Aquiles en el Gineceo; Javier Gomá Lazón

Literatura española contemporánea. Siglo XX. Narrativa. Novela. Mitología griega. Héroes. Aquiles. Contexto laboral y doméstico. Inconformismo

  • Enviado por: Guillebetico
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Trabajo de ampliación: Aquiles en el gineceo

*Aprender a ser mortal

En esta introducción al libro se cuenta como a través de la observación del cuadro Aquiles descubierto por Ulises de Rubens y Van Dyck. El autor va a ir estructurando el libro a partir de la recreación de la vida de Aquiles.

Se parte entonces de la observación de dicho cuadro, tema de este primer apartado. El cuadro nos muestra la imagen de Aquiles cuando todavía es adolescente, vestido como una doncella, rodeado de mujeres y frente a dos griegos, uno de ellos Ulises. Dicho esto, el autor nos describe el mito de Aquiles.

El mito cuenta que Tetis, madre de Aquiles es avisada de que aunque su hijo por ser hijo de una diosa era inmortal, estaría expuesto a la muerte si participaba en la guerra de Troya. Ahora bien los griegos estaban muy interesados en la participación de Aquiles en esta guerra, ya que según el oráculo esta sería la única forma de obtener la victoria. La diosa preocupada solo de la vida de su hijo, decide esconderlo en el gineceo de la corte de Licomedes en Esciros. Allí pasará su adolescencia Aquiles meditando sobre el dilema de su destino: vida corta con gloria o vida larga sin ella. Al final, Aquiles tras la visita de Ulises decide partir rumbo a Troya para contribuir a la victoria de la polis y obtener la gloria, pero por ello deberá morir como un hombre más y además morir joven. Aquí sería interesante proponer una pregunta a este dilema ¿por qué Aquiles decide partir rumbo a Troya renunciando a su condición de inmortal para morir como uno más? Su respuesta habrá que desarrollarla y se descubrirá mas adelante.

Ulises descubre donde se encuentra el joven y va a buscarlo para llevarlo a la guerra de Troya, pero para entrar en el gineceo se disfraza de mercader y extiende unas alhajas. Con ello distrae la atención de las mujeres y hace sonar una trompeta llamando a Aquiles a la guerra. Este en un momento de ardor bélico desenvaina su espada descubriendo su identidad y decidiendo su futuro como ser de vida corta con gloria. Este momento exacto es el que recoge el cuadro. Deidamía mujer de Aquiles que aparece embarazada comprende el destino de este y su final.

El libro es un combinación de dos materias: en primer lugar, la descripción del progreso de Aquiles desde el estadio estético y subjetivo hasta el estadio ético y objetivo; y en segundo lugar el análisis ontológico y existencial sobre el ser finito del hombre. Conjugamos aquí el Emilio de Rosseau con Ser y tiempo de Heidegger. Hay que decir en relación con esto, “que es en la polis, en las instituciones objetivas de la eticidad que ella crea, en la experiencia de todo ciudadano de ser trabajador por cuenta ajena, en la previa aceptación de los frutos que uno produce, incluso los hijos y las obras más personales y primero y sobre todo, en la conciencia de ser total y absolutamente prescindible en este sistema social hasta llegar a ser, al final, sustituido, en todo complejo de experiencias el yo aprehende su propia mortalidad mucho más eficazmente que la prolongación de la tendencia adolescente a las más monótona autodivinización”. Este párrafo enlaza las dos materias dichas anteriormente se mencionan de la teoría de los estadios y nos habla también de la finitud del hombre.

Primera parte

*Aquiles en el gineceo

I. Virtus generalis

Aquiles, según dice la Ilíada es el prototipo de excelencia humana vigente durante la premodernidad. En la Estética de Hegel, este define a los héroes como “los individuos que a partir de la autonomía y fuerza de carácter asumen en sí el todo de la acción, su individualidad poderosa es ley para sí misma. Derecho, orden y costumbre emanan de ellos y se realizan efectivamente como una obra individual, sin estar sometida a una ley, a un juicio y a un tribunal trascendentes”.

Estos héroes son poseedores de esa virtus generalis que se conoce como excelencia. Decimos que excelencia es una conjunción en una persona de los bienes corrientes de la vida, dones naturales, virtudes intelectuales y morales, fortuna social.

Esta acumulación de características sobre los héroes que hemos hecho en estas líneas desde el de la Ilianda hasta las del virtus generalis. Están en completa conjunción con el hecho del areté del sujeto que hemos estudiado en clase. Hay que decir entonces que el areté del sujeto es el presupuesto de sujeto que se sustenta en educar a las generaciones para que lleguen a héroes, esta idea queda reflejada en la Paidea de Jeigel. Por consiguiente Aquiles es este héroe (areté del sujeto) y por ello es poseedor de esa virtus generalis (excelencia). Platón en este punto dice que por naturaleza hay prototipos de héroe como es Aquiles y prototipos que no. Tiene un punto de vista elitista, el hombre por naturaleza es el héroe los demás son deformaciones.

El héroe que ejemplifica ese ideal es para Hegel, Aquiles, del cual dice que es el héroe más joven pero su fuerza juvenil no le impide reunir las restantes cualidades auténticamente humanas. Esta afirmación lo que quiere resaltar es que a Aquiles no le influye la edad, y que no por ser joven va a reunir menos cualidades que otro héroe de más edad. Digamos entonces que es consciente de sus actos y que los va desempeñando para alcanzar la gloria, ya que el sabe que su muerte llegará pronto.

También Aristóteles habla de Aquiles y de él dice que: “Aquiles es la más alta expresión del hombre magnánimo, lo que equivale al hombre de acción más virtuoso”. En su Ética a Nicómaco califica al magnánimo como “el mejor de todos” y a la magnanimidad como “la grandeza de todas las virtudes”. Partiendo de esto, podemos decir que Aquiles es el mejor de todos y el héroe con todas las virtudes. Por consiguiente Aquiles es el prototipo de héroe, al que todos ansían llegar para poder ser como él. Se podría establecer entonces un símil con la idea de Sócrates narrada en la República de Platón del filósofo-rey, el cual conoce la Idea del bien y todos lo siguen porque es el mejor en ese campo y el que debe conducir a los demás, al igual que Aquiles sería el mejor de los héroes.

Aristóteles argumenta que una de las causas de su magnanimidad es su juventud dado que al no haber sido todavía heridos por la vida carecen de experiencia de lo necesario. Esta magnanimidad se ve en su punto álgido cuando Aquiles se ve enfrentado al dilema y decide arriesgar su vida para ayudar a la polis y convertirse en un virtuoso al experimentar prematuramente la “bella muerte” del guerrero joven.

II. El mejor de los aqueos.

Conocemos a Aquiles principalmente por ser el protagonista de la Íliada, pero en esta obra se presentan únicamente las grandes hazañas de Aquiles, y no cuenta su muerte anunciada en el dilema. En la Íliada Aquiles es “el mejor de los aqueos”, tal excelencia en Aquiles reside en que reúne en su persona todas las virtudes en sentido griego. Aquiles destaca en las dos esferas del mundo antiguo: la batalla y la asamblea, las armas y la palabra.

Por lo que hay que decir, en relación con las ideas Platón, que los ideales en este caso de héroes no pertenecen al mundo físico. Pero en el caso de Aquiles se encontraría muy cerca de ese ideal de héroe y según la Íliada llegaría a serlo ya que reúne todas las virtudes.

Ya hemos dicho que la obra no trata su vida y deja de lado actos vengativos como el asesinato inútil de doce troyanos o la profanación del cadáver de Héctor. Pero Aquiles es solo un hombre ya que su punto débil se halla en su talón. Cuando marcha a Troya, Aquiles era solo un joven inexperto pero nueve años más tarde cuando se escribe la Íliada es ya un maestro en la palabra y cosecha ya muchas hazañas.

El dilema de Aquiles

La diosa Tetis reveló a Aquiles lo que el hado le había dicho: “Si me quedo a combatir en torno de la ciudad troyana, no volveré a la patria pero mi gloria será inmortal; si regreso, perderé la ínclita fama, pero mi vida será larga, pues la muerte no me sorprenderá tan pronto”.

Aquiles entonces puede optar por el regreso o por la fama. Si opta por lo primero, volverá con su mujer y verá crecer a su hijo Neoptólemo. Si opta por lo segundo, llevará a los griegos a la victoria, pero morirá joven en la batalla.

La Íliada narra la escena del dilema y también como por la situación desesperada Patroclo entra en batalla disfrazado de Aquiles, pero este muere. Este hecho llena de cólera a Aquiles y sale a la batalla en busca de venganza por la muerte de su amigo. Entró en combate movido por la cólera y la venganza (pasiones humanas) y permaneció en Troya por el deseo de ser el mejor de los aqueos.

Los anuncios su próxima muerte aparecen, cuando su caballo Janto adquiere el don de la palabra y de la profecía, y en las últimas palabras de Héctor. Ello lo único que hacen es corroborar en su trágica decisión a Aquiles.

Hay en el desarrollo de estos hechos una clara concordancia con el alma irascible presente en la relación ética del mundo de las ideas con el mundo material, de Platón. Esta alma irascible es la que posee Aquiles, la cual se define como la fuente de los impulsos nobles o heroicos, los propios del valor y del coraje (muerte de su amigo Patroclo), que conducen al ser humano a arrostrar los peligros para medirse a sí mismo en la aventura (entrada en la batalla) y para defender a los miembros de las polis (victoria contra los troyanos). Cuando predomina el alma irascible (hecho de que se decante a luchar en el dilema), la actividad más apropiada es la defensa de las polis y la virtud somete los apetitos, la fortaleza (virtud de Aquiles).

La tradición de Esciros

Se conoce que salvo la excepción de los talones, Aquiles es invulnerable como un Dios. Tetis intenta asegurar la inmortalidad de su hijo de dos formas. Primero pasó por el fuego a Aquiles recién nacido, y después bañó a su hijo en el río Éstige, cuyas aguas tenían la propiedad de hacer invulnerables a quienes se sumergían en ellas. Fue confiado al centauro Quirón, quien le inculcó el amor a las virtudes heroicas.

Ulises había sabido por mediación del adivino Calcante que Troya no podría ser tomada sin la ayuda de Aquiles. Por lo que visita el gineceo disfrazado de mercader y hace sonar una trompeta. Entonces el ardor bélico de Aquiles, hace que se desprenda de su vestido y pide armas. Este instinto guerrero le hace olvidar el mandato de sus padres y el amor de su mujer, solo Troya palpita en su pecho.

Vemos otro rasgo singular de la idea del alma irascible de Platón en este capítulo que no se ha mencionado en el anterior. Y es que, ese ardor bélico de Aquiles, le palpita en su pecho por la defensa de la polis. Vemos aquí como el alma irascible se aloja en el pecho, al igual que dijo Platón.

III. Disfrazado entre mujeres

Aquiles se encuentra ante un dilema existencial-metafísico, dado que la decisión que toma a partir de la reflexión determinará su vida en el futuro, si morirá joven o tardará más en morir. Sócrates se encontraría ante esta situación siglos después a Aquiles, al ser acusado de corromper a la juventud. Tiene la oportunidad de escapar o de afrontar el juicio y ser juzgado injustamente y morir por ello, Sócrates decidió lo segundo.

Pero adentrándonos más en la vida de Aquiles en el gineceo. Decimos que vive con doncellas dedicadas a pasatiempos inocentes, aunque él sabe que algún día vendrán a buscarlo las naves griegas y por ello a diario mira en el mar por si se acercan. Hay dos momentos en su adolescencia: el gineceo y las naves que se acercan. La experiencia fundamental donde encontrará su destino pero mientras tanto permanece como un dios en el gineceo.

Deidamía o el amor

Aquiles pasó un largo tiempo en Esciros, donde conoció el amor de la hija del rey Deidamía. Aquiles va entrando sin sentirlo es la esfera del tiempo, en lo que nace y se corrompe. Adquiere una de las características que Platón englobaría en el mundo físico, el ser es finito, se genera y destruye. Si Aquiles es capaz de amar a una mujer que morirá algún día, él esta más cerca de morir a favor de la polis.

Vemos en este apartado como Aquiles ha adquirido su opción a favor de la finitud, característica del mundo de las ideas. Durante el desarrollo del libro, irá adquiriendo otras como la mutabilidad tanto física como psicológica, en el paso de un estadio a otro. También Aquiles es particular ya que el es como es con todas sus virtudes y sus pocos defectos. Además es ininteligible, ya que en el habita un misterio que nadie puede conocer, solo el mismo puede llegar a ello por su condición humana.

Se acercan las naves

Para la mentalidad de la antigüedad, ningún honor se puede comparar al de la dedicación a los asuntos públicos y Troya es un acontecimiento sin igual en la vida de Aquiles. Por lo que para él ir a Troya, supone participar en la gran experiencia griega y permanecer en Esciros sería permanecer en lo meramente íntimo-estético.

Pero ya es la hora de que Aquiles sea mayor de edad y evolucionar “en términos metafísicos, de un estado de plenitud estéril de la representación del ser hacia la productiva vaciedad la experiencia del ser”. Por lo que, nuestro héroe asumirá su destino a favor de la polis y será como un hombre más en el campo de batalla.

Imposible tomar Troya sin él

A Aquiles se le presenta una gran responsabilidad en este momento. Nadie le obliga a embarcar rumbo a Troya pero su condición de ciudadano de la polis y su deber, para él esta por encima del amor a su hijo y su mujer. Ya que la colaboración de Aquiles es insustituible, debe primar su deber en su comunidad por encima de sus peculiaridades vitales (mujer, hijo, bienes). Este concepto se encuentra en las tesis de Platón, la cual expone que el deber de uno mismo en la polis es más importante que cualquier otro hecho. Esta exposición se lleva a cabo para la perdurabilidad de la polis y la buena armonía entre los ciudadanos.

La gloria prometida

En medio de su viaje se da cuenta de que no hay ideal fuera de la polis y será el mejor de los aqueos quien de la victoria contra Troya, su máximo enemigo. También sabe que su decisión es irrevocable, es imposible el regreso porque se ha enamorado de la grandeza de su destino, con más ganas si cabe por ser un joven inexperto. La gloria prometida, es el ejemplo de su virtud en la conciencia de los hombres, trasmitida de generación en generación.

La organización del recuerdo

“¿Qué es la vida del hombre sino su obstinación por cincelar con la materia del tiempo la efigie su ejemplo futuro, por el que será recordado entre sus semejantes?”. La experiencia de la vida, es quién se esfuerza por realizar su ser en el devenir y en su aspiración de felicidad. La experiencia de la vida en Aquiles es aceptar morir mucho más que el hecho de morir joven.

Por la experiencia de su vida a favor del polis sus semejantes, lo conmemorarán tras su muerte, con la construcción de un monumento conmemorativo donde los ciudadanos se reúnen para animar a dejar el gineceo y encontrar su peculiar camino hacia Troya (experiencia de la vida).

El dilema entra en la historia

El mito de Aquiles y su dilema estuvieron presente en la educación griega como modelo del ideal heroico. Orientando la educación, en la búsqueda del areté del sujeto, del cual ya hemos hablado.

El dilema entra en la historia de la mano de Sócrates. Sócrates comparece ante el tribunal ateniense expone los argumentos de su apología. Expresa que muchas veces arriesgó su vida por la polis luchando como hoplita y no abandonó su posición. ¿Cómo ahora va ha abandonar su posición de vivir filosofando para enseñar a la juventud? Por ello sigue su destino con el riesgo de ser condenado. Es condenado pero tiene la posibilidad de huir, al igual que Aquiles que retirado de la pelea puede regresar a Ptía. Sócrates afronta su destino y cumpliendo su destino aunque este le sea injusto no es correcto responder con otra injusticia.

*Estadios en el camino de la vida

El mito de Aquiles se centra en dos momentos de su vida, la adolescencia y la edad madura. Desde la teoría de Kierkegaard sobre los estadios en el camino de la vida, atribuiríamos la estancia de Aquiles en el gineceo con el estadio estético y las hazañas en Troya con el estadio ético.

En el ensayo de Kierkegaard, padre de la filosofía existencialista y otros autores que también ha tratado sobre ello como Heidegger y Ortega y Gasset. Se expone que la mortalidad en la polis es política y el sujeto la asume como su verdadero destino finito, es el ciudadano el heredero del héroe que elige una vida breve a favor de la polis. Se ha desarrollado una sucesión de estadios existenciales en la vida del hombre.

En Aquiles, se ve como en su adolescencia se siente un sujeto único y al pasar a la edad madura sigue siendo único pero también es fungible en el cumplimiento del deber. Estos dos momentos descritos, conforman la experiencia de la vida.

Estadio estético

En la adolescencia, Aquiles vive protegido de todo peligro en el gineceo. Él, se siente seguro y protegido como parte natural del cosmos. Por lo que se encuentra en un estadio de la subjetividad adolescente. Aquiles disfruta de la ociosidad del lugar, exento de compromisos y con una personalidad sin límites y totalmente libre. En este estadio el joven aspira a hacer de su vida una obra de arte. Aquiles no saldría del gineceo para convertirse en un guerrero más. Lo cual no tiene sentido sería derrochar su destino. Solo el ideal de la perfección humana y su glorificación motiva su conciencia.

Al embarcar para Troya, surge la pregunta que ya formulara Kant: ¿qué nos cabe esperar? el joven al carecer de experiencia, puede agrupar todas las posibilidades de lo humano en ese destino. El futuro es incierto y su única posesión es su vida. ¿Cómo será esta? observa a los demás hombres, adultos y ancianos, y ve en su juventud inexperta una lucidez tan intensa que el joven con frecuencia se siente viejo; que lo sabe todo sin necesidad de haberlo vivido.

Ha empezado entonces un proceso, en la que el tránsito de la cosa a su idea, se realiza en cuatro etapas, y es la dialéctica de Platón dentro del campo de la gnoseología. Se observa, como el joven en la primera pregunta imagina (eikasía) como será su futuro y sus posibilidades para afrontarlo. En la segunda pregunta observa a los demás y cree (pistis) en sus posibilidades (juventud y lucidez), ya que como su percepción del destino es confusa recae sobre los objetos del mundo físico. Estos dos peldaños configuran la opinión (doxa) y son llevados a cabo desde un punto de vista subjetivo (estadio estético).

Hay que añadir que al principio el joven rechaza participar de la empresa griega en beneficio de su propio yo, al sentirse casi un niño-dios, pero finalmente el joven cae en la cuenta de la importancia del hecho y llega a una lucidez extrema. Este momento de confusión es lo que Tonio Kröger denominaría náuseas del saber.

Al haber hablado de la dialéctica de Platón, en el libro se menciona la palabra eros que es una parte fundamental de cada ser, que nos llevará a completar esa escalera gnoseológica. “No es todavía amor en su forma ética, sino ese eros pasional que nos introduce dichosamente en la esfera de la experiencia y que despierta en nosotros un desesperado apetito de finitud”.

“En la economía de los estadios, el eros funciona como partera que asiste al sujeto en su nacimiento y lo atrae para que salga del claustro materno de la mera potencialidad.”

En ambas frases se presenta ese eros como el amor que nos anima y nos arrastra para llegar a un nuevo estadio objetivo y en el que tendrá cabida la sabiduría, el estadio ético.

Estadio ético

En las sociedades primitivas el tránsito del estadio estético al ético mediante ritos de paso. En este tránsito el hombre debía soportar duras pruebas, se le enterraba vivo, se le instruía sobre las tradiciones secretas de la tribu. Al superar esto, entraban en la sociedad sociopolítica de los mayores. Estas ceremonias prestan la necesaria solemnidad al momento más trascendental y decisivo de la vida del hombre: el momento de la emancipación del sujeto respecto de sí mismo y su conversión en ciudadano de la comunidad. Cuando las civilizaciones perdieron el contacto con la naturaleza estos ritos se perdieron.

La ciudadanía es un hecho de la voluntad del hombre. Kierkegaard teórico de los estadios señaló que es la alternativa entre seguir siendo un ser absoluto fuera de la polis o ser ciudadano de esta. Alternativa para la que se requiere del joven “seriedad del espíritu”y el filósofo considera “el bien superior, lo único que en verdad da importancia en la vida”.

Esta transición desarrolla la personalidad, de la centralidad del yo a la aceptación de los fines superiores de la polis que constituye el acto virtuoso. La virtud de las virtudes reside en la ciudadanía. Por ellos dice Aristóteles “aunque sea el mismo el bien del individuo y el de la ciudad, es evidente que es mucho más grande y perfecto alcanzar y salvaguardar la ciudad”. Por ello hay que decir que la virtud consiste en cumplir los deberes que la ciudad impone a sus ciudadanos.

Este es el hecho por el que Aquiles prima más salvaguardar y ayudar a la polis, que actuar de manera individual anteponiendo sus preferencias. Cuando Aquiles ejercita la virtud general opta a favor de la polis y después de esto puede tener sus virtudes particulares.

Hegel y Kierkegaard coinciden plenamente en que, la verdadera educación del sujeto consiste en la transmisión a éste de la voluntad y la fuerza necesarias para ascender a la generalidad de la virtud.

Hegel describe la elevación del espíritu a la eticidad desde la moralidad subjetiva, representada en la conciencia moral kantiana. Ésta es el gineceo que abandona el espíritu para objetivarse en la polis, el todo ético, por eso decimos que la verdad está en el todo.

Para Kierkegard la polis recompensa a los ciudadanos que desarrollan tareas útiles: “El que vive estéticamente solo ve por todas partes posibilidades, las que constituyen para él la sustancia del porvenir; mientras que el que vive éticamente ve tareas por todas partes”. Entonces ¿qué debemos hacer? Ser seres productivos dentro de la polis y eso se nos recompensará por la buena marcha de ella. Con esto, todos los ciudadanos de la polis son “el mismo” ya que todos trabajan realizando una obra útil. Ahí es donde se siente profundamente el significado del estadio ético, limitándose a ser uno más entre el común de los mortales. Hay veces que el sujeto recae en su primitivo estadio buscando el reconocimiento por una excepcionalidad, pero su conciencia frena esos impulsos y vuelve a adaptarse a su anterior lugar.

Durkheim explica que las sociedades complejas, necesitan la especialización de sus miembros, por ello el hombre debe tener una obligación ética en la especialización. La especialización solidaria del sujeto en su trabaja, será esencial para la cohesión social de esa sociedad. También para Durkheim la moralidad asegura la solidaridad entre los sujetos productivos y ello lo que hace es alejarlos del egoísmo infantil. El mérito de Durkheim está en ver el hecho sociológico de la especialización como un fenómeno ético y la moralidad, los cuales según el imperativo categórico Kantiano toma la siguiente vía “ponte en estado de llenar útilmente una función determinada”. Al igual que el ser-para-la-polis al que esta exige su especialización para “llenar útilmente una función determinada”.

Podemos decir de Platón que el también quería una función determinada para cada uno de sus ciudadanos en una sociedad diseñada por él y que Aristóteles y Marx tacharían de utópica. Platón en su República mediante su “rex república” (forma de constitución), propone una ciudad-estado en la que todo absolutamente esté reglamentado y jerarquizado. Aquí aparecerían: los filósofos, los guerreros y los productores, cada uno de los cuales tenía su función determinada en la polis.

En relación a la historia de Aquiles, hay que señalar que en su época en Esciros, el joven permaneció sin virtud y sin historia (inexperto). Solo cuando se unió a la causa griega tomó una autentica experiencia perteneciente exclusivamente del ciudadano de la polis. Quien se especializa en la polis, tiene experiencia y a ello se puede añadir que tiene una experiencia política, ya que sabe que morirá algún día. La virtud del yo ético, reside en decidir a favor de la polis y por ello convertirse en un ser-de-vida-corta La decisión heroica de Aquiles, enfrentado a un dilema existencial nos muestra como el joven aprende a ser mortal. Aquí se presenta, el supremo deber del yo y la sustancia del estadio ético.

En este estadio ético, encuentra su lugar la objetividad del ser, esto da lugar a la parte de la sabiduría (episteme) en la escalera gnoseológica de Platón. Esta parte integrada por el conocimiento, que se divide en la razón discursiva (dianóia), que es el conocimiento de los sistemas axiomáticos, los cuales no son demostrables. En el caso de Aquiles, esta parte es la determinación que toma ante el dilema a favor de la polis. En el cual el héroe parte de un dilema y prefiere convertirse en ser-de-corta-vida para ayudar a la polis griega y conseguir su gloria. Entonces llega al último peldaño, inteligencia pura (nous, noesis) en el que su futuro ya esta decidido y Aquiles aprende a ser mortal (conocimiento inmediato de la idea). Por consiguiente, hay que concluir diciendo que dianóia y noesis configuran la episteme que es el conocimiento necesario ya que se refiere a aquello que permanece siempre idéntico y no puede ser de otra manera. Es también universal, ya que quien alcanza la episteme conoce la totalidad de su futuro (Aquiles conoce su muerte), y en lo que respecta al sujeto de conocimiento ya que los hombres que alcanzan la episteme conocen lo mismo de lo mismo (caso de Aquiles y también de Sócrates).

¿Por qué, en definitiva, Aquiles abandonó el gineceo, si sabía que iba a morir?

Como ya hemos mencionado anteriormente, para Aristóteles “el hombre es por naturaleza un ser-para-la-polis”. La polis es una unidad natural, autónoma y suficiente, a diferencia del individuo carente de estas cualidades, y que se una a otros para alcanzar el ser racional y moral en la polis.

Convertirse en ciudadano, no es un proceso natural sino cultural-simbólico y para ello requiere un aprendizaje esforzado de la virtud. Por ello el yo debe ganarse la vida por medio del aprendizaje de esa virtud. El transmitir dicha virtud recae en los educadores, los cuales deben concienciar a sus pupilos de los deberes que han de asumir. El hecho de ganarse la vida es difícil, ya que le están legando el secreto de la Paideia, libro del cual ya se ha hablado y que nos explica como educar a las generaciones para buscar el areté del sujeto (presupuesto de sujeto) y que lleguen a héroes y configuren nuevas leyes con sus connotaciones.

¿Qué significa ganarse la vida? Quien desee subsistir y mantenerse en el ser, deberá buscar el camino para el tiempo a hacer algo productivo y con ello dar tiempo para seguir existiendo o ser fecundo para sostenerse. En este proceso el yo experimenta su finitud y ve que para ganarse la vida debe tener y dar tiempo. En este trance el sujeto alcanza como ser-de-vida-corta la posibilidad de su individualidad más propia.

El hecho descrito de ganarse la vida nos indica que somos seres mutables, que nos transformamos con el tiempo. Aparece otra característica del mundo físico de Platón, antes también apareció la finitud del ser. Al igual que vamos a ver en el siguiente párrafo.

En la eticidad el ser toma decisiones personales, profesionales y vitales, es decir configura su identidad como individuo. De aquí, que se concluye que el fundamento de la teoría de los estadios, implica para el yo, un progreso hacia sí mismo (mutabilidad).

Aquiles tomo su decisión a favor de la causa general y ello le valió una virtud máxima. Aquiles conocía el destino que le aguardaba, de ello es causa que estuviera escondido en el gineceo para esquivar su responsabilidad. En el gineceo, se iría dando cuenta de que era injusto que permaneciese allí, mientras su ayuda podía ser fundamental. Por ello, permanecer en el gineceo sería una vida larga, pero falta de bienes que merece la virtud y que es lo que hace digna ser vivida. En su caso, la forma de ganarse la vida, sería consentir perderla.

Aquiles deja el gineceo por el deseo de ser y existir; por ser fecundo objetivamente al ejecutar una obra concreta y útil para la sociedad; y para desde su subjetividad obtener la gloria y ser reconocido.

Para Kierkegaard, “el verdadero arte de la vida consiste en ser el único hombre y al mismo tiempo, el hombre general” y que “la tarea que se señala al individuo ético es transformarse a sí mismo en individuo general” por lo que definir la personalidad es una síntesis de lo particular a lo general. Tenemos, que salir del estadio subjetivo y llegar al plano ético (sin perder de vista el estadio subjetivo). Nos metemos en el estadio ético pero sin perder la personalidad.

Para Aquiles, permanecer en el gineceo era ser inmortal era elegir “la existencia de un ente promedio”. Por lo que prefirió salir del gineceo y una vida corta, para convertirse en un verdadero individuo. De ahí que Hegel exclamase: ¡He ahí un hombre!

El dilema de la experiencia humana

Al tomar experiencia del mundo exterior, el yo experimenta una transformación la cual es considerada un estadio central de la vida. Decimos que, el sentido de la experiencia, como participación en lo común y en lo general, en los nuevos tiempos se desposee de todo ethos y nos volvemos a la vulgaridad y a la medianía.

La doctrina de Ethos o equilibrio entre cuerpo y alma, la plantea Platón como la manera de producir la clase idónea de persona mediante la educación la educación de los dos elementos principales: gimnasia (doctrina del cuerpo) y música (disciplina de la mente).

La teoría de los estadios coincide con el análisis ontológico de Heidegger en Ser y Tiempo , ya que ambos la autenticidad del yo depende de la elección de este de la temporalidad de su propio ser finito. El ser tiene muchas posibilidades durante la vida, pero solo una de ellas es permanente y total la posibilidad de no ser. La muerte es el fin y seguro destino del hombre, pero justamente la indeterminación del día en que habrá de cumplirse hace que esta sea un destino permanente. Cuando el yo elige la temporalidad, “se elige a sí mismo”, la decisión a favor de sí mismo provocará esquivar la muerte y olvidar que es finito para sentirse inmortal.

Aquiles optó por una vida corta para conquistar su individualidad. Aquiles asume su mortalidad, para merecer tras su muerte una gloria eterna entre los hombres.

La renuncia a permanecer en el gineceo, culmina el estadio estético y hace germinar en el pecho del héroe (alma irascible) una apetencia de mundo, que mueve al yo estético a abandonar de buen grado su sueño de hacer de sí mismo una obra de arte, y cambiarla por el gozo de ser recibido en la polis y compartir con los ciudadanos sus bienes.

“En la vida, para comprender, comprender de verdad, cómo son las cosas de este mundo, debes morir, por lo menos una vez. Con que, siendo ésa la ley, mejor morir joven, cuando aún tienes tiempo por delante para levantarte y resucitar.” Esta frase de El jardín de los Finzi-Contini, expresa una de los hechos más importantes de experiencia humana. Nos explica que para conocer las cosas de este mundo, como son realmente y verlas desde diferentes puntos de vista. Necesitamos haber tenido la experiencia de “la muerte del yo” no en sentido literal, en la realidad sería como haber sufrido una equivocación muy grande o sufrir un desengaño con tu vida la cual va a marcar tu futuro viendo las cosas de otra forma, que van a provocar a eso yo comenzar de nuevo. Este yo tiene una difícil resurrección, pero al haberla experimentado de joven, hay más tiempo por delante para estructurar una nueva individualidad productiva.

En el lapso entre las dos muertes, la que se da durante la vida y la definitiva, se va del estadio estético al ético, que introduce al sujeto en la experiencia política. Bien hay que decir que en la llegada a ese estadio ético permanecen cualidades del anterior estadio estético, en forma de eros que sigue operativo en la virtud.

El individuo que reúne al mismo tiempo el principio estético y el ético en los que esta el total de la experiencia del hombre, se denomina experiencia de la vida. La experiencia deja de ser un estadio, para convertirse en el entero sistema de la vida. Ahora, dichos estadios pertenecen a momentos de la experiencia: en el estadio estético el yo toma conciencia de su unicidad; en el ético, de ser efímero e insustituible.

“El concepto de experiencia dentro de la teoría del conocimiento, se refiere a la percepción de los fenómenos por los sentidos, es un topos clásico y omnipresente en toda la metafísica tradicional desde Platón, en cambio el de la experiencia de la vida ha estado siempre ausente de ella”. Se hace referencia a la experiencia en la metafísica de Platón. Para Platón toda experiencia aporta un reconocimiento de las características de las cosas que solo es posible si ya tenemos las ideas de esas características. La experiencia nos hace conocer como son las cosas o las ideas y esto nos hará determinarlas como buenas, malas, justas, injustas…

La autorrealización personal, dentro de la experiencia de nuestra vida nos llevará a sentir una vida buena y lograda o una vida carente de sentido. “El juicio sobre la felicidad de uno mismo depende de la posición relativa del yo y de la dirección de su vida; cuán cerca o lejos del bien esté el yo.”

El juicio es otro asunto que trató Platón en la metafísica y en la epistemología. El juicio es la expresión lingüística de lo que algo es. El juicio es como va a entender cada uno la realidad. Por lo tanto, este juicio será de distinta forma de cara a la felicidad en una persona que ha vivido en un ambiente marginal, de otra que ha vivido en un buen ambiente social.

Segunda Parte

La formación del héroe moderno

Kant para argumentar que la importancia de la dignidad en el sujeto moral, ya que es lo único que en el mundo posee dice: “En el reino de los fines todo tiene un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, eso tiene una dignidad.”

En la polis, se enseña al hombre pese a toda su dignidad, que es siempre sustituido en la polis real, (no somos seres necesarios) por otra persona que realiza las mismas funciones que él proporcionaba.

Un yo escindido y sin genuina experiencia en el mundo

En esta parte se habla de que ambos estadios se encuentran contrariados, y es imposible hacerlos convivir en la experiencia. El yo estético renuncia de toda colaboración con la polis, la eticidad no tiene cabida como poder configurador.

El yo moderno, esta escindido, y ello provoca la fragmentación de una razón incompleta. Hegel llama a esta situación del yo escindido “conciencia desgraciada”. En el texto de José Martínez Hernández El legado de Sócrates se habla también de este hecho nombrando la “conciencia satisfecha”. En la que el ser actual no siente ninguna motivación por colaborar dentro de su ciudad y no hay cabida para un estadio ético. A la vez que se autodiviniza el propio yo dentro de un estadio ético

Anton Reiser, perplejo

La novela autobiográfica Antón Reiser de Kart Philipp Moritz describe las contradicciones del yo moderno. La novela narra la vida de un yo roto por las contradicciones y que nunca alcanzará una armonía.

El protagonista en su juventud sueña con una vocación poética y teatral, pero se siente frustrado. Ve imposible integrarse como ciudadano dentro de una “masa móvil de carne”. El dilema existencial del protagonista es: un ideal subjetivo de excelencia, que es rechazado por la polis, la integración en esta es imposible y el cabal y sincero encontrarse consigo mismo también.

En unas relaciones entre el yo y el mundo en estas condiciones, el yo se encuentra inadaptado en la polis y también esta obligado a amontonarse en ella con otros como él, “un yo auténtico, es por fuerza un yo escindido”

La épica de la subjetividad

Se concibe una imagen ideal del hombre (actualidad) y la educación es el medio para que el sujeto se acerque a un grado próximo a la plenitud, en el que el yo encontrará una armonía con el mundo. La educación es la posición central en el proyecto de sujeto que debe llevarlo a esa armonía, si la educación fracasa el sujeto habrá fracasado. La educación está encargada de: formar la personalidad del yo y provocar que eso yo merezca ser al final del proceso un respetable ciudadano y miembro de pleno derecho dentro de su sociedad.

En la actualidad el fracaso escolar va en aumento y cada día se refleja más en los jóvenes de la sociedad este fracaso. Ello nos llevaría a pensar siguiendo el esquema anterior, que las sociedades fracasarán en el futuro, fruto de un gran número de jóvenes que integraran esa sociedad dentro de algunos años.

Novelar la ejemplaridad del yo

El protagonista de la novela moderna se diferencia de los héroes clásicos en que tiene una auténtica individualidad.

Dilthey dijo lo siguiente: “Se intuye en la vida del individuo un desarrollo sujeto a leyes, en el que cada una de sus fases tiene un valor propio y sirve, al mismo tiempo, de base para una fase más alta. Las disonancias y conflictos aparecen como puntos necesarios de tránsito del individuo en su senda hacia la madurez y la armonía”. De aquí extraemos que todas las aventuras que vive nuestro personaje en la novela, son un cúmulo de situaciones que le servirán para llegar a esa madurez y armonía que completaran su personalidad.

La armonía entre los dos momentos de la vida es irrealizable, por su relación de carácter dialéctico (parte sensible y parte del conocimiento) y nunca podrá resolverse. En la actualidad, ambas han alcanzado un alto grado de tensión.

Vano “recortar un cielo sobre la tierra”

Wilhelm Meister protagonista de la novela de Goethe, durante su aprendizaje se entrega al teatro pero acaba renunciando de ello; abandonando el estadio estético sin adentrarse en el ético. Se adentra en una comunidad secreta de aristócratas, en la cual tampoco encuentra su camino. Con ello, se inicia falsas conciliaciones basadas en un utópico “recortar un cielo sobre la tierra”.

Goethe en su Enrique de Ofterdingen imagina un proceso de formación del héroe, que acaba en la coronación de este como poeta-profano, unido a una Naturaleza mística.

En contraposición con esta idealización en Enrique el Verde de Keller, la eticidad acaba imponiéndose: el yo se integra en la polis y lejos de ganar su individualidad la pierde definitivamente.

Dispares vidas paralelas

Rousseau y Goethe son dos figuras de destino opuesto. Rousseau, venia de una familia de clase media-baja, provinciano y bohemio, y sin ánimo para dar a la imprenta sus obras maestras acabadas. Goethe perteneció a una familia de la alta burguesía, estudió en la universidad y, adquirió y confirmó una brillante posición social en contacto con los entendimientos de la época.

Pero ambos, compartieron su amor por la Naturaleza y la botánica. Autores de obras muy leídas ( La nueva Eloísa y Wether). Dedicaron un extenso libro a la educación de la subjetividad moderna (Emilio y Wilhelm Meister). Tienen obras fundadoras del subjetivismo moderno, que enseñaron a sentir a una generación de lectores.

Los polos del yo no están en una posición igual pues el momento estético prevalece sobre el ético. Crearon un estadio estético acomodado y nunca salieron de él, a pesar de las inflexiones de sus vidas.

Truncada eticidad de los maestros

Al observar las relaciones anteriores, hay que preguntarse lo siguiente: ¿cómo se ganaron la vida? ¿conocieron el amor ético que funda una casa?.

Rousseau llevó una vida bohemia en París donde escribió, se hizo copista en 1756 lo cual no le proporcionaba dinero. Pero poco después ya era una celebridad por sus obras, aceptó pensiones de Alemania. Lo que le permitió mantenerse sin trabajar e incluso sin escribir. Nunca se casó formalmente, pero convivió con Terréese Levasseur, la cual inspiró su obra La nueva Eloisa.

Goethe se trasladó a Weimar en 1775 y dedicó bastantes años a tareas políticas y administrativas del Estado. En 1786 regresó a Weimar procedente de Italia se le consideró el favorito de los dioses por: su subjetividad estética, su espontaneidad creadora, estaban bajo la protección del Estado. Pudo vivir financiado por los recursos públicos. Se prometió en abril de 1775, su compromiso con Lili Schonemann se rompió en el verano de ese año.

La relaciones de estos dos grandes con las instituciones de la eticidad muestra su potente subjetividad y no penetraron en el reino finito de la polis. Consecuentemente carecieron de experiencia de la mortalidad, en la que radicaba su entidad individual.

La objetividad hallada y perdida

Rousseau hará una ruidosa aparición en la sociedad con su epifanía “la iluminación de Vincennes”, en la que expone que el mundo debe ceder. Ya que el yo encarna la virtud y la bondad natural, y la sociedad la corrupción, la injustita y la desigualdad. La autodivinización del yo no asegura su buena recepción en la polis. Al contrario, al oponerse a la totalidad social, el yo acaba sucumbiendo en un proceso de decadencia.

En la obra de Goethe Poesía y verdad, el autor expresa en un momento, que al aumentar la formación cultural, el hombre desempeña un doble papel uno real y otro ideal.

Rousseau en su obra Emilio hace una diferenciación entre educación privada y la educación pública. La primera hace hombres y enseña a ser un hombre natural, la segunda forma a los ciudadanos. Rousseau argumenta también, que aun aunque halla dos tipos de educación, es siempre el mismo miembro el que la recibe, con sus deseos y sus virtudes, la incompatibilidad aboca, en la experiencia real, a una antropología desgarrada.

En el Wilhelm Meister de Goethe se despliegan dos mundos. Al principio de la novela, la vocación teatral le cautiva, lo estético se apodera enteramente de su ánimo. Tras un viaje de negocios, descubre un sentimiento ético en la especialización social en la polis. Se sitúa en los umbrales de la eticidad, pero nunca los franquea. Renuncia al amor romántico y a la vocación sin decidirse por ningún oficio.

La educación privada de la que hablaba Rousseau busca mostrar el proceso subjetivo de elevación del yo estético hacia una objetividad, la del ideal de hombre, mediante un aprendizaje. El autor, nunca desarrolla el tema de la educación pública sistemáticamente. Pero expresa lo siguiente: “La virtud que instituye al hombre en ciudadano consiste precisamente en la acomodación a la voluntad general de los intereses y preferencias personales”.

La educación pública se remite al ejemplo de la República de Platón, se sitúa en todo momento en la altura de una objetividad social ya establecida, se limita a formular algunas observaciones sobre ésta que, pese a su carácter incidental, arrojan sin embargo intensa luz sobre el estatus ontológico del yo en el estadio ético.

Historia de la finitud

Hay determinadas transformaciones observables en la mentalidad del hombre actual y la estructura de las sociedades que han sido propiciadas por un cambio desde los antiguos sistemas. El nudo que ataba al yo moderno y lo ponía en desacuerdo consigo mismo se ha destensado. Lo que ha provocado que tanto el yo como la polis, hayan dimitido de sus pretensiones totalizadoras.

Ahora, el gran desafío de la cultura política está en encontrar el modo de formar las antiguas instituciones de la eticidad sobre unas bases finitas. En nuestro tiempo que por convención llamamos posmoderno, habrá que ver si se podrá sostener la complejidad económica, ética, política, y cultural de una civilización, con el hecho de integrar esas instituciones éticas.

Por otro lado, el subjetivismo se ha impuesto en el yo, el cual exalta la espontaneidad y la originalidad del sujeto, somos hijos del romanticismo. La posmodernidad, consagra la primacía del yo, poco limitada por una objetividad y que ha provocado que la virtud configuradota de la polis sea la individualidad. Actualmente, encontramos al yo dentro de ese gineceo estético, en una sociedad que se encuentra también falta de compromiso, dando el culto a la fuerza y en estado de permanente posibilidad.