Aristóteles. San Agustín

Concepción aristotélica y agustiniana de la felicidad

  • Enviado por: Rael Espín
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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INSTITUTO TECNOLÓGICO AUTÓNOMO DE MÉXICO

DEPARTAMENTO

DE ESTUDIOS GENERALES

IDEAS E INSTITUCIONES

POLÍTICAS Y SOCIALES I

“ NOCIÓN DE FELICIDAD EN ARISTÓTELES-SAN AGUSTÍN Y SU RELACIÓN”

MÉXICO DISTRITO FEDERAL A 3 DE ABRIL DEL 2000

I.-DEFINICIONES

Para entender la felicidad como la concibe Aristóteles es necesario conocer la idea de bien. El bien es aquello a lo que todas las cosas aspiran, no puede ser algo único y universal puesto que cada cual busca bienes distintos de acuerdo con la vida que quiere llevar y el bien de cada cosa es lo que asegura su existencia y no el bien común. Es también aquello por cuya causa se pone en orden todo lo demás, pero debido a que hay una multitud de bienes particulares existen tres tipos de vidas según los bienes que buscas: la voluptuosa, la política y la contemplativa. La vida política aspira a la virtud entendida como honor que es la virtud en si misma, la voluptuosa aspira al placer y la contemplativa a la felicidad. En esto se relaciona con el bien ya que Aristóteles entiende por bien final aquél que es apetecible por si y jamás por otra cosa, que es la felicidad, y los demás bienes son subordinados a la felicidad y los deseamos en función de esta, y no debemos confundir el bien final con el bien soberano, que es el que atiende al fin último y no el fin ultimo en si, contenido en la ciencia política porque une los fines del resto de las ciencias. Este es por excelencia el bien humano

La felicidad es el fin de cuanto hacemos y es autosuficiente, por lo que de ahí sabemos que la vida más deseable y más feliz es la vida contemplativa y por medio de esta obtenemos la felicidad. Esta es la vida más feliz, la mejor y la más deleitosa según la inteligencia, porque Dios es acto contemplativo. La felicidad también debe ser algo firme y no mudable para que aquellos sucesos aislados que hacen desdichado al hombre no lo hagan también infeliz, excepto cuando sean demasiado frecuentes, en cuyo caso también le tomará algún tiempo recuperar su estado estable de felicidad, aunque el hombre verdaderamente feliz, o en otras palabras bueno y sensato, no obrará jamás lo aborrecible y lo ruin y sacará el mejor partido de las circunstancias, por lo que aun en situaciones difíciles y prolongadas podrá ser feliz. Es de esta forma que es lo mismo vivir bien y obrar bien que ser feliz, y por esto la justicia es la virtud perfecta con relación al otro. ¿Cómo llegamos a ser buenos y de esta manera obtenemos la felicidad y llevamos una vida feliz?

Construyendo buenos hábitos te haces bueno y de los actos semejantes adquieres los hábitos, que son disposiciones que nos hacen conducirnos bien o mal respecto de las pasiones. Entendemos como conducirnos bien o mal el optar por lo mas o lo menos y lo igual, ya que existe lo mas, lo menos y lo igual y lo igual es el termino medio hacia el que la virtud debe tender, mientras que entre lo mas y lo menos no hay diferencia ni se obtendrá felicidad. Ya que no todo admite termino medio, hay cosas que son ruines por sí mismas y objeto de censura, así como no hay exceso ni defecto en la virtud, que siempre será termino medio, y por esto la felicidad es la actividad conforme a la virtud, y el placer más deleitoso es el ejercicio de la sabiduría, que será deseado sobre el resto. Por esto mismo la inteligencia en actividad supera a las demás cualidades en importancia y está presente en la vida contemplativa, que es una vida que tiende a lo divino porque busca la verdad y las causas ultimas.

Por otro lado San Agustín entiende la felicidad como "gozo de la verdad", pues quien goza de la verdad goza de Dios, por quien son verdaderas todas las cosas. Lo que el hombre sabe lo sabe por Dios quien lo ilumina y le hace participar del por que de las causas ultimas, que no son entendibles por medio de la razón. Dice también que no todos los hombres pueden ser felices ya que aunque todos quieren gozar de Dios y tener verdad en mayor grado, no les es posible desear y pensar lo que deben y confunden lo quieren y pueden con la felicidad, lo defienden y aman en lugar de ella y generan el odio a lo que es verdadero por Dios y no por el hombre, pues han perdido los dones preternaturales que coordinaban la inteligencia y la voluntad, y si bien es cierto que el hombre desea la verdad, es también innegable que el hombre quiere lo que puede y se conforma con ello cuando lo que no puede es inalcanzable por medio de su voluntad. Esto se convierte en un obstáculo en la búsqueda de la felicidad debido a que los apetitos interfieren con el espíritu y a su vez este no permite que exista armonía con la voluntad, que no le corresponde, y ya que Dios es la única vida feliz y por las cosas visibles percibes las invisibles de Dios y a Dios, siempre que falte esta armonía será imposible alcanzar la felicidad.

Esto se debe a que Dios creo al hombre como sustancia corruptible en la cual hay bien pero es posible su ausencia, o dicho de otra forma el mal es la privación del bien. Este mal es necesario ya que si no existiera el hombre no estaría consciente de su bien, y sin la tentación no podría obtener el éxito para resistirla, ni se acercaría a Dios ni tendría amor, por el cual se llega a la felicidad y a Dios. El amor a Dios es el amor al amor, pues Dios es amor y mientras ames amaras al amor, siempre que ames a tu prójimo amarás a Dios y te alejarás de Él cuando ames a la criatura por la criatura y cuando busques la verdad en tu favor y para engañar y no ser engañado, pues la verdad te descubrirá aunque no lo quieras. Por todo esto quien ama a la verdad y se regocija en ella ama a Dios, y tiene una vida feliz.

II.-ASPECTOS COMUNES Y PUNTOS EN CONFLICTO

Es importante hacer notar que la felicidad en ambos autores tiende a Dios y por Él es posible, y los dos definen también los medios por los cuales se obtiene la felicidad, en uno por la inteligencia presente en la vida contemplativa, en el otro por el amor entendido como gozo de la verdad; otro punto en el que concuerdan es que existen obstáculos que dificultan la actividad de alcanzar la verdad, cuando el apetito concupiscente es en mayor grado motor de nuestros actos y no existe la armonía necesaria entre inteligencia y voluntad perdida a partir del pecado original, e incluso concuerdan en la manera en que afecta la felicidad a la vida del hombre y que esta es la mejor vida y la más deseable hacia la que el hombre debe dedicar todo su esfuerzo. Estos aspectos son tan evidentes como las diferencias esenciales entre autores, como son la naturaleza de la felicidad, donde para Aristóteles se entiende por imitación pues debido a que Dios lleva una vida contemplativa el hombre se acerca a la verdad que es Dios no por efecto de la bondad divina sino mas bien por un esfuerzo humano orientado a conocer más y no a conocer a Dios como lo vemos en San Agustín, quien además encuentra en la felicidad un medio para llegar a Dios que es el fin último de su esfuerzo por encontrar un equilibrio entre el espíritu y los apetitos, mientras que el bien final en Aristóteles es la felicidad en si misma proveída por Dios siempre y cuando lleves una vida a semejanza de la de Dios, que no es fin, sino en propias palabras, un todo ejemplar.

II.-CONCLUSIONES

Si quisiéramos reflejar el pensamiento de estos autores en su contexto histórico, tendríamos primero que verter los aspectos políticos y sociales de cada época, relacionarlos con el papel de la religión en un momento específico, tomar en cuenta los pensadores que ejercieron mayor influencia en sus ideas, los problemas reales a los que se enfrentaron y las condiciones personales de cada uno de estos que delinearon el perfil de su trayectoria filosófica; lo que no podemos omitir es que cada uno a su manera y en su tiempo, en campos distintos pero sin embargo afines en magnitud fueron a su manera pilares esenciales del pensamiento humano sobre el cual se han edificado innumerables teorías y se ha llegado a importantes postulados en materias tan diversas como la actividad humana. Esta vez hablamos de la felicidad como posibilidad humana fundamental y la manera en la que cada uno la concibe y define, y no es en ninguna forma inusual el que constituya una preocupación filosófica de un peso abrumador para cualquier autor, ya que en función de un ser superior o de un bienestar físico temporal la felicidad es y ha sido siempre el móvil de todo esfuerzo humano tendiente a satisfacer los deseos cada vez más complejos del hombre que se enriquece en su capacidad humana receptora pero a la vez cuestiona el sentido de su existencia en un mundo que, por obra suya, se aleja cada vez más de su individualidad.