Olmeda, lo que muestra que Hispania vivió una etapa de prosperidad durante una fase que suele considerarse de crisis.

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