Apología de Sócrates; Jenofonte

Filosofía griega. Defensa socrática. Justicia e injusticia. Traducción

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1. Me parece que también es digno recordar a Sócrates cómo deliberó cuando fue llamado ante el tribunal tanto como sobre su defensa como sobre el final de su vida. Ciertamente, por un lado, otros han escrito sobre ésto y también todos notaron su lenguaje enfático. Esto también es evidente que en realidad fue pronunciado de este modo por Sócrates.

2. Sin embargo, Hermógenes, el de Hipónico, que era compañero suyo, y contó sobre éste cosas tales que era evidente que su lenguaje enfático concordaba con su manera de pnesar. Pues aquel viendo que éste hablaba más sobre todo que sobre su juicio, dijo:

3. Sin embargo, no sería necesario examinar, oh Sócrates, también aquello que alegarás en tu defensa? Y que éste, de entrada, respondió: ¿Pues no te parece que me he pasado la vida preocupándome de defenderme? Cuando, por otro lado, éste preguntó: ¿Cómo? Porque he vivido sin cometer injusticia, práctica que precisamente considero que es la mejor de las defensas.

4. Y cuando éste le preguntó de nuevo: ¿No ves que con frecuencia, los tribunales de los atenienses seducidos por la palabra condenaron a muerto a aquellos que no cometían ninguna injusticia, en cambio con frecuencia a los que cometían injusticia los absolvieron bien porque se compadecieron por su discurso bien porque hablaron de forma agradable? Pero, ¡por Zeus!, dijo éste, pues habiendo intentado yo ya dos veces reflexionar sobre mi defensa se me ha opuesto el genio divino.

5. Y que él le dijo: Dices cosas extrañas y que éste le respondió a su vez: ¿Realmente consideras extraño si también a la divinidad le parece que es mejor que yo muera ya? ¿No sabes que hasta este momento a ningún hombre concedería haber vivido mejor que yo? Pues no sabes aquello que es precisamente más agradable, pensaba que había vivido la vida entera de manera piadosa y justa, de modo que admirándome mucho a mí mismo descubría que también los que tenían relación conmigo pensaban esto mismo sobre mí.

6. En cambio ahora, si todavía avanza mi edad, sé que será necesario que se paguen los tributos de la vejez, y ver peor, y oir menos, y ser más torpe para aprender y más olvidadizo de las cosas que aprendí. Pero si me doy cuenta de que estoy peor y me reprocho a mí mismo, ¿cómo podría vivir agradablemente? éste dijo.

7. E igualmente, dijo éste, también la divinidad por su benevolencia me procura no sólo acabar la vida en el momento oportuno de la edad, sino también acabar la vida lo más fácilmente posible. En efecto si ahora se me juzgara, es evidente que me sería posible servirme de la muerte que es considerada la más fácil por los que se preocupan de esto, y más tranquila ara los amigos, infundiendo muchísima nostalgia hacia los que han muerto. Pues cuando ciertamente nadie abandona nada vergonzoso ni desagradable en los ánimos de los que están presentes y se extingue teniendo el cuerpo sano y el alma que puede sentir benevolencia, ¿cómo no es necesario que éste sea añorado?

8. Con razón los dioses entonces se oponían en relación a mí, decía éste, a la recomendación de mi discurso cuando nos parecía que se debían buscar escapatorias de todo tipo. Pues si yo hubiera conseguido esto, es evidente que me hubiera procurado para mí morir afligido bien por las enfermedades bien por la vejez hacia la cual todos los sufrimientos y mucha carencia de alegría fluyen conjuntamente, en lugar de llegar ahora al final de la vida.

9. ¡Por Zeus!, éste dijo, oh Hermógenes, yo ni tan solo desearé vivamente esto, sino que, si yo molesto a los jueces mostrado cuantas cosas hermosas considero haber obtenido no sólo de los dioses sino también de los hombres, así como esta opinión que tengo sobre mí mismo, elegiré morir más que vivir de manera innoble mendigando además haber ganado una vida mucho peor en lugar de la muerte.

10. Dijo que éste habiendo reonocido así, cuando los adversarios acusaron a éste de que ciertamente con consideraba a los dioses a los que la ciudad considera, sino que introducía otras divinidades nuevas y corrompía a los jóvenes, adelantándose dijo:

11. Pero yo, oh jueces, en primer lugar admiro esto de Meleto pensando en que dice que yo no considero a los dioses a los que la ciudad considera; ya que no sólo además todos los que estaban presentes sino también el propio Meleto, si deseaba, veían que yo hacía sacrificios en las fiestas generales y por los altares comunes.

12. ¿Cómo, pues, exactamente podría introducir nuevas divinidades diciendo que una voz de una divinidad se me manifiesta indicándome aquello que es necesario hacer? pues también los que se sirven de los cantos de las aves y los que se sirven de las voces de los hombres hacen conjeturas sin duda por las voces. ¿Discutiría alguien que los truenos hablan o que sean un augurio muy importante? ¿Y la sacerdotisa en Delfos en el trípode no anuncia también ésta por la voz de las cosas de parte de la divinidad?

13. Pero, sin embargo, todos no sólo dicen sino también creen también del siguiente modo esto, como yo afirmo, que no sólo la divinidad conoce el porvenir sino también lo anuncio de antemano a quien quiere. Pero ellos especifican que los que anuncian de antemano son augurios, voces, presagios y también adivinos, en cambio yo llamo esto genio divino, nombrándolo de este modo creo que digo cosas no sólo más verdaderas sino también más piadosas que los que atribuyen a las aves el poder de los dioses. Verdaderamente de esta manera no miento sobre la divinidad y tengo este testimonio: pues, en efecto, habiendo anunciado a muchos amigos los consejos de la divinidad nunca hasta ahora he mentido manifiestamente.

14. Y cuando los jueces , al escuchar esto, protestaban ruidosamente, unos desconfiando de lo que se le decía, otros envidiando también si recibía también cosas más grandes de parte de los dioses que ellos mismos, que de nuevo Sócrates dijo: ¡Ea, pues! escuchad también otras cosas para que todavía más los que quieran de vosotros desconfien de que yo he sido honrado por los dioses. Pues interrogando una vez Querefonte en Delfos sobre mí, estando presentes muchos, Apolo respondió que ningún hombre era ni más libre ni más justo ni más prudente que yo.

15. Y ya que los jueces habiendo escuchado estas cosas protestaban ruidosamente otra vez todavía con más razón que Sócrates dijo de nuevo: Sin embargo, oh jueces, la divinidad en los oráculos dijo cosas más importantes sobre Licurgo el que legisla a los lacedemonios que sobre mí. Pues se dice que, entrando al templo, éste dirgió la palabra: Pienso si debo llamarte dios u hombre. A mí no me comparó a un dios, sino que juzgó que sobresalía mucho entre los hombres. Sin embargo, vosotros no confiéis en la divinidad al azar por esto, sino examinad una a una cada una que dijo la divinidad.

16. Pues, ¿a quién conocéis que esté menos sometido a las pasiones del cuerpo que yo? ¿A qué hombre más liberal, que no reciba ni regalos ni sueldo de nadie? ¿A quién podríais considerar con razón más justo que al que se ha adaptado ante las circunstancias presentes, de modo que no tiene además necesidad de nada de los otros?

Y ¿cómo podría yo negar alguien con razón que yo soy un hombre sabio que desde el momento en el cual comencé a comprender lo que se decía, nunca cesaba de investigar y aprender lo bueno que podía?

17. Y que no me esforzaba inútilmente ¿no os parece también que existen estas pruebas, por un lado, el que muchos ciudadanos de los que aspiran a la virtud, por otra, muchos extranjeros prefieren de entre todos asociarse conmigo?

Y ¿cuál diremos que es el motivo de aquello, de que todos sepan que yo de ninguna manera podría dar como pago dinero, sin embargo de que muchos deseen regalarme algo?

¿Y, por un lado el que ningún favorme sea reclamado a mí por nadie, sino que muchos reconozcan deberme favores?

18. ¿O el que en el asedio los otros se lamentaban de sí mismos, y, en cambio, yo no vivía más necesitado que cuando la ciudad gozaba extraordinariamente? ¿O el que otros consiguen en el ágora placeres costosos, y, en cambio, del alma sin gasto me imagino más agradables que aquéllos?

Y si verdaderamente nadie pudiera refutarme que miento sobre lo que he dicho sobre mí, ¿cómo no sería alabado ya con justicia no sólo por los dioses sino también por los hombres?

19. ¿Pero, a pesar de todo, tú, oh Meleto, afirmas que yo obrando así corrompo a los jóvenes? Sin embargo sabemos, sin duda, cuáles son las corrupciones de los jóvenes.

Pero tú di si conoces alguno que se haya convertido por mí de piadoso impío, de prudente violento, de moderado derrochador o también de abstemio borracho, de trabajador vago o que haya sido dominado por otro perverso placer.

20. Pero, sí por Zeus, dijo Meleto yo sé de aquéllos a los que tú jas persuadido de obedecerte más que a sus padres.

"Lo reconozco, que Sócrates dijo, al menos sobre educación; pues saben que esto me preocupa. Pero sobre la buena salud los hombres obedecen más a los médicos que a padres;

y también en las asambleas, sin duda, todos los atenienses obedecen más a los quedicen cosas muy sensatas que a padres.

Pues, además ¿no elegís también como generales no sólo en lugar de padres sino tambien de los hermanos, y, por Zeus, incluso antes que vosotros mismos a los que consideráis que son muy sensatos sobre lo relativo a la guerra?" "Pues así, di Sócrates, que Meleto dijo no sólo conviene sino también acostumbra.

21.Que Sócrates dijo: "Sin embargo, ¿no te parece que también es extraño esto, el que en las otras ocupaciones los mejores no sólo obtienen igual participación sino también han sido honrados con preferencia, yo, en cambio, si soy considerador por algunos como que soy el mejor por lo que respecta al mayor bien para los hombres, la educación, sea citado a juicio por ti por esto en una acusación con pena de muerte?

22. Es evidente que mucho más que esto fue dicho por él y también por los amigos que hablaron en su defensa. Pero yo no me esforcé en contar todo esto del juicio, sino que me bastó demostrar que Sócrates procuraba por encima de todo no cometer ninguna impiedad contra los dioses ni parecer injusto con relación a los hombres.

23. Además no creía que no debía ser implorado el no morir sino que también ya consideraba el momento oportuno de morir para él. Y que así sentía fue demasiado evidente, cuando la sentencia fue votada.

Pues, en primer lugar, invitado a fijar su pena ni se la fijó él mismo ni permitió que los amigos se la fijaran, sino que incluso decía que el fijarse la pena sería del que reconoce ser culpable.

Después, queriendo sus compañeros sacarlo furtivamente, no les siguió sino que incluso parecía que se burló preguntándoles si tal vez conocían algún lugar fuera del Ática no accesible allí a la muerte.

24. Cuando el juicio acababa, éste dijo: No obstante, oh jueces, los que enseñan a los testigos que es necesario presentar un falso testimonio contra mí jurando en falso y los que obedecían a éstos es necesario que tengan consciencia de su gran impiedad e injusticia.

Por otra parte, ¿por qué me conviene ser más humilado ahora que antes de haber sido condenado, a mí que no se me ha probado que haya hecho nada de lo que me acusaron? Pues, yo al menos, no me he mostrado ni sacrificando a nuevos dioses en lugar de Zeus, Hera y los dioses con éstos ni jurando ni nombrado a otros dioses.

25. ¿Cómo, pues, podría corromper a los jóvenes, acostumbrándo a la constancia y a la economía? En relación a los hechos para los que está establecido como castigo la muerte, saqueo de templos, robo, esclavitud, traición a la ciudad, ni los propios adversarios afirman contra mí que haya cometido alguna de estas cosas. De manera que a mí, al menos, me parece que es extraño cómo alguna vez os pareció que yo había cometido una acción digna de muerte.

26. Pero, sin duda, porque muero injustamente no debo estar menos orgulloso; pues esto no es vergonzoso para mí sino para los que me condenaron. Y además me consuela también Palamedes el que murió de manera semejante a mí; pues todavía ahora también produce cantos mucho más hermosos que Odiseo, el que le provocó la muerte;

sé que también será atestiguado a mi favor por el futuro y por el pasado que nunca ofendí a nadie ni hice peor, sino que hacía el bien a los que dialogaban conmigo enseñándo gratuitamente todo lo bueno que podía.

27. Habiendo dicho esto, se retiró sereno en la mirada, semblante y paso muy conforme a las cosas que ya habían sido dichas. Pero cuando se dio cuenta de que sus acompañantes estaban llorando, dijo: ¿Qué es esto? ¿Justamente ahora lloráis? Pues ¿no sabéis que desde que nací estaba condenado a la muerte por la naturaleza?

Pero no obstante, si muero antes que los bienes fluyan sucesivamente, es evidente que debe ser lamentado por mí y por mis amigos; pero si libero vida de las cosas molestas que me esperan, yo creo que prosperando yo todos vosotros debéis estar contentos.

28. Estando presente un tal Apolodoro, por una parte, muy amigo suyo, pero, por otro lado, simple, dijo entonces: Pero yo, al menos, Sócrates, soporto esto de manera muy dura ya que veo que tú mueres injustamente. Y se dice que éste habiéndole acariciado la cabeza respondió: ¿Preferirías tú, amantísimo Apolodoro, ver que yo muero justamente que injustamente? Y al mismo tiempo sonrió.

29. Se dice también que habiendo visto que Anito pasaba dijo: Pero, este hombre ilustre, ya que ha llevado a cabo alguna cosa grande y noble, si me ha condenado a muerte, porque viendo que él era juzgado digno de los cargos más elevados por la ciudad dije que no debía educar a su hijo en el oficio de curtidor.

¡Cuán miserable éste!, dijo, que no parece saber que aquel de nosotros dos que haya llevado a cabo no sólo las cosas más útiles sino también las más hermosas para la eternidad, ése será también el ganador.

30. Pero, en verdad, continuó diciendo él tal como Homero atribuyó a algunos de estos héroes que están en el final de la vida saber de antemano el futuro, también yo quiero vaticinar alguna cosa. Pues, una vez tuve una relación breve con el hijo de Anito y me pareció que no era débil de espíritu; de manera que afirmo que él no permanecerá en la ocuppación servil que le ha procurado su padre, sino que por no tener ningún consejero serio trpezará con alguna pasión vergonzosa y, sin duda, irá adelante en la senda del vicio.

31. Y habiendo dicho esto no mintió, sino que el jovencito habiendo gozado con el vino no dejaba de beber ni de noche ni de día, y al final no llegó a ser digno de nada ni para su propia ciudad ni para los amigos ni para él mismo. Además Anito incluso ahora que está muerto obtiene una mala reputación por la mala educación de hijo y por su ignorancia.

32. Sócrates ganándose el odio para ensalzarse a él mismo en el tribunal hizo que los jueces lo hallaran más culpable. Así pues, me parece que ha obtenido un destino afortunado; pues, por una parte, abandonó lo más duro de la vida, y, por otra, encontró la más fácil de la muertes.

33. Demostró claramente la fortaleza de espíritu; pues cuando se dio cuenta de que morir era para él mejor que seguir viviendo, de igual modo que no era contrario a las otras cosas buenas, tampoco se volvió débil ante la muerte, sino que con alegría no sólo la aceptó sino también sufrió.

34. Así pues yo, por mi parte, comprendiendo la sabiduría y también la nobleza de este hombre, no puedo no recordarlo, ni recordándolo no llorarlo. Y si alguno de los que aspira a la virtud tuvo relación con alguien más beneficioso que Sócrates, considero a aquel hombre muy digno de ser considerado feliz.