Arqueología Prerromana en España

Civilizaciones prerromanas en la Península Ibérica. Restos arqueológicos. Fenicios. Cerámica fenicia. Tartessos. Griegos. Púnicos. Íberos. Pintura. Necrópolis. Escultura íbera

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TEMA 1

LA COLONIZACIÓN FENICIA

LAS FUENTES

Entendemos por fuente todo aquello que nos de información sobre el periodo: textos griegos y romanos, materiales arqueológicos, monumentos, cultura material, etc. Los escritos en pocos casos son coetáneos de los acontecimientos que narran; sus autores no estuvieron presentes o no vivieron en el periodo del que hablan y además hay que tener en cuenta el concepto que tenían de lo que era hacer historia.

Para los siglos VI al I a.C. la documentación escrita es muy escasa y destaca la "Ora Marítima" de Avieno, la cual se encuentra junto a otras dentro de las "Fontes Hispaniae Antiquae" que se comenzaron a publicar desde el primer cuarto del siglo XX.

LOS FENICIOS

El término fenicio es de origen griego y lo encontramos en Homero y Hesiodo, siendo una invención griega ya que ellos se llamaban a sí mismo cananeos y a su país Canaan. Esa tierra se encuentra en el Mediterráneo Oriental en lo que hoy es el Líbano. Hacia 1200 a.C. se produce en ese territorio el paso del Bronce Final a la Edad del Hierro y coincidiendo con este hecho se producen tres acontecimientos de enorme repercusión:

  • La conquista israelita de la zona montañosa del sur de Canaan.

  • La ocupación de la costa palestina por los filisteos.

  • El establecimiento de los arameos en el norte de Canaan.

  • y Fenicia, estrecha franja de territorio de 500 km. de longitud, quedó reducida a 200 km.

    La mayoría de las ciudades eran costeras situadas en pequeños promontorios que dominaban las ensenadas y bahías que servían de puertos naturales; solo dos ciudades, Arvad y Tiro, tuvieron carácter insular y por ello dependían totalmente de que les llegasen suministros desde la costa.

    Las condiciones climatológicas de la zona eran benignas y las tierras fértiles, aptas para el desarrollo agrícola, aunque su producción no era suficiente para abastecer a toda la población, lo cual conocemos por las fuentes. También existía una caza abundante en las tierras del interior. Contaba con minas de hierro y lignito que usarán en la industria naval. Su carácter costero propició la explotación de los recursos marinos como la pesca y la púrpura. También fue abundante la producción de madera de los bosques de cedros.

    Según Ezequiel, Tiro fue una isla en medio del mar y hay leyendas que dicen que fue fundada en dos rocas unidas por las raíces de un olivo sagrado. Bajo el reinado de Hiram I en el siglo X a.C. se unieron las dos islas para aumentar el tamaño de la ciudad; tras las excavaciones de Bikai en los años setenta, se dice que hay una ocupación ininterrumpida de la ciudad desde el Bronce Antiguo y que el templo de Melkart se encontraba en tierra firme. Parece que en el Bronce Medio se produce un abandono hasta el Bronce Reciente (del 1600 al 1050 a.C.). A finales del Bronce Reciente se observan signos de inestabilidad con cierta crisis que se solucionó hacia 1050 a.C.

    Las fuentes hablan de la fundación de Gadir sobre el 1100 a.C., pero cuesta trabajo creer que una sociedad en crisis llevase a cabo tal empresa. Últimamente hemos conocido más sobre Tiro por las excavaciones de 1997 y 1999, donde aparecieron tumbas de incineración sobre las cuales había de inhumación de época púnica y sobre ellas construcciones romanas y bizantinas. El análisis de las cenizas cinerarias señalan que las más antiguas corresponden al enterramiento inicial, pero encima de estas se añadían, para completar la urna, las cenizas de otro urna cercana. Junto a las urnas existe ajuar cerámico y en su interior algunas joyas de oro y plata, escarabeos e incluso un huevo de avestruz. Estas tumbas corresponden a los siglos X-IX a.C. y si comparamos los jarros piriformes de estas con los hallados en las costas malagueñas, vemos que hay diferencias importantes motivadas por su distinta cronología (siglo VII a.C. en Trayamar).

    Hiram I es muy conocido por sus relaciones con el rey Salomón de Israel; Hiram fue el fundador del imperio colonial de Tiro y llevó a cabo una política comercial con Israel: los fenicios proporcionaban productos manufacturados, mano de obra y materiales de construcción, y a cambio recibían plata, productos agrícolas para la casa real. Esta alianza comercial permitió el acceso de los fenicios a las tierras del interior y les permitió dar una salida a sus productos manufacturados; todo esto en una primera etapa. En una segunda etapa se desarrolló una política más ambiciosa: abrir el mercado de Oriente, lo cual conocemos por los textos; en el Libro I de los Reyes se habla de las naves de Tarsis que viajaban cada tres años al país de Ophir, de donde traían oro, plata, marfil y piedras preciosas, siendo un lugar que no se ha sabido ubicar, llegándose a plantear por algunos autores que el mismo estaba en el occidente del Mediterráneo, pero muchos de los productos que se describen no se podían encontrar aquí. De lo anterior se desprende que los fenicios en esos momentos estaban en disposición de realizar empresas de gran envergadura.

    Otra época dorada fue bajo el reinado de Ithobaal I que enmarca la expansión hacia territorios asiáticos; Ithobaal recibió la denominación de rey de Tiro y Sidón, ciudades que se unen ahora. Las aspiraciones fenicias ahora se concretan en tres frentes: Siria, Cilicia y las tierras de Israel, lo cual está constatado arqueológicamente por los productos fenicios en tierras de Anatolia e incluso en Creta. A partir de su asentamiento en Kition (Chipre), este les servirá de plataforma para su expansión hacia el Mediterráneo occidental, lo cual demuestra que fue una empresa planificada, pero mientras esto ocurría los asirios habían establecido en Asia una zona de poder y así en el siglo IX a.C., los fenicios tienen que pagar tributo a Asiria y será en 640 a.C. cuando todo el territorio continental de Tiro pase a convertirse en provincia asiria, aunque sigue manteniéndose la monarquía fenicia. Esa fecha marca el final del control del Mediterráneo central y occidental por parte de Tiro, la cual será sustituida por Cartago.

    Los motivos de la presencia de los fenicios en el Mediterráneo han sido ennumerados por distintos historiadores: autores como García Bellido plantearon que se debió a la presión de los asirios y a la búsqueda de metales, pero la presión asiria se produjo en fecha posterior al inicio de su expansión y si el motivo fuese la búsqueda de metales lo lógico es que se asentasen en zonas ricas en minerales y eso no ocurre; otros autores como Aubet plantean que no solo existe una causa, sino una unión de factores y que más importante que la causa, es saber en que momentos estuvieron capacitados para realizar esa empresa y plantea el déficit agrícola y la superpoblación como uno de los motivos. También la industria especializada necesitaba de una salida a sus productos y los fenicios ya estaban acostumbrados a recorrer las rutas comerciales internacionales hacia oriente, lo que les facilitaría su expansión hacia occidente.

    Según las fuentes las fundaciones fenicias más antiguas serían, en orden de antigüedad, Lixus, Gadir y Utica; Velellio dice que fundaron Gadir ochenta años después del final de la Guerra de Troya (1190 ó 1184 a.C.), por lo que la fundación se produciría en 1110 ó 1104 a.C. Respecto a Lixus, Plinio dice que había un templo dedicado a Melkart que sería más antiguo que el de Gadir, aunque esto no coincide con los datos arqueológicos. También Plinio en otro texto habla de Utica, ciudad que visitó en 77 d.C. y dice que entonces aún quedaban en el templo de Apolo algunas de las vigas de cedro que se colocaron 1178 años antes cuando se fundó la ciudad, es decir que la fundación sería en 1101 a.C., fecha que también da Pseudoaristóteles.

    Hay que esperar al siglo IX a.C. para conocer nombres de otras fundaciones como Auza y Cartago; la primera sería una fundación de Ithobaal I en Libia. De Cartago hay mucha más información escrita, pero parece que el punto de referencia de toda esa información es Timeo, historiador del siglo IV-III a.C., en el cual se basan todos lo autores y cuya obra está perdida y que parece poco riguroso en sus informaciones. Dionisio de Halicarnaso dice que se fundó treinta y ocho años antes de la Primera Olimpiada que se celebró en 776 a.C., lo que daría el año 814 a.C. como el de la fundación de la ciudad. Según los anales de Tiro hacia 820 a.C. Mattan I dejó el trono a su hijo Pigmalión; en su séptimo año de reinado su hermana Elissa, casada con Akerbas, sumo sacerdote de Melkart, huyó de Tiro tras el asesinato de su marido ordenado por Mattan, marchando a Chipre y de allí a Utica donde son bien recibidos y la leyenda dice que se les permitió ocupar el territorio que ocupase la piel un buey, ante lo cual cortaron en tiras dicha piel y así ocuparon un territorio de gran extensión. En Cartago se han encontrado varias necrópolis, entre ellas la de Tofet, recinto sagrado con urnas de incineración de niños y durante mucho tiempo se pensó que eran niños sacrificados, el primero de cada matrimonio, pero hoy esto está matizado; no se descarta el sacrificio humano pero solo en casos muy contados y no todas las incineraciones de Tofet corresponden a sacrificios humanos. Si hasta los años ochenta solo conocíamos las necrópolis de Cartago, desde entonces las excavaciones alemanas han descubierto la primera ocupación de la ciudad que ocupa algo más de cincuenta hectáreas y esta se ha fechado, por la cerámica griega encontrada, entre 775 y 750 a.C.

    Según Estrabón, entre el siglo IX y VIII a.C. los fenicios ya estaban instalados en Iberia, sin conocerse con precisión la fecha exacta. Otra fuente, Avieno en su "Ora Marítima", dice que entre Málaga y Almería había una "muchedumbre de fenicios"; Estrabón menciona tres ciudades, Malaka, Abdera y Sexi. Otro grupo de colonias ocupaba el Mediterráneo central, como Hippo, Hadrumeto, Motya, Solunto, etc. También establecieron una colonia en Ebusus (Ibiza), donde hay tumbas fenicias anteriores a las púnicas.

    Las características de los enclaves fenicios del Mediterráneo central son diferentes a las del occidental, estando los primeros más vinculados a Cartago y hablándose de ciudades con templos, recintos sagrados, etc., mientras que los asentamientos de la costa malagueña son recintos más reducidos.

    No cabe duda que para llegar de Fenicia a Cádiz fue necesario que fueran expertos navegantes; Plinio dice que inventaron el arte de navegar. Conocemos pocas naves fenicias; hace pocos años frente a Morro de Mezquitilla apareció un pecio, pero proporcionó poca información y la que tenemos proviene de los relieves asirios. Eran naves pesadas, a vela, difíciles de maniobrar, pero si nos fijamos donde hay emplazamientos fenicios en el Mediterráneo vemos que no solo se trató de una navegación de cabotaje, sino también de altura. En Hesiodo y en la Odisea se habla de trayectos de seis días y sus noches o viajes desde Creta a Egipto que no es de cabotaje; en esa necesaria navegación nocturna se debieron guiar por las estrellas, técnica aprendida de los Caldeos.

    Hesiodo habla de la duración de los viajes; de él se deduce que el periodo de navegación se efectuaría entre junio y septiembre, el cual se ampliaría después de marzo a octubre, pero durante el invierno el Mediterráneo estuvo cerrado a la navegación. De Tiro a Cádiz se tardaría entre 80 y 90 días, lo que implica que el viaje de ida y vuelta duraría más de un año al tener que hibernar en Cádiz o Tiro. Como sabemos que en el Mediterráneo existe una corriente marina que circula en sentido contrario a las agujas del reloj, tenemos que pensar que la ruta fenicia hacia occidente se realizaría por las islas, es decir de altura, porque si se realizara una navegación de cabotaje por el norte de África, navegarían en dirección contraria a la de la corriente marina; el punto de partida sería Kition en Chipre y en el regreso hacia oriente el ultimo punto que tocasen sería Memphis. Otro problema de la navegación fenicia sería la travesía del Estrecho de Gibraltar, donde existe una corriente de oeste a este y predominio de vientos de poniente, por lo que tuvo que cruzarse pegado a la costa y con vientos de levante.

    Como se ha dicho, Timeo fue la fuente de inspiración de fuentes posteriores, pero presenta un conocimiento poco exhaustivo de la Península Ibérica; en estas, la primera fundación fue Gadir para la que Velellio da la fecha de 1110 ó 1104 a.C., pero ante la dificultad de unir los datos de las fuentes escritas con los arqueológicos, se habló de la existencia de dos etapas diferentes: la precolonial y la colonial. La etapa precolonial se desarrollaría entre los siglos XII y VIII a.C. y en ella se producirían contactos de los fenicios con los indígenas. La etapa colonial abarcaría los siglos VII y VI a.C. y desde esa fecha los enclaves peninsulares pasan a depender de Cartago.

    Los elementos que ciertos autores han utilizado a favor de la existencia de una etapa precolonial, son variados y entre ellos están el grupo de marfiles de Carmona; en esa ciudad existen una serie de necrópolis donde se hallaron un grupo de marfiles decorados y sobre los que surgieron muchas hipótesis, pues sus motivos decorativos son similares a motivos orientales y por ello se planteó que eran piezas de importación; a lo anterior se une que en la Península Ibérica no hay marfil y por ello tampoco tradición de su trabajo. Hoy sabemos que no son piezas importadas, sino hechas en talleres fenicios de Occidente. También unas piezas de bronce de figuras humanas en posición hierática localizadas en la zona de Sancti Petri (Cádiz) y Huelva, que técnicamente parecían muy primitivas, pero estudios posteriores les dan una cronología del siglo VII a.C., por lo que son piezas que reproducen tipos antiguos. En esa línea estaba el Tarsis bíblico que se usaba como prueba de la existencia de una etapa precolonial, pero cuando se hace una lectura de los productos que se describen, se ve que los mismos no existen en el Mediterráneo occidental y sí en la zona del Mar Rojo, Península Arábiga y océano Índico. También se usó como prueba de esa etapa la estela de Nora cuyo estudio epigráfico del texto daba una fecha del siglo IX a.C., pero que los datos arqueológicos no pasaban del siglo VII a.C., por lo que no tiene peso como explicación de la etapa precolonial.

    Por todo lo anterior esta tesis perdió fuerza, aunque otros investigadores la reactivaron denominándola protoorientalizante. En ciertos objetos se ha querido ver influencia oriental y entre ellos están las llamadas "cerámicas tipo Carambolo", yacimiento donde apareció el famoso tesoro; en un fondo de cabaña aparecieron diversos tipos de cerámica entre los que había tipos a los que se dio esa denominación y que presentan, sobre un fondo claro, motivos pintados oscuros de rombos, triángulos, líneas paralelas, etc., lo que recuerda a la cerámica del geométrico griego tardío y se quiso relacionar ambas cerámicas, pensándose que son influencia del contacto con los fenicios. Además de esa cerámica también hay fíbulas de codo que se usan para apoyar ese periodo, así como los escudos de escotadura en V que aparecen en varias estelas, como la estela de Ategua, donde se ve a un guerrero con escudo, lanza, espada, una pira funeraria, un carro, los animales de tiro, etc., junto a otros objetos más difíciles de interpretar y que podrían ser un peine y un espejo. Aubet dice sobre estas estelas que puede que exista la influencia oriental, pero que ello no es determinante de la existencia de ese periodo y que además los objetos representados con propios de la evolución de la Edad del Cobre.

    Si la llegada de los fenicios se produjo buscando metales, sería lógico que desde un primer momento entraran en contacto con las poblaciones indígenas del entorno; en el yacimiento del Castillo de Doña Blanca, muy cercano a Cádiz, los indicios de presencia fenicia como la cerámica, solo existen desde el siglo VII a.C. y al tratarse de comerciantes que traían vino y aceite que transportaban en envases de cerámica, si hubiesen llegado entre los siglos XII y VIII a.C. debería haber indicios de ellos y estos no existen para esas fechas. Los elementos típicos como grandes ánforas, cerámicas a torno, etc., no aparecen hasta 760-750 a.C. (en Morro de Mezquitilla sobre 800 a.C.)

    Según la historiografía clásica, el comercio de la plata fue el motivo principal de la llegada fenicia; como dice Diodoro, Iberia era el país más rico en ese metal y según él la plata les permitió asentarse en otros lugares del Mediterráneo occidental. Estrabón dice que la Turdetania estaba ocupada por los fenicios y que allí se seguía hablando fenicio hasta el siglo I d.C., lo que está constatado arqueológicamente en el teatro romano de Málaga, donde aparecieron grafitis neopúnicos sobre cerámica romana de ese periodo.

    Para Gadir hay muchas referencias y poca información arqueológica; la mayor parte de los datos de las fuentes corresponden a fuentes recientes y de autores que escriben bajo la influencia de una etapa importante de la ciudad de Gadir en época romana, cuando fue una de las ciudades más importantes en población y famosa por su industria de salazones, astilleros, etc., lo que explica que Marcial hable de Cádiz como "alegre y viciosa" y destaca el templo de Melkart-Hércules. Estrabón en el siglo I d.C. proporciona una descripción de tres intentos de fundación de Gadir, pero son noticias que recoge de otros autores del siglo II a.C., como Polibio, Posidonio y Artemidoro, que hablan sobre los orígenes de Gadir; ya en esa época las noticias sobre el origen de la ciudad eran muy confusas.

    El nombre de la ciudad, Gadir, es de clara raíz fenicia y las consonantes gdr vienen a significar "fortaleza".

    En el texto de Posidonio se dice que no se funda hasta el tercer intento: en el primero llegaron a la costa de Sexi, en el segundo a la de Onuba y en el tercero a Gadir. Diodoro dice que fueron los tirios quienes fundaron la ciudad en una península cerca de las Columnas de Hércules, a donde llegaron impulsados por una tempestad y que allí levantaron un templo a Melkart; su objetivo no era colonizar sino realizar transacciones comerciales. En este texto hay un hecho importante: se habla del templo de Melkart y habría que ver desde cuando se da culto a esa divinidad en Fenicia y como son los tirios quienes vienen, debemos averiguar desde cuando se adora a ese dios en Tiro y allí el culto no es anterior a los siglos X-IX a.C., por lo que por lógica no podemos pensar en expediciones de fundación en el siglo XII a.C. (época de crisis), pero sí a partir de 1050 a.C.

    Gadir se sitúa cercana a la desembocadura del río Guadalete y se encuentra en un enclave que puede controlar una gran zona metalúrgica. En la zona donde se fundó la ciudad se han producido a lo largo del tiempo cambios importantes en la topografía por la aportación de tierra de los ríos cercanos. Plinio dice que Gadir estaba formada por tres islas y se detiene en la descripción de dos de ellas: Edytheia y Kotinousa (la tercera sería Antipolis); lo anterior es cierto y la configuración geográfica de Cádiz fue un conjunto de tres islas, lo cual ha sido confirmado por la arqueología urbana de la ciudad. Aquí nos encontramos con el esquema de un río que separa la ciudad de la necrópolis, se trataría del canal que separaría Edytheia de Kotinousa, el canal Bahia-Caleta.

    Edytheia, la isla más pequeña, albergó en su extremo occidental un templo consagrado a la Venus Marina, situado muy cerca de la punta de la Nao; ese nombre de Venus es una romanización del templo más antiguo dedicado a Astarté y de ahí proceden una serie de objetos recuperados del mar que se interpretan como exvotos en honor de esa divinidad y que tienen una cronología que va desde el siglo VII al II a.C. Entre ellos tenemos una serie de unas cincuenta ánforas que presentan concreciones marinas y que se encuentran en el Museo Arqueológico de Cádiz, las cuales, junto a otros hallazgos cerámicos, proceden de un mismo taller, lo que sabemos por diversos motivos como el tipo de arcilla utilizada. Otra pieza es un recipiente para quemar perfume, un thymiaterion, recipiente que suelen proceder de santuarios o necrópolis, al que le falta la cazoleta presentado solo la peana y que presenta una decoración de palmetas que se repiten a cada lado, mientras que en las esquinas está decorado con unas figuritas; es de arcilla oscura que parece metal. También apareció una cabeza egiptizante de arcilla (todos los objetos anteriores proceden del mismo taller). Por ello tenemos confirmación de la existencia de ese santuario por esos objetos y por las fuentes.

    Plinio también habla de la existencia de un santuario de Cronos (advocación de Baal-Amón), que se encontraría en la parte de la isla mayor (Kotinousa) que miraba hacia el santuario de Venus Marina. De esa isla y posiblemente de ese santuario de Cronos, tenemos un capitel eolio protojónico cuya cronología es del siglo VIII-VII a.C. y que apareció en la zona del Castillo de San Sebastián, zona en la que tuvo que estar ubicado ese santuario; está realizado en caliza y tiene una altura de unos 27 cm., presentando un collarino y 4 volutas, conservando restos de policromía roja; responde a modelos que encontramos en el Mediterráneo oriental como en el templo de Jerusalén y su función debió ser decorativa.

    Al santuario de Cronos (también Saturno) se le atribuyen sacrificios humanos; durante las excavaciones de 1979-80 en Cádiz, aparecieron 69 tumbas de las cuales 21 eran de incineración y 22 infantiles y 6 cistas; las inhumaciones parece que se realizaron envolviendo el cadáver en un sudario y colocándolo en un ataúd de madera, lo que se intuye por los restos de los clavos del mismo. Respecto a las cistas, una de ellas se encontraba intacta y el cadáver encontrado en ella presentaba síntomas clarísimos de muerte por fractura intencionada del cráneo, correspondiendo claramente a un sacrificio. Sabemos que Cesar, durante su estancia en Hispania, atacó con dureza la costumbre de los gaditanos de realizar sacrificios humanos y que entre los cananeos era frecuente la realización de esos sacrificios; también existe un texto de Ugarit que confirma que allí era frecuente esa práctica.

    El hábitat de Gadir se situaría en torno a Torre Tavira en la isla de Edytheia, pero para algunos autores este se encontraría en la isla grande, Kotinousa. En esta, y al sur de la zona de astilleros, a aparecido una necrópolis arcaica donde se realizó el rito de incineración, con las cenizas depositadas en fosas y junto a las que han aparecido un lote importante de piezas de oro y plata, las cuales se quemaban junto con los cadáveres, cosa poco frecuente en occidente; la plata es de origen onubense y el oro es de gran calidad y la decoración consiste en filigranas, granulados, esmaltes, etc. De este zona (calle Ancha) procede el llamado Sacerdote de Cádiz , figura de bronce y oro de unos 13 cm. de altura con un vestido talar y brazos envueltos en la túnica que lleva una mascarilla de oro sobre la cabeza y que tiene una cronología del siglo VII a.C.; este tipo de figura varonil se conoce también en oriente. También son frecuentes los estuches que llevan una tapa con cabezas de animales.

    En el extremo sur de Kotinousa encontramos el santuario de Melkart, del que Mela dice que fue construido por los tirios y que "es famoso por su antigüedad". Se ubica en el islote de Sancti Petri y fue reproducido en monedas al igual que la imagen del dios (Hércules-Melkart). De esa zona procede un bronce que representaría a Melkart en posición hierática; en este, la parte baja del pie presenta una especie de cuña para estar prendido en algo y se interpreta que pudo estar colocado en los barcos como protector durante las travesías. También cinco terracotas de figuras femeninas del siglo V a.C. (púnicas), que posiblemente son desechos de un alfar. También en la zona de Puertas de Tierra apareció una máscara y una cabeza.

    El Castillo de Doña Blanca situado en la desembocadura del Guadalete, posiblemente fue una anexo y puerto en tierra firme de Gadir; las fechas que indican la presencia fenicia están en torno al 770-760 a.C. y este yacimiento se ha interpretado de muchas formas: asentamiento indígena, fenicio, etc., pero hoy, su excavador Ruiz Mata, lo incluye como una parte de Cádiz. Tiene una extensión de 5-6 Ha. y se abandonó a finales del siglo III a.C. Presenta casas de planta rectangular con las primeras hiladas de piedras, luego adobe, pinturas rojas cubriendo los muros, piso de tierra apisonada, banco corrido en el interior, etc. Está situado en un promontorio amurallado y hay cerámicas a mano del Bronce Final y también cerámicas a torno típicamente fenicias. Junto a él la necrópolis de las Cumbres con más de 60 tumbas de incineración distribuidas en torno a un ustrinnum (lugar de incineración) y que presentan poco ajuar funerario.

    Tartesos es sinónimo de plata; hoy entendemos a Tartesos de forma distinta que hace algunos años: en un texto de Estesícoro de Hímera, Tartesos es un río argentífero; también encontramos la raíz arg en el nombre del rey de Tartesos, Argantonio e igualmente en el nombre del monte Argentario. Heródoto habla del viaje de Colaios de Samos que recibió más de 1.000 kg. de plata. La zona productora de plata la formaban dos focos principales: Huelva y la zona occidental de Sevilla, existiendo otras secundarias en Sierra Morena y Portugal.

    En Huelva encontramos los depósitos más ricos de pirita con concentraciones de oro y plata; en Riotinto se halla el poblado indígena del Cerro de Salomón donde se explotó y se extrajo oro, plata y cobre. Son los indígenas los que explotan el mineral de forma familiar: se extrae y se funde en cada casa, cubriéndose la escoria resultante con un nuevo pavimento, y a continuación se traslada a Huelva siguiendo el curso del río Tinto y allí, en Cabezas de San Pedro nos encontramos con hornos de fundición también indígenas y a ese lugar llegarán los fenicios a por el mineral.

    El foco sevillano está en relación con las minas de Aznalcollar y su producción iba directamente a Gadir; el recorrido era más largo y se realizaba por tierra y en el mismo existían poblados como Tejada la Vieja y San Bartolomé de Almonte donde desde el siglo IX-VIII hay indicios de explotación minera.

    Los objetos de intercambio para obtener esos minerales serán aceites y vino procedentes de Biblos y del Ática (conocemos su origen por las ánforas de transporte, entre ellas las del tipo SOS); también se intercambian productos de lujo como marfiles, objetos de orfebrería, jarros de bronce, recipientes para quemar perfumes (thymiaterion), etc. y que llegaran a zonas del interior como Carmona, etc., donde estos objetos van dirigidos a la elite, encontrándolos en las necrópolis orientalizantes. Por todo ello, el intercambio entre indígenas y semitas lo podemos seguir por los productos manufacturados o por los envases de transporte.

    El interés fenicio no se detenía en la costa andaluza, dirigiéndose también hacia las Casitérides y Cornualles en busca del estaño; esta búsqueda se hace por vía terrestre o marítima por la fachada atlántica, encontrándonos presencia fenicia hasta la desembocadura del río Tajo.

    Cerámica Fenicia

    Existen tres tipos de cerámicas fenicias: policromas, grises y barnices rojos, estos últimos también conocidos como barnices rojos fenicios y barnices rojos ibéricos:

    • Cerámicas policromas: presentan decoración con bandas anchas y estrechas y colores rojos, negros y ocres. En época púnica la decoración quedará reducida a bandas estrechas

    • Barnices rojos: presentan superficies cubiertas con un barniz o engobe rojo

    Dentro de los modelos hay diversas tipologías:

    • Jarros de boca de seta: presentan un cuerpo globular con el borde exvasado al exterior, a veces acanalado, con una sola asa, simple o doble, de sección circular. Solo se conocen ejemplares de engobe rojo. Su cronología abarca desde al siglo VIII hasta principios del VI a.C. Son la "tarjeta de visita" de los fenicios y para Negueruela su finalidad sería contener bálsamos o perfumes. La mayoría proceden de necrópolis.

    • Jarros piriformes: presentan un cuerpo de tendencia troncocónica que se une al cuello mediante una moldura o leve carena; el cuello termina en una boca trilobulada, presentando un asa que arranca desde la boca al cuerpo del vaso y que puede ser simple o doble (geminada). Su cronología va desde el siglo VIII hasta el siglo V a.C.; en un primer momento (siglos VIII-VII) los jarros se decoran con engobe rojo, en el siglo VI desaparece el engobe rojo y aparecen pintados (polícromos), continuando en el siglo V sin decoración alguna. Este tipo de jarros no solo se fabricará en cerámica, sino también en metal y en pasta vítrea. Suelen aparecer en ambientes funerarios y su contenido es desconocido, tal vez líquidos como agua o vino. Existen numerosas variedades.

    • Ungüentarios: contenían bálsamos, aceites o perfumes. A veces se denominan ampollas. Los típicamente fenicios son del siglo VIII al VI, normalmente sin engobe y se asemejan a los jarros de boca de seta; los más antiguos con el cuerpo hemiesférico o alargado con el diámetro máximo en la zona central, base anular plana y estrangulamiento en el cuello. Desde el siglo VI el cuerpo es de clara tendencia ojival, con boca de borde muy saliente y fondo redondeado. Desde el siglo IV cambia la forma y nos encontramos con los ungüentarios fusiformes, de base y boca estrecha y cuerpo ancho (en forma de huso), todos de pequeño tamaño, y desde el siglo II a.C. ungüentarios helenísticos muy estilizados.

    • Lucernas: consisten en un plato al que se dobla su borde a fin de conseguir una o dos mechas en forma de pico. Las más antiguas tienen un solo mechero y están cubiertas de barniz rojo y desde el siglo V a.C. sufren modificaciones desapareciendo el engobe y reduciéndose el tamaño del recipiente. Se encuentran en ambientes domésticos y funerarios. Desde el siglo IV las más características son las griegas de barniz negro.

    • Trípodes: presentan un fondo curvo, tres pies cortos de sección cuadrangular y borde de sección triangular que se separa del cuerpo por una acanaladura. Su cronología va desde el siglo VIII al V a.C., pudiendo presentar engobe rojo o superficies sin tratar.

    • Thymiaterion: o quemaperfumes; están compuestos por dos platos o cuencos superpuestos unidos por un tronco cilíndrico hueco y a veces presentan tapadera. Existen tanto en cerámica como en metal, algunos de estos últimos muy estilizados como el de la necrópolis de La Joya, que presenta un gran pie con trípode y está decorado con capillos y flores de loto. El cuenco de la base es de igual tamaño que el superior hasta que, desde el siglo V a.C., este disminuye sus dimensiones llegando a ser sensiblemente más pequeño que el superior. Suelen hallarse en las necrópolis.

    • Ánforas: son de tamaño considerable y servían para el transporte de mercancías (vino, aceite, cereales, almendras, etc.) y también como urnas funerarias. Existen gran variedad de tipos, entre los que destacan las llamadas ánforas de saco fechadas entre los siglos VIII y VI a.C. y que presentan cuerpos piriformes o de tendencia globular con una carena muy alta y marcada, cerca de la cual nacen las asas, circulares y a veces geminadas (con acanaladura en el centro del asa); sus bordes tienen sección triangular y los fondos son curvos o cóncavos. Las ánforas más modernas presentan un estrechamiento del cuerpo bajo la carena, mientras que los ejemplars más antiguos presentan un borde recto. A veces puden presentar una tapa, existiendo modelos con engobe rojo, polícromas o sin decorar. Necesitaban de un soporte o peana para mantenerse en pie. Su tipología se ha sistematizado por varios autores como Negueruela, Mañá, Cintas, etc.

    • Pithoi: grandes recipientes para almacenar (no transportar) y que pueden presentar hasta cuatro asas, lisas o geminadas, y pueden presentar decoración a bandas. Presentan una base plana, cuerpo ovoide o esférico, cuello en forma de cono y bordes engrosados al exterior. Su cronología va desde el siglo VIII hasta el siglo III a.C.

    • Vasos "Cruz del Negro": con cuerpo globular o esférico, cuello cilíndrico o troncocónico que en su parte central presenta un baquetón o arista, dos asas que ocupan la unión entre el cuello y el cuerpo y bordes aplanados; presentan un pequeño pie anular. Se documentan desde el siglo VIII a.C. y desde el VI sufren algunas modificaciones, desapareciendo el cuerpo esférico y tomando forma bicónica y desapareciendo el píe de la base. La decoración es de líneas, círculos y bandas. Reciben su nombre de una necrópolis indígena de la zona de Los Alcores en Carmona (Sevilla) donde fueron encontrados, pero están difundidos tanto por hábitats fenicios como indígenas.

    • Platos: presentan gran diversidad de formas, tanto con engobe rojo como pintadas o grises monócromas; entre los siglos VIII y VI a.C. predominan los platos con engobe rojo, aunque conviven con los pintados y los grises, y desde entonces tenderán a incrementar el tamaño del pocillo central (quizás servía para recoger el líquido), hasta llegar a convertirse en los llamados "platos de pescado" que perdurarán hasta el siglo II a.C. Los cuerpos presentan tendencia esférica y son más o menos anchos y profundos y tienen bordes exvasados, rectos, curvos o engrosados, y fondos que pueden ser planos o curvos, con o sin pie. Schubart se fijó en la evolución de estos tomando como referencia Toscanos e hizo una sistematización de los mismos: los ejemplares con borde entre 3 y 3,5 cm. eran más antiguos, llegando los más recientes hasta los 5,5 cm., es decir, al pasar el tiempo el tamaño de la boca va aumentando y en época púnica quedan transformados en un gran borde con un pozo central.

    • Cuencos: también llamados escudillas, muestran una enorme variedad, tanto con engobe rojo, pintados, grises o sin tratamiento. Presentan cuerpos carenados o de tendencia semiesférica, sin asas, con diversas formas de bordes y tamaños más o menos grandes. En un primer momento predominan los cuencos con engobe rojo y los grises, desapareciendo los engobes en el siglo VI a.C. Los pintados evolucionan desde motivos polícromos de líneas y bandas anchas, hasta fnas líneas monócromas.

    Existen otras formas como los vasos globulares, como el de la necrópolis de Montañez relacionada con el cortijo de Toscanos y que aparece en el catálogo del Museo Loringiano.

    Los fenicios en Málaga

    Estrabón habla de Malaka, Sexi y Abdera como fundaciones fenicias. Avieno en su "Ora Marítima" dice que entre Málaga y Almería había una muchedumbre de gente fenicia y otros autores definen a la zona como la región Libiofenicia. En los numerosos asentamientos de esta zona se repite el mismo patrón que vimos para el Mediterráneo oriental: unos en islas cercanas a la costa, otros en montículos igualmente en la zona costera y de no mucha altitud y en la mayoría de los casos junto a ríos que los separarán de la zona de necrópolis.

    De oeste a este los asentamientos fenicios más importantes son: Cerro del Prado en la bahía de Algeciras junto al río Guadarranque, el cual se conoce por materiales de superficie procedentes de una prospección y que hoy se considera de una cronología del siglo VII a.C.; Montilla en la desembocadura del río Guadiaro; Cerro del Villar en la desembocadura del río Guadalhoce; Malaka en la desembocadura del Guadalmedina; Toscanos en la del río Vélez; Morro de la Mezquitilla en la desembocadura del Algarrobo; y en la provincia de Granada Sexi (Almuñecar) y Abdera (Adra). Por ello desde la desembocadura del Tajo hasta Alicante tenemos la zona de enclaves de asentamiento fenicio.

    Una característica de los asentamientos es que se encuentran muy cercanos entre sí, unos 4 km., llegando en el caso de Morro de Mezquitilla y Chorreras a unos 800 m., aunque este último es atípico y de poca duración temporal. También son asentamientos que no suelen tener gran extensión, pero hay que matizar que es lo que conocemos en la actualidad y que la cosa puede variar con el tiempo, pues muchos yacimientos no se han investigado en su totalidad, por ejemplo Cerro del Villar se consideró como de 1 Ha. y en la actualidad se sabe que ocupa al menos 10. Morro de Mezquitilla tiene 2 Ha., Toscanos 2,5 Ha. en un primer momento para pasar en el siglo VII a.C. a 15 Ha., pero si comparamos el tamaño de estos asentamientos con los orientales como Tiro que tenía 57 Ha. o Kition con 70 Ha., comprobamos su menor tamaño.

    En estos asentamiento andaluces (excepto Gadir) parecía que no había recintos sagrados, planteándose si se trataba de colonias, factorías o puertos comerciales. Respecto a la cronología, y dejando al margen a Gadir, los más antiguos son Castillo de Doña Blanca y Morro de Mezquitilla, luego Toscanos, Chorreras, etc., siendo el más reciente el Cerro del Prado del siglo VII a.C.

    En la zona de Vélez-Málaga nos encontramos con las cuencas muy fértiles de los ríos Vélez y Algarrobo; a ambos lados de esta última los yacimientos de Trayamar, Morro de Mezquitilla y Chorreras, estos dos últimos muy cercanos entre sí. Respecto a la cuenca del río Vélez, esta ha sufrido importantes modificaciones en su fisonomía por las aportaciones de tierra del propio río; en su antigua desembocadura se encuentra el yacimiento del Cortijo de Toscanos con el puerto de Toscanos, situado en la actualidad a más de un kilómetro del mar. También están los yacimientos de Cerro del Peñón, Cerro Alarcón y la necrópolis de Jardín (más púnica que fenicia). Los anteriores yacimientos se encuentran en la orilla derecha del río, mientras que en la izquierda se encuentra el del Cerro del Mar que es la necrópolis de Toscanos y Casa de la Viña; de este último proceden unos vasos de alabastro que pertenecían a tumbas de las que no se conoce su ubicación actual. Mencionar también el asentamiento indígena de Cerca Niebla, en El Vado, a unos 2 km. al norte de Toscanos.

    Las excavaciones llevadas a cabo en estos yacimientos no son visibles hoy en día por que tras finalizarlas fueron cubiertas de nuevo de tierra. El de Cerro del Mar está muy deteriorado debido a las expoliaciones y a los abancalamientos.

    Toscanos

    El primer equipo que realizó excavaciones en esta zona fue un equipo hispano-alemán que lo hizo para confirmar las referencias dadas años atrás por Schulten sobre la ciudad de Mainake. Las excavaciones en Toscanos se iniciaron en 1964 tras una prospección realizada tres años antes y estas duraron hasta 1984. Este yacimiento tiene una cronología que abarca desde la segunda mitad del siglo VIII a.C. (sobre 740 a.C.) hasta su decadencia sobre 580-570 a.C. y su definitivo abandono sobre 550 a.C., trasladándose el asentamiento tras esas fechas (época púnica) al Cerro del Mar. Tras el 550 a.C. quedará deshabitado hasta época Altoimperial (de ese periodo tenemos un horno que ha dado ánforas del tipo Dressel 7-11), permaneciendo desde esas fechas habitado hasta el siglo IV d.C.

    En Toscanos existen cinco niveles arqueológicos:

    • Toscanos I; entre 740 y 730 a.C., supone la llegada de fenicios de un nivel social importante, con existencias de grandes casas excavadas y bien construidas alineadas en calles.

    • Toscanos II; entre 730 y 700 a.C., con un incremento de la población y de las viviendas, pudiéndose pensar en la llegada de una oleada de gente con un nivel social alto y donde vemos edificios considerados de lujo. A finales de esta fase hay indicios de un primer sistema de fortificaciones.

    • Toscanos III; desde el 700, aparecen almacenes, en concreto un edificio de 11 x 16 m. cuyo interior está dividido en tres naves y de dos pisos de altura, donde han aparecido ánforas y grandes contenedores (pithoi). En torno al almacén hay casas, más bien chozas, que corresponden a un nivel social muy inferior comparadas con los hábitats de fases anteriores y que podrían corresponder a las de los trabajadores del almacén.

    • Toscanos IV; hasta el 580 a.C., es muy interesante por existir indicios de actividad industrial relacionada con el cobre y el hierro para un uso local. Es ahora cuando Toscanos adquiere su máxima extensión ocupándose la ladera sur del Cerro Alarcón; también se levanta un nuevo recinto amurallado y se calcula que el asentamiento alcanzó los 2.000 habitantes, pasando de las 10 Ha. de extensión. El material cerámico señala un comercio de objetos de lujo

    • Toscanos V; entre 580 y 550 a.C., es una fase de regresión. El almacén ya no se usa, se abandonan las viviendas residenciales y se produce una reorganización del hábitat, llegándose al abandono definitivo con el traslado al Cerro del Mar, pasando desde entonces la necrópolis a Jardín.

    Los lienzos de muralla que existen actualmente en Toscanos fueron publicados inicialmente como fenicios, pero desde 1978 fueron reintepretados como Altoimperiales realizados con materiales fenicios reutilizados. Ese mismo año se localizaron más de veinte tumbas de pozo en Cerro del Mar correspondientes a las primeras fases del asentamiento de Toscanos (siglo VIII a.C.).

    Toscanos ha dado un importante grupo de materiales cerámicos; cerámicas a mano y a torno, las primeras también usadas por los fenicios y que se consideraron fruto del contacto con las poblaciones indígenas del interior, pero que para Schubart son fenicias.

    Chorreras

    El yacimiento de Chorreras fue excavado por Gran Aymerich y Aubet; el primero publico sus trabajos en la revista Jábega y la Dra. Aubet lo hizo en la revista Pyrenae y en el Noticiario Arqueológico Hispánico. Chorreras no se encontraba junto a un río y tal vez por eso se abandonó al poco tiempo de su fundación, abarcando una cronología que va desde el 750 al 700 a.C., siendo en la actualidad una zona urbanizada. La planta del asentamiento presenta una calle central de menos de dos metros de anchura y en torno a ella casas con habitaciones de planta rectangular, con muros de base de piedra sobre la que se construía con adobe; entre ellas hay una estancia con un hogar doméstico. El yacimiento está poco excavado pero dio bastante material cerámico como platos con borde de diferentes tipos, ánforas completas y fragmentadas, pithoi y ungüentarios. La necrópolis de Chorreras está en Lagos y de allí procede un vaso de calcita (parece un alabastrón) y un anillo con escarabeo que presenta un sello de Tutmosis III.

    Morro de Mezquitilla

    Al este de la desembocadura del río Algarrobo y sobre una elevación de unos 30 m., se produjo en 1967 el descubrimiento del yacimiento de Morro de Mezquitilla por el equipo de arqueólogos del Instituto Arqueológico Alemán que trabajaban en Trayamar. Las campañas de excavación en Morro de Mezquitilla se realizaron en 1976, 1981 y 1982. En este yacimiento los niveles más antiguos son Calcolíticos, produciéndose luego un abandono hasta la primera mitad del siglo VIII a.C. cuando se produce la ocupación fenicia, fecha de las más antiguas de presencia fenicia junto al Castillo de Dª Blanca; a partir de esas fechas habrá una ocupación del asentamiento hasta época republicana.

    De la primera fase del asentamiento hay varios edificios; el más grande, denominado K, tiene unas dimensiones de 19 x 11 m. y presenta varias dependencias de planta cuadrangular, al menos 16, donde se pueden ver los umbrales de acceso a las habitaciones y que se puede poner en relación con gentes de un nivel social alto. En torno a este y otros se ha comprobado la existencia de talleres metalúrgicos por la presencia de fragmentos de cerámica con escorias, toberas, etc., lo que indica una actividad industrial para uso local en la misma línea de Toscanos.

    Dentro del material cerámico que ha proporcionado el yacimiento, tenemos barnices rojos, polícromos y cerámicas a mano; esto último es importante porque se ha llegado a decir que dentro de estas últimas las hay fenicias y no solo indígenas. En Morro de Mezquitilla se han querido ver varias fases: la primera abarcaría desde la primera mitad del siglo VIII hasta finales de ese siglo, la segunda perduraría hasta comienzos del siglo VI, una tercera fase que abarcaría los siglos VI y V y una cuarta que se correspondería con la época republicana, quedando un vacío en el siglo IV que se creía una fase de abandono del asentamiento, pero se ha documentado que también hubo ocupación en ese periodo por la presencia, principalmente, de cerámicas áticas de barniz negro (también hay cerámicas púnicas decoradas con bandas estrechas). Otras piezas procedentes de este yacimiento son un jarro cerámico con una palmeta en el arranque del asa, típico en las jarras metálicas (a veces las palmetas presentan tallos que acaban en una flor de loto) y un jarro metálico de los últimos momentos del asentamiento con una figura en el arranque del asa.

    Trayamar

    En la orilla contraria (oeste) de la desembocadura del río Algarrobo se encuentra el yacimiento de Trayamar, la necrópolis de Morro de Mezquitilla. Allí en 1930, y con motivo de la construcción de una alberca, se descubrió una tumba (Tumba núm. 1) cuya cabecera resultó destruida y que proporcionó materiales fenicios de barniz rojo como ánforas y jarros de boca de seta y que volvió a ser excavada en 1967-69. A esa tumba se accedía por un dromos (corredor) y parte del ajuar funerario aún permanecía en su interior; la misma presenta una cámara rectangular que posiblemente estuviese cubierta con materiales vegetales formando un techo a dos aguas y sobre este un falso túmulo, tratándose de una tumbo monumental. Sus paredes están realizadas con sillares dispuestos en tres hiladas a soga y tizón y sus dimensiones son de 2,5 x 1,9 m.

    Junto a la tumba anterior se encontraron las núm. 3 y 4, pero una carretera acabó con ambas, mientras que de la núm. 2 solo nos queda un dibujo y piezas como dos alabastrones. Todas las tumbas presentaban la misma tipología. La mejor y más grande de las tumbas era la tumba núm. 4, con 2,9 x 3,9 m., a la que se accedía por un pasillo y con una cámara rectangular con cuatro hiladas de sillares a soga y tizón y un suelo cubierto con losas; en su interior y en las paredes NO y SO se encontraban dos hornacinas que contenían piezas como un cofre de marfil y una fíbula de doble resorte. En esta tumba aparecieron tres incineraciones y dos inhumaciones y proporcionó materiales como platos, ánforas, etc., además de varias argollas, piezas de oro con prendedores y el conocido como "medallón de Trayamar", de unos 2,5 cm., con un reverso liso y un anverso decorado con un creciente lunar, disco solar alado, serpientes (uraei) y sobre ellas halcones, pieza que también encontramos en Cádiz, Ibiza, Cartago, etc. Esta tumba fue descubierta en 1967 y en 1968, cuando se fueron a realizar las obras para su desmantelamiento y traslado al Museo Provincial, se encontraron que había sido destruida en su totalidad. En 1969 se encuentra la núm. 5 al abrir unos bancales pero también desaparece. La cronología de estas tumbas es del siglo VII a.C., pero con diferencias entre ellas, pues la núm. 1 es de la primera mitad del siglo, mientras que la núm. 4 es de la segunda mitad. El tipo de tumba corresponde a modelos orientales y este perdurará hasta época ibérica como en Galera (antigua Tutugi).

    Cerro del Villar

    Se encuentra situado junto al río Guadalhorce y a escasos metros del mar (unos 500 m.) y fue descubierto en 1965 por un grupo de aficionados de la O.J.E., excavándose una mínima parte de él dos años después por Arribas y Arteaga, en concreto se realizó un corte que dio siete niveles y donde apareció una estructura de muro que se interpretó como perteneciente a un almacén; además, un nivel de destrucción, el nivel V del corte, sirvió para diferenciar dos etapas del yacimiento, Guadalhorce I y II. En la publicación de los resultados de esa excavación se establecía una fecha de fundación del asentamiento sobre el 650 a.C. y un abandono del mismo que coincidiría con el nivel V, sobre 580-570 a.C. y posteriormente una continuidad hasta el siglo V (fase II). Los materiales de esa primera fase de conocimiento del yacimiento son en su mayoría de superficie, existiendo platos, lucernas, ánforas, cuencos, etc., así como piezas de importación de talleres áticos y orientales y un anillo con escarabeo basculante y sello.

    Desde entonces no se realizaron excavaciones hasta que se produjo la transferencia de competencias a la Junta de Andalucía en materia de Cultura; así, en 1986 la doctora Aubet realizó una prospección geofísica que determinó que el lugar donde se encontraba el yacimiento fue originalmente una isla y que el corte realizado anteriormente no había llegado al firme natural, con lo que la fecha inicial de asentamiento debería rebajarse. En 1987 se comienzan las excavaciones, las cuales se han prolongado hasta la actualidad aunque con varios años de interrupción. Se ha excavado en distintos puntos y de los resultados obtenidos se ha establecido que el inicio del asentamiento pudo tener lugar en la segunda mitad del siglo VIII a.C. y que el mismo mantuvo su carácter insular hasta época púnica, con una ocupación ininterrumpida hasta 580-570 a.C. cuando una gran crecida del río provocó el abandono precipitado del asentamiento y el traslado de la población a la vecina Malaka; esas crecidas ya se habían producido con anterioridad y las mismas aparecen documentadas en el yacimiento. A continuación se sucedió una fase de abandono por un periodo de cien años y ya en el siglo V a.C. aparece como un centro productor de ánforas, aunque la doctora Aubet plantea que aunque existe actividad no hay una ocupación permanente y que se trataría de una producción que estaría controlada por otros asentamientos de alrededor.

    El yacimiento, que llegó a ocupar una superficie de 10 Ha., se ubica en un entorno rico para la agricultura de regadío y para la ganadería, existiendo también una arcilla de buena calidad que se usaría para la fabricación de ánforas y pithoi, actividad alfarera que se documenta desde los primeros momentos y los análisis de las pastas denotan la presencia de componentes marinos. Esas ánforas servirían para el transporte de almendras, cereales, aceite, etc., y de los datos obtenidos en el yacimiento se puede inferir la dieta de sus habitantes: ganado vacuno y mucho cerdo. Junto a la cerámica fenicia también aparece cerámica importada de Cartago, Cerveteri, Atenas, Corinto, etc., las cuales serían para el uso del poblado y que tras su primera utilización se les daba otra utilidad. Se detecta una deforestación del entorno desde la llegada de los fenicios hasta el siglo VI, la cual debería interpretarse por la necesidad de disponer de más tierra cultivable y para uso del ganado.

    Algunas casas presentan una estructura clásica fenicia, con plantas rectangulares, algunas de ellas de seis o más habitaciones dispuestas en torno a un patio central abierto; en ellas se ha podido establecer las actividades económicas que se desarrollaron en su interior gracias al registro arqueológico: hay zonas de almacenaje, de preparación de tinte, de cocina, de probable culto doméstico, etc., lo que se establece por la aparición de ánforas, conchas de múrex, huevos de avestruz y lucernas, etc. Algunas de esas casas presentan sus propios embarcaderos a los que se accede por una escalera de piedra, relacionados con la explotación de los recursos pesqueros o de la importancia que tuvo que tener el río en el contacto con el interior.

    En la campaña de 1995 se pusieron al descubierto varias viviendas de principios del siglo VII a.C. y los restos de un posible muro de contención en la zona más próxima al río. También la presencia de una gran calle de unos 5 m. de ancho que debió ser una de las vías principales de la ciudad y donde existen pequeños tabiques de piedra perpendiculares a los muros de las viviendas y construidos a intervalos regulares, que delimitan pequeños espacios cuadrangulares que formarían soportales a modo de pequeñas tiendas donde se almacenaban o exponían mercancías, formando una "calle comercial" donde se produciría el intercambio con las poblaciones indígenas el hinterland; los materiales hallados en el interior de estas dependencias confirman su actividad económica, pues el análisis del contenido de las ánforas encontradas apunta a bienes de subsistencia: trigo, cebada, uvas, almendras o pescado. Incluso el análisis físico-químico del suelo ha llevado a plantear que por dicha calle circularon animales y ganado. Ese hinterland cercano a Cerro del Villar lo formarían asentamientos poco conocidos, pero de los que hay indicios en Campamento Benítez, Loma del Aeropuerto o Loma de San Julián, y sobre los que se debate si eran asentamientos fenicios en tierra firme o asentamientos indígenas.

    En Malaka hay materiales procedentes des Teatro Romano y del sondeo de San Agustín, con una cronología sobre el 600 a.C. e indicios de materiales más antiguos que hacen pensar en un asentamiento arcaico. La doctora Aubet, cotejando la Ora Marítima de Avieno con los registros arqueológicos, plantea que Cerro del Villar puede corresponderse con la ciudad de Mainake; destaca la parte del periplo donde se describe a Mainake situada en una isla consagrada antes a Noctiluca o como desde el estuario del Tajo al litoral de los tartesios se tardarían al menos cuatro días a pié, mientras que desde Tartessos hasta el puerto de Malaka la ruta es de cinco días. Si un viajero del siglo VI a.C. hubise visitado la desembocarura del río Guadalhorce se habria encontrado con un paisaje de marismas, similar al relatado por Avieno, y además este es el único río puede poner en contacto terrestre con Tartessos a través de la vega de Antequera hacia Córdoba o Granada. Estrabón también habla del trazado hipodámico de la ciudad de Mainake y del irregular de Malaka, y en Cerro del Villar si existe ese buen trazado de las calles, cosa contraria a lo que ocurre en los asentamientos de la vega del río Vélez.

    Conocemos la posible necropolis de Cerro del Villar que estaría situada en el Cortijo Montañez; además tenemos materiales que se han hallado en la finca de El Retiro, en concreto cuatro urnas cinerarias de alabastro de las que solo se conserva una, que tipológicamente pueden recordar a los alabastrones de Lagos o Trayamar, pero hay dudas sobre la veracidad de la información respecto al lugar de su hallazgo y si esas urnas de alabastro no son el resultado del comercio de antigüedades. También existen tumbas y monedas romanas en el Cortijo del Pato, donde igualmente se ha descrito una tumba de cámara.

    Tras la revisión de la obra de 1903 de Manuel Rodríguez de Berlanga "Catálogo del Museo Loringiano", se ha podido conocer que algunas piezas del Museo de Málaga que aparecen en dicho catálogo , proceden del Cortijo Montañez, en una zona que en la actualidad coincidiría más o menos con la Estación de Servicio de Villa Rosa; esas piezas son de una pasta similar a la de los hornos del yacimiento de Guadalhorce, como es el caso de un recipiente esférico que srivió como urna cineraria o para ofrendas. Se decía que eran de una necrópolis romana, pero son materiales totalmente fenicios, como una ánfora tipo SOS, ánfora con una cartela ática y que serviría para el transporte de vino, la cual fue hallada en Cerro del Villar.

    Los fenicios en Granada

    En la costa de Granada nos encontramos con los asentamientos fenicios de Sexi (Almuñecar) y Abdera (Adra). En Almuñecar se ha trabajado mucho desde los años ochenta y se ha constatado que bajo la actual ciudad se encuentra la antigua ciudad fenicia de Sexi, pero al tratarse de trabajos de arqueología urbana, tenemos datos obtenidos de solares asilados que nos dan cierta información sobre el yacimiento. Junto a Almuñecar también se encuentran las necrópolis de Laurita, Puente de Noy y Cerro de Velilla, estas dos últimas púnicas.

    La necrópolis de Laurita se sitúa en el Cerro de San Cristóbal, conocida desde los años sesenta; en 1962 se puso al descubierto al realizarse unas obras de construcción, pero solo se pudieron excavar de forma científica por Pellicer 9 de las 20 tumbas que la componían, mientras que de las 11 restantes solo nos han quedado algunos materiales. Se trata de tumbas de pozo de entre 2 y 5 metros de profundidad y alineadas de norte-sur, en cuyo fondo se encontraba una urna cineraria empotrada en el suelo y sobre esta lajas de piedra formando una especie de cista y dentro de esta o fuera de ella el ajuar funerario. Nos encontramos con alabastrones con textos y cartelas egipcias de la dinastía XXII y correspondientes a los faraones del periodo libio Osorkón II (tumba 17), Takelot II (tumba 1) y Sesonquis III (tumba 16), todos del siglo IX a.C., dispuestos de manera que las asas o cartelas siempre miran hacia el frente de la tumba. En algunas, los enterramientos son dobles y también las hay con nichos laterales, simples o dobles, cerrados por una losa y donde se colocaba la urna cineraria.

    La tumba 19b presenta cerámica de importación (cotilae protocorintia), lo que, junto a los textos egipcios, ha permitido fechar la necrópolis desde finales del siglo VIII hasta la segunda mitad del VII a.C. Los textos egipcios, impresos o pintados, aluden al contenido de los recipientes: vino, seguramente de gran calidad por la categoría del recipiente y por la presencia del cartucho con el nombre del faraón, y su presencia en la necrópolis se explica por los intercambios que los fenicios realizaron con los egipcios; estos no poseían mineral de cobre, el cual les era facilitado por los fenicios a cambio de otros productos, entre ellos este vino, y tras su consumo los recipientes se guardaban para otros usos, como el de urnas funerarias, debido a su calidad y belleza. También hay alabastrones sin textos en varias tumbas y entre los ajuares también aparecen anillos con escarabeos basculantes.

    También de Almuñecar procede un alabastrón con el texto más antiguo encontrado en la Península, el "Vaso de Apofis", del siglo XVII-XVI a.C., correspondiente a la época de los hicsos.

    De Abdera (Adra) tenemos conocimiento por las excavaciones del Cerro de Montecristo, que proporcionaron materiales púnicos y romanos, pero no dieron nada de materiales fenicios; también Gloria Trias, en una publicación sobre las cerámicas griegas en la Península Ibérica, recoge la cerámica griega de ese yacimiento y viene a coincidir con los resultados de las excavaciones de Fernández Miranda, llevando la fecha inicial del asentamiento a inicios del siglo V a.C. Más recientemente, a finales de los ochenta, López de Castro ha conseguido localizar niveles antiguos a través de la cerámica que pueden llegar al 750 a.C.; sus trabajos, publicados en el Anuario Arqueológico de Andalucía de 1986 y en el II Congreso de Estudios Fenicios de 1991, hablan de los niveles 10 y 11 del Corte núm. 1, con la presencia de cerámicas de barniz rojo (lucernas, platos) y policromas (ánforas, ampollas), materiales que evidenciaban contactos con poblaciones indígenas del Bronce Final y también cerámicas grises; así mismo hay escorias de fundición de hierro y, en resumen, un corte que dio testimonios de la presencia fenicia en época antigua desde la segunda mitad del siglo VII a.C. y que perdura durante ese siglo, pero donde no hay datos sobre los siglos VI y V, siglos que sí se documentan en las primeras excavaciones del Cerro de Montecristo, y después una fase púnica tardía y romana.

    Presencia fenicia en otros lugares de la costa peninsular

    Hoy en día al hablar de fenicios, no solo podemos reducirlos a la zona sur (de Cádiz a Almería), si no que por el oeste se puede llegar hasta la desembocadura del río Tajo y por el este hasta la provincia de Alicante. En esta tenemos hoy en día un conocimiento más extenso de la presencia fenicia como en La Fonteta, en el entorno de la desembocadura del río Segura, donde en los últimos años se han producido hallazgos importantes o como Peña Negra I y II en la Sierra de Crevillente. Peña Negra I se corresponde con el Bronce Final (850-700 a.C.), mientras que Peña Negra II se corresponde con el periodo Orientalizante; en ese yacimiento aparece cerámica indígena con grafitos fenicios y cabañas que evolucionan de las circulares a las cuadrangulares. En La Fonteta hay un muro que delimita un espacio de unos 60 m . de longitud y que alcanza una altura de hasta 7 m., al que se adosan pequeñas habitaciones (similares a las tiendas de Cerro del Villar) y donde han aparecido platos, cuencos trípodes y tinajas de los talleres de Málaga.

    TEMA 2

    EL ORIENTALIZANTE EN LA PENÍNSULA IBÉRICA: TARTESOS

    Entre las fuentes más antiguas sobre Tartesos tenemos la Biblia, donde en el Libro I de los Reyes se habla de las naves de Tarsis que viajaban cada tres años al país de Ophir, de donde traían oro, plata, marfil y piedras preciosas, llegándose a plantear por algunos autores que ese Tarsis bíblico es el Tartesos peninsular, pero muchos de los productos que se describen no se podían encontrar aquí. Por otro lado, sobre el 600 a.C. el poeta griego Estesícoro de Hímera se refiere a Tartesos como un río de aguas argenteas. Anacreonte sobre el 530 a.C. habla de Tartesos como una ciudad, pero Hecateo de Mileto habla de una confederación de ciudades. Heródoto habla del viaje de Colaio de Samos y también, y más importante, está la Ora Marítima de Avieno.

    Posteriormente, en el siglo XVI, la historiografía tartésica fue motivo de interés. En fechas mucho más cercanas, Schulten, más filólogo que arqueólogo, basándose en la Ora Marítima de Avieno, dedicó una parte importante de su vida a la busca de Tartesos, situándolo en el Coto de Doñana y realizando excavaciones en el Cerro del Trigo, pero más tarde, en vez de buscar el Tartesos ciudad, se preocupará por el mundo tartésico en general. En los años cuarenta se comienza a excavar en las Mesas de Hasta (Jerez), asentamiento del Bronce y de época romana, pero con poca publicación de los resultados. En 1958 aparece el tesoro de El Carambolo, dos lotes de piezas que sumaban casi 3 kg. de oro, y desde ese momento el tema de Tartesos se toma con mayor interés. A finales de los años sesenta se celebra en Barcelona un simposium sobre Tartesos al que acuden los grandes investigadores del momento y el tema alcanza gran repercusión y veinticinco años después (1995) en Jerez se conmemora ese simposium. En los años ochenta y noventa hay un cambio en la investigación sobre Tartesos; los investigadores ya no se ocupan del Tartesos ciudad y se busca el periodo dentro del Bronce Final y los comienzos del Hierro.

    ¿Qué es lo que abarca Tartesos?. Si seguimos a Avieno, este habla de una zona situada entre el río Guadiana y el Segura; esta tesis aún la sostienen investigadores actuales que vinculan los yacimientos de la zona de Levante (como Peña Negra) con niveles del Bronce Final reciente y del periodo Orientalizante, con los de la zona del Guadalquivir por sus materiales similares; frente a esta tesis hay autores más restrictivos respecto a la extensión de Tartesos y para ello se fijan en la cerámica de retícula bruñida y en la del tipo carambolo. La idea de considerar como tartésicos elementos del Bronce Final, es una idea que se estableció en 1980 en una reunión donde se consideró que Tartesos sería una cultura que se localizaría en el valle del Guadalquivir y la provincia de Huelva.

    ¿En que fecha surge Tartesos?. También hay desacuerdo entre los autores en este sentido, con tesis como la de Schubart que considera que se puede hablar de Tartesos cuando las poblaciones del Bronce Final reciben las primeras influencias fenicias; frente a esta, autores como Arteaga, Pellicer, etc., consideran que habría que hablar de un Bronce Final precolonial, e incluso otros autores como Maluquer, lo retrasan hasta la Edad del Cobre. La fecha que se puede asignar a ese Bronce Final tampoco está clara, porque se sitúa entre el siglo XI y el IX a.C.

    ¿Quiénes son los tartesios?. Por un lado han influido las corrientes difusionistas que los han relacionado con los cretenses o los griegos por los objetos de valor de su cultura material y por ello se establece que no fue un desarrollo de la cultura local, y así opinaba Schulten que habla de poblaciones minoicas venidas del Egeo, aunque en una segunda edición de su obra habla de poblaciones tirsénicas venidas de Asia Menor, dentro de las cuales tendrían cabida los llamados "pueblos del mar"; ese origen foráneo lo sostienen incluso investigadores más recientes, relacionando la cerámica tipo carambolo con el geométrico griego. También se habla de un origen celta o atlántico para explicar el origen de Tartesos o se comparan las estelas del sudoeste con imágenes procedentes de Grecia. Lo único cierto es que desde la llegada de los fenicios es cuando se producen cambios en las poblaciones del Bronce Final reciente y se introduce el hierro surgiendo el periodo Orientalizante.

    ¿Qué buscan los fenicios en sus contactos?. Productos agrícolas, ganaderos y metales, y dentro de estos, la plata principalmente, pero al analizarse las causas de su llegada, la Dra. Aubet plantea que estas fueron múltiples: presión asiria, factores demográficos, busca de metales, busca de productos agrícolas, etc. Las tierras del sur peninsular eran ricas para la agricultura, con producción de cereales, y desde la llegada de los fenicios también se producirá vino y aceite, lo que se ve en la fabricación de ánforas para esos productos. Respecto a la ganadería, incluso los mitos hablan del ganado que existía en Tartesos, como los toros de Gerión robados por Hércules; el pastoreo de ganado bovino también era importante sin necesidad de grandes traslados en busca de pastos y que además de carne produciría lana para elaborar tejidos; además también eran importantes los ovicápridos y los cerdos. Pero lo fundamental de la economía será la minería, minas que se centran en dos núcleos fundamentales: Huelva y Sevilla; uno de los centros más importantes es el Cerro de Salomón, donde los autores hablan de un sistema de extracción muy subdesarrollado, pero eso está en contradicción con la gran cantidad de escorias de fundición encontradas en las cabañas del poblado y además por las piezas significativas encontradas como las del depósito de la ría de Huelva, o la espada de "lengua de carpa" de Almargen, o los moldes para su fabricación como el de Ronda.

    En el periodo Orientalizante (Hierro) los poblados pasan de cabañas circulares a la planta cuadrangular, lo que permite mejores soluciones en la distribución del espacio. Las cabañas circulares no desaparecen de golpe, sino que lo van haciendo poco a poco. Estos asentamientos ya presentan fortificaciones y hay edificios que comienzan a considerarse como santuarios, como en Montemolín , o evidencias de ellos a través de la cerámica como es el caso de Carmona, con la encontrada en la casa del Marqués de Saltillo ; también se describen en Cancho Roano (Badajoz) y El Carambolo (Sevilla), el primero de ellos con una posible estructura de tipo palacial.

    Todo lo anterior nos muestra una sociedad más compleja que vemos a través de su hábitat, su arquitectura y en el mundo funerario (necrópolis). Las excavaciones de necrópolis tartésicas orientalizantes se iniciaron en el siglo XIX, y una zona bastante interesante es la de los Alcores (Carmona, Sevilla), con yacimientos como Acebuchal, Cruz del Negro, etc. De esas excavaciones conocemos más los objetos que otro tipo de informaciones y en los últimos años se han vuelto a excavar o a estudiar esos materiales y por ello tenemos cada vez un mayor conocimiento de ese periodo. Hay quien piensa que es el resultado del contacto con las poblaciones fenicias y otros del contacto con los campos de urnas.

    También vemos que en un momento dado se empieza a inhumar, como la inhumación del túmulo A de Setefilla, lo que indica una sociedad más compleja y que correspondería a una elite que acumula los objetos de valor. Se trata de un mundo más complejo que podemos conocer por el mundo funerario: tumbas monumentales, ajuares extraordinarios, etc., resultado del contacto con el mundo fenicio y que demuestran la aparición de jerarquías.

    El esplendor del periodo Orientalizante comenzó luego su declive y existen diversas causas que lo motivan y que varían según los momentos de la investigación: Schulten explica el final del mundo tartésico por el cambio en el equilibrio entre potencias ocasionado tras la batalla de Alalia; en los años 60-70 se piensa que Tartesos termina arrastrado por la caída de Tiro en Fenicia; en los años ochenta, coincidiendo con el auge en los estudios sobre la cerámica griega por los descubrimientos en Huelva, se piensa que la crisis pudo deberse a que Focea cae en manos de los persas. Pero quizás la causa no fue externa, pudiendo ocurrir un agotamiento de los filones de metales. Quizás lo que ocurrió fue una conjunción de factores externo e internos e incluso un cambio en la dinámica de la sociedad que comenzaría a democratizarse. En definitiva: la crisis tuvo que deberse a causas complejas.

    Uno de los elementos característicos de este periodo son las llamadas "estelas del sudoeste", como la estela de Setefilla, con una figura esquemática y un posible escudo de círculos concéntricos. Algunas son muy complejas, siendo la más característica la estela de Ategua. En la provincia de Málaga tenemos la estela de Almargen.

    Respecto a la cerámica podemos ver la evolución en yacimientos como El Carambolo, donde en los fondos de cabaña del Bronce Final vemos cerámicas a mano y pocas a torno, mientras que en el poblado posterior de cabañas cuadrangulares predomina esta última. Encontramos cazuelas carenadas, donde la carena nos informará de la cronología por su posición más alta o baja. En la cerámica a mano destaca:

    • La de retícula bruñida; la retícula bruñida la encontramos en el interior de los vasos formado líneas producidas por la espátula al alisar el vaso cerámico y que se cortan en el centro del mismo, aunque a veces hay decoración de diversos motivos; su zona de distribución son las provincias de Sevilla y Huelva y algo de Portugal y su cronología abarca desde los siglos X al V a.C.

    • La pintada tipo Carambolo; recibe el nombre del yacimiento donde se encontró por primera vez y aparecen desde el Bronce Final Reciente. Presentan bocas anchas y en el proceso de fabricación se soleaban y recibían un engobe antes de aplicarles la pintura sobre fondo claro, luego se bruñían y posteriormente se cocían. Se han utilizado para hablar de una etapa precolonial al relacionarlos con el geométrico griego junto a las estelas, pero hoy esta tesis tiene pocos seguidores. Ej.: vaso Carambolo con decoración de tipo geométrico.

    En los siglos VII-VI predominará la cerámica a torno cocida a fuego mixto con predominio del reductor; las pastas son más decantadas y depuradas y el tratamiento externo es muy alisado. Son grandes recipientes como ánforas o pithoi que, según el análisis de las de Montemolín (Sevilla), se cocieron a una temperatura muy elevada. Presentan colores rojos, negros y amarillo y temas vegetales como la flor y capullo de loto, temas similares al del periodo Orientalizante griego, y animales como toros y grifos. Se distribuyen por las campiñas de Sevilla y Córdoba, en yacimientos como Montemolín, Setefilla, Carmona, etc., llegando a encontrarse en Málaga, Cástulo e incluso Alicante (Peña Negra). Su semejanza en el tratamiento podría llevar a hablar de un mismo centro productor y su fuente de inspiración son los objetos metálicos y probablemente los vestidos. Entre este tipo de cerámica destacan las piezas halladas en Carmona en la Casa del Marqués de Saltillo, como el pithoi A con cuerpo central con decoración de grifos y frisos encima y debajo del mismo, presentando una altura de 72 cm., o el pithoi B con 59 cm. de altura y decoración en el cuerpo central de flores y capullos de loto.

    Respecto a los poblados, tenemos el yacimiento de Cerro de Salomón (planta) con viviendas de planta rectangular y suelos de pizarra o tierra apisonada y peldaños con escaleras para salvar los distintos niveles. Fue un centro minero para la extracción de plata. Planta del poblado de El Carambolo, excavado por J. M. Carriazo, donde se encontró el famoso tesoro de su nombre y que en un principio se pensó formaba parte del atuendo de un sacerdote, pero que recientemente se ha planteado que fue la decoración de un animal sagrado. Otros poblados son los de Setefilla (Lora del Río) dentro del Orientalizante (Antiguo y Reciente) y La Joya dentro del Orientalizante Reciente.

    La necrópolis de Setefilla fue excavada en los años veinte por Bonsor y Thouvenot, donde, dentro del recinto de un túmulo, se encontraron enterramientos con el rito de inhumación y de incineración. En los años setenta, la Dra. Aubet publicará en Estudia Arqueológica, con el título "Estudio sobre el periodo Orientalizante", los materiales de la colección Bonsor y ella misma excavará en los túmulos A y B. En el A observa que lo excavado en los años veinte solo fue la cámara funeraria, pero el resto del túmulo estaba intacto y llega a diferenciar distintos momentos en la construcción del mismo; en él existe una necrópolis de incineración correspondiente a una primera etapa, sobre la que se levanta una especie de suelo artificial y se construye una cámara de inhumación rectangular (la excavada en los años veinte), la cual en un momento posterior es cerrada en su parte anterior y posterior, aunque entre este momento y el anterior se producen nuevos enterramientos de incineración; en una cuarta fase se cubre el espacio con un falso túmulo con tierras del alrededor que provoca la destrucción de parte de las tumbas de la primera fase, cuyos restos aparecen entremezclados entre la tierra del túmulo. Posteriormente, y en la parte superior del túmulo, se abrirán algunos enterramientos de época Altoimperial. El contorno del túmulo se encuentra delimitado por estelas funerarias. De los enterramientos (incineraciones) del túmulo A se han obtenido datos sobre la vida de los allí enterrados; un número importante de mujeres fallecían en el primer parto y si lo superaban llegaban hasta los 60 años de edad, mientras que los hombres fallecían en mayor número sobre los 30 años y si no llegaban también hasta los 60. Se han obtenido numerosos restos materiales de la excavación del túmulo: cerámicas bruñidas, urnas cinerarias bicónicas, platos fenicios, fíbulas de doble resorte, copas, etc. Respecto al túmulo B, solo existen dos fases de construcción, la primera, correspondiente a la necrópolis de incineración, y la última, su recubrimiento tumular, faltando las dos intermedias.

    La necrópolis de La Joya se encuentra en Huelva y de ella tenemos los trabajos del profesor P. Garrido; es una necrópolis del Orientalizante Reciente y en ella encontramos el rito de incineración e inhumación en fosa. La incineración la encontramos en urnas depositadas en hoyos en el suelo y otros enterramientos más complejos con urnas en tumbas de formas y tamaños variables; un tercer tipo es la incineración in situ, sin urna, en una tumba donde se quema el cadáver y allí se deja, lo que se interpreta por la falta de madera para la cremación. En esta necrópolis se ha detectado la existencia de túmulos a través de la ografía aérea. Además de lo anterior se han hallado cadáveres en posición violenta o con los parietales fragmentados, lo que da pie a pensar en la práctica de sacrificios humanos.

    Las tumbas más espectaculares son las 17 y 18 y entre los materiales encontrados tenemos cerámicas a mano y a torno, con vasos globulares, fragmentos de alabastro, platos de barniz rojo, jarros pirifiormes de cerámica gris (usados como urnas). Lo más llamativo son los objetos de metal (bronce); a partir de ahora será frecuente encontrar en los ajuares funerarios, jarros y braseros metálicos que reemplazan a los jarros y platos de época fenicia en su función funeraria; entre ellos destacan:

    • Jarro (oinochoe) de metal de tipo rodio que presenta una roseta múltiple en el arranque del asa y que presenta, junto a otros ejemplares, el problema de sí se trata de tipos importados o de producción local.

    • Jarro piriforme con boca de cabeza de ciervo sin cornamenta y con un asa cuyo arranque es una palmeta y que acaba con la cabeza de un équido; encontrado en la tumba 18.

    • Jarro piriforme con cuello de flor de loto, boca horizontal y asa que acaba en una cabeza de serpiente; de la tumba 17.

    • Ánfora de metal con asas rematadas en palmetas.

    • Brasero metálico con una sola asa cuyo remate es una adormidera, y donde las cabezas de los clavos que sujetan la chapa inferior, están cubiertas con motivos decorativos de cabezas femeninas con peinados hatóricos y rosetas.

    • Restos de un carro dos ruedas (de guerra) de la tumba 17:

      • Tapacubos metálico de una rueda de carro que representa la cabeza de un león con la boca abierta y sacando la lengua, con orejas acorazonadas, muy similar a modelos orientales.

      • Placa calada de bronce de la estructura del carro con palmetas de cepillo, elemento típico del Orientalizante.

      • Arneses del carro.

    • Thymiaterion con dos cazoletas superpuestas y tres flores de loto en el cuello, con patas (3) acabadas en garras de león y realizado en talleres fenicios de Occidente.

    • Soportes metálicos de jarros.

    • Arqueta de marfil con figuras egiptizantes y bisagras de plata onubense

    Durante años, lo que se conocía del Orientalizante eran piezas dispersas producto, la mayoría de ellas, del comercio de antigüedades o de hallazgos fortuitos, y por ello se vio necesario cambiar la metodología y excavar poblados de la zona propiamente tartésica (Sevilla, Huelva y algo de Extremadura y Portugal); de ellas se obtuvieron piezas que procedían, principalmente, de talleres fenicios occidentales, lo que conocemos, sobre todo, por los análisis metalográficos realizados sobre los materiales del yacimiento de La Joya, donde la mayor parte de las piezas son producidas aquí y hay pocas de importación.

    Piezas arqueológicas importantes del periodo Orientalizante son:

    • Jarro piriforme de metal de Coca (Segovia), con decoración de palmeta en el inicio del asa; algunos son de pasta vítrea como los de Aliseda.

    • Jarro piriforme de metal de Niebla (Huelva), más esbelto que el anterior y cuya asa presenta dos acanaladuras formando tres cuerpos que acaban en la cabeza de tres serpientes y cuyo inicio (del asa) es una palmeta.

    • Jarro piriforme de Badajoz.

    • Jarro piriforme del Museo Metropolitano de Nueva York, también con serpientes en el final del asa, y del que no sabemos su procedencia exacta.

    • Jarro piriforme de La Joya, con flor de loto en el cuello del vaso.

    • Jarros de cerámica etrusca (buchero negro), con paredes gruesas y decoración en relieve, una con la cabeza de un león, que demuestran el fenómeno cultural del Orientalizante distribuido por todo el Mediterráneo en el siglo VII a.C.; son similares a los corintios.

    • Jarro metálico con boca de cabeza de león, de la colección Lázaro Galdiano (Madrid), con cuello con decoración de flores y capullos de loto.

    • Jarro metálico con boca de cabeza de ciervo, de Mérida.

    • Jarro piriforme con boca de cabeza de ciervo sin cornamenta, de la necrópolis de La Joya y con un asa cuyo arranque es una palmeta y que acaba con la cabeza de un équido.

    • Jarro tipo oinochoe, de Valdegama (Badajoz), con cuello ancho y pico vertedor, que presenta sobre la boca un busto femenino enmarcado por dos leones reclinados.

    • Jarro tipo oinochoe, de Villanueva de la Vera (Cáceres), sin pico vertedor y con palmeta y serpientes en el asa.

    • Crátera de La Joya.

    • Oinochoe de La Joya (roto).

    • Brasero de La Joya.

    • Brasero de Aliseda, de plata, en cuya borde inferior presenta unas manos estilizadas de seis dedos cubriendo los remaches de los clavos.

    • Hebilla de cinturón, de Niebla (Huelva), con la representación del "árbol de la vida"; tiene 14,4 x ±4 cm.

    • Hebilla de cinturón, de Sanchorreja, con una palmeta de cepillo y dos animales con tiara en la cabeza, los cuales se encuentran contrapuestos.

    • Hebillas de cinturón de tres garfios, similares a las de las necrópolis de Los Alcores.

    • Los "Candelabros de Lebrija", 6 pebeteros estilizados de oro.

    • Pebetero (thymiaterion), de Cástulo, que presenta sobre el borde de la boca un león y dos ciervos y rodeado de círculos unidos entre sí, y en el cuello del vaso una flor de loto.

    • Pebetero del Museo Arqueológico Nacional que parece ser de Despeñaperros, con un trípode en la base y dos flores de loto en el cuello.

    • Pebetero, del Cerro del Peñón (Málaga), con flor de loto en el cuello.

    • Pebetero de La Joya con dos cazoletas superpuestas y tres flores de loto en el cuello, con patas (3) acabadas en garras de león.

    • Ciervo y toro que decoraban las bocas de pebeteros extremeños.

    • Astarté del Museo de Sevilla, procedente de El Carambolo, con 16,5 cm. de altura y a la que le falta el sillón donde estaría sentada; presenta los pies descansando sobre un escabel y un texto fenicio.

    • Figura con peinado hatórico, de una tumba de Cástulo, presenta una flor de loto sobre la cabeza y un clavo en la parte posterior.

    • Figuras con peinado hatórico (3), del Cerro del Berrueco (Salamanca), salidas del mismo molde, las cuales presentan un diseño muy extraño con alas, especie de brazos, disco solar, etc.

    • Sacerdote de Cádiz, figura de bronce y oro de unos 13 cm. de altura con un vestido talar y brazos envueltos en la túnica que lleva una mascarilla de oro sobre la cabeza.

    • Guerrero de Medina de las Torres, llamado por el profesor Blanco en 1949 el "bronce ibérico" del Museo de Británico, pero es anterior a la época ibérica; tienen más de 30 cm. de altura.

    • Bronce Carriazo, presenta dudas sobre su finalidad (bocado de caballo, etc.), tratándose de una figura femenina con peinado hatórico, aves acuáticas, dos triángulos, flores y capullos de loto en el pecho y siete orificios de los que en su día debió de colgar algo. Es del siglo VI a.C.

    • Cierva del Museo Británico.

    • Esfinge de Cástulo, con círculos unidos en su ala similares al pebetero de Cástulo.

    • Diosa de Galera (Granada), de alabastro de importación y tamaño pequeño, la cual está hueca y presenta agujeros en los pechos para que el líquido depositado en su interior se vertiera sobre un recipiente que porta en los brazos; se encuentra sentada y como posabrazos tiene dos esfinges, modelos similares a la de Cástulo.

    • Tapacubos metálico, de La Joya, de una rueda de carro que representa la cabeza de un león con la boca abierta y sacando la lengua, con orejas acorazonadas, muy similar a modelos orientales.

    Respecto a la joyería tartésica, en ella podemos ver el poder que llegan a alcanzar los jefes locales que se entierran en tumbas como las de Setefilla. Uno de los ejemplos más importantes de esa joyería el Tesoro de La Aliseda (Cáceres) que apareció en 1920 y que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional; está compuesto por:

    • Cinturón, con tres bandas, la central lisa y las otras dos decoradas con técnica de repujado y granulado, formando espacios dentro de los cuales hay figuras de hombres luchando con leones y grifos en el broche.

    • Pendiente, con estructura de forma amorcillada con prendedor y cadenita para la oreja; los elementos decorativos están realizados por la técnica de granulado, con palmetas, elementos vegetales y pajarillos sobre las palmetas. Se puede relacionar con el conocido como Pendiente de Andalucía, del que no se conoce su lugar exacto de procedencia y que tiene forma amorcillada y decoración de granulados mucho más barroca.

    • Anillo basculante.

    • Colgante similar a los anillos basculantes, con prendedor y escarabeo de amatista.

    • Brazalete, con motivos decorativos de espirales, ya conocidas en las culturas del Mediterráneo, y un remate con palmetas.

    • Collares con colgantes (53) de cuentas, amuletos, estuches, etc.; uno de ellos con cuentas acorazonadas u ovas, tipo de amuleto que luego veremos en el mundo ibérico como en sus "damas" como la de Elche; otro con motivos circulares, esferas, crecientes lunares, cabezas de serpiente y estuches con tapadera (a veces con la cabeza de un animal), estuches que no continuarán en el mundo ibérico.

    • Diadema, cinta de 20 x 5 cm. que tiene como precedente a las fenicias, herederas de las asirias de marfil que se difundieron en el Primer Milenio en Occidente con una gran aceptación; sus extremos son triangulares con argollas en las esquinas y está formada por hilos de oro formando rosetas multipétalas y en su parte central espacios reservados para piedras semipreciosas, de las que solo queda una turquesa, enmarcados por hilos de oro. De ella caen cadenillas con colgantes esféricos.

    Otro es el Tesoro de El Carambolo, hallado en 1958 en ese yacimiento sevillano; se trataba de un ocultamiento que rompía un fondo de cabaña del Bronce Final y que provocó una reactivación del tema Tartesos. Eran casi tres kilos de oro muy puro y se pensó que lo formaban dos lotes distintos, uno formado por un pectoral, placas y brazaletes, y el otro por un pectoral, placas y un collar. Mata Carriazo, al publicar su estudio sobre el tesoro, presentó una representación del mismo portado sobre un hombre, pero hoy se plantea que tal vez fuese la ornamentación de un animal sagrado; dentro del conjunto, los pectorales presentan la forma de una piel de animal, piel de animal que nos puede recordar a la fundación mítica de Cartago y también a los recipientes de cerámica creto-chipriota donde aparece una persona que lleva sobre la espalda un lingote con forma de piel de animal y también hace poco apareció un santuario con forma de piel de buey.

    Fue estudiado por Mª Luisa de la Bandera que lo fechó en el siglo VII a.C. y está realizado con la técnica de troquelado y granulado. Las piezas que lo forman son:

    • Brazaletes, con láminas troqueladas y granuladas, con esferas y cápsulas con esferas multipétalas.

    • Placas, alternan esferas y cápsulas con rosetas multipétalas. La diferencia entre las placas de un conjunto y otro es que las rosetas se encuentran en uno de ellos hundidas en el centro.

    • Brazaletes, con forma de piel de animal y decoración similar a las placas.

    • Collar, con motivos decorativos vegetales y cadena con trenzado de hilos de oro. Le falta un sello.

    También importante es el Tesoro de Ebora, donde se ven cabezas del dios Bes, y además tenemos los marfiles que fueron estudiados por el profesor Blanco Frejeiro y por la Dra. Aubet, que estudió las necrópolis de la zona de Los Alcores (Sevilla). Entre los años 60 y 80 se plantearon problemas sobre el origen e interpretación de los marfiles; se plantea que son fenicios procedentes de Cartago, luego que podrían ser piezas indígenas, pero aquí no hay marfiles, y se comparan con marfiles asirios. Hoy el problema se considera resuelto; se dice que son hechos en talleres fenicios de Occidente con materiales importados de Oriente, lo cual podemos ver en la arqueta de marfil de La Joya, donde las bisagras están realizadas con plata procedente de Huelva. También algunos marfiles son de importación como los encontrados en el Teatro Romano de Málaga y lo mismo ocurre con algunos peines de marfil. La temática de la decoración de las piezas de marfil debió encontrarse en los objetos de bronce y en la cerámica decorada con temas orientales.

    Aubet también ha estudiado la cerámica de este periodo; en yacimientos como Setefilla o La Joya, aparecen cerámicas fenicias que, en la costa, corresponderían al periodo arcaico fenicio, mediados del siglo VIII a.C., así como vasos del tipo "cruz del negro" que aparecen excepcionalmente en yacimientos fenicios de la costa, pero que en estos yacimientos corresponden al siglo VI a.C., y eso solo se explica por la existencia de talleres fenicios en el entorno de Cádiz que seguían fabricando esa cerámica de formas arcaicas para las poblaciones indígenas.

    Como conclusión podemos decir que casi todos los materiales correspondientes al periodo Orientalizante, están fabricados en talleres peninsulares u occidentales por artesanos fenicios; ese Orientalizante tocaría a su fin sobre el 550 a.C. al igual que la cultura tartésica.

    TEMA 3

    LA COLONIZACIÓN GRIEGA

    Los primeros contactos de los griegos con la Península Ibérica no se llevan a cabo por la ruta norte, sino por la franja costera de la zona tartésica, principalmente la provincia de Huelva y algo de Cádiz y el sur de Portugal. Sobre la presencia griega hay que hacer hincapié en la problemática interpretación de las fuentes arqueológicas en combinación con las referencias dadas en las fuentes literarias. Cuando se habla de la presencia de navegantes orientales y su asentamiento en la costa, se entiende que estamos hablando de fenicios, pero esto hay que ampliarlo con otras gentes que también vienen de Oriente y por mar, los griegos, pues hay que tener presente que Grecia se enmarca dentro del concepto de Oriente por su situación en el Mediterráneo.

    Hemos visto como en el registro arqueológico fenicio aparece gran cantidad de materiales griegos arcaicos; el problema es saber si esos materiales son traídos por navegantes fenicios o griegos. Lo más seguido en la actualidad es que esos materiales fueron traídos por navegantes fenicios, pero no hay que olvidar que en la primera mitad del siglo VIII a.C. la expansión colonial griega llegará hasta la zona limítrofe del Mediterráneo Occidental, a la isla de Pitecusa, frente a la Campania y el sur de Etruria; allí ya hay griegos en el siglo VIII. Pitecusa es un lugar importante, porque no pocos investigadores plantean la posibilidad de que, al menos una parte de las copas protocorintias que aparecen en los yacimientos fenicios como la necrópolis de Almuñecar, pueden haber sido fabricados en la propia Pitecusa. Es más que probable que una de las rutas de navegación y aprovisionamiento mercantil fenicio hacia la Península Ibérica, tocara en Pitecusa, es decir, que aunque los materiales no hayan sido traídos por los griegos, ya desde época antigua hay una vinculación entre griegos y fenicios.

    Llega un momento en que la presencia griega en el sur de la Península debió producirse de mano de navegantes griegos, pero el problema es saber cuando comenzó y que características y envergadura tuvieron esos contactos. Ese punto de partida no solo nos lo ofrecen los materiales arqueológicos, sino también las fuentes literarias, que en el caso de Tartesos son bastante jugosas; así, tenemos información sobre Tartesos y sus grandes personajes proporcionada por Anacreonte en el siglo VI a.C., a través de epítomes o por referencias a otros autores, y también tenemos los pasajes de Heródoto que nos hablan, en textos un tanto contradictorios, de dos episodios que relatan los primeros contactos de los griegos con Tartesos. En el primero se refiere a Colaio de Samos; es un pasaje que trata de Bato y la fundación de Cirene y donde refiere un viaje de los samios que fueron desviados de su ruta por el viento de levante, hasta que atravesaron las Columnas de Hércules y llegan a Tartesos, refiriendo que esa tierra estaba sin explotar y como obtuvieron grandes beneficios en su comercio. A su vuelta erigieron una vasija decorada con cabezas de grifos en relieve; si creemos en la veracidad del texto (y no tenemos motivos para dudarlo), este nos da un indicativo cronológico muy importante, la fundación de Cirene, y sabemos que esta se llevó a cabo sobre 640 a.C., y esa información se puede poner en relación con la existencia, en el Heraion de Samos, de marfiles que los investigadores califican como "tartesios", por su similitud con los de las necrópolis de Carmona en ambientes cronológicos sobre la misma fecha a los del Heraion, 640-630 a.C.

    El texto también nos permite establecer el carácter de esos primeros contactos comerciales o "intercambios de dones"; al igual que lo que ocurrió con los fenicios, se trató en un principio de un intercambio de regalos. Heródoto habla de Colaio de Samos, no de los samios, lo que hace pensar en contactos a nivel personal, pero luego pasa a hablar de los foceos, donde ya se entrevén relaciones entre emporios.

    Lo que intentamos ver es la existencia de cambios, más o menos profundos, que se están produciendo en lo que llamamos mundo tartésico; en momentos del siglo VII a.C. se producen cambios que podemos centrar en lo cronológico en unos topes situados entre 600 y 550 a.C., periodo en el que pasan muchas cosas en Tartesos; es el espacio de tiempo que se identifica con la llamada “crisis de Tartesos”, y es la fecha que se usa para distinguir entre el mundo fenicio y el mundo púnico, por la crisis de los establecimientos fenicios en la Península Ibérica.

    El problema es que el análisis del comercio temprano griego en la Península Ibérica, está ligado de forma fortísima a Tartesos y a los fenicios; desde ese punto de vista, hay que intentar analizar una serie de acontecimientos en el sudoeste de la Península Ibérica, de los que no conocemos bien sus causas, pero sí sus resultados. Tenemos referencias literarias que nos permiten conocer algo mejor lo que convencionalmente viene llamándose “crisis de Tartesos”. Hay una serie de investigadores que reclaman una serie de causas internas para explicar el cambio en el mundo tartésico a partir del 600 a.C.; esas causas tienen cabida en un término: agotamiento, el agotamiento de los recursos y las riquezas que hicieron de Tartesos lo que conocemos; los análisis arqueométricos permiten asegurar que en la primera mitad del siglo VI a.C., se produce un descenso considerable en la producción de las explotaciones mineras del mundo tartésico, motivado por las dificultades técnicas para acceder a los minerales de una forma rentable. Pero las riquezas de Tartesos no solo eran los minerales, también hay una explotación agropecuaria importante, y hay investigadores como Escacena que proponen un agotamiento de esas explotaciones agrarias debido al enorme crecimiento demográfico de décadas anteriores, lo que provocará una crisis alimentaria y una disminución de la población. Eso es lo que parece que dicen los datos arqueológicos como en Setefilla, Tejada la Vieja, etc.

    Nos encontramos con una etapa de importantes cambios vistos desde la óptica indígena y al mismo tiempo se produce una crisis de poblamiento en los asentamientos fenicios de la costa peninsular; en ello debió influir algo, aunque poco, la caída de Tiro en Oriente, pero sobre todo esa crisis agraria del mundo tartésico.

    Es entonces cuando llegan los griegos, los cuales ya estaban en posibilidad de conocer las rutas que llegaban hasta el occidente hispano. Tras el caso de Colaios seguirán frecuentando cada vez de forma más intensa las costas del sur peninsular, viajes que son ilustrados en las fuentes literarias en otro pasaje de Heródoto donde hace referencia a la visita y comercio de los foceos con Argantonio y que nos relata, entre otras cosas, el cambio que se produce en las relaciones de intercambio entre los griegos y los indígenas tartésicos; si el ejemplo de Colaios es claramente de relaciones de prestigio, el de los focenses es un ejemplo de relación de tipo de emporio.

    Cabe hablar de la existencia y valoración que hay que hacer de los materiales griegos en la Península Ibérica, situables cronológicamente entre el 650 y el 550 a.C., no los más antiguos traídos por los fenicios. En un principio hay una relación de intercambio de dones muy caros y reducidos en número para “abrir puertas”; este es el caso de algún objeto de bronce singular como un vaso rodio de la necrópolis de La Joya y sobre todo de los cascos, como el Casco de la ría del Guadalete o el Casco de la ría de Huelva, cascos de guerra, de hoplitas, que estarían decorados con piezas accesorias y con cimera. El de la ría del Guadalete se data sobre 680-650 a.C. y el de la ría de Huelva sobre 650-600 a.C. ¿Cómo llegaron hasta allí? El de la ría de Huelva presenta una rotura en su parte derecha que ha hecho plantear que el individuo que lo portaba cayó herido en el lugar en que se halló; está decorado con cincelados y es una pieza más de lujo que de uso guerrero y la rotura es más probable que fuera intencionada para inutilizarlo y después fue arrojado al agua como exvoto, pues hay ejemplos similares de exvotos en Grecia en el santuario Olímpico. Pero lo que interesa es que el exvoto pudo ser realizado por un indígena tartésico, lo que significaría la adopción de elementos culturales griegos por parte de la oligarquía tartésica, al igual que lo hacen con las cerámicas griegas.

    Puede que desde el siglo VII a.C., parte de los materiales griegos fuesen traídos por los propios griegos; esa presencia más antigua se plantea en la zona de Huelva y Tartesos. Junto a los cascos y otros objetos, el grueso de los materiales griegos son materiales cerámicos que, en función de la topografía de los hallazgos y de la compartimentación cronológica de esos mismos materiales, nos permiten establecer una periodización sobre la presencia griega:

    • 1ª fase, desde mediados del siglo VIII hasta finales del siglo VII a.C. (630 a.C.). Periodo en el que la mayoría de los materiales griegos llega de mano de los fenicios.

    • 2ª fase, desde 630 hasta 580 a.C. Se inicia con los testimonios literarios de la presencia de comerciantes griegos en Tartesos (Colaios de Samos).

    • 3ª fase, desde 580 hasta 540-30 a.C. Se produce un cambio sustancial en la tipología, cantidad y procedencia de los materiales, lo cual está relacionado con el comercio focense. En esta fase es donde cabe incluir algunos materiales como el jarro rodio de La Joya, pero sobre todo cerámicas entre las que destacan las copas y otros tipos de recipientes samios, rodios y eubeos, fundamentalmente en Huelva. Esta presencia de materiales griegos tiene además un interesante contraste con los materiales que proporcionan los yacimientos fenicios costeros contemporáneos, pues vemos que en estos hay menos cerámica griega y además ésta presenta diferencias tipológicas y de procedencia con respecto a los materiales griegos de la ría de Huelva. Esta época es calificable como la de apogeo de las importaciones griegas en el sur de la Península Ibérica, y es un momento cronológico que cabe poner en relación con el pasaje literario de Heródoto sobre Argantonio; este pasaje es importante tenerlo en cuenta, por que habla de un interés por parte de la “realeza” tartésica en entrar en contactos comerciales con gentes que, evidentemente, no son los que hasta ahora detentaban los intercambios de las riquezas tartésicas en condición de monopolio (los fenicios). Hay una mayor presencia de formas relacionadas con el “servicio de bebida” dentro de los vasos cerámicos griegos: esquifos, copas y ánforas vinarias se incrementan, y también hay un despegue de la cerámica de procedencia ática con respecto a las de otras procedencias, tanto de la Grecia continental (Corinto o sur de Laconia), como de la zona Jonia. Es una cerámica de lujo, pero además hay una cierta selección de formas destinadas a beber vino y esa selección hace pensar que ya hay en Tartesos, en ese momento, una introducción de elementos culturales griegos a nivel aristocrático. Son vasos costosos, pintados por expertos, pero son producciones de segunda categoría, porque solo hay algunas piezas que podamos calificar de singulares, de un pintor conocido, como es el caso de una copa laconia del pintor de Naucratis, o el fragmento de una copa ática atribuida a Kritias y datada sobre 570 a.C. La mayoría son de menor categoría y eso es una constante en la cerámica griega de la Península Ibérica en general, por lo que hay que calificar al mercado hispano como de menor, poco refinado o exigente, cosa contraria a lo que ocurre en Etruria. Al mismo tiempo hay que hablar de la presencia, en la cerámica de Huelva, de materiales de menor calidad aún que los mencionados, también procedentes del Ática. Al final del periodo se produce la batalla de Alalia en las puertas del Mediterráneo Occidental, donde los cartagineses y los etruscos luchan contra los foceos y eso será el fin del apogeo de la cerámica griega en el sur peninsular.

    • 4ª fase, desde 530 a.C. en adelante (para Cabrera hasta 500-490 a.C.). En 530 a.C. se produce una caída brusca de las importaciones cerámicas griegas, tal vez motivado por las consecuencias de la batalla de Alalia, que provocaría un hipotético cierre del Estrecho de Gibraltar por parte de los cartagineses, pero ese descenso presenta ciertas matizaciones: solo seguirán llegando las producciones áticas al sur peninsular, pero en cantidades muy reducidas. Seguirán llegando materiales griegos pero estos se concentran en puntos geográficos diferentes a los que hasta ahora los recibían, y esas zonas serán el sudeste peninsular y el Alto valle del Guadalquivir; en estos lugares encontraremos materiales griegos en cierta abundancia y en muchos casos serán objetos de lujo como una crátera ática de la tumba de La Toya, datada en la primera mitad del siglo IV a.C., la cual es ejemplo de varias cosas: no solo llega material de lujo griego, sino que también se produce un cambio geográfico en su destino y un cambio en las rutas comerciales por las que llegan estas producciones, las cuales ya no pasan por el sur peninsular, sino que vienen del norte y tienen como centro neurálgico el Golfo de Rosas, donde los griegos (foceos) se han asentado en Massalia y Emporión.

    En el Golfo de Rosas hay, desde 575 a.C., constancia de al menos un asentamiento estable griego, Emporión (Ampurias), y tal vez también en Rode (Rosas). Cabe plantearse la existencia de griegos asentados desde fechas anteriores en otros puntos de la Península, es el caso de Mainake, colonia griega si hacemos caso a las fuentes, pero no si hacemos caso a la arqueología, y que sería el nombre griego de un asentamiento fenicio (Cerro del Villar según Aubet, Toscanos según Schulten), que ellos ya conocen, por lo que ya estuvieron aquí, e incluso en Huelva parece seguro que existiese un barrio griego antes de 575 a.C.

    Emporion es una fundación griega “ex novo” realizada por griegos procedentes de Massalia, fundación de los foceos sobre 600 a.C. y que será la metrópolis de otros asentamientos, entre ellos Emporion. El lugar de su fundación es de gran interés comercial para los griegos, pues a través del él tienen acceso a la zona nororiental peninsular, hacia el interior utilizando las vías naturales y hacia el sur buscando las fuentes del Guadalquivir. Los foceos de Massalia se situarán sobre 575 a.C. en un pequeño islote, el de San Martín de Ampurias, situado muy cercano a la costa y junto a una bahía formada por la desembocadura de un río, es decir siguiendo modelos fenicios. Es un lugar pequeño y no situado en tierra firma y recibirá el nombre de palaiapolis (ciudad antigua).

    Ese asentamiento griego va a tener una importancia muy grande, aunque al principio haya que calificarlo como de modestísimo emplazamiento y del que prácticamente nada conocemos de su urbanismo antiguo, motivado por la superposición de construcciones posteriores, pero una serie de materiales arqueológicos incorporados a la iglesia de San Martín, ofrecen datos de interés sobre esta primera fase de Emporion, como un fragmento de un friso jónico con dos esfinges contrapuestas y que se data sobre finales del siglo V a.C. y que demuestra, junto a otros materiales como un capitel jónico de cronología similar, la existencia de un edificio monumental. Tanto uno como otro y la lectura de ciertas fuentes literarias, hablan de la existencia de un templo griego dedicado por los “colonos” a una divinidad griega, que por las pistas que nos proporciona el origen cultural de los fundadores (foceos), quizás se trate de la Artemis efesia. Esto tiene una posible confirmación más tardía en las monedas emporitanas, que representan la efigie de una divinidad femenina que es la Aretusa de Siracusa, tipo muy difundido y que es copiado por una gran cantidad de cecas de amonedaciones griegas, entre ellas Massalia, donde representan seguramente a Artemis, y ese tipo se va a adoptar en Emporion. También en ejemplares monetarios de época romana se representa una cabeza femenina galeada a la que se añade un arco y un carcaj, lo que refrendaría que se trata de Artemis.

    Desde 550 a.C. los griegos pasarán a tierra firme, a la neapolis, parte griega del Emporion mejor conocida por ser más grande y ser un yacimiento que no tuvo ocupación humana posterior. La neapolis se articula de norte a sur, quedando sus lados oeste y sur como zona propicia a la expansión urbanística, lo que explica su forma alargada; esta será la ciudad griega estable, la cual va a tener una serie de vestigios arquitectónicos que podemos clasificar de poco significativos hasta un momento avanzado de su historia, finales del siglo III y sobre todo los siglos II y I a.C. A partir de ese momento se puede reconocer a la ciudad griega en la neapolis por la llegada de los romanos, la cual provocará una monumentalización de la misma por parte de los griegos tardohelenísticos, monumentalización que desfigurará los restos de las anteriores etapas de ocupación de la neapolis.

    De la época más antigua solo tenemos el testimonio arqueológico de edificios singulares, el más antiguo en torno al siglo V a.C., situado en la zona sur fuera de las murallas, tratándose de un templo-santuario dedicado, al menos, a Artemis y que en su origen constaba, como elementos fundamentales, con un pozo y un altar y que desde mediados del siglo V a.C. va a ser monumentalizado, siendo muestra de ellos las acróteras y restos de antefijas que proceden de este lugar. Este templo pudo representar un lugar clave en las relaciones con los indígenas, los cuales tenían un asentamiento citado en las fuentes literarias, aunque en un momento más tardío, y que está constatado por la arqueología por los restos de habitaciones y necrópolis; las fuentes hablan de una dípolis al referirse a Emporion, dos comunidades diferentes, una griega y otra indígena.

    A mediados del siglo IV a.C. la zona sur será una zona de expansión y llega un momento en el que la ampliación de las murallas provocará que el santuario que de casi incluido dentro de estas. La zona del templo ahora será profundamente remodelada, construyéndose un nuevo templo-santuario dedicado a Asclepios (un asclepeion), tipo de divinidades de moda en esta época; de ese momento no ha quedado nada excepto el oichos (morada) de la divinidad, donde se erigió la estatua dedicada al dios y que fue hallada en ese lugar a principios de siglo, el Asclepios de Emporion, realizado en mármol pentélico y la mejor muestra del ate griego en la Península Ibérica; esta escultura y el altar cercano a la misma es lo único que queda del santuario del siglo IV y eso es debido a que en el siglo II a.C. se produce una nueva remodelación con una nueva muralla esa zona pasa a quedar incluida en el interior de la misma y se añaden nuevos edificios, el más importante al abaton, lugar donde los peregrinos acudían a curarse.

    Junto a este vestigio arquitectónico, cabe aludir a una serie de testimonios escultóricos como una cabeza de Afrodita, de unos 16 cm. de longitud realizada en mármol y que procede del sur de la ciudad, o los restos de la parte inferior (los pies) de una escultura femenina, que se ha identificado como de una amazona y que correspondería a los siglos IV a III a.C.

    Todo lo anterior demuestra que Emporion, hasta el siglo II a.C., fue adquiriendo la categoría de ciudad; también conocemos la existencia de un ágora y de una stoa, la primera atemporal y la segunda de época helenística. Junto a ello la existencia de un urbanismo reconocible y de una arquitectura de casas privadas que tienen como elemento principal y característicos el modelo de casa griega helenística, articulada en torno a un patio porticado (peristilo) y que tienen algunos elementos arqueológicamente significativos como mosaicos de opus signinum con incrustaciones de materiales pétreos. También hay una necrópolis griega, modesta, que convive con enterramientos indígenas y donde predomina la incineración en urnas.

    Las relaciones de los griegos con su hinterland hay que llevarlas hasta el sur de Villaricos y el norte de Narbona. Emporion es eso, un emporio o puerto comercial, y es curioso que mantuviese ese nombre aún siendo ya en el siglo V a.C. una polis; quizás se deba a querer recalcar la profunda relación comercial con las poblaciones indígenas del entorno y que tienen su mejor exponente en el yacimiento de Ullastret, a unos 25 km. al norte, importante oppidum ibérico que se funda en torno a 530 a.C. y que se convierte rápidamente en una gran ciudad, la cual debe su importancia a los contactos con Emporion, hasta el punto de que el mayor porcentaje de cerámicas griegas importadas de esa zona, procede de Ullastret, no de Emporion. En sus casas han aparecido vasos, copas, cráteras, etc., que aluden al éxito de las formas vinarias, la mayoría procedentes del Ática.

    Junto a Ullastret, los contactos comerciales de Emporion se verán facilitados por su buena situación geográfica y se extenderán por la zona levantina y por las costas mediterráneas de la Galia. Ejemplos de esas relaciones son los plomos escritos como el plomo de Ampurias o el plomo de Pech-Maho en la Galia; estos plomos tienen una gran importancia, no solo por facilitarnos una toponimia antigua, sino también por darnos los nombres de los personajes que intervienen, como en el de Ampurias donde se habla de la ciudad de Saguntia en un documento del siglo V a.C. y que además nos hable de la existencia de monedas griegas de la zona en ese periodo, como las fracciones de plata de Ampurias desde 450 a.C., ya acuñadas por Massalia, y en las que a finales del siglo V se les añadirá las letras E y M para que no quede duda de que son de Emporion, como en el caso de los dracmas del siglo III a.C., que nos hablan de la creación en Occidente desde el siglo V de monedas cuyo valor político y social a veces es superior al económico, por el hecho de ser acuñaciones de monedas propias.

    TEMA 4

    LA PRESENCIA PÚNICA

    El término púnico es de origen latino; los romanos llamaron púnicos a los semitas del Mediterráneo centrooccidental. Para el estudio de los púnicos la arqueología va a ser fundamental, pues Cartago fue destruida en 146 a.C. y la documentación escrita que existe nos ha llegado por los romanos, vencedores de la guerra contra Cartago y por ello parciales en sus indicaciones, por lo que debe de ser la arqueología la que de una lectura más acertada del tema púnico. Los púnicos reciben influencias de otras culturas, sobre todo de la fenicia, pero también de la egipcia y griega. De esta última tomaron cultos como el de Demeter y ello es debido a su proximidad a las colonias griegas de Sicilia, y también de ellos adoptarán una economía monetaria.

    No es fácil separar lo fenicio de lo púnico y respecto a ello existen teorías opuestas. Cintas, en su obra "Manual de Arqueología Púnica", publicado en París en 1970, dice que lo púnico es un concepto cronológico; para él, a partir de la mitad del siglo VI a.C. se puede hablar de etapa púnica y lo anterior a esa fecha sería lo fenicio o fase paleopúnica, fase durante la que la ciudad de Tiro será la metrópolis que ejerza el control, pero desde mediados del siglo VI a.C., coincidiendo con la caída de Tiro en manos de Nabucodonosor, y hasta la conquista romana, Cartago sustituirá a Tiro en esa función. Por su parte Tarradell habla de lo púnico como un concepto geográfico; en 1959 en las Actas del Primer Simposio de Prehistoria Peninsular, publicó el artículo "El Imperio Colonial de los Pueblos Semitas", donde habla de dos áreas culturales: el "círculo del Estrecho" y el "círculo Púnico"; el primero (el del Estrecho) se centraría en torno a Gadir alcanzando hasta Almería y se caracteriza por un apego a las tradiciones fenicias, mientras que el segundo (el Púnico) gravitará en torno a Cartago y comprendería la zona de Argelia, Túnez, parte oeste de Sicilia, Cerdeña, Ibiza y el Levante peninsular.

    ¿Qué elementos definen el "círculo Púnico"? Entre los elementos que definen este área está el culto a Tanit, diosa de la fecundidad, versión cartaginesa de la Astarté fenicia, y diosa a la que se hacían sacrificios humanos (esto último hay que matizarlo, pues, aunque existían, fueron un porcentaje pequeño y además se irán reemplazando poco a poco por sacrificios incruentos). También tenemos el predominio en los enterramientos del rito de inhumación frente a la incineración, más propia de los fenicios, hasta que en el siglo III a.C. se recupera la tradición de la incineración. Otro elemento serán las cerámicas que son distintas de las fenicias: el engobe rojo fenicio desaparece (algunos jarros reproducen las formas pero sin el engobe), desaparecen los jarros de boca de seta, las lucernas reducen el tamaño del recipiente, etc., es decir, hay un cambio significativo. También hay que añadir la presencia de "navajas de afeitar", que tal vez se usaron para rasurar a los difuntos tras su muerte y que aparecen tanto en enterramientos masculinos como femeninos y la presencia de terracotas relacionadas con elementos religiosos y la presencia de monedas.

    Por su parte la Dra. Aubet afirma que ambas concepciones son válidas; lo dice en su artículo "La Necrópolis de Villaricos en el Ámbito del Mundo Púnico Peninsular", publicado en 1985 en el Homenaje a Luis Siret. En él admite las dos etapas cronológicas en la colonización semita (fenicia y púnica) y admite la existencia de los dos "círculos", el del Estrecho y el Púnico; dice que desde mediados del siglo VI a.C., elementos claramente púnicos se introducen en el "círculo del Estrecho" y desde ese momento se puede hablar de etapa púnica, elementos como la presencia de cerámicas distintas donde desaparece el engobe rojo, la aparición del rito de inhumación y la presencia de terracotas relacionadas, probablemente, con el culto a Tanit.

    Ibiza

    Diodoro de Sicilia decía que Ibiza fue fundada por los cartagineses 160 años después de la fundación de Cartago en el 814 a.C., es decir, en el 654 a.C.; se basa en Timeo y este no era una fuente muy segura y por ello la arqueología ha tenido que reinterpretar el texto de Diodoro.

    Las excavaciones realizadas desde los años ochenta han evidenciado una antigüedad de época fenicia y no púnica de algunos restos arqueológicos de la isla, como en Puig d'es Molins donde hay incineraciones de los siglos VII-VI a.C., lo que confirma una fundación fenicia anterior a lo púnico. Esto es lógico si recordamos las rutas marítimas seguidas por los fenicios en su ruta hacia Occidente desde Tiro. Uno de los investigadores que han venido a demostrar esto es Carlos Gómez Bellard en su trabajo "La colonización fenicia de la isla de Ibiza", publicado en 1990. Dentro ya de la etapa púnica veremos la necrópolis de Puig d'es Molins y los santuarios de Cova d'es Cuyram e Illa Plana. Además de estos hay otros emplazamientos a lo largo de toda la isla, correspondientes a pequeños hábitat rurales.

    A principios del siglo XX la Sociedad Arqueológica Ebusitana comienza a preocuparse de la arqueología y comienzan las excavaciones en los yacimientos mencionados. Con los hallazgos comienzan también las excavaciones clandestinas y se forman colecciones privadas como la de Antonio Vives y Escudero, que serán adquiridas luego por distintos museos como el Arqueológico Nacional, el de Barcelona y el de Ibiza, así como el monográfico de Puig d'es Molins. Entre los investigadores más destacados están Carlos Romá, director del Museo de Ibiza que llevará a cabo varias excavaciones, Mañá Angulo, que realizará una clasificación de las ánforas púnicas, Miriam Astruc, que estudiará las terracotas y los huevos de avestruz de los enterramientos, Tarradell, Font, Aubet, Carlos Gómez, Pilar San Nicolás, etc.

    Sabemos muy poco de los hábitats, pero si bastante de las necrópolis, en especial de la de Puig d'es Molins de Ebussus, actual Ibiza, en cuya zona alta (barrio viejo) se encontraba el hábitat. De esta zona proceden numerosas piezas fenicias como ánforas del siglo VII a.C., lucernas de doble mechero o ampollas que son derivación de los vasos de boca de seta.

    La necrópolis de Puig d'es Molins tiene una amplitud cronológica que va desde finales del siglo V a.C. hasta época romana (siglo II a.C.) y se encuentra muy deteriorada por las expoliaciones (es conocida desde principios del siglo XX) y por encontrarse en la actualidad en una zona urbanizada. En ella se encuentran tumbas de hipogeo, tumbas en fosa, sarcófagos y enterramientos infantiles, mientras que el rito de enterramiento se inicia con la inhumación, hasta que en los siglos IV-III a.C. se retoma la incineración. Las tumbas de hipogeo se encuentran dispuestas a lo largo de la ladera y se sitúan a una profundidad entre 2 y 4 m., con un pozo de acceso y una cámara de 3-4 m. de longitud, en cuyo interior aparecen sarcófagos monolíticos sin decoración, adosados a las paredes, siendo tumbas colectivas. También han aparecido clavos y bisagras que hacen pensar en la existencia de ataúdes de madera.

    • Interior de hipogeo con dos sarcófagos.

    • Interior de hipogeo con tres sarcófagos.

    Los ajuares de los enterramientos están compuestos por lucernas púnicas, sin engobe y de menor tamaño que las fenicias, jarros pririformes sin engobe y ampollas, olpes (jarro "piriforme" con boca circular, sin pico vertedor), oinochoe, ánforas con decoración de líneas horizontales y algunas terracotas, y algunas un huevo de avestruz decorado (normalmente con motivos vegetales); las más ricas contienen recipientes de pasta de vidrio o vasos griegos, que en función de la cronología de la tumba serán de figuras negras o rojas, apareciendo también cerámica campaniense. Hay que hacer constar que entre los ajuares aparecen pocas joyas. También se encuentran escarabeos basculantes (para colgar del cuello) y espejos metálicos y "navajas de afeitar" de formas diversas.

    Respecto a las terracotas, las hay ebusitanas, de influencia griega y de influencia egipcia. Técnicamente están realizadas en moldes o a torno, e incluso existen hechas a mano (las más antiguas). La mayoría son policromadas y algunas presentan adornos metálicos como pendientes o argollas para la nariz. Respecto a sus formas, pueden ser de cuerpo entero (bulto redondo), bustos placa e incluso máscaras. Son un arte muy desigual, desde una gran calidad a una calidad ínfima. No está claro si representan la imagen de personas o de dioses del panteón púnico.

    Las ebusitanas se pueden reconocer por su decoración más barroca y pueden tener entre 20 y 50 cm. de altura. Ejemplos de estas son:

    • Terracota femenina, sin sistema de proporciones (cabeza muy grande), con adornos sobre la cabeza que recuerdan a las damas ibéricas, pendientes voluminosos, collares; presenta entre las piernas una cabeza de Medusa. Es uno de los mejores ejemplares existentes y algunos autores piensan que representa a la diosa Tanit.

    • Terracota, casi idéntica a la anterior, mismos elementos pero forma distinta.

    • Terracota masculina, desnuda, con peinado ensortijado y gorro y con el símbolo de Tanit en el pecho.

    • Terracota, más esquemática.

    • Terracota, con brazos en extendidos y túnica talar.

    • Terracota, sin brazos y ojos cerrados.

    • Busto placa, con cabello ensortijado.

    • Busto placa, con objeto entre las manos.

    • Cabeza, con cuello acampanado.

    • Máscara, con grandes ojos.

    De las de influencia griega las hay arcaicas, clásicas y helenísticas:

    • Terracota, policromada.

    • Terracota, con peplo.

    • Terracota, de influencia helenística.

    • Terracota, con rostro helenístico.

    • Terracota, reproduce a la Artemis Efesia.

    • Busto placa.

    • Busto placa, con cabeza de kore.

    • Máscaras.

    Las de influencia egipcia presentan, como es lógico, rasgos egiptizantes:

    • Terracota, con elementos egipcios.

    • Cabeza de individuo negroide.

    • Tableta con esfinge (que porta la tiara del Alta y Bajo Egipto) y con árbol de la vida.

    Otras de las terracotas de Puig d'es Molins son figuras femeninas, bustos o de cuerpo entero, y que portan una antorcha, un animal o un niño en sus brazos, o varios de estos elementos juntos, y que quizás representan el mito de Demeter Perséfone. Por la numerosa existencia de piezas del mismo tipo, se interpretó que el lugar del hallazgo podría tratarse de un alfar, pero ahora se piensa que se trata de un pozo votivo que formaría parte de un santuario de Demeter Perséfone.

    También hay otras terracotas procedentes de otro pozo votivo del santuario de Illa Plana hechas a torno, de tamaño más pequeñas (17 a 27 cm.), y que se agrupan en cuatro tipos distintos:

  • Figuras con cuerpo acampanado (masculinas y femeninas), rudimentarias, y brazos situados desde la cintura hacia arriba, con ojos huecos o formados por pellas de barro.

  • Figuras de forma ovoide, también llamadas de "cabeza de pájaro", sin orejas, con una especie de platillo o boina sobre la cabeza, collar y brazos hacia los genitales.

  • Figuras de forma ovoide, masculinas.

  • Figuras de cuerpo cilíndrico, algo acampanado, masculinas, con un brazo hacia arriba y el otro extendido, con lucernas en ambos.

  • Si las comparamos con las de Puig d'es Molins, estas son muy rudimentarias y esto hizo que los autores pensaran en una cronología más antigua para estas, pero parece que no es así, estableciéndose una fecha aproximada del siglo IV a.C., pero no hay acuerdo unánime sobre esta fecha. Si lo hay respecto a que se trata de exvotos dedicados a una divinidad relacionada con la fertilidad y por ello muestran caracteres sexuales tan marcados, o bien salutífera para curar un mal.

    También hay terracotas en el santuario de Cova d'es Cuyram, el cual fue excavado a principios del siglo XX. Son aproximadamente unas 600 terracotas de dos tipos distintos: Demeter y Tanit, veintitantos tipos de cada serie y con un tamaño entre los 10 y 20 cm. de altura. Presentan un cuerpo formado por dos alas cerradas, busto, cabeza cubierta con polo (birrete) a veces decorado, cabello sobre los hombros, y el espacio dejado por las alas está decorado con diferentes motivos (creciente lunar, estrella, caduceo, etc.) o no presenta decoración. Las de Tanit abarcan desde finales del siglo IV hasta el siglo II a.C.

    • Terracota de Tanit.

    • Pebetero con cabeza femenina.

    Málaga

    Málaga (Malaka) pertenece al llamado "círculo del Estrecho" y de su pasado fenicio se conocía muy poco, solo algunas piezas fuera de contexto y las publicadas en el Catálogo del Museo Loringiano en 1903 por Rodríguez Berlanga, entre ellas el conocido como Medallón de Málaga, similar al de Trayamar, pero con decoración en sus dos caras, con anverso con tema egiptizante y prendedor en forma de carrete; también un asa de jarro metálico encontrada en la Alcazaba, o los materiales de la tumba de la calle Andrés Pérez, pero sobre los que se duda si son de época romana.

    El hábitat antiguo de la ciudad se hallaba en la zona de la Alcazaba y entre los materiales encontrados también hay unas piezas de una cronología prolongada, como huesos tallados interpretados como parte de una flauta, pero que con más probabilidad formaron parte de las bisagras de un sarcófago. En la ladera de la Alcazaba los hallazgos más abundantes correspondían a cerámica, pero siempre de forma aislada y fuera de contexto, lo que hacía sospechar que en esa zona se ubicó la Malaka fenicia. De esa misma zona es un pebetero con cabeza femenina, similar a otro hallado en el Cerro de la Tortuga.

    La zona del Teatro Romano también ha dado fragmentos cerámicos desde su aparición en 1951. Tras su descubrimiento se procedió a su restauración y en 1963 se realiza una publicación que es seguida de otra años más tarde (1982) de Rafael Puertas. Antes de esta última Niemeyer realizará una cata estratigráfica en el Palacio de Buena Vista, pero la capa freática impidió seguir con los trabajos, los cuales se interrumpieron, tal como luego se ha visto, justo antes de la aparición de restos arqueológicos. En 1974 un equipo donde colaboran investigadores de varias nacionalidades excava en la zona del Teatro, apareciendo materiales púnicos. Las excavaciones continúan en 1980 hasta 1983 y en 1985, con la finalidad de encontrar niveles fenicios, pero solo se encuentran materiales púnicos; estas fueron realizadas por Gran Aymerich, que agrupará los materiales encontrados en tres fases distintas:

    • Fase fenicio-púnica; desde el siglo VI al V a.C.

    • Fase púnica; desde el siglo V avanzado hasta finales del III a.C.

    • Fase púnico-romana; desde mediados del siglo III hasta el I a.C.

    En la primera fase los materiales griegos son los que servirán para fechar; en la segunda la cerámica ática de barnices griegos tipo Cástulo y las "pequeñas estampillas" de talleres de la zona italiana; y en la tercera fase será la cerámica campaniense.

    En 1985 aparece un espléndido marfil con tema egiptizante que Aymerich considera de Cartago. En 1989 se realizan nuevas excavaciones con el objeto de ver en que condiciones se encontraba la parte del Teatro no visible (la escena), las cuales continúan hasta 1991, y de ellas se desprende un informe que aconsejaba el derribo de la "Casa de la Cultura", derribo que se lleva a cabo en 1995, iniciándose las campañas de excavaciones hasta el día de hoy.

    Para el estudio de la Malaka fenicio-púnica, son de gran importancia las excavaciones en el Palacio de Buena Vista; estas han dado numerosísima cerámica griega como copas (kylix) de pequeños maestros, fragmentos de copas de labios, etc. También son importantes las excavaciones en los jardines de Ibn Gabirol, donde en 2000 se ha podido ver como continuaban los muros hallados en el Palacio de Buena Vista. Lo mismo ocurre con las excavaciones del antiguo edificio de Correos, con espectaculares pilas de salazones bajo las cuales hay materiales de cierta antigüedad. En definitiva, frente a las escasas piezas del Catálogo del Museo Loringiano y las de los años cincuenta, se ha producido un notable avance. En 1986 se realiza una cata en el Colegio de San Agustín, la cual dio fragmentos de cerámica griega; los resultados se publican por A. Recio en 1990 y los materiales son de una cronología aproximada al siglo IV a.C. Entre ellos copa tipo Cástulo (kylix) sin decoración y con barniz ático que sirven para fechar; estas últimas de los siglos IV-III a.C. y las campanienses del siglo III a.C.

    En estos últimos años se ha producido el descubrimiento de la necrópolis púnica o tardopúnica de los Campos Elíseos, situada al este de la Coracha, donde aparece rito de incineración y de inhumación; son 11 tumbas, fosos con urnas donde aparecen ánforas púnicas, ungüentarios fusiformes helenísticos, cerámica de paredes finas, huesos trabajados, discos de arcilla especie de amuletos, etc.

    Zona del Río Vélez

    En la zona de Vélez tenemos la necrópolis de Jardín, la cual se excavó tras su descubrimiento en 1967 por miembros del Instituto Arqueológico Alemán; fue descubierta al realizar labores agrícolas al abancalar terrenos, lo cual deterioró de gran manera la necrópolis. También se realizaron excavaciones entre 1971 y 1974 y en 1976 y sus resultados fueron publicados por Schubart y otros. Laura Treixó realizó su memoria de licenciatura sobre los materiales de las excavaciones de 1967 existentes en el Museo y los resultados tuvieron el interés de prolongar algo más la fecha que se consideraba para el fin de la necrópolis, por la cerámica ática de barniz negro, precampanienses, es decir, a finales del siglo IV o inicios del III a.C.

    Existían tumbas de incineración y de inhumación y los ajuares obtenidos fueron poco importantes, quizás por el saqueo del yacimiento; existían fosas, cistas, sarcófagos y las tumbas núm. 21 y 66 eran similares a la núm. 4 de Trayamar, tratándose de las más antiguas de la necrópolis y situadas al sur de la misma. Los materiales están en línea con los de Ibiza, pero sin la existencia de terracotas. Aparecieron distintas piezas, como un jarro con decoración de estrellas, escarabeos basculantes, jarro con decoración de líneas, medallones y lucernas. Hay que hacer constar que en estos momentos el hábitat se encontraba en el Cerro del Mar, el cual se encuentra en la actualidad muy deteriorado por las tareas agrícolas y por las expoliaciones.

    Sexi (Almuñecar)

    En Almuñecar los ríos Seco y Verde sirven de separación entre zonas distintas; el Seco separa la necrópolis de Laurita de la de Puente de Noy, y el Verde la de Cerro de Velilla de la ciudad. En la década de los ochenta, los trabajos de arqueología urbana dieron una antigüedad fenicia y púnica para Almuñecar; el hábitat coincidiría con la ciudad actual.

    La necrópolis de Puente de Noy tiene orígenes fenicios, pero sobre todo será utilizada en época púnica; en sus principios las tumbas presentan parecidos a la núm. 4 de Trayamar y esta necrópolis perdurará desde el siglo VII hasta el I a.C. Existen diferentes tipos de fosas de inhumación en esta necrópolis, algunas con bancos laterales, hipogeos, etc., e incineraciones que aprovechan las oquedades del terreno donde se deposita la urna cineraria, o esta directamente sobre el suelo e incluso las cenizas directamente sobre el suelo (sin urna). Las tumbas se encuentran cubiertas con losas de arcilla o piedra dispuestas de forma horizontal o a dos aguas, como la núm. 44. Los materiales encontrados van desde platos de engobe rojo hasta materiales romanos.

    Durante los siglos IV y III a.C. se encuentran tumbas importantes, produciéndose un incremento de los enterramientos en el siglo II, llegándose a la superposición de tumbas. En algunas tumbas existen elementos como clavos, bisagras, etc., que hacen pensar, sino en ataúdes, al menos en la existencia de parihuelas. Entre las piezas de los ajuares figuran amuletos, la mayoría de marfil, que representan a Bes, también piezas de marfil para colgantes; en cerámica olpes, platos sin tratamiento, ungüentarios fusiformes (periodo helenístico) que aparecen en todo el Mediterráneo.

    Abdera (Adra)

    En Abdera (Adra) las excavaciones del Cerro de Montecristo, proporcionaron materiales púnicos y romanos, pero no dieron nada de materiales fenicios. Más recientemente, a finales de los ochenta, se ha conseguido localizar niveles antiguos a través de la cerámica que pueden llegar al 750 a.C., lo que está más en relación con las fuentes antiguas, perdurando el yacimiento hasta época romana. Hay restos de actividad metalúrgica y aprovechamiento de recursos marinos, etc.

    Villaricos

    El yacimiento más importante de la provincia de Almería es el de Villaricos (antigua Baria), sobre el que existe una interesante bibliografía encabezada por la obra de Luis Siret, "Villaricos y Herrerías. Antigüedades romanas, visigóticas y árabes", publicada en 1906, obra muy importante aunque con errores debidos a los conocimientos escasos de la época en que se escribió. También el trabajo de Miriam Astruc sobre los huevos de avestruz, o el de María José Almagro, que en homenaje a Martín Almagro (su padre), trabajó sobre los depósitos votivos de terracotas de Villarico), las cuales son influencia del "círculo Púnico".

    De Villaricos tenemos noticias por las fuentes, siendo ocupado desde época fenicio-púnica hasta la Edad Media; se encuentra en la desembocadura del río Almanzora y cercano a las minas de plata de Herrerías y también cercano a una zona de bancos de pesca que propiciaron la industria de salazones y de la púrpura. Conocemos muy poco del hábitat, pero es interesante que dentro del poblado parece que existió un santuario a Tanit, lo que se cree por terracotas aparecidas en un depósito votivo. (Desde finales de siglo IV hasta el I a.C.).

    La zona de la necrópolis comenzó a excavarse por Siret y dentro de ella se repite el esquema ya visto hasta ahora: inhumación e incineración, hipogeos, algunos paralelismos con Trayamar 4 y con Puig d'es Molins. Algunas de las tumbas de inhumación con sarcófagos de madera, cistas de sillares y enterramientos infantiles en fosas o en ánforas. A veces aparecen estelas anepigráficas y excepcionalmente con inscripciones o antropomorfas. En las tumbas más ricas es frecuente la presencia de cerámicas griegas o ibéricas y en la mayoría de las tumbas está presente el huevo de avestruz , que fueron estudiados por Astruc, la cual llega a la conclusión de que proceden de Argelia y que son tratados con motivos geométricos, vegetales, etc., motivos que luego son exportados a la propia zona de Argelia.

    Gadir

    Hasta hace poco solo se conocían en Cádiz las necrópolis de Punta de Vaca, Los Corrales, Puerta de Tierra, etc. Las primeras noticias de ellas las tenemos en el siglo XVII y en 1887 aparece la de Punta de Vaca, donde aparecieron tumbas intactas que consistían en hipogeos superpuestos probablemente por la falta de espacio, y en el interior de una de ellas un sarcófago masculino, cuyo hallazgo se intentó reconstruir años después por Martínez de Berlanga. De esta necrópolis proceden una estela de Tanit, estuches con cabezas de animales con aros para colgar, fechados en el siglo IV a.C., joyas de oro como anillos y abeja elaborados con la técnica de granulado, aros, palmetas, collares, etc.; también terracotas femeninas, algunas con animales en brazos y máscaras.

    El sarcófago masculino es un sarcófago antropomorfo de 2,12 m. de longitud que apareció a 5 m. de profundidad; la tapa representa a un hombre barbado, con los brazos en bajorrelieve; en el brazo izquierdo porta una granada y el derecho sostenía una corona de flores pintada. Se le data sobre 400 a.C.

    También se halló un sarcófago femenino en 1980 a 3 m. de profundidad durante las excavaciones de Ramón Corzo; tiene una longitud de 2,18 m. y la figura de la tapa lleva una túnica con escote circular y en su mano izquierda porta un alabastrón, mientras que la derecha está apoyada sobre el cuerpo; lleva los pies descalzos y está fechada sobre 460 a.C. se hallaba en una antigua duna y dentro del sarcófago se encontraron restos de madera y de tejidos de lino, pensándose que eran los restos de un sudario, pero Alfaro dice que correspondían a cuatro túnicas distintas que portaba el difunto/a, que llevaba una pulsera en la mano izquierda y en el cuello un escarabeo de calcedonia.

    En el Museo de Estambul hay sarcófagos parecidos y también en Sicilia. El problema es saber de donde proceden; el mármol parece de Asia Menor y debieron ser vaciados a pie de cantera, mientras que los talleres son, para unos de Cádiz y para otros extranjeros (García Bellido dice que de Sicilia, mientras que Moscati propone que el femenino es de Cádiz, sin saber de donde procede el masculino). En su elaboración se ve la mano de artistas griegos del "primer clasicismo".

    TEMA 5

    LA CULTURA IBÉRICA

    Maluquer y Almagro Gorbea atienden por cultura ibérica, a la que se desarrolló en la zona más abierta al Mediterráneo que va desde el valle del Guadalquivir hasta el Languedoc francés, y que tuvo su auge durante la Segunda Edad del Hierro. Queda fuera el resto de la Península Ibérica donde se desarrollarían otras culturas como la "castreña". (Para la cronología ver el cuadro de Aubet en el anexo de Tartesos).

    El mundo ibérico tendrá elementos comunes, pero también matices y diferencias regionales, a veces muy marcadas, conocidas por las fuentes y por la arqueología, y su conocimiento se remonta al siglo XIX, en especial con el descubrimiento de las esculturas del Cerro de los Santos, que produjeron gran asombro porque no se conocía la existencia de ese tipo de esculturas en la Península y no se sabían ubicar ni que significaban y ello hizo que Amador de los Ríos, al estudiarlas, les diese una cronología de época visigótica; algo similar ocurrió con las cerámicas ibéricas que se compararon con las micénicas y se les dio la misma antigüedad.

    En los inicios del siglo XX, Pierre París publica una obra que es el inicio de la preocupación por lo íbero dentro del mundo científico extranjero, al que se unen los primeros investigadores españoles y se comienzan a excavar yacimientos (Cerro de los Santos, Osuna, Almendrilla, etc.). Posteriormente aparecerá la tesis de Schulten según la cual los iberos procedían del norte de África y será Fletcher el primero que insistirá en el carácter personal de la cultura ibérica. Desde la segunda mitad del siglo XX se ha ido reivindicando el mundo ibérico y excavándose yacimientos de gran interés. Maluquer propuso entrar en profundidad en los estudios sobre la población, el comercio, etc., de los iberos, y no solo dedicarse al estudio de los materiales arqueológicos individualizados.

    Hoy el mundo ibérico se puede agrupar en tres fases:

    • Arcaica; desde finales del siglo VI (fin de Tartesos), hasta finales del V a.C.

    • Media, desde finales del siglo V hasta finales del III a.C. (época de mayor florecimiento)

    • Tardía, desde finales del siglo III a.C. hasta la época romana.

    Otros autores han dado otro tipo de cronología, como Arturo Ruiz o García y Bellido; este último, que falleció en la década de los setenta, tiene un libro póstumo donde plantea que dentro de lo ibérico se puede hablar de dos momentos: la fase griega-provincial (siglos VI-V a.C.) y el resto hasta época ibero-romana, pero frente a esta cronología se impone la dada en primer lugar que divide el mundo ibérico en tres fases.

    Arquitectura y mundo funerario

    En arquitectura, los materiales que vamos a encontrar serán la piedra, el adobe y la madera y excepcionalmente materiales más nobles como el alabastro; en piedra encontramos sillares bien trabajados en determinadas construcciones (muros de protección y monumentos funerarios).

    La mayoría de los poblados ibéricos están ubicados en lugares elevados, lo que ha ocasionado en parte su erosión; hoy sabemos que también se encuentran en vaguadas o en llanos, siempre que las razones lo exijan y dispongan de sistemas defensivos, e indiferentemente en la costa o en el interior. Serán siempre poblados fortificados y encontraremos modelos diferentes: desde muy simples, con una sola calle o espacio abierto en torno al cual se distribuyen las casas, juntas unas a las otras reforzando los muros traseros que forman el recinto de la fortificación, hasta otras de mayor tamaño, varias calles y con auténticos sistemas de fortificación como fosos, muros, torres, etc., como es el caso de Ullastret, por ello el tamaño de los poblados no es uniforme, encontrándolos desde los que solo alcanzan los 500 m2, hasta los que ocupan una extensión de 20 Ha. En función de ello podemos denominar estos hábitat de cuatro formas distintas: ciudades, pueblos o aldeas, caseríos y atalayas.

    La distribución interna de las casas va desde una sola habitación a varias y la existencia de muros de cierta envergadura, ha hecho pensar en edificios de dos plantas o singulares como almacenes o santuarios, y siempre dispuestas en torno a una calle principal o plaza. Algunos poblados como Puig de Castellar hicieron pensar en un trazado irregular del hábitat, pero hoy se piensa en la utilización de un trazado regular, principalmente en los poblados bajo influencia griega o fenicia.

    En las necrópolis se da el rito de incineración, aunque los niños son inhumados. En el sur vemos que en Andalucía Oriental predominan las necrópolis monumentales, como La Toya (Peal de Becerro, Jaén), Galera (Granada), Baza (Granada), Almendrilla (Córdoba), etc., mientras que en Andalucía Occidental son pocas y no monumentales. Escacena lo interpreta diciendo que en la zona Occidental hay una recuperación de la tradición de las incineraciones en urnas tras el Orientalizante; aquí encontramos cenizas depositadas en urnas en oquedades, cubiertas o no con losa, o en cistas, de adobe o de piedra. Otro tipo de tumbas que encontramos en el Sudeste son las "empedrado tumular".

    La necrópolis de Galera (antigua Tutugi) fue excavada por Cabré en 1920 y se encuentra en la actualidad prácticamente perdida; sabemos que algunas tumbas tenían pinturas en el suelo y en los laterales, pero no existen ni ografías ni dibujos de ellas. Su cronología va desde el siglo V hasta el I a.C., siendo los mejores ejemplares de tumbas monumentales las de los siglos V a III a.C. Podemos encontrar tumbas simples como incineraciones con o sin urnas, y con o sin cista, y tumbas bajo falso túmulo; de estas últimas existen dos formas diferentes: las que tienen forma de algibe (con cámara circular) y las que tienen forma de P (con cámara cuadrada), presentando ambos tipos pasillo de entrada o dromos, el cual se encuentra cerrado por sillares. En el interior de estas tumbas monumentales aparecen sobre el suelo urnas con ofrendas o cenizas y armamento (falcata y soliferreum); algunas de las urnas son típicamente ibéricas, otras griegas y algunas de talleres itálicos, y estas van a marcan la importancia del fallecido, como ocurre en la tumba núm. 106; en la tumba núm. 82 las urnas se disponían bajo el suelo de la cámara tapadas por una losa, eran urnas de crátera de cáliz y también había una falcata. La más monumental de todas es la tumba núm. 75 que posee una cámara con columna central y a la que se accede por un arco abovedado.

    La necrópolis de La Toya también fue excavada por Cabré y los resultados fueron publicados en el Archivo Español de Arte y Arqueología en 1925. En esta necrópolis encontramos desde tipos simples a una cámara monumental que tiene forma trapezoidal; esta está realizada en bloques de piedra muy bien trabajados, con suelo pavimentado y un pórtico triple que da acceso a tres estancias que tienen bancos corridos en sus paredes, así como nichos. De esta tumba proceden una veintena de vasos griegos, muchos de ellos del conocido como "pintor de Toya", y también armas, esculturas, etc.

    Las necrópolis de Baza eran dos; una de ellas con casi 600 tumbas fue excavada en el siglo XIX y de ella no queda casi nada, mientras que la otra, ubicada en el Cerro del Santuario, fue excavada por Presedo. En la tumba núm. 151 apareció la conocida como Dama de Baza; esta se encontraba en el interior de un foso en cuyo fondo se encontraron elementos vegetales (tal vez restos de su techumbre). La Dama es una urna cineraria, presentando una oquedad en el lateral del asiento para la ceniza y junta a ella se encontró ajuar cerámico con motivos vegetales y geométricos y gran cantidad de policromada. La tumba se fecha en el siglo IV a.C.

    En la zona de Levante, en Chinchilla (Albacete), se halló el monumento funerario de Pozo Moro , el cual fue excavado por Almagro-Gorbea; cuando apareció era único en su género y difícil de adscribir, pero luego, por la existencia de otras piezas, se pudo considerar que es parte de lo que se llama monumentos turriformes. El monumento está reconstruido en el Museo Arqueológico Nacional y tiene forma de basamento con una estructura a modo de dos pisos, con figuras de influencia orientalizante en su parte inferior y superior y que han servido para resolver un problema sobre la escultura zoomorfa ibérica; este tipo de esculturas aparecían con su parte trasera solo esbozada y Pozo Moro sirvió para ver que se trataba de esculturas adosadas a un monumento como guardianes de tumbas y como esa parte no era visible al público no se terminaba de realizar, solo se esbozaba. Pozo Moro también tiene relieves (escenas de banquetes, eróticas, etc.) de gran interés, pues estos nos sirven para acercarnos a la mitología y religiosidad ibérica. Almagro lo fechó sobre 500 a.C. por las piezas halladas en su interior y se piensa que al poco de su construcción se caería; esta fecha no es admitida por otros investigadores que creen que el edificio se construyó sobre 700 a.C. y que las piezas del interior fueron depositadas tardíamente. Algunos piensan que es una imitación tardía de modelos orientales, pero no existen los modelos intermedios. De Pozo Moro proceden diversas piezas: cerámicas, bronces, copas, etc. Las esculturas de su base representan animales reflejo de la corriente orientalizante, como la cabeza de león, con una iconografía típicamente oriental. Sobre Pozo Moro se construyó después una necrópolis de "empedrado tumular".

    Otro tipo de monumento funerario son los pilares estela de tumbas aristocráticas, realizados en arenisca y de hasta 3 m. de altura y uno de anchura, que suelen estar coronados con animales o esfinges, y que en su base presentan un escalonamiento.

    La necrópolis de Cigarralejo (Mula, Murcia) fue excavada por Emeterio Cuadrado, aficionado a la arqueología y propietario de la finca, y en ella el tipo de enterramiento era diferente: el empedrado tumular , fosa con las cenizas y sobre ella una estructura de piedras dispuestas de forma escalonada y que quizás tenía una estela en su parte superior (en Corral de Saus se recubre con trozos de esculturas ). Este tipo de estructura no aparece en el sur peninsular, solo en el Levante, y además de este hay ejemplos en Pozo Moro y Corral de Saus. En Cigarralejo hay dos ritos distintos de enterramiento: los llamados destructivo y conservador; en el primero se producía la destrucción de forma intencionada del ajuar situado en torno a la urna y se inutilizaba el armamento y es el más antiguo, mientras que en el segundo no se destruye. Los ajuares de los hombres se compondrán de armamento, que disminuye desde el siglo III a.C., o útiles relacionados con sus profesiones, mientras que los de las mujeres consistirán en adornos.

    A través de fragmentos de cerámica y de huesos de animales, parece que la práctica funeraria era acompañada de un banquete donde también se rompía la cerámica utilizada en el mismo. Para fechar la necrópolis se han utilizado piezas como cerámicas áticas de barnices negros e ibéricas con decoración geométrica. En las tumbas de los siglos V-IV a.C. el fósil director serán las cerámicas áticas de figuras rojas e ibéricas con motivos geométricos; desde el siglo III serán las campanienses y las ibéricas con motivos florales, zoomorfos o escenas.

    Santuarios

    La idea que se tenía sobre los santuarios era que estos solo existían en zonas con determinadas condiciones naturales, como es el caso de Despeñaperros, pero esto no es así, pues los hay también dentro de los propios hábitats urbanos, como en Tivissa (Tarragona) y Campello (Alicante); en este último Llobregat excavó dos construcciones (edificios A y B) que consideró como templos, lo cual rompe con la idea de que estos se encontraban fuera de los poblados y en zonas de características particulares. Hay santuarios en Despeñaperros, Cerro de los Santos, La Serreta de Alcoy, Cigarralejo, etc.

    Los tipos de exvotos son distintos en cada santuario; en Collado de los Jardines (Despeñaperros, Jaén) los exvotos suelen ser de metal, en La Serreta de Alcoy de terracota y en Cigarralejo de piedra arenisca. En los de bronce de los santuarios ibéricos andaluces, la técnica utilizada es la cera perdida; son de tamaño pequeño y muchas veces solo son una varilla metálica con un ensanchamiento a la altura de lo que sería la cabeza, existiendo algunos ensamblados.

    Los exvotos servirían para agradecer o pedir favores a divinidades y, a veces, presentan las manos más desarrolladas, quizás por tratarse de peticiones, y a veces llevan objetos en las mismas. Los hay masculinos y femeninos y también figuras fálicas y representaciones de animales. Están realizados en un arte muy dispar y hay dificultades para darles una cronología. Ejemplos de exvotos son:

    • Exvoto femenino con las manos hacia delante donde porta una especie de panes.

    • Exvoto femenino, similar al anterior, con objeto en las manos.

    • Exvotos masculinos vestidos, en posición oratoria; no hay proporción entre el tamaño del exvoto y las manos.

    • Exvoto femenino con manto.

    • Exvoto de guerrero con armamento, falcata y caetra (escudo circular que se coge con la mano).

    • Exvotos de guerreros, estilizados, desnudos, con puñal o simple vara.

    • Exvoto femenino con animal en la mano.

    • Exvoto de hombre a caballo.

    • Exvotos de animales.

    • Exvotos con falos muy desarrollados.

    • Cabezas, de arcilla, de La Serreta de Alcoy.

    En Despeñaperros existe mucha vegetación, agua, etc., y aparecen numerosos exvotos que plantean un problema de cronología, pues la mayoría de ellos fueron hallazgos descontextualizados y superficiales, recogidos sin técnicas de excavación, la mayor parte de las veces producto de expolios. Sobre ellos existe una publicación realizada por Nicolini.

    En el Cerro de los Santos hay piezas de cuerpo entero, cabezas, togados (estos últimos más recientes) y sobre todo la llamada Dama del Cerro de los Santos. Era una zona donde hubo mucha vegetación y aguas minerales y quizás eso explica la situación de ese santuario. Debe su nombre a las piezas de arenisca halladas en él y que parecían figuras de santos para las gentes del lugar. Se fechan a partir del siglo IV a.C. y la mayoría de ellas presenta un vaso como ofrenda, interpretándose que lo que se ofrece es la propia persona tras purificarse en el agua. Estas piezas aparecen sobre los años treinta del siglo XIX y alcanzaron cierta fama, lo que originó la proliferación de falsificaciones por la demanda de las mismas. Ejemplos de este santuario son:

    • Figura con manto que se apoya en los brazos y ofreciendo un jarro.

    • Figura con tocado alargado (forma de cucurucho) y portando recipiente.

    • Figura sentada y con gorro en forma de esfera.

    En el santuario de Cigarralejo lo característico son los équidos, aunque también hay otros animales, lo que ha hecho sospechar en un santuario dedicado a una divinidad relacionada con el culto al caballo. Ejemplos son:

    • Caballo (bulto redondo) con aperos.

    • Relieves de caballos (cuatro).

    En la provincia de Granada, en Pinos Puente, debió existir otro santuario donde también hay caballos en relieves; este santuario fue estudiado por Rodríguez Oliva y otros.

    Escultura

    En la escultura ibérica hay influencia de otras culturas, con elementos orientales y griegos. Es una escultura de tipo votivo y religioso, no la hay de tipo civil, y lo habitual es que esté relacionada con monumentos funerarios. La cronología de la escultura es la misma que se aplica al mundo ibérico: arcaica, media y tardía. Los últimos estudios sobre ella hablan de la posible existencia de artistas griegos de segundo o tercer orden en el ámbito ibérico, pero cada vez más se potencia la idea de la existencia de artesanos locales; en esta línea están Negueruela y Noguera. Se puede hablar de tres focos con diferentes talleres:

    • Foco de la costa levantina con los talleres de Elche-Alicante y de Verdolay-Murcia-Mula

    • Foco de la Meseta Sur con los talleres de Pozo Moro y del Cerro de los Santos.

    • Foco andaluz con los talleres de Baena-Nueva Carteya, de Porcuna y de Osuna-Estepa.

    Foco levantino

    El taller de Elche-Alicante tendría su inicio hacia finales del siglo VI a.C. y pertenecen a él piezas como la Esfinge de Agost, pieza que recuerda a las figuras de coronamiento de los pilares estela y está relacionada con la plástica griega recordando a las esfinges délficas, está sentada sobre los cuartos traseros y realizada en arenisca. También de este taller es la cabeza del Grifo de Redován.

    La pieza más conocida de este taller es la Dama de Elche, pieza hallada en 1897 que sería conocida como la "reina mora" y que tal como fue encontrada parece una ocultación. Tras su hallazgo será trasladada al Museo del Louvre que la compró por 4.000 francos y regresó a España en 1941, siendo instalada primero en el Museo del Prado para posteriormente pasar al Museo Arqueológico Nacional. Nicolini la fecha a finales de la época arcaica (finales del siglo V a.C.) y está realizada en caliza de la cantera de Peligros. Tiene 56 cm. de altura y en la parte posterior presenta un orificio con una capacidad de 2.571 cm3 (la de Baza tienen sobre 9.000 cm3), por lo que posiblemente fuese una urna de incineración, pero no hay restos de que su interior hubiese sido utilizado. Se ha escrito mucho sobre ella, llegando a decirse que es una falsificación o que no se encontraba terminada, pero los restos de policromía que conserva demuestran que si estaba acabada, pues la policromía es lo último que se realiza en una escultura. Presenta tres filas de collares de los que prenden distintos objetos: anforitas, ovas, etc., y dos rodetes y peineta en la cabeza. Esos adornos eran frecuentes en la época a la que pertenece; Artemidoro habla de los complejos adornos que llevaban las mujeres de esa tierra, y rodetes similares en metal existen en el Museo Arqueológico Nacional y también aparecieron en Cigarralejo.

    Otras piezas del taller de Elche son: un fragmento de guerrero que sujeta un escudo, una figura sedente con la mano en la rodilla; un torso de guerrero con una coraza, con la cabeza de un posible león, sujeta por tirantes, semejante a los tipos que también se encuentran en Porcuna; la Dama de Cabezo Lucero, del siglo IV a.C., muy restaurada, y que está en la línea de la Dama de Elche pero menos recargada; y la cabeza conocida como Koré de Alicante, considerada de las más antiguas por relacionarla con figuras de la Acrópolis ateniense.

    El taller de Verdolay puede considerarse filial del anterior; de él procede una cabeza de arenisca que por su aparición cerca de un busto sedente se han montado juntos y donde se ha querido ver una influencia griega. También otras como los exvotos de Cigarralejo con forma de caballo de entorno al siglo IV a.C., o unos relieves de caballos.

    Foco de la Meseta Sur

    Incluye el taller de Pozo Moro y el del Cerro de los Santos. De Pozo Moro existen relieves que se consideran de un taller cercano a Cádiz, de influencia orientalizante tomada de los púnicos.

    Del Cerro de los Santos en sus primeras manifestaciones son, la Bicha de Balazote, esfinge barbada con un tema típico de la corriente griega, la Esfinge de Bogarra, más rudimentaria que la de Agost y de comienzos del siglo V a.C., o la Esfinge de Salobral. También las cabezas del Llano de la Consolación (Montealegre del Castillo, Albacete). En Cerro de los Santos existía un santuario donde aparecieron esculturas de arenisca, datadas desde el siglo IV a.C. hasta época ibérica tardía; aquí lo normal serán las figuras de pie, las sentadas, las cabezas y los palliati (individuos togados). Algunas forman grupos como la Pareja de oferentes, un hombre (le falta la cabeza) y una mujer que sostienen conjuntamente un vaso votivo y que tiene un tamaño sobre los 60 cm. de altura. Ejemplo de figuras de pie de este taller es la Dama del Cerro de los Santos, que lleva tres mantos en zigzag y recogido sobre los hombros y por detrás de los brazos, y una fíbula en forma de T en el cuello; porta un vaso votivo y tiene una altura de 136 cm. Entre las figuras sentadas destaca la Dama sedente del Cerro de los Santos, con cierta similitud en la vestimenta de la Dama en pie. También hay muchas cabezas, algunas de ellas con un tratamiento singular del cabello. Por último los palliati, togados donde ya se nota el influjo romano en el tratamiento de las esculturas.

    Foco andaluz

    En el taller de Baena-Nueva Carteya predominan las representaciones zoomorfas, como el León de Baena (Museo de Córdoba) que responde a la tradición de las esculturas de Pozo Moro y que podría ser de inicios del siglo V a.C., notándose en él el influjo Orientalizante. También el Toro (o "Torito") de Porcuna, que lleva un capullo de loto en la pata delantera izquierda y su cornamenta era postiza realizada en otros materiales. Lo más característico de Porcuna son un conjunto de piezas halladas por González Navarrete en los años setenta encontradas en Cerrillo Blanco y que hoy se encuentran en el Museo de Jaén; son más de 1.300 piezas que formaban grupos no conocidos hasta entonces y que fueron estudiadas por Iván Negueruela. Están realizadas en arenisca blanca fina y dentro de la serie hay guerreros aislados o en grupo, personajes masculinos y femeninos, lucha contra grifo, animales, cazadores, etc. Parecen realizadas en talleres locales muy influenciados por el arte griego, en la segunda mitad del siglo V a.C. Entre las piezas tenemos el grupo del Jinete en pie junto a su caballo y enemigo vencido, que lleva la caetra (escudo redondo pequeño) en su mano izquierda, túnica corta, escudo en el pecho sujeto por correas a los hombros que terminan en discos y puñal en el cinturón, mientras que el caballo está adornado con una cinta en el pelo; parece proceder de un edificio hundido bajo el que quedaron estas piezas.

    Otras piezas de Cerrillo Blanco son:

    • Cabeza de guerrero con casco que parece de cuero.

    • Torso de guerrero.

    • Guerrero con escudo colgado de los hombros que le cubre el vientre.

    • Guerrero con correajes al hombro y puñal en el cinturón.

    • Grifo mirando hacia atrás apoyado en una palmeta.

    • Cazador de liebre.

    Del taller de Osuna-Estepa hay una serie de piezas que aparecieron en 1903 que estaban empotradas en las murallas cesarianas de Osuna y que fueron estudiadas por García y Bellido, Pilar León y Rodríguez Oliva. Otras piezas aparecieron cercanas a la muralla y todas tienen una historia diferente, pues se repartieron por muchos lugares tras su hallazgo: Francia, Madrid, Málaga, etc. Se ve que había dos grupos distintos y algunas piezas sueltas; García y Bellido fecha el primer conjunto en los siglos III-II a.C. y el segundo en los siglos II-I a.C.

    Del primer conjunto son varios sillares de esquina de monumentos, probablemente funerarios, como: Guerrero con escudo oblongo, casco y falcata; figuras femeninas afrontadas con recipiente y cabezas cubiertas; figuras femeninas no afrontadas, una cubriéndose con una capa y la otra tocando la doble flauta; jinete de Osuna, con túnica corta y espada en la mano derecha. Del segundo conjunto destacan: relieve de dos guerreros con caetra; guerrero con caetra; guerrero tocando una trompa y vestido a la manera romana. Entre las piezas sueltas una cabeza de joven con el cabello ensortijado entre las manos de un animal (quizás un león) o el Carnero de Osuna, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional.

    En esta zona andaluza hay piezas que no se pueden ubicar claramente, entre ellas la Dama de Baza, figura sentada habitual en la zona del Mediterráneo, sin que sepamos si estamos o no ante la figura de una divinidad; también lleva tres túnicas y muchos collares y presenta una policromía realizada con tres colores distintos, datándose en el siglo IV a.C. Las patas del asiento donde se ubica son garras leoninas y en su mano izquierda encierra un pajarillo; todos los dedos están llenos de sortijas, una en cada falange.

    Pintura

    Sabemos que las tumbas de Tutugi (Galera) estaban pintadas y de esa misma necrópolis tenemos piezas pintadas como una cista con un tema de grifos policromados o el pavimento de la cámara núm. 2 pintado con palmetas de cepillos. Lo que mejor conocemos es la pintura bascular (cerámica); Bosch Gimpera realizó una clasificación de la cerámica ibérica, pero la más característica fue desarrollada por Pericot: ánforas, tinajas, grandes recipientes, cálatos-sombreros de copa, jarros y platos. También podemos hablar de varias zonas respecto a la decoración de la cerámica: andaluza, sudeste, Liria (Valencia), Azaila (Teruel) y catalana.

    En la zona andaluza son típicas las espirales y semicírculos, es decir los motivos geométricos, que decoran piezas como los cálatos-sombreros de copa, pieza típicamente fenicia que surge a mediados del siglo III y que se difunde desde finales de ese siglo; esta forma no solo la encontramos en la Península Ibérica, sino también en zonas del Mediterráneo como Liguria, Sicilia, etc.; tenían tapadera y con seguridad eran contenedores de frutos secos, miel o gárum. Otros ejemplos son:

    • Tipos cerámicos de La Toya que presentan la boca hacia fuera, la mayoría con decoración a bandas, semicírculos, espirales, etc.

    • Cerámica de Tutugi con decoración similar y algunas palmetas.

    • Cerámicas con formas fenicio-púnicas.

    En la zona del sudeste tenemos piezas con líneas onduladas quebradas, piezas con decoración de bandas, piezas con elementos vegetales y además tenemos un estilo simbólico con pájaros, lobos y diosas aladas protectoras de los animales; como ejemplos: pieza con águilas con alas extendidas en la parte superior y resto del espacio cubierto con líneas y semicírculos (estilo de Elche-Archena); cálatos con lobo entre bandas y los huecos rellenos con distintos elementos (no hay espacios vacíos: "horror al vacío"); pieza con cierta escena, hombre delante de animal, espacios rellenos; pieza con figura femenina rodeada de animales; vaso de los guerreros de Archena (comienza el estilo narrativo). La decoración se realiza en la parte superior del recipiente y el resto se rellena.

    La cerámica de Liria es de estilo narrativo y tiene su florecimiento en el siglo II a.C., existiendo dos corrientes: las escenas rellenas de tinta y las escenas que solo marcan el contorno. Ejemplos son: pieza con arqueros, animal, hombre a caballo, etc. y además elementos vegetales; pieza con barcos con guerreros, peces y guerrero con escudo atravesado por dardo; vaso con escenas musicales, jinete, etc.; pieza con escena de lucha, guerrero con cota de malla, escudos oblongos y casco con cimera (sigue el "horror al vacío"); cálatos de la Danza Bastetana, escena musical, figura con túnica seguida de danzantes y figuras femeninas.

    La cerámica de Azaila tiene un color mas "achocolatado" y es mucho más esquemática y si aparecen figuras humanas solo son hombres desnudos. Desaparece la narración y siempre habrá un elemento que separa las escenas, siendo casi siempre piezas de gran tamaño; como ejemplos: cálatos con árbol de la vida, serpientes, pájaros, etc.; cálatos con hombre arando, bueyes (figuras rellenas de tinta), dos figuras varoniles al parecer saludándose y aves afrontadas que sirven para separar la escena; tapaderas de cálatos; pebeteros de Azaila.

    En la zona catalana como ejemplo el Vaso Cazurro, decorado con una escena de cacería de ciervos que se desarrolla en la mitad superior del vaso (una tinaja).

    LA ESCULTURA IBÉRICA

    La escultura ibérica es un tema complejo porque en muchos casos las piezas se encuentran fuera de un contexto arqueológico donde se pueden datar y estudiar, teniéndonos que basar en las características estilísticas y alejándonos de la Arqueología lo que genera numerosas críticas.

    Los investigadores más destacados de finales del sXX ven las piezas como esculturas y siguen los modelos de la Grecia arcaica debido a sus condiciones hieráticas, proporciones, material (piedra; caliza muy fina en Jaén, de una cantera del entorno). Se talla de forma esquemática, con pocos detalles. Estas ideas son mantenidas hasta los 70-80, no se reconoce su autenticidad, su carácter verdaderamente ibérico, ni sus características propias.

    Se distinguen tres etapas:

  • Antigua: (650-450 aC). Aquí se encuentran muy pocas esculturas; durante el sVII no hay imágenes por tanto es anicónica. En el sVI aparecen esculturas que mezclan lo divino con lo humano: escenas míticas y heroicas que intentan transmitir la ideología de las clases dominantes (régulos), es decir que son un signo de prestigio, para justificar el origen de la monarquía que se remonta al mundo tartésico. Ej. Pozo Moro y Porcuna.

  • Plena: (450-250 aC). A finales del sV se produce una crisis social e ideológica que lleva a la destrucción de mucho de esos monumentos. Otra oligarquía, no los régulos, adquiere el poder creando una nueva iconografía donde se representan a ellos mismos ataviados con indumentaria muy rica que supone una propaganda de la nueva casta. Ej. Damas de Elche y Baza.

  • Tardía: (250-31 aC). Corresponde con las épocas púnica y romana, cuyos componentes son esenciales en las producciones de esa etapa. Escenas de combates militares, cacerías, procesiones, rituales, cotidianas, juegos gladiatorios, funerarias, etc. todos temas nuevos. Ahora encontraremos una clientela púnica, y más tarde ítalo-romana (sIII y sII aC), que va a demandar creaciones típicamente púnicas y romanas y se las van a pedir a los indígenas que no están acostumbrados a ello, no es su repertorio ni su cultura, por ello no sabrán plasmar la idea y producirán algo casi infantil; esto no pasa cuando son talladas por romanos cuando tienen más movimiento y flexibilidad. Esas escenas tienen un paralelismo con la cerámica de Liria. Ej. los relieves de Osuna y Estepa.

  • Período Antiguo

    A partir del sVI aC se reconocen en las necrópolis ibéricas la presencia de esculturas. Las tumbas eran de varias tipos:

    • Turriformes

    • Pilares

    • Túmulos

    • Jinetes o guerreros a caballo indicativo de prestigio social

    El toro era símbolo de la fecundidad, propicia la vida después de la muerte y por tanto aparece en la iconografía funeraria; también el león como símbolo de protección y fuerza.

    El Monumento Turriforme de Pozo Moro

    El monumento más antiguo que da testimonio de la iconografía ibérica, está fechado en torno al 500 aC por Almagro Gorbea quien lo descubre en 1971 (ver fotocopia). Su estructura consta de un basamento escalonado, y un cuerpo principal cuadrangular que está protegido en sus cuatro esquinas por leones. Según la reconstrucción de Almagro Gorbea, el monumento habría tenido un segundo cuerpo de menor tamaño también protegido por leones, y una cubierta triangular al estilo oriental (los leones siguen también modelos orientales sirio-hititas).

    La herencia tartésica es la base de la cultura ibérica y su mitología se toma y se recrea en los relieves de Pozo Moro. Esos relieves ocuparían el cuerpo principal del monumento con escenas orientalizantes fantásticas, por ejemplo la escena de canibalismo: divinidad sedente que recibe una procesión que le ofrece alimentos entre ellos una figura humana en un cuenco. Otra escena es de fecundación, mostrando una imagen femenina siendo fecundada por un falo de grandes proporciones. No sabemos a quien pertenece esa tumba pero sería sin duda a un miembro de la monarquía local; se eligen escenas del origen de la naturaleza para legitimizar y sacralizar a esa monarquía.

    Se fecha en función de un kilix que aparece en la tumba; algunos, como Blázquez y Vergera, lo fechan en el sVII aC cuando ese tipo de vasos fueron elaborados y piensan que fue reutilizado más tarde en la tumba.

    El Conjunto de Porcuna

    Aparece fortuitamente oculto en un foso cubierto de piedras durante unas excavaciones llevadas a cabo en la zona entre 1975 y 1979. Allí se encuentran hasta 1500 fragmentos de esculturas en caliza muy frágil. La tarea de reconstrucción revela esculturas y fragmentos arquitectónicos como:

    • serie de iberos portando escudos circulares e indumentaria típica, damas sedentes,

    • escenas concretas como una de grifomaquia (lucha de humanos contra grifos) que se reconstruye a partir de dos fragmentos faltando la cabeza y los pies del hombre. El grifo tiene valor apotrópaico (protector) y está documentado en Oriente y en marfiles y joyería.

    • grifo apoyado sobre palmeta.

    • toro propiciatorio con flor de loto en la frente, al gusto oriental.

    • Grupo de soldado y caballo, ambos trabajados en bloque único y que habría tenido una tercera figura de guerrero vencido atravesado por una lanza; se cree también que la escultura habría estado decorada con indumentaria en metal.

    Iván Negueruela cree que el conjunto se trabajó en un taller en Porcuna (en Andalucía hubo tres talleres: Porcuna, Baena-Nueva Carteya (sVI aC) y Osuna-Estepa (sIII aC), donde se da gran atención al detalle, quizás por escultures jonios que llegan a la zona en los siglos VI y V aC. El esquema en forma de cruz se reconoce en la escultura griega (metopas del Partenón).

    Conjunto de Huelma, Jaén

    Fue hallado en 1994 en la zona de El Pajarillo donde se encuentran casas sin fortificar que parecen formar parte de un santuario. Fue dispuesto para ser visto en el paso de Guadix-Baza al Alto Guadalquivir con fines propagandísticos y de delimitación de territorios que estaban gobernados por el opidum de Úbeda la Vieja.

    Consiste de una serie de esculturas:

    • león sobre plinto sin cabeza, quizás para la esquina de un monumento

    • restos de un grifo quizás relacionado con el anterior

    • guerrero de Huelma: soldado con espada ibérica, túnica corta, manto y tira cruzada en el cuello indicativa de un carácter sagrado o al menos de un ámbito ritual

    • cabeza de lobo, raro en la estatuaria ibérica, pero que si aparece en la cerámica de Elche-Archena

    Es ahora cuando se ve la transición con la etapa plena donde el aristócrata se heroiza para distinguirse del resto de la población.

    Período Pleno: sIV aC; nueva aristocracia.

    La Dama de Baza

    Se descubre en el conjunto de la tumba 151 en el año 1972 y se excava en 1982. La tumba consiste de una cámara subterránea que quizás tendría una techumbre de madera. Se trata de una escultura en piedra caliza de una dama sedente en trono alado con patas en forma de garras de león, vestida con triple túnica policromada y zapatillas (rojo es el color por excelencia en el ámbito funerario, color de la sangre, de la vida y de la eternidad. En su mano derecha sostiene un pequeño pájaro, símbolo de la diosa Tanit y del alma del difunto. Adornada con collares y grandes colgantes como especie de amuletos que la protegían. La cabeza está cubierta por un manto.

    No es la representación de una mujer aristocrática a pesar de la joyería que era típica de esa clase social, sino que es una divinidad que protege las cenizas del difunto contenidas en la tumba. Esto lo sabemos por dos elementos: el pequeño pájaro y el hecho de que esté sentada en trono alado. Esto lo vemos también en la cerámica hallada en Elche. Quizás represente la gran diosa madre, pero no se le puede dar un nombre específico, ni siquiera se puede decir que haya sólo una diosa madre. El ajuar era mayormente armamento lo que indicaría que el difunto era un hombre, pero a partir del sIV aC el armamento aparece indistintamente en tumbas de hombres y de mujeres, por lo que aún existe el interrogante.

    El enterramiento es individual por lo que la persona habría sido muy importante debido al gran tamaño de la tumba. La mujer tenía un papel predominante en el mundo ibérico, principalmente como sacerdotisa o como mujer oferente (muestra varias diapositivas de exvotos con forma de mujer), y serían parte de la clase aristocrática (grupo muy cerrado)

    Período Tardío: sIII aC. Época de mayor permisibilidad donde grupos menores pueden alcanzar posiciones de prestigio.

    La Dama de Elche

    Se descubre fortuitamente en 1897 y se le da el nombre de “la reina mora”. Se vende al Museo del Louvre debido a la falta en esos momentos de una ley de patrimonio, y constituye el primer paso en la compra de materiales arqueológicos en la Península Ibérica. En los años 30 se intenta recuperar esos materiales pero con la guerra civil se interrumpe el proceso; éste se continúa después de 1936, y en 1941 Francia accede a devolverla al Museo del Prado. Hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional desde 1943.

    La escultura está hecha en piedra caliza policromada, con una oquedad en la parte trasera donde se encuentran las cenizas de un hombre. La Dama de Elche plantea aún algunos interrogantes en cuanto a si fue concebida de cuerpo entero y más tarde cortada. No sabemos si representa a una divinidad sino sólo que es una mujer al estilo levantino con muchas joyas, con túnica plisada, por lo que pudo haber sido un personaje aristocrático. El pelo lo lleva recogido en rodetes, tocada quizás con una peineta debajo del velo, todo lo que habría sido típico de la época. Las pupilas habrían sido de otro material

    Phoinix: fenicio. Phoinike: Fenicia.

    Los fenicios practicaban la incineración, mientras que los púnicos realizaban inhumaciones.

    De este porcede un thymiaterion o recipiente para quemar perfume de bella factura.

    Por las ánforas sabemos con quienes mantenían relaciones comerciales; hay que tener en cuenta que esas ánforas de transporte se desechaban tras su primer uso.

    Núm. 30 de la Revista de Arqueología.

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