Aristóteles

Filosofía griega. Naturaleza del placer. Felicidad. Ser humano

  • Enviado por: Angeles Maldonado
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 3 páginas
publicidad
publicidad

5. Analizar la naturaleza del placer y su importancia para la vida. ¿Qué es la felicidad?

Aristóteles analiza la naturaleza del placer en el capitulo x, y nos vuelve a hablar de la felicidad. En relación al placer analiza críticamente las distintas opiniones de algunos filósofos griegos y defiende la importancia del placer en una vida feliz. En relación con la felicidad lleva a cabo una especie de resumen en donde sintetiza su concepción sobre lo que el entiende como felicidad.

Aristóteles comienza señalando que el placer parece estar asociado de un modo muy íntimo a nuestra propia naturaleza lo que explica el que, por ejemplo, los educadores se sirvan del placer y del dolor como un timón para dirigir a la infancia. Por otro lado parece ser también un elemento de suma importancia en relación con la virtud moral y, consiguiente, con la felicidad ya que todos parecen perseguir lo agradable y rehuir lo molesto.

Además el placer ha sido una constante en las reflexiones de múltiples filósofos lo que justificaría, según Aristóteles, la necesidad de intentar analizar y definir su naturaleza.

Con el objeto de llevar a cabo tal análisis, Aristóteles, comienza exponiendo algunas de las opiniones que se habían expresado en el mundo griego sobre la naturaleza del placer. Hace referencia a eudoxo (matemático y astrónomo perteneciente a la academia de platón) el cual defendía que el placer era el bien supremo ya que todos los seres (tanto racionales como irracionales) aspiraban a él. Además, el placer sería algo que se elige por sí mismo lo que justificaría aún más el que fuera un bien. Por su parte, platón, pensaba que el bien no era el bien supremo ya que una vida agradable y feliz no es la reposa en el placer sino en la sabiduría. Por otro lado existen otros (Aristóteles no los cita por su nombre) que el placer no es un bien ya que éste no se define por ser algo a lo que todos tienden. Aristóteles critica esta posición ya que no son sólo los seres sin inteligencia los que parecen perseguir el placer pos sí mismo sino también los seres racionales. También critica el argumento de aquellos que afirman que el placer no es un bien debido a que existe su contrario (el dolor) ya que también se podría oponer un mal a otro y ello no implicaría que uno de ellos fuera un bien por tener un contrario. Según Aristóteles esta forma de argumentar es absurda ya que si el placer y el dolor fueran lo mismo (al no ser contrarios), entonces lo lógico sería esperar que los dos produjeran aversión, lo que no parece suceder en la realidad. Aristóteles critica también a aquellos que afirman que el bien es determinado mientras que el placer es algo indeterminado pues admite el más y el menos. Y es que si se razona así, también habría que concluir que lo mismo puede ocurrir con la justicia y con las demás virtudes ya que personas de determinado carácter están más o menos dotadas de ellas u obran más o menos de acuerdo con las virtudes: hay hombres más o menos justos, y es posible practicar más o menos la justicia y la continencia. Por otro lado, hay quien afirma que el bien es perfecto y el movimiento y el devenir es imperfecto. Pues bien, como el placer es un movimiento y devenir, no puede ser identificado con el bien. Según Aristóteles no es totalmente correcto afirmar que el placer es un movimiento ya que éste implica velocidad y lentitud, y al placer no le pertenecen ni una cosa ni otra. Es cierto que uno puede sentirse rápidamente afectado por un placer; ahora bien, ello no quiere decir que tal persona esté gozando rápidamente o lentamente, como cuando uno anda de prisa o crece. Por consiguiente, se puede entrar en un estado de placer rápidamente, o lentamente, pero no es posible ejercer rápida o lentamente la actividad misma de placer, es decir, gozar. Tampoco es correcto afirmar que el placer es un devenir: el devenir implica que algo se disuelve en aquello de donde deviene, por ejemplo, los hijos devienen como algo natural de los padres, mientras que, por ejemplo, el dolor que también deviene del placer no es algo natural ya que implica la destrucción de su génesis (el placer).

Según Aristóteles todos aspiramos al placer porque todos deseamos vivir. Y dado que la vida es una actividad y cada uno se ejercita en aquello que más ama, de ahí que el placer, al perfeccionar la actividad, perfeccione también la vida y, por ello, todos lo deseen. Por ejemplo, el músico se ejercita oyendo y elaborando melodías; toda esta actividad le produce, al mismo tiempo, placer, por lo que puede decirse que éste forma parte esencial de la vida que se quiere perfeccionar. En este contexto, Aristóteles, se plantea la cuestión siguiente: ¿apetecemos la vida por causa del placer o el placer por causa de la vida? Responde que ambas cuestiones están íntimamente unidas y que no admiten separación, ya que sin actividad no hay placer, y el placer perfecciona toda actividad.

Al mismo tiempo, según Aristóteles, cada placer está íntimamente unido a la actividad que perfecciona. Esto quiere decir que cada actividad es intensificada por el placer que le es propio. Por ejemplo, llegan a ser geómetras o músicos aquellos que comprenden mejor estas disciplinas y se deleitan en ellas. Por otro lado, parece evidente también que el placer producido por una actividad es un obstáculo para otra. Por ejemplo, los aficionados a la flauta son incapaces de prestar atención a una conversación si están oyendo a un flautista. En este sentido, por tanto, el placer de la flauta destruye la actividad de la conversación. En definitiva parece que lo más agradable expulsa a las demás cosas. Ello explicaría, según Aristóteles, que hagamos una cosa cuando no nos agrada otra; por ejemplo comer golosinas en los teatros cuando la función y los actores son muy malos. Por último, Aristóteles, afirma que cada animal tiene un placer que le es propio y éste suele corresponderse con la actividad propia que le define. Uno es el placer del caballo, otro el del perro y otro distinto el del hombre. En los animales la cuestión del placer está muy definida: los placeres de animales específicamente distintos, difieren también específicamente. En el caso del hombre la cuestión es menos definida: una misma cosa agrada a unos y molesta a otros. Ahora bien, ello no implica, según Aristóteles, tener que defender el relativismo moral ya que de lo dicho parece inferirse que daría lo mismo un placer bueno o malo ya que todo dependería del modo como cada uno lo percibiese. En este contexto, Aristóteles, diferencia entre los placeres vergonzosos y propios de hombres corrompidos y los placeres buenos y propios del hombre virtuoso. ¿Cómo poder diferenciar los unos de los otros? Según Aristóteles, teniendo muy en cuenta lo que es la actividad específica del ser humano. Únicamente los placeres que acompañen a este tipo de actividad serán placeres buenos y propios del hombre. Los demás serán secundarios y no esenciales para la consecución de una vida feliz.

Haciendo referencia a lo que Aristóteles define como felicidad, tenemos que este es el fin último del ser humano. Por ello resume todo lo que anteriormente ha dicho sobre este tema: 1) la felicidad no es un hábito o disposición, ya que si lo fuera, podría darse también en quien se pasara la vida durmiendo, o en quien sufriera las mayores desgracias posibles. 2) la felicidad consiste en una actividad deseable por sí misma y no por causa de otra cosa. 3) las actividades que se eligen por sí mismas son las actividades virtuosas ya que lo que es bueno y honesto pertenece al número de las cosas que son deseables por sí mismas. 4) todo lo dicho hasta ahora implica que el hombre feliz es hombre virtuoso. Por ello, la felicidad es definida por Aristóteles como la actividad conforme a virtud5) la actividad específica del ser humano reside en la posesión del entendimiento lo que hace que en él predomine la actividad puramente contemplativa.

Tal actividad es la más excelente y, además, la más continua, pues podemos contemplar continuamente más que hacer cualquier otra cosa. 6) el placer debe hallarse mezclado con la felicidad ya que el hombre feliz siente placer al llevar a cabo su actividad específica de carácter contemplativo. Por otro lado, tanto la felicidad como la actividad contemplativa son realidades que se bastan por sí mismas ya que el que lleva a cabo tal actividad nada saca de ella aparte de la contemplación, mientras que de las actividades prácticas obtenemos siempre algo, más o menos aparte de la acción misma. 7) la vida más excelente, por tanto, es la vida conforme a la mente, ya que eso es primariamente el hombre. Esta vida será también, por consiguiente, la más feliz. 8) para ser completamente feliz, el hombre contemplativo, tendrá necesidad del bienestar externo, ya que nuestra naturaleza no se basta a sí misma para la contemplación, sino que necesita de la salud del cuerpo, del alimento y de los demás cuidados. Ahora bien, todo esto no quiere decir que el hombre necesite una superabundancia de tales bienes materiales, ya que no es necesario dominar el mar y la tierra para ejercitar una actividad noble. Con recursos moderados se puede practicar la virtud, por lo que bastará con disponer de una medida sencilla de recursos materiales.