Aristóteles

Filosofía griega. Filósofos de la Antigua Grecia. Pensamiento aristotélico

  • Enviado por: Pelopita
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 8 páginas
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Monografía en base a “La Política” de Aristóteles

Indice:

Introducción: Página 1

Críticas a Platon: Página 1

La ciudad ideal: Página 4

Las desviaciones políticas: Página 5

Conclusión: Página 6

Bibliografía: Página 6

Monografía en base a “La Política” de Aristóteles

Introducción

En su libro “La Política”, Aristóteles decide postular en sus primeros cuatro libros sus ideas de una ciudad ideal y las posibilidades en cuanto a ello. Aborda el tema de los gobiernos y sus desviaciones y dificultades, tales como la oligarquía y la democracia. Además, escribe sus críticas a Platón, su maestro, quien años antes había escrito “La República”. Allí este filósofo expone la importancia del bien común, sistema que Aristóteles se ocupa de refutar a cada momento. A medida que el autor de “La Política” justifica sus ideas, va llenando su libro de coherencia y razón. Pero por medio de esos párrafos, va denotando una ideología muy particular que siendo reflexionada podría ser fácilmente rechazada al momento de elegir un sistema para la ciudad ideal. Así es como muchos siglos después aún nos encontramos buscando ese bien, o alguna manera posible de comenzar a realizarlo.

Críticas a Platón

Aristóteles critica la búsqueda innecesaria del comunismo que plantea Platón(es decir, que los individuos posean entre si todo en común) en una ciudad bien organizada. Es que en su libro “La Política”, Aristóteles deja en claro que no por perseguir la unidad de una ciudad, habrá que llegar a ella. A partir de allí, no se encontrará más que seguir unificando todo. Y de esa manera, la ciudad se reducirá a la casa y de ahí al individuo humano, convirtiendo el espíritu de unidad del principio en puro individualismo que destruiría a la ciudad. De esa manera, creo que Aristóteles busca proponerse que la unidad alcanzara un fin en si misma, un sentimiento, y no en un hecho, puesto que sino, nos sintetizaríamos a nosotros mismos eliminando la pluralidad que se encuentra en las ciudades. Por eso, la unidad total debería ser una utopía necesariamente, un camino por el cual transitar. Aristóteles finaliza entonces esta idea diciendo que “el bien de cada cosa es aquello que la preserva”. De aquí se deduce que el pensamiento de Platón al buscar el bien de la ciudad, es imposible, ya que alcanzando el que propone, se estaría poniendo fin al elemento principal y eso, en si, no puede ser bueno.

Otra de las criticas que Aristóteles escribe en torno al “todo común” que describe Platón en su libro “La República”, es la falsedad que se imprime en las posesiones. Nunca podrá lograrse que todos sean hijos de todos y todas mujeres de todos, pues será inevitable pensar que se es mas de nadie que de otro, y en una posesión común no se podrá aceptar tal cosa. No será posible que todo sea lo mismo, ya que en el momento en que un nuevo niño nace, se razonará en torno al parecido con su padre y eso no se igualará a cualquier otro habitante de esa ciudad. Entonces Aristóteles rechaza aquella idea propuesta por no ser posibles jamas. Pero no pienso que haya que tomarlo de tal manera. El hecho de que todos sean hermanos entre si, implica el camino de unidad del que se hablaba antes. Es una manera de igualarse todos con todos al punto de llegar a definirlo de esa manera. Aristóteles contempla la violencia que se produce en la relación sexual entre familiares (como podría ser la de un padre con un hijo) pero solo lo usa para rechazar una vez más el todo común, y no observa la verdadera esencia de todo eso.

En cuanto a los bienes comunes (donde no se evalúan los lazos familiares y afectivos), Aristóteles también hace su critica a “La República”. Él opina que debe haber bienes privados, así como comunes, pero que éstos últimos se verán relacionados con los lazos de amistad, ya que siempre será agradable proveerle a un amigo de algo que necesita. Entonces observa que es necesaria la propiedad privada para que exista la generosidad. Esto lo justifica diciendo que si es cierto que todo es común, en ningún momento estaría siendo posible ser generoso, ya que la generosidad se demuestra en el momento de ceder y tal acción no existe en el concepto de que todos tengan lo mismo. Además, apoya su teoría valorando la abstinencia a la mujer del prójimo y escribe que esa noble actitud se perdería en el momento en que momento en que todas sean mujeres de todos. Yo no comparto estos pensamientos con Aristóteles. Si por naturaleza, tal como defiende él muchas veces, todos somos iguales, entonces por naturaleza todos merecemos lo mismo. Y allí mismo ya se está encontrando la generosidad. La actitud de compartir todo, es mucho más generosa que a la que apunta el autor de “La Política”. Por otro lado creo que si fuera posible que todo sea común, se alcanzaría un mayor bienestar a que si no lo fuera. Por lo tanto, seria más satisfactorio que si todos lo merecen, todos lo tengan a que a veces, alguien con una propiedad privada, se digne a ceder produciendo así un acto de generosidad. Y si lo que se busca es el bien, entonces creo que es mas importante que todos puedan poseer todo a que exista ese tipo de generosidad de la que él habla. Además se comprueba una y otra vez que los hombres no demuestran abstenerse a la mujer del prójimo cuando tienen la oportunidad de ser su amante y que si así fuera, seria solo absteniéndose de la de los amigos. Por lo tanto queda comprobado que no depende de la posesión común de todas las mujeres el hecho de que dos hombres tengan relaciones sexuales con la misma.

Aristóteles reprueba finalmente la ciudad propuesta por Platón. En “La Republica”, se postula una ciudad dividida entre dos grupos: los campesinos por un lado y los guerreros defensores y entre estos, los que deliberan y los que ejercen poder soberano en la ciudad por otro. De allí critica que al haber descrito ese modelo, no se han tenido en cuenta otros temas. Por ejemplo, no cree que se haya contemplado si ese grupo de campesinos o artesanos participarían en magistraturas o en las guerras. Sobre este sistema, Aristóteles propone que se han aplicado elementos de tiranía y demagogia y un intermedio entre oligarquía y democracia. De allí dice que se formaría un circulo vicioso por darle un mejor lugar a los mas ricos siendo que deben, por ejemplo, concurrir a la Asamblea y elegir los magistrados y a los que pagan más en el poder y a su vez muchos pobres se abstendrían a votar, porque no verse obligados a hacerlo.

La ciudad ideal

Aristóteles escribe su opinión sobre la mejor ciudad. Dice que “el fin de la ciudad es, entonces, el bien vivir” y que “es la comunidad de familias y de aldeas para una vida perfecta y autosuficiente”. Aclara que no es posible una ciudad en donde no se viva en conjunto (es decir, no puede existir ciudad en un lugar en donde sus habitantes viven separados y siquiera “infieren muchos daños en sus intercambios”). Dice que no sería posible si simplemente se compartiera cosa tal como la alianza militar (anteriormente aclara que en los grupos militares la pluralidad consiste en la cantidad, pero que en una ciudad la pluralidad significa muchos habitantes diferentes y no una pluralidad de seres iguales). Asimismo, postula una teoría sobre la diferencia entre un buen ciudadano y un hombre bueno. Es posible que por el régimen político establecido se llegue a ser un buen ciudadano, pero dadas las diferencias entre los habitantes, ser un buen ciudadano no significa ser un hombre de bien. Pero talvez lo importante no es que ser en sí mismo, sino cómo ser para lograr entre todos el bien vivir.

Las desviaciones políticas

Aristóteles dice que “un régimen político es un ordenamiento de todas las magistraturas de la ciudad y especialmente de la que detenta el poder soberano”. A partir de ahí nombra dos regimenes: la oligarquía y la democracia. En el primer modelo gobierna una minoría (la más rica) y en el segundo, el soberano es el pueblo. A partir de ahí, propone su idea para el mejor gobierno, un gobierno que genere ese bien vivir del principio. Este debe provenir de la clase media, al ser esa quien menos ambición tiene por el gobierno. De allí vendría una mezcla de la oligarquía y la democracia. Pero estos regimenes son llamados por él “desviaciones”. Una desviación, es aquello que “persigue el interés particular, sea de un único individuo o de la masa de los ciudadanos”. Por ejemplo, en el caso de la oligarquía, la desviación se encuentra en seguir el interés de los ricos, y en la democracia, el de los pobres. Pero habiendo dicho ya que en la democracia el soberano es el pueblo, creo que no hay manera de comenzar por algo más justo que eso y tampoco entiendo como piensa él sostener esas ideas. Siendo la dificultad que significa poseer un modelo para todos y no discriminatorio para nadie, se torna entonces dificultoso no solo dejar la democracia, sino intentar otro prototipo sin adentrar en peores complicaciones. En mi opinión hay que valorar la democracia que ahora tenemos, no solamente por el sangriento pasado de nuestro país causado por un gobierno peor que la democracia -que fue la dictadura- y el miedo que significaría no tenerla. Sino porque significa que a pesar de ir de mal en peor, algo se esta moviendo en el mundo, una libertad que de cierta manera esta funcionando y que promete un equilibrio valorable. Un régimen que, dentro de todo, es el menos peor.

Conclusión

En conclusión, Aristóteles sabe ordenar sus ideas y justificarlas, puesto que sabe cómo y hacia dónde dirigirse. No obstante, por su contenido, a veces parecen ser muy débiles y muy fáciles de refutar si se lo hace con otro filósofo habilidoso como lo es Platón. En sus críticas hacia él, a veces descuida algunos conceptos y rechaza ideas innecesariamente. En mi opinión, no sería un avance pensar en alguien como Aristóteles para razonar sobre un nuevo régimen político, sino que se estaría retrocediendo un paso más y eso, a mí, me da miedo.

Bibliografía:

  • Aristóteles. “La política”, 1era edicion., traducción María Isabel Santa Cruz y María Inés Crespo, Buenos Aires: Losada, 2005.

  • Platón. “La Republica”, 1era edición, traducción María Divenosa y Claudia Mársico, Buenos Aires: Losada 2005.