Antropología

Filosofía. Cultura. Religión. Necesidades humanas. Psicología. Sociología. Hominización. Humanización. Arraigo. Trascendencia. Identidad

  • Enviado por: ANKa
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
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INTRODUCCIÓN A LAS NECESIDADES HUMANAS

Cuando más elevado es el lugar que un animal ocupa en la escala de desarrollo, encontramos en él, una mayor flexibilidad de los tipos de acción y una menor adaptación estructural. Desde ese momento el hombre adquirió la autoconciencia, la razón y la imaginación rompieron la armonía que caracteriza a la existencia animal.

El hombre se da cuenta de su importancia y de sus limitaciones y prevé su propio fin: la muerte. En este contexto el hombre que cuenta con la razón puede decir de esta que es su bendición y es también su maldición.

El hombre es el único animal para quien su propia existencia constituye un problema que tiene que resolver y del cual no puede escapar.

La evolución del ser humano se basa en el hecho de que ha perdido su patria originaria, la naturaleza, y que nunca podrá regresar a ella. Y debe crear una nueva patria que satisfaga sus necesidades. El hombre tiene una parte humana y animal, la satisfacción de las necesidades instintivas, no le bastan para hacerle feliz, ni basta siquiera para mantenerle sano.

Hay dos tendencias antagónicas: una a salir del útero en donde se logra la libertad (una tendencia más humana) y otra volver al útero que implica mayor seguridad, siendo una manera la religión, que se entiende como el intento de resolver el problema de la existencia humana.

A continuación les mencionaremos las necesidades Humanas con sus respectivas características y los requerimiento que estas deben cumplir para ser satisfechas en plenitud y por ende hacer a un hombre sano y feliz.

ESTRUCTURA ORIENTADORA

El hombre está rodeado de múltiples fenómenos, los cuales puede comprender estando dotado de dos factores, la razón y la inteligencia. El primero se puede definir como un instrumento utilizado por el hombre para llegar a la verdad, todo esto a través del pensamiento, mientras que el segundo factor, la inteligencia, consiste en la capacidad de poder manipular ese pensamiento a través de ideas.

Todo este proceso comienza a desarrollarse muy tempranamente, en nuestros primeros años de vida, quedando ya mas o menos formado en el momento en que el niño adquiere las capacidades de hablar, caminar por sí mismo y manejar elementos sabiendo su significado; por lo tanto, esto constituye un primer gran paso en el proceso llamado Orientación.

Ya que tenemos claros estos factores, podemos decir que la cultura orientadora es la necesidad que tiene el hombre, por el hecho de poseer razonamiento e imaginación, de orientarse desde un punto intelectual en el mundo.

Ahora bien, el constante desarrollo de los factores ya mencionados permiten al ser humano no solo desarrollarse intelectualmente sino que también logra mejorar su “Sistema de Orientación”, en otras palabras, logra aproximarse más a la realidad. No hay que dejar de lado un concepto importante que influye en nuestra forma de ver el mundo y de crear nuestro propio pensamiento, este concepto es denominado como objetividad, el cual corresponde a la adquisición de la facultad de ver el mundo, la naturaleza, las demás personas y hasta a uno mismo como realmente son, pasando por alto los deseos y temores, que podrían de alguna forma deformar nuestra forma de pensar. Cuanto más se desarrolle la objetividad, uno está cada vez más en contacto con la realidad, alcanzando una mayor madurez intelectual, abriéndose con esto una puerta, una opción que nos permite crear un mundo más humano y hogareño

Es fundamental disponer de “alguna” estructura orientadora; sin importar que sea verdadera o falsa, ya que si el hombre no tiene una estructura orientadora subjetivamente satisfactoria, no puede vivir saludablemente

Existen varios métodos de satisfacción a este tipo de necesidad, específicamente humana; ya sean patológicos o saludables, lo cual depende, entre muchas otras cosas, del grado de intensidad en que se recurre a dichas formas de satisfacción. Pero, sea cual sea el contenido, todas responden a la necesidad que experimenta el hombre de tener no tan sólo un “Sistema de Orientación”, sino también un “Objeto de Devoción” que dé sentido a su existencia y a su situación en el mundo.

A pesar de esto, las satisfacciones para las necesidades del hombre pueden ser muy diferentes en contenido y en forma. Existen sistemas primitivos en los que a la búsqueda de sentido que realiza el hombre responden los objetos naturales o los antepasados. Tal es el caso del animismo, creencia propia de los pueblos primitivos, que considera el alma como principio de acción de fenómenos vitales; como también del totemismo, sistema de creencias basado en el tótem, el cual era un objeto natural que en la mitología de algunas sociedades se considera como emblema protector de la tribu o del individuo, y a veces como antepasado o protector.

Hay sistemas no deístas, como el budismo, que suelen llamarse religiones aunque en su expresión originaria no existe la idea de Dios. Hay sistemas puramente filosóficos, como el estoicismo, el cual fue creado en el siglo V a.c. por el filósofo griego Zenón, quien funda una escuela del mismo nombre en la cual se impartía dicha doctrina. Existen también los sistemas religiosos monoteístas que contestan a la interrogación del hombre refiriéndose a

la idea de Dios.

Sólo el análisis de las diversas formas de religión puede revelar las mejores o peores soluciones de la búsqueda de sentido y de devoción hecha por el hombre, tomando siempre las palabras “mejores” y “peores” desde el punto de vista de la naturaleza del hombre y su desarrollo.

SENTIMIENTO DE IDENTIDAD

Podemos definir al hombre como el animal que puede decir “yo”, que puede tener conciencia de sí mismo como entidad independiente. El hombre apartado de la naturaleza, dotado de razón e imaginación, necesita formarse un concepto de sí mismo, necesita decir y sentir: “Yo soy yo”. El sentimiento de identidad es tan vital, que el hombre no se sentirá sano, si no tuviese esa identidad

Este sentimiento se desarrolla en el proceso para salir de los “vínculos primarios” que ligan al hombre con la madre naturaleza. El niño, que aún se siente identificado con la madre, todavía no puede decir “yo”, ni lo necesita para nada. Únicamente después de concebir el mundo exterior como cosa separada e independiente de sí mismo, adquiere conciencia de sí como ser diferente, y una de las últimas palabras que aprende a usar es “yo”, con referencia a sí mismo.

El problema de identidad no es solo un problema filosófico, sino que nace de la existencia humana y es fuente de los impulsos mas intensos. El hombre al no sentirse sano sin una identidad, se siente casi a adquirir una. Hay veces en que el “status” es mas necesario que la supervivencia física. .

¿Hay algo más evidente que el hecho de que los individuos arriesgan sus vidas, renuncian al amor, renuncian a la libertad, sacrifican sus ideas, para sentirse uno más del rebaño e identificado con él, con lo que adquieren un sentimiento de identidad, aunque sea una identidad ilusoria?

La religión, nacionalidad, clase y ocupación han servido para al individuo a encontrar esa identidad que está después de haber salido del clan y antes de encontrar la identidad individual total. Uno puede sentirse como un “yo” al darse cuenta que el resto de la sociedad te admite como un “prójimo normal”, surgiendo así, en vez de una identidad individualista, una diferente que reposa en el sentimiento de aceptación, de vinculación del resto de las personas

RELACION

El hombre está sustraído a la unión primordial con la naturaleza que caracteriza a la existencia animal. Al mismo tiempo tiene razón e imaginación, se da cuenta de su soledad y apartamiento, de su impotencia e ignorancia, de la accidentalidad de su nacimiento y su muerte, por lo tanto, una necesidad del hombre de vincularse con otros seres de su misma especie, puede tomarse como definición de Relación. No podría hacer frente ni por un segundo a este estado de su ser, si no encontrara nuevos vínculos con su prójimo que sustituyan a los antiguos, que estaban regulados por los instintos.

La necesidad de relacionarse con otros seres vivos es imperiosa, y de su satisfacción depende la salud mental del hombre. Esta necesidad está detrás de todos los fenómenos que constituyen la gama de las relaciones humanas íntimas, de todas las pasiones, las cuales pueden sintetizarse en una sola palabra, amor. El amor es la unión con alguien o con algo exterior a uno mismo, a condición de retener la independencia e integridad de sí mismo. Es un sentimiento de coparticipación, de comunión, que permite el pleno despliegue de la actividad interna de uno. La experiencia amorosa elimina la necesidad de ilusiones. Lo importante es la cualidad particular del amor, no el objeto

Hay diversas formas de buscar y conseguir esta unión. El hombre puede intentar ligarse o unirse con el mundo mediante la sumisión a una persona, a un grupo, a Dios, etc.

Otra posibilidad de vencer el aislamiento es logrando la unión de la persona con el mundo adquiriendo poder sobre él, mediante el dominio o el poderío.

El elemento común a la sumisión y el dominio es la naturaleza simbiótica de la relación; si la pasión de sometimiento o de dominio no se puede satisfacer por algún motivo, esto da como resultado la derrota.

La persona dominada por cualquiera de esas pasiones en realidad se hace dependiente de los demás; en vez de desarrollar su propio ser individual, todo dependiendo de aquellos a quienes se somete o a quienes domina.

TRASCENDENCIA

Otro aspecto de la situación humana es la situación del hombre como criatura y su necesidad de trascender en ese mismo estado. El hombre es lanzado a este mundo sin su conocimiento, consentimiento ni voluntad. Estando dotado de razón e imaginación, no puede contentarse con el papel pasivo de la criatura, se siente impulsado con el apremio de trascender, haciéndose “creador”.El hombre puede crear vida. Ésta es la cualidad milagrosa que comparte con todos los seres vivos, pero con la diferencia de que es el único que tiene conciencia de ser creado y creador a la vez.

El hombre puede crear vida, o más bien, la mujer puede crear vida, dando nacimiento a un niño y cuidándolo hasta que sea bastante grande para poder atender por sí mismo a sus necesidades.

En el acto de la creación el hombre se trasciende a sí mismo como criatura, se eleva por encima de la pasividad y la accidentalidad de su existencia hasta la esfera de la iniciativa y la libertad.

Crear presupone amor a lo que se crea: ¿Cómo resuelve el hombre el problema de trascender a sí mismo, si no es capaz de crear, si no puede amar?. Hay otra manera de satisfacer esa necesidad de trascendencia: si no puedo crear vida puedo destruirla. Destruir la vida también es trascenderla.

Realmente, que el hombre pueda destruir la vida es cosa tan milagrosa como que pueda crearla, porque la vida es el milagro, lo inexplicable. En el acto de la destrucción, el hombre se pone por encima de la vida, se trasciende a sí mismo como criatura.

El enorme poder de la voluntad de destrucción que vemos en la historia del hombre está enraizado en la naturaleza humana. La destructividad es una potencialidad secundaria, establecida en la existencia misma del hombre, que tiene la misma intensidad y fuerza que puede tener cualquiera otra pasión. Pero no es más que la alternativa de la creatividad.

En conclusión la satisfacción de esta necesidad, o más bien, de crear, conduce al camino de la felicidad como así al contrario, la destructividad conduce al sufrimiento, más para nadie que para el destructor mismo.

ARRAIGO

Arraigo puede definirse como “el profundo deseo de todo humano de no querer romper los vínculos primarios y a la vez no procurarse otros nuevos que sustituyan a los anteriores, en resumidas cuentas, fraternidad contra incesto.”

Consiste en la resistencia al abandono de la madre, debido a la salida de un ambiente en el que todas sus necesidades estaban solucionadas, gracias a nuestra progenitora. El apego hacia ella se debe principalmente a lo ya mencionado, además del amor incondicional que posee hacia su hijo, por el solo hecho de serlo

En sí, la necesidad de arraigo es buena, pero sin mantener un exceso de ésta, tratando de que siempre sea en forma adecuada y compatible a la situación. Es decir, tu arraigo debe estar acorde a tu naturaleza. Me explico, en la forma más extrema, hallamos el deseo de volver al seno materno. Una persona totalmente obsesionada por ese deseo puede presentar el cuadro de la esquizofrenia.

Lo que sucede, es que el individuo siente y actúa como el feto en el seno materno, incapaz de asumir ni aún las funciones más elementales de un niño pequeño.

La otra forma patológica se encuentra en que una persona se ha permitido nacer, pero teme dar los pasos siguientes a esta fase. Estas personas sienten un profundo anhelo de ser cuidadas y mimadas por una figura maternal. Estos individuos son dependientes eternamente, se sienten solos e inseguros cuando ha cesado esa protección , pero son optimistas y activos cuando cuentan con una amorosa madre, real o sustituta.

Otra forma más compleja es el incesto, consistente en el deseo del individuo de seguir en el seno materno. La persona se siente atraída no por un atractivo sexual, sino pensando en el anhelo de estar nuevamente con ella o estar dentro de ella.

Un modo saludable de satisfacer esta necesidad son las familias o clanes, esta son las que asumen la misma función que la madre individual desempeñó originariamente para el niño. El individuo se apoya en ellos, siente su identidad como parte de los suyos y no como una persona separada de su gente.

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