Argentina, siglos XIX y XX

Historia Argentina Contemporánea. Independencia. Relaciones con España. Reformas borbónicas. Conflictos sociales. Crisis económica

  • Enviado por: Nicolas
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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HISTORIA 2°AÑO

IMPERIO NAPOLEÓNICO

Napoleón había sido nombrado jefe del gobierno republicano de Francia en 1799. Había asumido con poderes ilimitados, sin embargo, poco después de 1804, centralizó más su poder estableciendo como sistema político el Imperio y autoproclamándose emperador.

Con Napoleón en el poder la alta burguesía vio concretados todos sus sueños: la nobleza tradicional no tendría participación política, los jacobinos serían destruidos. Más tarde, con la sanción del Código Civil (1804), la igualdad de los ciudadanos ante la ley y la inviolabilidad de la propiedad privada quedaron aseguradas.

Napoleón invadió casi todos los países de Europa y la alta burguesía francesa controló el mercado europeo impidiendo el ingreso en el continente de manufacturas inglesas. Esto le costó el trono a Napoleón, pues invadió Rusia para castigarla por comerciar con Inglaterra.

Pese a ocupar Moscú, el invierno ruso y la muerte y desaparición de decenas de miles de soldados lo llevaron, primero, a la renuncia a su trono (1814) y, finalmente, luego de un breve regreso, a la derrota definitiva en Waterloo (1815). La nobleza francesa, que esperaba un paso en falso de Napoleón, preparó su retorno.

Invasión a España

En 1807, Napoleón Bonaparte invadió España. El rey Carlos IV de Borbón y su hijo, el príncipe Fernando, renunciaron a su trono a favor del hermano de Napoleón, José Bonaparte, y fueron hechos prisioneros. Esta invasión se había dado luego de que el emperador francés los engañara, pidiéndole a España permiso para pasar por la localidad de Bayona hacia Portugal. Una vez que el permiso les fuera dado, en vez de invadir Portugal lo hicieron en la península Ibérica.

En varias ciudades españolas se formaron juntas con el objeto de organizar la resistencia contra los invasores. Las mismas, fueron coordinadas por la Junta General de Sevilla. En 1809, la Junta General declaró que las posesiones en América eran reinos, y no factorías o colonias. Esta sanción implicaba el reconocimiento de la igualdad jurídica y habilitaba a los americanos a enviar representantes a las cortes generales. Pero sólo se les permitía mandar nueve diputados frente a los veintiséis de los reinos peninsulares.

Aunque los americanos reiteraron su lealtad al rey prisionero, las autoridades virreinales prohibieron la formación de juntas similares a las españolas. Estas medidas fueron muy resistidas en América, y el desprestigio del poder colonial aumentó.

A principios de 1810, un Consejo de Regencia francés asumió la autoridad en España. Los cabildos americanos decidieron no prestarle obediencia y crear sus propias juntas de apoyo a Fernando VII. Las juntas asumieron provisionalmente la soberanía, poniendo en marcha un proceso revolucionario que habría de concluir años después, con la independencia de los territorios hispanoamericanos. Los americanos habían decidido acabar con su condición colonial, aunque tuvieran que afrontar la guerra de reconquista alentada por Fernando VII.

La restauración

Derrotado Napoleón en Waterloo, los Borbones (dinastía francesa que gobernaba antes de la revolución) volvieron a ocupar el trono de Francia.

Las ideas revolucionarias fueron reprimidas y durante 1814 - 1815 sesionó en Viena un Congreso que, dirigido por los reyes absolutistas de Europa, pretendió volver al viejo orden. Surgió así la Santa Alianza, integradas por los monarcas de Prusia, Rusia y Austria, con el fin de proteger el absolutismo contra toda señal de revolución. Pronto se sumaron España, Francia e Inglaterra. De esta manera se evitaba que Francia o cualquier otro país europeo volviera a dominar Europa.

En el caso específico de España, cuando Fernando VII retomó el control del poder español, lo primero que hizo es no reconocer cualquier intento de independización americana y enviar tropas a América para recuperar sus colonias.

Las reformas borbónicas

La expulsión de los jesuitas en 1768 fue el preludio de una serie de reformas en los territorios del Río de la Plata que por un tiempo dio un renovado impulso a su desarrollo. La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 fue acompañada por un vasto programa de cambios cuyas metas principales fueron acelerar el crecimiento económico local, aumentar los beneficios para España de sus posesiones imperiales, mejorar la defensa contra el contrabando y las invasiones extranjeras y el realce de la autoridad de la Corona.

Imitando a otras potencias europeas y siguiendo las ideas de la “Ilustración”, España comenzó a diferenciarse de su pasado. Antes, la afluencia de recursos del Imperio a España había tenido tres fuentes principales: tributos, impuestos y monopolio comercial. Con respecto a los tributos, ahora una fuente de rentas mucho menos importantes que bajo los Habsburgos, las reformas introdujeron pocos cambios fuera de tratar de reducir la evasión efectuando nuevos censos de población y tratando de congregar a los sujetos a tributo en nuevas comunidades, o “reducciones” accesibles a los funcionarios recaudadores imperiales. Los impuestos, considerados ahora como incentivos para aumentar la producción, fueron generalmente reducidos y simplificados en la creencia de que toda disminución inmediata de los ingresos pronto hallaría compensación en la expansión de los productos y servicios imponibles. El sistema fiscal, también se convirtió en un instrumento para modificar la composición de la producción y el intercambio.

Las reformas abandonaron la anterior preocupación casi exclusiva de acumular metales preciosos; se hizo el intento de diversificar las economías regionales y exportar una mayor gama de productos coloniales, sobre todo materias primas para la industria española. El objetivo final era hacer del Imperio una entidad autosuficiente. Sin embargo, la manufactura sería centralizada en España y los productos coloniales rivales, como vinos y textiles, verían desalentada su producción y, de ser posible, eliminada.

El nuevo concepto de comercio libre cambiaría la organización del comercio colonial: en vez de obtener beneficios mediante restricciones en la oferta de artículos europeos, la nueva meta fue llevar al máximo el movimiento comercial, basando las ganancias en el volumen creciente de las transacciones. Se abrieron numerosos nuevos puertos al comercio, se abolió el viejo sistema de la Corona de licencias comerciales y se abandonaron los monopolios de Cádiz, Veracruz y Lima. Aún así subsistieron muchas limitaciones al comercio, de modo que el comercio libre fue más bien un mercantilismo actualizado que verdadero "comercio libre". El comercio imperial siguió siendo un monopolio español. La larga lucha para combatir el contrabando y la competencia europea continuó.

Otro rasgo principal de las reformas borbónica era la reestructuración de la administración imperial para promover la eficiencia, detener la corrupción , incrementar los beneficios de impuestos, desarrollar nuevas materias primas para la exportación y ampliar los mercados coloniales para las mercancías españolas. La principal innovación fue la creación de intendencias, nuevas divisiones territoriales de los virreinatos. Los intendentes recibieron amplias responsabilidades en sus jurisdicciones sobre los impuestos, las inversiones y el desarrollo económico, la organización de la milicia, la justicia y la regulación de los cabildos, que después de los movimientos comuneros habían caído en cierto descrédito en España. Los intendentes debían también promover nuevas obras públicas, nuevas empresas mineras, las instituciones de crédito y la colonización agrícola. Los intendentes heredaron los poderes de los gobernadores, a quienes reemplazaron, para fundar nuevos poblados, y, entre otras cosas, mucha de la anterior influencia de los jesuitas en la educación. En las ciudades asumieron algunas de las anteriores obligaciones de los cabildos, como la regulación de pesos y medidas, del precio de los alimentos, de los gremios y de las castas.

Los planes de elevar, con las reformas borbónicas, el nivel de Buenos Aires y legalizar totalmente su comercio encontraron enérgica oposición de los comerciantes de Lima, defensores del viejo monopolio. Pero después de 1763 los comerciantes intensificaron sus posiciones a la Corte española a favor de Buenos Aires y fueron apoyados por tres de los gobernadores de esta región, en este período.

En 1776, cuando Gran Bretaña tuvo que enfrentar la rebelión de sus colonos norteamericanos, Portugal, que ocupaba la localidad de Colonia, dejó aislados a sus hombres en el sur, y comenzó la estrategia española para recuperar este territorio. En efecto, un año después Cevallos expulsó a los portugueses de esta región y otorgó después a Buenos Aires el rango de capital de un virreinato. Ambas tareas fueron llevadas a cabo rápidamente. Tiempo después también abolió la Aduana Seca y decidió que Buenos Aires sería el puerto oficial de acceso de los suministros del mercurio español. En 1778 fue proclamado en Buenos Aires el comercio libre.

Para impedir que los británicos o portugueses establecieran bases navales en el vacío sur, se hicieron planes para fundar establecimientos a lo largo de la costa patagónica, que serían sustentados por una nueva industria pesquera. Cevallos también trató de establecer un comercio de esclavos directo entre Buenos Aires y África, prescindiendo de los intermediarios portugueses. Exhortó a los ganaderos locales a invertir en factorías de carne salada, y a los agricultores a producir cáñamo y linaza.

En los veinticinco años siguientes, hasta 1810, los intendentes desempeñaron sus funciones con característico celo borbónico. En Buenos Aires se les otorgó el cargo más elevados de superintendentes y se les dieron sueldos suplementarios.

Desde el decenio 1770 - 1780 la expansión de Buenos Aires se aceleró. Después de la expedición de Cevallos los valores de los bienes raíces se triplicaron, y durante los veinte años siguientes tuvo lugar un auge sostenido de la propiedad del suelo.

Tiempo después, con la llegada de Vértiz en reemplazo de Cevallos, en 1778, Buenos Aires cambió sustancialmente. Hubieron mejoras en obras públicas, una expansión cultural que abarcó importación de prensas de imprentas, que permitió la circulación de folletos y boletines informativos, y la edificación o apertura de teatros. Hubo también un marcado aumento de los administradores, abogados y cirujanos. En 1795 la ciudad obtuvo su cámara de comercio o consulado, otra típica institución borbónica tardía. El consulado patrocinó nuevos proyectos de desarrollo y, a su vez, alentó la creación y experimentación de empresas. También llevó a cabo campañas para la mejora de las dársenas de Buenos Aires, la educación técnica y la realización de nuevas exploraciones de la frontera más allá de las zonas ya colonizadas.

Con la toma final de Colonia do Sacramento, los españoles tuvieron durante un tiempo un control mucho mayor sobre el comercio, y la comunidad portuguesa de Buenos Aires, de dos siglos de antigüedad, al fin empezó a menguar.

Los comerciantes controlaban el lucrativo comercio de España, tenían los provechosos contratos reales para el transporte de mercurio y plata, supervisaban las negociaciones locales en bienes raíces y financiaban a los hacendados y a otros comerciantes del interior.

El impacto de las reformas económicas

Si bien las reformas borbónicas no generaron por sí mismas la nueva prosperidad ríoplatense contribuyeron decididamente a estimularla. El impacto de las reformas borbónicas fue dispar, en algunas regiones del Virreinato alentaron el crecimiento, en otras desencadenaron un proceso recesivo que desembocó en agudas crisis regionales. La zona más directamente beneficiada por el nuevo ordenamiento fue el Litoral, incluyendo en él a Buenos Aires y a la Banda Oriental, que entró en una etapa de franco ascenso económico y demográfico. El sector más dinámico fue el ganadero. Con el comercio libre y la apertura del puerto de Buenos Aires se incrementó la exportación de cueros y disminuyó el contrabando.

La ciudad de Buenos Aires fue una de las que más creció al abrigo de las reformas borbónicas. La apertura del puerto en el marco del comercio libre y más tarde el impacto de las franquicias comerciales que la guerra obligó a conceder marcaron de alguna manera la consolidación de una hegemonía portuaria y mercantil. Sede de una próspera burguesía comercial, la creación del Virreinato del Río de la Plata, al convertir a Buenos Aires en su capital, no haría sino remarcar su influencia sobre un territorio inesperadamente vasto y heterogéneo.

Menos pobladas, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes se orientaban cada vez más a la ganadería. En Corrientes, la construcción de barcos continuaba con notable dinamismo, mientras en Santa fe la agricultura y las artesanías languidecían. En el Interior, el impacto de las reformas borbónicas fue menos marcado, pero en algunas regiones fue catastrófico. Sin duda, el comercio libre y la lluvia de productos importados que ingresó por el Litoral perjudicaron algunas producciones del Interior. Así, los vinos y las frutas secas que llegaron barrieron con los vinos y aguardientes de Mendoza y San Juan del mercado rioplatense y precipitaron a estas provincias, y también a La Rioja, en una severa crisis.

En el norte, Salta continuó con el comercio de mulas que constituían una importante fuente de ingresos. Tucumán, a su vez, evidenció mucho más que Salta cierto crecimiento. Ligado al mercado altoperuano y litoral, exportaba carretas, ganado en pie, suelas y cueros surtidos; se producía también arroz, cebo y jabón, pero el comercio era la actividad más dinámica de la región. Santiago del Estero, en cambio, siguió pobre y sin mayores recursos: era tierra de emigración.

La región del Interior que más creció en los últimos años del siglo XVIII fue Córdoba. A su tradicional agricultura se sumó un sector ganadero en renovada expansión. Córdoba será exportadora de cueros y más tarde de lanas.

EL CAMINO HACIA LA INDEPENDENCIA

Al crear el nuevo Virreinato del Río de la Plata, España pretendía montar una administración eficiente y duradera. Pero el resultado de las reformas borbónicas no fue un imperialismo revitalizado, sino el declive y posterior extinción del vínculo con España.

Las tensiones intensificadas en el sistema colonial surgían principalmente del comercio y de la creciente imposibilidad práctica del comercio libre. Pese al intento de alentar el comercio directo con España y desalentar el comercio con los extranjeros, en todo el año 1777 la mayoría de los artículos importados por Buenos Aires eran extranjeros. España no podía proporcionar ni esclavos ni productos que eran preferibles a los españoles por su mejor calidad o por su precio inferior. Así, el contrabando desde distintos orígenes, a menudo en barcos extranjeros, era una realidad que castigaba duro a la economía española. Pero pronto se sumaría otra complicación: la mayoría de las nuevas exportaciones del Virreinato del Río de la Plata, estimuladas erróneamente por el comercio libre, no iban a España sino a otros mercados coloniales.

La crisis del sistema comercial español se agudizó cuando la armada británica obtuvo el dominio del Atlántico. España no pudo mantener sus lazos comerciales con el imperio, y la corona se vio obligada a legalizar el comercio de extranjeros. Pero como resultado de esto, las rentas coloniales dependieron cada vez más del capital extranjero.

La primera dificultad importante del comercio libre concernía al comercio de esclavos. En 1778, España capturó bases africanas y portuguesas de esclavos. No obstante, la oferta de esclavos de allí nunca fue suficiente para satisfacer la creciente demanda americana en un período de expansión económica. Las colonias españolas siguieron dependientes de los portugueses y en Buenos Aires se siguió importando gran número de esclavos del Brasil.

En segundo lugar, entre 1780 y 1790 Buenos Aires y Montevideo comenzaron a exportar carne curada. Pero sólo una parte de la exportación de carne iban a España, pues la mayoría se comercializaba en Brasil y Cuba para alimentar a esclavos. Desde el período antes mencionado, Buenos Aires se constituyó en el lugar de residencia de un grupo de comerciantes oficiales que trataban con Cádiz.

En respuesta a estos problemas, surgieron en Buenos Aires intereses creados ganaderos y comerciales, unos y otros opuestos a la aplicación estricta del comercio libre y a favor de aumentar los lazos multilaterales con toda América. Sucesos posteriores, desde el estallido de las guerras revolucionarias francesas en 1793 hasta el Tratado de Amiens de 1802, alentaron el crecimiento de estos grupos. A su vez España estuvo en guerra primero contra los franceses, hasta 1795, y desde 1796 contra los británicos. En todo momento, las guerras transformaron el comercio español con las Américas. En la guerra contra Francia, sufrió la invasión de Cataluña, su principal región manufacturera, y durante la guerra con Gran Bretaña, la marina española quedó inmovilizada en gran medida por los bloqueos navales de los puertos españoles. En Buenos Aires, entre 1790 - 1800 hubo una sostenida crisis comercial.

Desde Buenos Aires los trastornos económicos se expandieron al interior, donde ya se había hecho cada vez más acentuada una corriente de intranquilidad desde 1776. Estaba en desacuerdo con la centralización del poder en la capital del virreinato. Montevideo, estaba celosa de la dominación de Buenos Aires en el comercio de importación, mientras que Uruguay como en Santa Fe y Entre Ríos se resistían a la monopolización del comercio de pieles, impulsada desde el cabildo. Potosí, a su vez, se oponía a la obligación de dar a Buenos Aires fondos para el mantenimiento de su administración y sus fuerzas militares, como Paraguay, se irritaba por los controles ejercidos desde Buenos Aires sobre el comercio de la yerba mate y el tabaco. Mendoza y San Juan, también, sufrían las preferencias dadas a los vinos españoles en los mercados locales bajo el comercio libre.

La intranquilidad del interior empeoró entre 1790 y 1800. Las guerras en España y los bloqueos atlánticos perturbaban la producción y el transporte del mercurio para las minas de Potosí. Así, la producción de plata comenzó a estancarse, y mucha de ella llegaba a Buenos Aires en busca de importaciones escasas y costosas. La resultante escasez de dinero para el comercio interno obligó a recurrir a la moneda macucina desvalorizada y provocó la elevación de las tasas de interés. Así, en todo el interior, la contracción monetaria anuló todas las ventajas obtenidas de la menor competencia de las importaciones españolas.

La interrupción del comercio agravó rápidamente las tensiones políticas en Buenos Aires. En 1793, los ganaderos pidieron a las autoridades que se autorizase el comercio libre, afirmando que el comercio interamericano se usaba para importaciones ilegales de textiles británicos, que reducía el mercado para los productos españoles. Así, dado que la preocupación por las rentas públicas se constituyó en prioridad gubernamental, se permitió el comercio intercolonial, que continuó por el resto de la década.

Aún cuando la paz de Amiens devolvió las condiciones normales a Buenos Aires, los problemas comerciales continuaron, convirtiéndose en temas de debate público en el cabildo y en el consulado, y en toda clase de publicaciones locales. En el primer plano de la controversia había un grupo de intelectuales locales influidos por la ilustración y las reformas borbónicas, que patrocinó entre 1790 y 1800 toda una serie de innovaciones en el área de la agricultura y la ganadería. Su figura principal fue Manuel Belgrano, quien fue nombrado secretario del consulado y ejerció ese cargo por casi toda la década. Entre sus seguidores se encontraban Juan José Castelli y Juan Hipólito Vieytes. Todos ellos pedían el fin de todas las restricciones al comercio, la distribución de las tierras de la Corona en las pampas en propiedad privada y la creación de una marina mercante local. No obstante, el comercio libre siguió ejerciéndose de manera estricta, con el fin de proteger a los exportadores españoles y a la flota mercante española.

A fines de 1804, recomenzó la guerra entre España y Gran Bretaña. Al año, la armada española fue destruida en Trafalgar. El contacto regular entre España y el Río de la Plata fue nuevamente obstruido por los bloqueos navales y otra dura recesión comercial golpeó a Buenos Aires. En respuesta, España liberalizó el comercio libre y el comercio intercolonial se reactivó una vez más.

Sin previo aviso, a fines de 1806 la ciudad de Buenos Aires fue invadida por una fuerza naval y militar británica que barrió a la milicia española y se adueñó de la ciudad, haciendo huir al virrey Sobremonte a Córdoba. La invasión de Buenos Aires no fue planeada ni autorizada por el gobierno británico. Fue más bien un desvío de una expedición reciente contra los holandeses de Ciudad del Cabo. En Inglaterra recibieron muy bien la noticia de esta invasión ya que allí el comercio y la industria estaban padeciendo las consecuencias del control que Napoleón ejercía en casi toda Europa, lo que le impedía el acceso a los mercados europeos. La posibilidad de comercio en Hispanoamérica se presentaba como una alternativa necesaria, e inmediatamente se hicieron planes para consolidar el control enviando una segunda expedición. Los comerciantes británicos prepararon unos setenta barcos cargados de artículos para acompañarla.

Pero mientras los británicos hacían sus preparativos, la situación en Buenos Aires había cambiado. La ciudad se rebeló en masa contra la dominación inglesa y poco tiempo después el general Beresford, jefe de la fuerza terrestre, fue capturado con todos sus oficiales y soldados sobrevivientes. Ambas partes mantuvieron sus posiciones hasta el año siguiente, cuando llegó una segunda expedición británica conducida por Whitelocke. Éste entró primero a Montevideo y luego desembarcó en la orilla occidental del Plata y pronto halló una feroz resistencia.Cuando hizo marchar a sus soldados hacia las calles de la ciudad, éstos fueron abatidos por decenas de personas desde los tejados, cargadas con cañones y mosquetes capturados a la primera fuerza invasora inglesa. La rendición incondicional se hizo inevitable y Whitelocke volvió a Montevideo con el resto de sus fuerzas, dejando detrás a los comerciantes que lo habían seguido, para luego abandonar las costas del Río de la Plata para siempre.

El pueblo de Buenos Aires se enorgulleció mucho de estos sucesos, por haber superado el mayor desafío de la historia de la ciudad. Un sentimiento patriótico similar a la pasión de una cruzada religiosa suplantó a los problemas comerciales que tantos años había ocupado la atención.

Las invasiones británicas de 1806 y 1807 ultrajaron la administración española. El ejército regular había sido derrotado en dos ocasiones por los ingleses, el virrey había huido y poco después fue depuesto. Álzaga había organizado una milicia irregular y junto con Santiago de Liniers lograron lo que España no había podido. La autoridad española sobre el Río de la Plata comenzaba a transitar su camino hacia el fin.

Gobierno de J. A. Roca (1880 - 1886)

Durante el gobierno de Julio A. Roca se cumplió una gran actividad legislativa: se creó el Banco Hipotecario Nacional, se dictó la ley de Registro Civil de las Personas (1884), se aprobó la Ley Orgánica de Tribunales, los Código Penal y de Minería y se comenzó la construcción del puerto de Buenos Aires.

El comercio exterior alcanzó cifras no registradas hasta entonces.

La política ferroviaria elevó los 2.315 Km de líneas férreas existentes en 1880 a más del doble en un período de seis años.

La Ley de Territorios Nacionales (1883) incorporó al dominio de la Nación importantes regiones: Misiones, Chaco, Formosa, La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. El gobernador de la provincia de Bs. As. dotó a la misma de una nueva capital.

La libertad de cultos y la igualdad de derechos civiles estimuló la corriente inmigratoria.

La ley de Matrimonio y de Registro Civil y la exclusión de la enseñanza religiosa en las escuelas dividió a la opinión pública en clericales y anticlericales o liberales.

Gobierno de Juárez Celman (1886 -1890):

  • La crisis financiera

La prosperidad creciente despertó el afán especulativo de empresarios y particulares atraídos por las concesiones ferroviarias, el alto precio de la tierra y los juegos en la Bolsa de Comercio.

Entre los factores desencadenantes de la crisis debemos mencionar los empréstitos contratados en el exterior con vencimiento a plazo fijo, la emisión descontrolada de papel moneda, la inflación, el alza del gasto público y la deficiente balanza de pagos.

Un punto crítico durante el gobierno de Juárez Celman fue la política ferroviaria. Se autorizaron los servicios desencadenando negociados y corrupción.

El caos político, económico y social provocó la reacción de la sociedad. La agitación obrera fue cada vez más creciente y se produjeron las primeras huelgas por la depreciación de los salarios.

Gobierno de Carlos Pellegrini (1890 - 1892):

En 1890, cuando cayó el gobierno de Juárez Celman, los servicios de la deuda representaban alrededor del 60% de los valores exportados anualmente.

De todas formas el país se recuperó gracias a la venta de excelentes cosechas, carnes congeladas y refrigeradas.

Antes de que estallara la primera Guerra Mundial el oro acumulado en la Caja de Conversión garantizaría la salud monetaria del país.

La obra de gobierno de Pellegrini se orientó al ámbito económico y financiero para superar la aguda crisis que llevó a la quiebra a los bancos oficiales. El "piloto de tormentas", como se lo apodó al nuevo mandatario, reunió a hombres de empresa (estancieros, comerciantes, banqueros) para solicitarles apoyo económico concreto. De esta manera logró obtener un empréstito interno de 15.000.000 de pesos con lo que se pudo pagar un vencimiento externo.

Se creó la Caja de Conversión para afianzar la moneda. Se realizaron gestiones ante la Banca Rotchschild de Londres para que respaldara un empréstito consolidando una moratoria de tres años en favor de nuestro país.

Se reorganizaron los servicios públicos, se dictó la ley orgánica de los ferrocarriles y se nacionalizó obras sanitarias de la Capital.

Gobierno de Luis Sáenz Peña (1892 - 1895):

Luis Sáenz Peña intentó una política independiente y de mayor apertura: colocó en sus ministerios a un Cívico Nacional, Manuel Quintana y más tarde a un radical, Aristóbulo del Valle.

En las provincias se produjeron levantamientos a los que se respondió con las intervenciones federales y a nivel nacional existía la amenaza de una revolución radical. Esta difícil situación acarreó el reemplazo de Quintana por Aristóbulo del Valle como figura central del gabinete, aunque específicamente era el titular de Guerra y Marina.

Gobierno de José E. Uriburu (1895 - 1898 )

Ante la renuncia de Luis Sáenz Peña asumió la Presidencia José Evaristo Uriburu, su Vicepresidente.

En 1898 una Convención Constituyente reformó la Constitución Nacional en los siguientes aspectos:

- Elevó a ocho el número de Ministros del Poder Ejecutivo Nacional.

  • La representación de las provincias al Congreso Nacional se estableció en 1 diputado cada 33.000 habitantes y no cada 20.000 como era hasta ese momento. El Congreso determinaría, luego da cada censo, la representación pudiendo aumentar pero no disminuir la base expresada por diputado.

Se realizó el Segundo Censo Nacional el 10 de mayo de 1895 que evidenció un significativo aumento demográfico sobre el de 1869.

Segundo Gobierno de Julio Argentino Roca (1898 - 1904):

Durante su presidencia entró en vigencia la reforma constitucional que elevaba a ocho el número de Ministerios. Se incorporaron los de: Agricultura, Obras Públicas y Marina. El Departamento de Culto que dependía del Ministerio de Justicia fue anexado al de Relaciones Exteriores.

El Poder Ejecutivo presentó un proyecto al Congreso para consolidar la deuda externa. Debido a la variedad de empréstitos obtenidos en diversas condiciones, se pensaba renegociar la deuda por un plazo mayor y con menor interés. Un porcentaje de las rentas de aduana sería la garantía, cuya recaudación se aseguraría una inspección inglesa.

Al crecer la oposición al proyecto, Roca no dudo en retirarlo del Congreso y responsabilizó, para librarse de culpas, a Carlos Pellegrini quien había sido uno de los promotores de la idea (1901).

El aumento del comercio exterior produjo un crecimiento de las rentas fiscales, que en gran parte se destinaron a obras públicas:

-Extensión de vías férreas

-Construcción del Palacio del Congreso Nacional, inaugurado en 1905

-Dragado del Río de la Plata

-Habilitación del puente trasbordador sobre el Riachuelo

También se emprendieron obras en el área educativa. Se construyeron escuelas e institutos regionales de enseñanza.

En diciembre de 1901 se sancionó la ley de Servicio Militar obligatorio por iniciativa del Ministro de Guerra Pablo Ricchieri.

El 25 de julio de 1903 se inaugura el tranvía eléctrico que va desde Plaza de Mayo hasta la Boca. El nuevo medio de transporte que reemplaza a los antiguos carros tirados por caballos resulta más rápido y económico. Cambia la vida de los trabajadores que gracias a él pueden establecer su residencia más lejos del lugar de trabajo. Esto les posibilita adquirir lotes donde el precio de la tierra cuesta menos y construir su casa propia. También transforma el aspecto de la ciudad en la que el tránsito empieza a tener el ritmo y el peligro de las ciudades modernas. Asimismo el tendido de cables eléctricos modifica la fisonomía de la capital. Las cifras del censo económico de 1905 revelará que las ganancias de la compañías dedicadas a esta actividad ascienden a casi a más de 58 millones de pesos anuales. Y su existencia significa una fuente de trabajo para más de 14.000 personas.

Gobierno de Manuel Quintana (1904 - 1906):

En 1904, para dar mayor impulso a la actividad agrícola, el gobierno decide estatizar en su totalidad el paquete accionario del Banco de la Nación Argentina.

En 1905, los embarques a Inglaterra de carne producida en los frigoríficos nacionales superan a los de los Estados Unidos. Todos los indicadores económicos revelan que existe en el país una excelente coyuntura económica. La red ferroviaria crece en todo el país, la producción agrícola se desarrolla en forma sostenida, el flujo de inmigrantes no cesa y los resultados de la incorporación de mejoras en la producción ganadera y en el proceso de faenamiento alcanza rápidos resultados exitosos. Las estadísticas reflejan claramente esta consolidación del crecimiento económico del país. Las exportaciones de trigo, que en 1900 llegaban a 1.929 toneladas, alcanzan en 1905 las 2.868 toneladas. Las de maíz pasan de 713 toneladas en 1900, a 2.222 en 1905. Y las de lino, de 223 toneladas en 1900, a 650 en 1905. Otras fuentes estadísticas, registran que las exportaciones de carne, que en 1900 alcanzaron los 2 millones y medio de pesos oro, llegan en 1905 a 15,2 millones medidos en la misma moneda. Las exportaciones totales del país, que en 1900 alcanzaron 49,1 millones de libras, crecen hasta 76,8 millones de libras en el ejercicio de 1905. Mientras tanto, la población aumentó de 4,6 millones de habitantes en 1900 a 5,2 millones en 1905. Y por último, el tendido de vías de la red ferroviaria que alcanzaba 16.767 kilómetros en 1900, llega en 1905 a 19.682 kilómetros.

  • Reabre sus puertas el Banco Provincia de Bs. As.

El 1° de junio de 1906 reabre sus puertas el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Esta entidad había dejado de funcionar en 1890, debido a la crisis financiera que se produjo en el país. La entidad se convertirá, en unos años más, en una institución financiera poderosa que se vinculará estrechamente con el desarrollo del comercio, la ganadería y la industria bonaerense. Ejemplo del desarrollo industrial de la zona es el establecimiento, durante este mismo año, de la fábrica de envases Rigolleau en la ciudad de Berazategui, que se instala básicamente para abastecer de botellas de vidrio a la fábrica de cerveza Quilmes, otra industria floreciente del momento.

  • Record de inmigrantes:

En 1906 se cuadruplica el número de inmigrantes respecto de los ingresados en 1900. La cifra marca un récord para la década: ingresan en el año un total de 302.000, lo que en el balance general de población deja un saldo de 198.300 nuevos habitantes producto básicamente de la inmigración. Esa es la cifra del record. De los 302.000 recién llegados, los dos sectores más importantes son los 48.000 españoles y los 107.000 italianos. De éstos, la cuarta parte son sicilianos. La población del país, que es de 2.500.000 habitantes en 1881, se eleva a 4.600.000 en 1900. Ya en 1905, es de 5.200.000.

Gobierno de José Figueroa Alcorta (1906 - 1910)

El año 1907 bate el récord de huelgas. La celebración del 1° de mayo es fuertemente reprimida. Y la actividad de socialistas y anarquistas pone a los sectores trabajadores en pie de guerra permanente. Desde el "Régimen" la respuesta es dura. La más llamativa de las huelgas es la que se conocerá para siempre como "huelga de inquilinos" o "huelga de conventillos". De marcada inspiración anarquista, su objetivo fue lograr una rebaja en los alquileres del 30%, además de una serie de mejoras en las condiciones contractuales y de calidad de vida. Los propietarios responden a la falta de pago de alquileres solicitando los desalojos por vía legal.

  • Censo industrial y producción récord de trigo.

Los índices del crecimiento económico no cesan de dar valores en aumento. En 1908 la producción nacional de trigo alcanza la cifra récord de 5,2 millones de toneladas, la cual es exportada en un 70 por ciento. También se realiza un censo industrial que arroja signos de expansión en todas las actividades. En todo el país se cuentan 31.966 establecimientos fabriles y manufactureros. La mano de obra en ellos alcanza la cifra de 292.893 obreros. Las fábricas más importantes se encuentran en Buenos Aires y Rosario y predominan los establecimientos de productos alimenticios y bebidas. Empieza a desarrollarse la industria de la confección. En estos rubros, la manufactura nacional prácticamente borra del mercado a los productos importados. La industria vitivinícola cuenta con 3.409 fábricas, la azucarera, con 37 ingenios. La primera ocupa a 45.776 personas y la segunda, a 38.311. Las fábricas de cerveza son 29 y elaboran unos 80 millones de litros anuales . Algunas de ellas, como la Quilmes, figuran entre las más importantes del mundo. Su competidora, la Bieckert, traslada su fábrica a la localidad de Llavallol, al sur de la ciudad de Buenos Aires. Los molinos harineros instalados en el país son 250 y en 1908 producen 700.000 toneladas de harina, de las cuales 128.000 se destinan a la exportación que va en su totalidad al Brasil.

  • Expansión ferroviaria

En 1909 se construye el ferrocarril al Paraguay. También se abre el túnel trasandino que une a la Argentina con Chile, por el cual en 1910 pasará el Ferrocarril Pacífico. Con el trazado de estas líneas prácticamente se completa el desarrollo de la red de vías que cubre la mayor parte del territorio nacional. Durante los últimos tres años en que está al frente del gobierno el presidente José Figueroa Alcorta, esta red ferroviaria aumenta en 7.000 km. De los 20.653 km de vías que había tendidos en 1906, se pasa ese año a una extensión de 27.715 km. El capital con el que cuentan las empresas ferroviarias se modifica de 695.301.620 pesos oro en el año en que asumió Figueroa Alcorta a 898.900.000 pesos oro declarados al 30 de junio de 1909. De esta cifra, 799.600.000 pesos oro pertenecen a compañías privadas y 99.300.000 al Estado.

Se calcula en nuestro país una población aproximada de 270 habitantes, por cada kilómetro de vías extendidas, mientras kilómetros de vías extendidas 26.684 pertenecen a líneas de interés general y 454 km son de interés privado. De las primeras, 22.998 km son propiedad de compañías particulares y 3.686 pertenecen al Estado. Ningún otro país de América cuenta en ese momento con una red semejante, que abarca extensiones enormes. Llega hasta La Quiaca, en la frontera con Bolivia, hasta Neuquén en la Patagonia y también a San Rafael, Mendoza y, la construida ese año alcanza la ciudad de Posadas, en Misiones, desde do que Francia cuenta con 850, Alemania con 1.000 y Gran Bretaña con 1.100.

Gobierno de Roque Sáenz Peña (1910 - 1914)

  • La Ley Sáenz Peña (1912)

Roque Sáenz Peña ni bien asumió la presidencia, en su primer mensaje ante el Congreso Nacional, manifestó sus ideas sobre el sufragio libre, obra que se proponía concretar.

La Reforma Electoral, requería una Ley de Enrolamiento General de los ciudadanos nativos y naturalizados y la confección de un nuevo padrón electoral.

El proyecto de Ley electoral estuvo listo a fines de 1910 y fue aprobado luego de arduos debates. La Ley Sáenz Peña, puesta en vigencia en 1912, establecía:

- Voto secreto, libre, individual, obligatorio.

- Sistema de lista incompleta: la mayoría obtenía 2/3 de los cargos y el tercio restante lo ocuparía la primera minoría.

Los partidos políticos, como consecuencia de la Ley Sáenz Peña, tuvieron que reorganizarse: revisar sus Cartas Orgánicas, crear centros seccionales o comités, convocar a convenciones o congresos y elaborar plataformas electorales.

  • El Grito de Alcorta

El 25 de junio de 1912 la Sociedad Italiana de Alcorta declaró una huelga de arrendatarios que se extendió a la zona sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires.

Se levantaron en defensa de sus intereses ante la baja de los precios de los granos, no pudiendo afrontar los arrendamientos.

Los terratenientes después de un mes y medio cedieron ante la fuerza movilizada por los chacareros.

Gobierno de Victorino de la Plaza (1914 -1916)

Durante el gobierno de Victorino de la Plaza se aprobaron las leyes de: accidentes de trabajo; inembargabilidad de sueldos, jubilaciones y pensiones de empleados ferroviarios y la de creación de la Caja Nacional de Ahorro Postal.

  • Argentina y la Primera Guerra Mundial

Con el estallido del conflicto bélico entre las grandes potencias se modifica sustancialmente el panorama económico nacional. La guerra en Europa afecta el desarrollo de todas las actividades y plantea la necesidad de enfrentar situaciones inéditas hasta el momento. Las industrias alimentarías, sobre todo las que se dedican a la manufactura de carnes enlatadas, reciben una gran demanda para abastecer a los soldados en el frente. También, con la merma de productos que antes eran provistos por la industria europea y estadounidense es preciso desarrollar aceleradamente muchas actividades industriales que hasta el momento no se realizaban en el país. De esta manera, la estructura fundamentalmente agropecuaria de la Argentina se ve modificada por un importante aumento del peso de la industria en la estructura económica. Además, el gobierno central crea la Dirección Nacional de Industrias. Otro factor que varía es el flujo de la inmigración, que cesa bruscamente y hasta se revierte, debido a los grandes contingentes de ciudadanos o hijos de ciudadanos de los países en guerra que vuelven a su tierra para combatir en el frente de batalla. Ese año, por primera vez desde 1891, el saldo migratorio resulta negativo. La guerra submarina interrumpe de hecho las comunicaciones comerciales regulares y paraliza el tráfico internacional. Y puesto que el gobierno no puede evitar el retiro masivo de oro hecho por los Estados beligerantes se producen graves problemas fiscales. A este sombrío panorama se suma una mala cosecha que acentúa aún más la crisis. Se deben tomar medidas de urgencia: el gobierno cierra la Caja de Conversión, establece una moratoria para las deudas privadas y prohíbe la exportación de trigo, harina y carbón de piedra.

En 1915 se acentúa llamativamente la inversión de capitales provenientes de los Estados Unidos. La empresa Armour termina la construcción de su frigorífico en la localidad de Berisso. También se instala en el país Otis Elevator, compañía dedicada a la fabricación de ascensores. También llegan agentes comerciales y de colonización. La Kodak abre filiales y las empresas dedicadas a la industria farmacéutica como los laboratorios Merck y Parke Davis, hacen lo mismo. Esta última rama de la industria encuentra en nuestro país, alejado del flagelo bélico, la posibilidad de establecer una base de operaciones para la fabricación y desarrollo de especialidades medicinales que no es posible elaborar en medio de la contienda mundial. También influye en este proceso el mercado existente que se ve privado de la producción de drogas y productos medicinales que llegan de Europa y que significa una interesante fuente de consumidores. Esta situación genera colateralmente las posibilidades de que productores locales fabriquen algunos medicamentos. Será la base de nuestra futura industria farmacéutica, una de las más desarrolladas de la actividad económica local.

Gobierno de Hipólito Irigoyen (1916 - 1922)

Durante la primera presidencia de Hipólito Irigoyen al final de su mandato (1922) se creó Y.P.F. (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) destinado a promover la explotación petrolera y dependiente del Ministerio de Agricultura, aunque su crecimiento se produjo durante la Presidencia de Alvear.

Las dificultades comerciales generadas por la Primera Guerra Mundial inspiraron un proyecto para crear una Flota Mercante Nacional. Su aprobación se demoró un tiempo porque fue obstaculizada en el Congreso.

Firmó convenios con Inglaterra, Francia e Italia para la comercialización de granos; en aquellos el Estado argentino fijaba los precios de los cereales vendidos.

Se sancionaros leyes laborales sobre: jubilación en empresas privadas, contratos colectivos de trabajos y salarios.

En 1920 comenzó la construcción del Ferrocarril Trasandino que uniría a la Puna con Chile, permitiendo al Noroeste argentino la comunicación con el Pacífico.

  • La reactivación de 1917

En 1917 se producen los primeros signos de reactivación tras la crisis económica que se desató en 1913. Esta crisis trajo aparejado un aumento de la desocupación, la baja en las exportaciones y un aumento de la inflación. El alivio se traduce ahora en el crecimiento de las exportaciones. Las encabezan, lógicamente, la producción de carne enlatada para alimentar a los soldados europeos en el frente de la Primera Guerra Mundial. Ocurre lo mismo con los textiles, para la confección de abrigos y frazadas. Esto hace subir la producción de lana y de algodón. La desocupación se retrae debido a la instalación de empresas extranjeras que crean fuentes de trabajo. Entre ellas figuran las estadounidenses International Bank of Boston, National Lead y Ford, cuyo crecimiento vertiginoso en la producción de automotores se dará a partir del 1920. Esta reactivación de la economía, paradójicamente, no trae tranquilidad al gobierno de Hipólito Irigoyen. Al comprobar mejores condiciones en los beneficios de sus empleadores, los obreros reclaman por una porción mayor en el reparto de la riqueza. Una ola de huelgas recorre el país y obliga a Irigoyen a mediar en numerosos conflictos.

  • Conflictos sociales:

En esta nueva etapa se produjeron numerosas huelgas, el año 1919 fue muy significativo en este aspecto.

El Presidente desempeñó un rol conciliador ante los conflictos sociales.

Las protestas fueron alentados por la difusión de las ideas socialistas y anarquistas, el mayor desarrollo sindical, la influencia de ciertos hechos internacionales revolucionarios (la Revolución bolchevique en Rusia y la Mexicana) y el aumento del costo de vida como consecuencia de la Primera Guerra Mundial.

  • Conflicto en Patagonia

A fines de 1920 se originó una huelga en Río Gallegos (provincia de Santa Cruz) en reclamo de mejoras a las condiciones de trabajador rural.

Se produjeron actos de violencia entre los manifestantes y la policía .

El gobierno nacional envió como mediador al Teniente Coronel Héctor Varela, pero un grupo no aceptó las condiciones y reinició la huelga.

En agosto de 1821 se declaró huelga general en el territorio. Se tomaron rehenes y se incendiaron estancias.

La liga Patriótica Argentina actuó como grupo de choque contra los manifestantes. El gobierno envió nuevamente a Varela, quien realizó una férrea represión.

Gobierno de Marcelo T. de Alvear (1922 - 1928):

Llegó a la presidencia cuando finalizaba la crisis mundial de posguerra, lo cual le permitió mejorar la economía y las finanzas sin mayores contratiempos.

Impulsó el crecimiento de YPF con el objetivo de alcanzar el auto abastecimiento, vital para el desarrollo autónomo del país y promovió medidas tendientes a disminuir la competencia de empresas extranjeras. En 1924 se promulgaron los primeros decretos que restringían las concesiones de exploración, delimitaban posibles zonas productivas y fijaban los plazos de vencimiento para efectuar exploraciones.

Desde el ministerio de Guerra, al frente del cual estaba el coronel Agustín P. Justo, se renovó el material bélico, se dispuso la creación de la primera fábrica de aviones con sede en Córdoba, se instaló la base de submarinos en Mar del Plata y se renovaron unidades de la flota de guerra.

En materia de obras públicas se inició la construcción de los ministerios de Hacienda, Obras Públicas, Guerra y Marina, el edificio del Banco Nación y las destilerías de petróleo de la Plata.

Durante su presidencia y con motivo de la finalización de la guerra se reactivó el flujo de inmigración hacia nuestro país. Desde 1924 a 1929 entraron al país casi dos millones de personas y quedaron radicados en el país 650.000 inmigrantes.

Se sancionaron leyes de previsión social, ellas fueron: la 11371 (año 1924) que reglamentó el trabajo de menores, la 11278 (1925) que reglamentó el pago de salarios. En 1923 se aprobó la ley 11289, que fue un avance hacia la jubilación universal y obligatoria aunque la Unión Industrial consiguió anularla en 1925 aduciendo lo costoso que resultaría a los industriales su aplicación. El movimiento obrero también renegó de ella, no querían que se descontara de sus salarios el 5% correspondiente a los aportes obreros.

En agosto de 1927 se creó la Caja de Conversión permitiendo la instalación del Patrón de Oro, para beneplácito de las bancas internacionales y de la opinión general.

La balanza comercial fue favorable. No se estimuló el desarrollo industrial aunque aumentaron las inversiones extranjeras, alemanas y norteamericanas estableciéndose la Standard Oíl, Standard Electric, Westinhouse y general Motors entre otras.

Segundo gobierno de Hipólito Irigoyen (1928 - 1930):

  • Préstamos para modernizar el agro.

Según los datos estadísticos de 1928, el número de tractores con que se cuenta para las tareas agrícolas supera los 8.000. Fruto de la difusión de la era del petróleo este tipo de maquinarias con motor a explosión se hace cada vez más común en el campo. En lo referente a otro tipo de maquinarias, como las trilladoras y desgranadoras, todavía predomina el uso de las que funcionan a vapor. Estas tienen la ventaja de la economía de combustible, debido a que funcionan con la paja, los marlos y otros residuos de la trilla y el desgrane. La adquisición de maquinaria moderna por parte de los productores se da gracias a la ley 10.676 por la cual se autoriza al Banco Hipotecario Nacional a conceder préstamos a los agricultores por el 80 % del valor de las tierras que trabajan. La preocupación del gobierno durante este período es mantener los índices de exportación agropecuaria que sufre peligro de contraerse. Para ello el 21 de febrero del año próximo, 1929, dictará un decreto por el cual se rebajan las tarifas de embarque de cereales en el puerto de Rosario.

  • Crisis económica de 1929:

La crisis económica y financiera se inició con el crack de la Bolsa de Wall Street el 29 de octubre de 1929.

Provocó en Europa y Estados Unidos la quiebra de numerosas entidades financieras. En la Argentina no se llegó a la quiebra de bancos pero sí de numerosos comercios e industrias.

Quiebras (en millones de pesos):

1928......................................147.40

1929......................................164.90

1930......................................226.20

1931......................................365.40

1932......................................278.00

Se paralizó la construcción, disminuyeron las ventas, bajaron los valores inmobiliarios y aumentó de manera alarmante la desocupación.

Otro elemento que acentuó los efectos en nuestro país fue el deterioro de nuestra balanza comercial. Argentina exportaba exclusivamente productos agropecuarios e importaba manufacturas, mientras los primeros perdían valor los segundos aumentaban vertiginosamente.

La gravedad de la crisis fue tal, que obligó a los países centrales a cambiar las reglas de intercambio. Europa y Estados Unidos impusieron fuertes medidas proteccionistas trabando las exportaciones para estimular así su producción local, evitar la salida de divisas y ocupar más trabajadores. También empezaron a retirar oro y dólares de nuestro país. El método era sencillo, obtenían prestamos bancarios a bajo interés para comprar aquí dólares y oro que luego transferían a Nueva York, salieron así 200 millones de pesos oro (equivalentes a las inversiones norteamericanas durante 1927 y 1928).

Para impedirlo Irigoyen cerró la Caja de Conversión, impidiendo la salida de oro del país. también colocó títulos públicos en el sistema bancario y autorizó el cambio de papeles comerciales por billetes. Esto provocó la crítica de la oposición que consideró excesivas las medidas adoptadas.

A fines de 1929 llegó a Buenos Aires la misión D'Abernon para tramitar la firma de un convenio recíproco de créditos con Gran Bretaña. Ambos países abrieron líneas de créditos por la suma de 100 millones de pesos cada uno durante dos años. Argentina adquirió material ferroviario y Gran Bretaña productos agropecuarios.

En materia de salud pública se creó el Ministerio de Salud Pública, el Instituto de Nutrición y se otorgaron varias subvenciones para investigaciones médicas.

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