Antonio Buero Vallejo

Literatura española contemporánea. Teatro español de Posguerra. Obra dramática. Vida y obra. Biografía. Contexto histórico

  • Enviado por: Noelou
  • Idioma: castellano
  • País: Uruguay Uruguay
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Antonio Buero Vallejo.

Datos biográficos.

Antonio Buero Vallejo es, sin duda, uno de los dramaturgos españoles más honrado. La honradez de Buero es, además, una honradez difícil: la de un hombre auténtico que, sin dejar de serlo, revisa sus propias opiniones y las adapta a la evolución de su pensamiento y su experiencia de la vida.

Antonio Buero Vallejo nació en Guadalajara, España, el 29 de septiembre de 1916. Su padre era soldado con el nombre de Francisco Buero y su madre era Cruz Vallejo, una familia de clase media. Su padre era un capitán de Ingenieros que se sumó al Alzamiento de Franco y fue fusilado por la República en los primeros meses de la contienda. Por entonces, Antonio militaba en el ejército republicano y estaba afiliado al Partido Comunista, adscripción que no abandonará en ningún momento. Este hecho marcará la vida y la obra del escritor.

En 1911 nace su hermano Francisco y en 1926 su hermana Carmen. En Guadalajara pasa toda su infancia, salvo dos años, desde 1927 a 1928, que vivió en Larache, adonde fue destinado el padre. Pronto se aficionó a la lectura gracias a la completa biblioteca que poseía su padre, lo que le permitió el acceso a textos literarios y dramáticos. Aficionado a la música y a la pintura y el dibujo, desde los cuatro años dibuja incansablemente, porque quería ser pintor. De la mano paterna acude al teatro y, hacia los nueve años, en su teatrito de juguete dirige «ingenuas representaciones» en las que es también un entusiasmado actor.

Estudia Bachillerato en Guadalajara entre los años 1926 y 1933. Siente curiosidad por la Filosofía, la Ciencia y la Política. En 1932 recibe el primer premio de un concurso literario para alumnos de Segunda Enseñanza y de Magisterio de Guadalajara por la narración El único hombre, sin editar hasta 2001 en Antonio Buero Vallejo, dramaturgo universal.Comienza a redactar unas Confesiones que posteriormente destruye.

En 1934 la familia se traslada a vivir a Madrid, y allí ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Le sigue interesando la pintura, pero las lecturas son continuas, así como su asistencia al teatro. Aunque no milita en ningún partido, se acentúa su sensibilidad por la política y se siente próximo al marxismo. Al comenzar la Guerra Civil piensa en alistarse voluntario para ir al frente; finalmente desecha esta idea ante la oposición de su familia. En la contienda su padre es detenido y fusilado el 7 de diciembre de 1936.

En 1937 se incorpora a un batallón de infantería. Con sus escritos y dibujos colabora en murales, en La Voz de la Sanidad, así como en otras actividades culturales. En Benicasim conoce a Miguel Hernández. Al finalizar la guerra Buero se encuentra en la Jefatura de Sanidad de Valencia, donde es recluido unos días en la plaza de toros y durante un mes en el campo de concentración de Soneja (Castellón). Es autorizado a volver a su lugar de residencia, pero con la orden de tener que presentarse a las autoridades, que nunca cumple. Comienza a trabajar en la reorganización del Partido Comunista, al cual se había afiliado durante la contienda y de cuya militancia se va alejando años después. Es detenido en mayo o junio de 1939 y condenado a muerte en un juicio sumarísimo, junto a otros compañeros, por «adhesión a la rebelión». La condena a la pena capital se mantiene durante ocho meses y, finalmente, la sentencia fue conmutada por una pena de treinta años. Pasa por diversas cárceles: en la de Conde de Toreno permanece año y medio y en ella realiza el famoso retrato de Miguel Hernández, con el que intimó mucho. En esta misma prisión ayuda a un intento de fuga que le inspiró más tarde ciertos aspectos de La Fundación. En la de Yeserías apenas estuvo mes y medio; unos tres años en El Dueso; un año en la prisión de Santa Rita. En estas cárceles escribe «notas y especulaciones, sobre todo acerca de la pintura», pero no literarias; hace retratos a muchos compañeros y sigue en su empeño de aprender el oficio pictórico.

Del penal de Ocaña sale en libertad condicional, pero desterrado de Madrid, a comienzos de marzo de 1946, por lo que fija su residencia en Carabanchel Bajo, aunque pasa la mayor parte del día en la capital. Su afición pictórica empieza a decaer en pro de la escritura. Refleja a través de la narrativa los pensamientos de su último año de cárcel, si bien pronto abandona ese género por el teatro. El tema de la ceguera, que siempre le había interesado, se convierte en el centro argumental de su primer drama, En la ardiente oscuridad, redactado en una semana del mes de agosto de 1946. Escribe Historia despiadada y Otro juicio de Salomón en 1948.

Entre 1947 y 1948 compuso Historia de una escalera, inicialmente llamada La escalera, que se modificó por coincidir con el título de una obra de Eusebio García Luengo. De 1948 es Las palabras en la arena, única pieza bueriana en un acto, presentada al primer concurso íntimo, de los tres que se convocaron, en la tertulia del Café Lisboa; con ella lo ganó, como el de narración con «Diana». Olvidado quedó el proyecto de Nos están mirando, del que Buero escribió un primer acto en 1948 ó 1949.

Su labor como dramaturgo se amplía, y publica y estrena de forma constante sus obras en varios teatros de Madrid, incluso, como es el caso de Historia de una escalera, es llevada al cine por Ignacio F. Iquino.

En la década de los 50 se intensifica su labor dramática: La tejedora de sueños, La señal que se espera, Casi un cuento de hadas, Madrugada, Irene, o el tesoro, Hoy es fiesta y su primer drama histórico, Un soñador para un pueblo, son algunas de las obras que escribe y estrena en esta década. Llegan las primeras representaciones en el extranjero, como las de Historia de una escalera, en marzo de 1950 en la Ciudad de México y la de En la ardiente oscuridad en diciembre de 1952 en Santa Bárbara, California. Se inicia una considerable y muy frecuente presencia posterior en numerosos escenarios de todo el mundo.

En 1959, Daniel Tinayre dirige en Argentina una película basada en En la ardiente oscuridad, con ese mismo título pero modificó el final del drama, cambiando su sentido, por lo que Buero sólo permitió su distribución en España, y en 1962, con un título distinto: Luz en la sombra. En ese mismo año, 1959, se casa con la actriz Victoria Rodríguez, con la que tuvo dos hijos: Carlos, que nace al año siguiente, y un año más tarde nace Enrique, en 1961.

En los años sesenta, consigue estrenar algunos títulos, aunque sigue teniendo bastantes problemas con la censura que había en el país Los estrenos de esta década son: El concierto de San Ovidio, Aventura en lo gris, El tragaluz, así como las versiones que realiza de Hamlet, príncipe de Dinamarca, de Shakespeare y Madre Coraje y sus hijos, de Bertolt Brecht.

Con el estreno de Las Meninas, el 9 de diciembre de 1960, con dirección de José Tamayo, obtiene el mayor éxito de público logrado hasta entonces.

En 1963 se le propone su incorporación al Consejo Superior de Teatro, pero Buero renuncia a ello. Encabezados por Bergamín, firma, con otros cien intelectuales, una carta dirigida al ministro de Información y Turismo solicitando explicaciones sobre el trato dado por la policía a algunos mineros asturianos. El Ministerio publica la carta en la prensa con una respuesta, y aunque no se adoptan medidas públicas contra los firmantes, hay una condena al silencio por parte de la prensa y cierto «desvío de editoriales y empresas». Buero no podrá estrenar hasta 1967 a pesar del interés de algunos empresarios por La doble historia del doctor Valmy (escrita en 1964), que permaneció sin representarse en España hasta 1976, ya pasada la dictadura.

Ante las dificultades económicas que padece, se ve obligado a viajar a Estados Unidos. Durante dos meses de 1966 visita una quincena de universidades y, contra su costumbre y sus deseos, da charlas acerca de su teatro, así como conferencias sobre diferentes temas: «Valle-Inclán y el punto de vista del dramaturgo», «¿Cómo era Velázquez?», «Esencia del problema trágico», «El problema de la esperanza trágica» y «El teatro español después de la guerra civil».

En 1967 estrena El tragaluz, y la crítica consideró el drama como una de las cumbres de la producción de su autor y el público lo recibió con entusiasmo. Se mantuvo en cartel desde el 7 de octubre hasta el 16 de junio de 1968, con quinientas diecisiete representaciones. En 1969 escribe El sueño de la razón, y desde que en junio se terminó el texto, se solicitó en varias ocasiones la aprobación de la censura, sin obtenerla; coincidiendo con un cambio ministerial, ésta se autorizó en octubre sin modificaciones.

Viaja a Estados Unidos, invitado a un simposio acerca de su obra y del teatro español en la Universidad de North Carolina en Chapel Hill, en el que participa con la ponencia «Las modernas corrientes escénicas vistas por un autor español». Buero viaja a Las Palmas de Gran Canaria para asistir al XXVII Congreso Mundial de Autores, en el que interviene con la conferencia, después publicada, «Problemas del teatro actual».

En los primeros años de la democracia aumentan los ataques al autor y se producen incluso anónimas amenazas de muerte contra él.   Es miembro fundador de la Unión de Ex Combatientes de la Guerra de España y de la Asociación de Ex Presos y Represaliados de la Guerra Civil. El reconocimiento internacional es constante.

En junio de 1984 año muere en accidente de tráfico su hijo menor, el actor Enrique Buero Rodríguez, a cuya memoria está dedicada Lázaro en el laberinto.

En 1993 publica su Libro de estampas, donde se recogen abundantes muestras de su «vocación pictórica», con textos inéditos del autor.

El 29 de abril de 2000, a los 83 años, muere Antonio Buero Vallejo en una clínica madrileña tras sufrir un infarto cerebral. Su capilla ardiente se instaló en el Teatro María Guerrero, por donde pasaron más de seis mil personas, desde las autoridades hasta el pueblo llano, para rendirle un último homenaje.

Su Obra.

Desde 1971 pertenece a la Real Academia Española. Rebelde a las clasificaciones, la obra dramática de Buero Vallejo se integra en una serie de planos que aparecen superpuestos en sus primeras obras y que irán evolucionando a lo largo de su trayectoria dramática.

  • Historia de una escalera: Comedia dramática (1950)

  • En la ardiente oscuridad (1951)

  • Las palabras en la arena (1952)

  • La señal que se espera: Comedia dramática en tres actos (1952)

  • La tejedora de sueños: Drama en tres actos (1952)

  • Casi un cuento de hadas: Una glosa de Perrault, en tres actos (1953)

  • Aventura en lo gris: Drama en dos actos unidos por un sueño (1954)

  • Madrugada: Episodio dramático en dos actos (1954)

  • Irene, o el tesoro: Fábula en tres actos (1955)

  • Una extraña armonía (1956)

  • Hoy es fiesta: Tragicomedia en tres actos (1957)

  • Las cartas boca abajo: Tragedia española en dos partes y cuatro cuadros

(1958)

  • Un soñador para un pueblo: Versión libre en dos partes (1959)

  • Teatro: I (1959)

  • Las meninas: Fantasía velazqueña en dos partes (1961)

  • El concierto de San Ovidio: Parábola en tres actos (1962)

  • Teatro: II (1962)

  • Teatro Selecto (1966)

  • La doble historia del doctor Valmy: Relato escénico en dos partes (1967)

  • Dos dramas de Buero Vallejo: Las palabras en la arena; Aventura en lo gris (1967)

  • El tragaluz: Experimento en dos partes (1967)

  • Antología (1968)

  • Mito: Libro para una ópera (1968)

  • Teatro: Hoy es fiesta; Las meninas; El tragaluz (1968)

  • El sueño de la razón: Fantasía en dos partes (1970)

  • Llegada de los dioses: Fábula en dos partes (1971)

  • García Lorca ante el esperpento (1972)

  • Tres maestros ante el público: (Valle Inclán, Velázquez, Lorca) (1973)

  • La Fundación: Fábula en dos partes (1974)

  • La detonación: Fantasía en dos partes (1978)

  • Jueces en la noche: Misterio profano en dos actos (1979)

  • El terror inmóvil: Tragedia en tres catos (1979)

  • Caimán: Relato escénico en dos partes; Las cartas boca abajo (1981)

Marginalia (1984)

  • Diálogo secreto: Fantasía en dos partes (1985)

  • Lázaro en el laberinto: Fábula en dos partes (1987)

  • Música cercana: Fábula en dos partes (1990)

  • Teatro (1991)

  • Tentativas poéticas (1991)

  • Obra completa/ edición crítica de Luis Iglesias Feijoo... (1992)

  • Libro de estampas (1993)

  • Las trampas del azar (1994)

  • Misión al pueblo desierto (1999)

Su contexto histórico

El siglo XX es seguramente, uno de los más inestables de la Historia de Europa. En su transcurso han tenido lugar dos Guerras Mundiales y el fin del Colonialismo Imperialista, la Revolución Rusa y la expansión del comunismo, la Guerra Fría, desmoronamiento del socialismo soviético, la Reunificación Alemana y el conflicto de Los Balcanes. Tanta agitación ha remodelado la estructura de los países de la Europa actual y sin duda, la mentalidad de los habitantes.

En la literatura se refleja perfectamente las experiencias traumáticas y la crisis de valores sufridas por la sociedad a lo largo del siglo XX. De ahí a sus rasgos de innovación y experimentalismo, preocupación por lo social y político, etc.

Historia de una escalera, fue estrenada en 1949, una época en la ya se había producido la Guerra Civil en España (1936-1939), la llamada: posguerra española.

En el terreno político español nos encontramos con el franquismo (1939-1975). Un régimen político y dictatorial impuesto por el general Francisco Franco tras la victoria militar en la Guerra Civil, y que se prolongará hasta 1975; a lo largo de sus cuatro décadas de duración se sucede una serie de etapas que tendrán claro reflejo en el desarrollo de la literatura española.

Franco impuso una administración totalitaria basada en una única ideología oficial (el nacionalismo), un solo parido (FET y las de JONS) y un jefe permanente, el Caudillo, que concentraba en sus manos todos los poderes. Para ello, suprimió las libertades democráticas, instauró medidas conservadoras y represivas e inició, en parte por imperativos externos, una larga etapa de autarquía política y económica.

La década de los años cuarenta se ve marcada, por secuelas de la miseria, el hambre y la desconfianza, es el comienzo de la reconstrucción nacional. Es la etapa más dura del régimen. A todo ellos ha de añadirse el aislamiento internacional, debido al apoyo de Franco a Hitler y Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de la neutralidad oficial, por el que España queda excluida de la ONU entre 1946 y 1955.

Los años cincuenta se inician con un crecimiento económico y una apertura hacia el exterior, se incorpora a algunos organismos internacionales, en la órbita de EEUU. El incipiente desarrollo del turismo y la industria conlleva cierta recuperación económica y cambios en los estilos de vida, como las migraciones de los campesinos hacia las ciudades, la difícil inserción de estas personas en los suburbios urbanos, etc. Al mismo tiempo, los jóvenes que han vivido la guerra como niños o adolescentes consideran la guerra y el país de posguerra desde otra perspectiva y aparecen actitudes críticas respecto al poder y a la división social entre vencedores y vencidos. Estas posturas se manifiestan sobre todo en círculos obreros y universitarios.

En los sesenta nos encontramos con un desarrollo económico y modernización. Supusieron el despegue económico de España, que se convertirá en la décima potencia industrial del planeta, y la superación del aislamiento, merced al creciente número de turistas que contribuyen a cambiar las costumbres nacionales y el aspecto de las costas españolas. En lo político, se nombra, en 1966, sucesor al Príncipe Juan Carlos con el título de Rey.

El teatro de Buero Vallejo.

Antonio Buero Vallejo es el representante más calificado en España de un teatro de hondura trágica, en el que los problemas del hombre se plantean con grandeza y esperanza. El dramaturgo, cuya producción dramática estuvo marcada por el compromiso social y los anhelos de libertad y de justicia, fue un símbolo del teatro español del último siglo, sobre todo por su significación histórica en la disidencia antifranquista.

Con la muerte de Antonio Buero Vallejo, el teatro español pierde al principal autor de la posguerra. Su obra, transida de dolor, pero en la que perviven la esperanza y la fe en el ser humano, ha reflejado, como pocas, el devenir del hombre contemporáneo y también la crisis de España.

El fusilamiento, al comienzo de la Guerra Civil, de su padre, que había marcado la educación literaria y artística de toda la familia planeará sombría y constantemente sobre la obra bueriana. En casi todos los textos hay un conato de tragedia, una confrontación de ideas que determinan un clima dramático de difícil solución; y aparecen personajes atormentados por un complejo de culpa, por una conciencia ajena a su voluntad y a la realidad de los hechos que la produjeron.

Desde los inicios, Buero Vallejo opta por el posibilismo frente a la teoría más radical (Alfonso Sastre) del teatro imposible; un teatro que, sin abdicar de su compromiso político, sea digerible por la sociedad y tolerable para la censura. Esta actitud obliga a Buero a un despliegue de recursos que enriquece su teatro: símbolos, analogías, parábolas, elipsis, van apartando su universo escénico del realismo simple inicial.

Frente al teatro de ruptura, A. Buero Vallejo defiende un teatro de lo posible, el autor debe acatar ciertas normas del sistema social, así como imposiciones de la censura, para que sus obras puedan subir a los escenarios y desde allí ejecutar la lucha contra la injusticia. Se vale a menudo de personajes históricos o situaciones alejadas de la actualidad para deslizar su mensaje acerca de los males presentes. Sus obras pretenden reflexionar sobre la situación del hombre en el mundo, afectada por circunstancias como la opresión, la intolerancia, la falta de alicientes, la importuna, la soledad El sueño de la razón o la mentira. La acción se plantea como el gradual descubrimiento de la verdad oculta por algún personaje, cuyo comportamiento indigno resulta castigado al final de la obra.

Tradicionalmente su producción se divide en:

Dramas realistas (o dramas del ser humano envuelto en conflictos sociales), suponen un examen crítico a la sociedad española, se identifican con sus primeros años de carrera. Historia de una escalera; Hoy es fiesta.

Dramas históricos, el pasado se convierte en el vehículo idóneo para analizar de forma distanciada las cuestiones del presente, el autor se sirve de hechos anteriores eligiendo personajes de relevancia histórica, que viven situaciones conflictivas, para dramatizar libremente de forma verosímil y refleja los conflictos de su propia actualidad. En el comienzo de El sueño de la razón, Fernando VII alude a la fuerte represión que se está llevando a cabo. Los espectadores no podrían dejas de apreciar la relación con el régimen franquista y la dura represión tras la Guerra Civil. Las meninas; Un soñador para un pueblo; El concierto de San Ovidi;, El sueño de la razón.

Obras de carácter simbólico (o de personajes con taras), marcadas por la creciente presencia de procedimientos escenográficos para introducir al espectador en el paisaje interior de los personajes: la obsesión de padre con el tren en El Tragaluz o la sordera del pintor Goya en El sueño de la razón.(Simbolizan las limitaciones para enfrentarse a la realidad) El concierto de San Ovidio; El sueño de la razón; En la ardiente oscuridad"

El teatro de Buero Vallejo es un compromiso con los temas humanos más universales: sus ansias y deseos, sus miedos... El género teatral elegido es la tragedia que provoca la catarsis, es decir, conmueven al espectador que se siente impulsado a luchar por cambiar y labrarse su propio destino. El autor ilumina verdades ocultas pero no da la solución, que cada uno debe buscar. Es pues, un teatro ético y político.

En el teatro de Buero Vallejo el diálogo posee un papel importante, está muy cuidado pero no es elemento exclusivo. Convive y se refuerza por elementos espectaculares que poseen importante significación. Si existen personajes ciegos o sordos, el escenario se oscurecerá o no se oirá hablar a los personajes.

La ética de Buero fue un símbolo de resistencia en los tiempos difíciles y un espejo de fidelidad a sus ideas en épocas posteriores. Tras las primeras elecciones democráticas siguió escribiendo y acumulando premios. A la muerte de Franco, Buero era ya un valor consolidado cuyos méritos eran algo más que en un antifranquismo circunstancial y militante.