Antiguo Régimen

Historia de España. Restauración absolutista. Independencia de las colonias americanas. Fernando VII

  • Enviado por: Irene Gil
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 22 páginas
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Índice

Introducción

  • Contradicciones, crisis y Revolución

  • Nuevos conflictos. Viejos problemas:

  • El impacto de la Revolución Francesa.

  • Los conflictos se agravan.

  • 1808: El hundimiento de la Monarquía.

  • La quiebra de la monarquía absoluta:

  • Guerra y Revolución

  • Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812.

  • Absolutistas y Liberales:

  • La Restauración absolutista.

  • Etapas del reinado de Fernando VII.

  • 1814-1820: Sexenio absolutista.

  • 1820-1823: Trienio Liberal.

  • 1823-1833: Década Ominosa.

  • Independencia de las Colonias Americanas.

  • La imposibilidad del absolutismo.

  • Conclusiones y valoración personal:

  • ¿Cómo ocurrió la Crisis del Antiguo Régimen?

  • Bibliografía.

  • Introducción

    La llamada Revolución Liberal fundó en España como en muchos otros países una nueva sociedad, un nuevo sistema político que constituye un referente histórico fundamental de nuestra sociedad actual.

    Este proceso tuvo en España, al igual que en todas partes, un carácter discontinuo, marcado por momentos repletos de cambios políticos, sociales y económicos, y otros donde parecía retrocederse a momentos previos. El impulso de este proceso de cambio surgía de las criticas al anterior sistema político (la monarquía absoluta) y al Antiguo Régimen. Sus contradicciones, sus problemas, dieron lugar a distintos proyectos de solución. Algunos de ellos procedían del propio sistema y otros se fraguaron contra él. Estas alternativas generaron otras y así se abrieron nuevas encrucijadas. De la confrontación entre ellas se fue dibujando la formación de una nueva sociedad, de un nuevo Estado cuya gestación sufrió continuos vaivenes.

    La complejidad de este proceso guarda similitud con las revoluciones liberales que sucedieron en gran parte de Europa entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX. En este sentido, la Revolución Francesa fue un hito histórico difícil de ocultar.

    La construcción del Estado Liberal español fue, como ya hemos dicho, el resultado de la lucha contra el Antiguo Régimen y la monarquía absoluta. Pero ¿qué es el Antiguo Régimen?.

    Este concepto fue utilizado peyorativamente por los revolucionarios y hacía referencia a una sociedad injusta, donde hombres y mujeres tenían derechos diferentes según su nacimiento o estado, una sociedad desigual donde la mayoría de la población era rural y estaba sometida a diversos señores a los que debía pagar unas rentas. Una sociedad que tenía un sistema de gobierno sobre súbditos, con un sistema social basado en el privilegio. Una sociedad que pronto entraría en un proceso de crisis y cambio.

    A lo largo de este trabajo estudiaremos el proceso revolucionario ligado a la crisis del Antiguo Régimen, con sus distintas alternativas, para poder así establecer los elementos básicos que configurarán el Estado y la sociedad liberal.

    1. Contradicciones, crisis y Revolución.

    Para poder comprender el cambio que se produciría en la sociedad española con la Revolución Liberal es necesario analizar en primer lugar las raíces de dicho cambio, las causas que lo provocaron, y para ello analizaremos las características de la sociedad del Antiguo Régimen y sus contradicciones.

    En lo religioso el Antiguo Régimen se caracterizaba por la fe en la existencia de un Dios Creador, Señor y Ordenador de todas las cosas. Como consecuencia de la existencia del Dio Ordenador, todas las normas que regulaban la vida cotidiana tenían un carácter sagrado: la Iglesia era la única capacitada para interpretar la palabra de Dios, la monarquía era de origen divino y el rey (que lo era por gracia de Dios) era representante de Dios en la Tierra y los estamentos eran de origen natural, pero del orden natural que Dios había dado al mundo.

    Todas estas convicciones paralizaban cualquier intento de innovación y además existía un organismo, la Inquisición, encargado de velar por la ortodoxia de todo movimiento renovador, lo que retrasaba aún más la modernización.

    En lo político se afirmaba la necesidad de la monarquía como el mejor de los sistemas políticos posibles. El rey había de tener una autoridad absoluta, únicamente limitada por la “Ley de Dios”, por lo que nunca hubo una regulación jurídica para evitar los abusos de la familia real.

    Predominaba la irregularidad y el desorden en lo que a las características jurídicas e institucionales del Antiguo Régimen se refiere. Había diferentes leyes civiles, penales o tributarias para cada estamento e incluso para cada profesión. El Derecho Civil tampoco era igual en todos los territorios. Existían infinidad de variantes en la Administración local, unas localidades podían ser de señorío y otras de realengo, y aún dentro de las mismas cada una podía tener su propio fuero, y por consiguiente, su propia peculiaridad de gobierno y tributaria. En los ayuntamientos solía haber dos alcaldes: uno por el estamento noble y otro por el estado llano.

    En lo social el Antiguo Régimen se caracterizaba por una sociedad fuertemente dividida en estamentos ordenada en base al privilegio. Los estamentos eran grupos sociales diferenciados jurídicamente de los demás; se pertenecía a ellos por razón de nacimiento, matrimonio (quien se casaba con un noble adquiría tal condición) o toma de estado religioso. Los estamentos eran tres: nobleza, iglesia o clero y estado llano. Se podía ascender de estamento (sobretodo por profesar en religión) y rara vez se descendía. Cada estamento tenía su propia ley; en el caso de nobleza y clero esa ley, privilegiada, se llamaba fuero.

    Nobleza y clero eran dos estamento privilegiados, eran los que poseían las tierras y los que no pagaban impuestos.

    La misión de la nobleza era la de la guerra, la defensa del país y de sus habitantes. Ella misma se sufragaba los gastos militares por lo que era eximida de pagar impuestos. Para conseguir fondos percibía rentas sobre los territorios llamados “señoríos”. Los trabajadores de los señoríos debían de pagar a sus señores todo tipo de impuestos como: censos (por trabajar los mansos), banalidades (por utilizar cada uno de los servicios del señorío como puentes, molinos, etc.) y otros tantos. Los bienes de la nobleza estaban vinculados al título nobiliario por lo que no podían ser vendidos, cedidos o donados.

    El clero se dedicaba a las labores asistenciales como hospitales, asilos, escuelas, etc. Él mismo se sufragaba los gastos por lo que también estaba exenta de pagar impuestos. Recaudaba fondos a través de impuestos especiales como el diezmo, el cual obligaba a todos los campesinos a pagar el 10% de lo que obtuvieran en su trabajo. Los bienes de la iglesia tampoco podían ser vendidos, quedaban también amortizados y tampoco podían ser embargados en caso de deudas de la iglesia. El clero además controlaba la cuarta parte del terreno productivo, es decir, 1/7 del total de la producción agrícola.

    El estamento restante, el pueblo llano, era el estamento no privilegiado, era el que trabajaba las tierras y el que pagaba todos los impuestos. Estaba dividido en varios grupos: la alta burguesía (a la que pertenecían banqueros, funcionarios y comerciantes), la baja burguesía (los artesanos) y por último el campesinado (al que pertenecía el 80% de la población española de la época). Casi ninguno de los pertenecientes a estos grupos poseía tierras, eran sólo jornaleros y la mayoría analfabetos.

    En lo económico el Antiguo Régimen se caracterizaba por una economía estancada y poco sometida a las leyes del mercado. Abundaban los monopolios, los estancos y los precios fijos. Estas limitaciones legales impedían grandes beneficios. Como resultado de ello no se formaban grandes capitales que contribuyeran al desarrollo de la industria que en otros países de Europa inició en el siglo XVIII. Además, la agricultura, la base económica de la sociedad, se caracterizaba por un atraso técnico, lo que provocaba un escaso rendimiento por unidad de superficie. Predominaban los cereales, que suponían el 67% de la población. Existía una tendencia a la economía de autoconsumo o subsistencia. No existía un mercado unificado debido a una red rudimentaria de comunicación y a la existencia de numerosos peajes y a aduanas señoriales.

    Este esquema religioso, político, social y económico sólo tiene sentido en una sociedad agraria, subdesarrollada y tradicional. Todo esto es lo que resume las características del Antiguo Régimen, que va a entrar en crisis en la segunda mitad del siglo XVIII, al desarrollarse un conocimiento cultural, ideológico, filosófico y político como es la Ilustración, que buscará un cambio de la sociedad.

    Los ilustrados criticarán las trabas que limitaban la libre circulación de mercancía, también criticarán los privilegios de la nobleza y del clero, se opondrán al concepto de deshonra del trabajo e insistirán en la necesidad de desarrollar los estudios científicos. En política muchos ilustrados pensaban que desde el poder podían realizarse las reformas necesarias para la modernización del país, aunque sin someter a discusión las bases esenciales ya que su obra se encaminaba a reformar pero no a modificar completamente.

    Autores franceses como Rousseau, Voltaire, Montesquieu, Diderot o D´Alambert, e ingleses como Locke son los intelectuales ilustrados padres de las ideas liberales que acabaron con el Antiguo Régimen.

    También cabe hablar en la crisis del Antiguo Régimen del factor económico. Como consecuencia des desarrollo comercial entre Europa y América, se desarrollará un nuevo grupo social, la Burguesía Comercial. Ésta es capitalista, en sus manos están los grandes negocios del comercio, es muy rica, pero como el resto de la burguesía, pertenece al tercer estamento, como hemos visto anteriormente, por lo que no tiene privilegios, paga impuestos y no tiene ningún tipo de poder. La clase burguesa verá su situación como injusta y adoptará así las ideas liberales de la Ilustración, buscando un cambio que traiga una nueva sociedad basada en la igualdad de los ciudadanos y en los derechos democráticos.

    Como hemos podido observar el Antiguo Régimen cae en crisis por una serie de contradicciones en su sociedad bastante importantes. Por un lado el hecho de que el 96% de la población está sometida y mantiene al 4% restante trabajando mucho y pagando todo tipo de impuestos que dejan sin ningún beneficio y que únicamente dejan lo justo para subsistir. Por otra parte, la burguesía comercial, uno de los grupos sociales más ricos, carece de poder político, también paga grandes impuestos y no tiene privilegios y, por último, el pensamiento de la Ilustración nace dentro de la monarquía absoluta y va a acabar con ella.

    2. Nuevos conflictos. Viejos problemas:

    La Revolución Liberal en España es un proceso largo, discontinuo y con una serie de rasgos que la diferencian de otros países como puede ser que no fue un proceso violento, sino que duro 60 años y también que provocó varias guerras. Pero la verdadera importancia reside en el mero hecho de que se produjera y ello fue, en parte, gracias al impacto que provocó la Revolución Francesa en España.

    2.1. El impacto de la Revolución Francesa:

    La Revolución Francesa iniciada en 1789 significó la caída de la monarquía absoluta en Francia. La crisis de la monarquía francesa tenía bastantes semejanzas con la española. De ahí la preocupación del monarca Carlos IV por lo que sucedía en el país vecino y su reacción.

    Las guerras exteriores, la crisis fiscal y el desmoronamiento institucional de la monarquía absoluta del Antiguo Régimen serán los problemas determinantes del reinado de Carlos IV, iniciado tras la muerte de su padre (Carlos III) un año antes del estallido de la Revolución Francesa. El nuevo rey, un hombre incapacitado y desinteresado por las cuestiones de Estado, contaba ya 40 años de edad.

    La Revolución Francesa marcó la actividad diplomática y militar externa de los gobiernos de Carlos IV. Encontramos dos fases bien definidas en la política exterior española durante ese reinado:

    - Hostilidad contra Francia (1789-1794).

    En 1789, el objetivo prioritario del gobierno encabezado por el conde Floridablanca era aislar España del contagio revolucionario francés, cerrar el país a toda posible penetración de la ideología revolucionaria. Se temía la expansión de nuevas ideas liberales. Para evitarlo se tomaron medidas defensivas que impidieran la entrada por las aduanas de libros, objetos, periódicos o viajeros sospechosos procedentes de Francia, que suponían una amenaza para los principios monárquicos absolutistas y católicos de España. Además, se prohibió a los periódicos nacionales hablar de los sucesos políticos que tenían lugar en el país vecino.

    A los pocos años, la situación se radicalizó en Francia, y en 1793 fue guillotinado el rey Luis XVI, un Borbón como Carlos IV. Este hecho provocó, exclusivamente por motivos ideológicos, la declaración de Guerra contra Francia. La Francia revolucionaria, republicana, regicida y laica ya luchaba entonces contra Prusia y Austria, monarquías absolutas y católicas como España.

    Las operaciones militares fueron negativas para España, ya que el ejército francés ocupó parte de Cataluña y el País Vasco.

    Finalmente, en 1794 España se vio forzada a firmar la paz. Los franceses obtuvieron Santo Domingo y algunas ventajas comerciales a cambio de la retirada de sus tropas de la Península.

    - Alianza con Francia (1796-1808).

    Las alianzas diplomática se invirtieron totalmente en 1796 con la firma del “Tratado de San Ildefonso”, un pacto hispano-francés dirigido contra Gran Bretaña. El motivo que impulsó a España fue la defensa de sus intereses económico-comerciales y territoriales en América. El gobierno de Carlos IV prescindió de motivos ideológicos y se impusieron las razones estratégicas, ya que Gran Bretaña representaba desde hace años una amenaza constante para las colonias españolas en América, pues los buques ingleses cortaban la navegación comercial entre la Península y las Indias. La corona española y la francesa coincidían en los intereses de derrotar a un enemigo común.

    Como consecuencia de este tratado, España y Francia entraron en guerra contra Gran Bretaña y Portugal, su tradicional aliado. El resultado del conflicto fue nefasto para la flota española, que quedó totalmente destruida por la armada inglesa dirigida por el almirante Nelson en 1805, durante la llamada “Batalla de Trafalgar”.

    Mientras, el general Napoleón, tras un golpe de Estado, estableció la dictadura personal (1799) y posteriormente se autoproclamó emperador de los franceses. En 1806 Napoleón inició el bloqueo continental contra Gran Bretaña; su propósito era interrumpir todo el comercio marítimo inglés con Europa para asfixiar económicamente a su enemigo, ya que no conseguía derrotarle en el mar ni invadir la isla.

    En 1807 Francia y España renovaron su tratado de alianza en Fontainebleau con un nuevo objetivo, la invasión y reparto territorial de Portugal entre ambas naciones. Para facilitar el ataque a Portugal, Carlos IV autorizó la entrada de tropas francesas en suelo español.

    2.2. Los conflictos se agravan:

    Desde el punto de vista económico fueron años de crisis, inflación y fuerte déficit de la Hacienda Estatal producidos tanto por el incremento en las guerras contra Francia y Gran Bretaña, como por la insuficiencia de los ingresos.

    Los ingresos estatales, reducidos por el hecho de que las clases privilegiadas no pagaban impuestos, disminuyeron al llegar cada vez con mayor dificultad los metales preciosos desde América a causa de las agresiones británicas por mar. Por ello, la Corona hubo de recurrir para conseguir dinero al crédito, a la emisión de los llamados “Vales Reales” y a las leyes desamortizadoras de 1789 impulsadas por Manuel Godoy, quien desde 1792 estaba al frente del gobierno. Con esta desamortización se vendieron en subasta pública, con autorización del Papa, algunos bienes eclesiásticos de escasa cuantía. Esta medida legislativa no solucionó el problema del déficit estatal, pero si provocó un sentimiento desagradable del clero contra Godoy y sus intentos de reforma.

    Desde el punto de vista político, agudas tensiones sacudían España durante los primeros años del siglo XIX, viviéndose un ambiente de caos que desvelaba la profunda descomposición de la Monarquía Hispánica.

    En la Corte se producían continuas intrigas contra el rey Carlos IV y contra su favorito y hombre de confianza, Godoy, contra quien conspiraban la alta nobleza y el clero.

    El mismo hijo del rey, Fernando, en complicidad con algunos miembros de la alta aristocracia, conspiraba contra Carlos IV para destronarlo. Así en 1807 tuvo lugar el denominado “Proceso del Escorial”, al ser descubierta una intriga de Fernando, que preparaba un golpe de mano en palacio para hacerse con la Corona de su padre. El Príncipe de Asturias fue arrestado y confesó los nombres de sus cómplices para obtener el perdón de su padre, aquellos fueron apresados. Finalmente Fernando logró su propósito en marzo de 1808 tras el “Motín de Aranjuez”, preparado por personajes de la alta nobleza y apoyados por gentes del pueblo bajo madrileño que asaltaron la casa de Godoy. Carlos IV se vio forzado a abdicar a favor de Fernando VII.

    Estos hechos fueron contemplados por Napoleón, que, aprovechando la presencia de sus tropas en España y comprobando la debilidad y las divisiones internas de la Corte española, concibió un nuevo proyecto con doble objetivo: por una parte eliminar la dinastía real borbónica española, que sería sustituida por su hermano José I Bonaparte, y por otra, convertir los territorios españoles al norte del río Ebro en provincias francesas.

    2.3. (1808) El hundimiento de la Monarquía:

    Fernando y Carlos se disputaban el favor de Napoleón, invicto y todopoderoso en Europa; sus ejércitos ocupaban en 1808 Italia, Holanda y gran parte de Alemania. Ambos esperaban obtener el respaldo del francés en su pugna por el trono español; por ello, partieron hacia la ciudad francesa de Bayona, cercana a la frontera española. Allí, el Emperador francés obligó por la fuerza a Carlos IV y a Fernando VII a renunciar a sus derechos al trono español. Éstos, atemorizados, abdicaron y vendieron sus derechos reales a Napoleón, un acto vergonzoso. Mientras, en España, el pueblo creía que la familia real había sido secuestrada por Napoleón.

    El Emperador proclamó a su hermano José I rey de España y de las Américas. Sin embargo, Napoleón no dominaba el problema español por un doble error de apreciación, que le traería perniciosas consecuencias: creyó que los españoles deseaban reformas al estilo francés y consideró a los españoles tan pasivos y pusilánimes como a sus reyes.

    Ninguna de ambas apreciaciones era cierta, y el 2 de Mayo de 1808 comenzaron en Madrid los levantamientos populares contra el ejército invasor francés, el pueblo madrileño reaccionó contra el secuestro del resto de miembros de la Familia Real residentes en el Palacio Real. Estos levantamientos se extendieron pronto a toda España.

    3. La quiebra de la monarquía absoluta:

    La sociedad española reaccionó de forma diferente ante los hechos consumados de la invasión francesa y las renuncias de Bayona.

    La mayoría de los españoles, pertenecientes a distintos grupos sociales y opciones ideológicas (liberales, absolutistas y reformistas), se opusieron a la ocupación participando más o menos activamente en la lucha contra el ejército napoleónico.

    Otro sector de la sociedad, compuesto especialmente por funcionarios del Estado y empleados que vivían en las ciudades controladas por los franceses, adoptó una oposición tibia e indecisa. Muchos de ellos prestaron, como se les exigía, el juramento de fidelidad al Bonaparte sólo para conservar su situación.

    Un grupo numéricamente muy reducido de españoles, los llamados “afrancesados”, apoyaron a Jose I. Estos colaboracionistas, en su mayor parte integrantes de los sectores sociales más altos, habían sido antes partidarios de las reformas ilustradas que a la muerte de Carlos III, sobretodo, la Revolución Francesa había truncado.

    Los afrancesados fueron considerados traidores a su patria por la mayoría del pueblo español. Al término de la guerra se vieron forzados a marchar al destierro por su colaboración con el enemigo: así, unos 15.000 afrancesados fueron exiliados en 1814.

    El nuevo régimen político monárquico de Jose I Bonaparte quedó diseñado en teoría por el “Estatuto de Bayona”, elaborado por el entorno del Emperador y dado en esa ciudad en Julio de 1808: esta ley fundamental, en realidad, debe ser definida como una “Carta Otorgada”, ya que no fue producto de un acto soberano de la nación.

    3.1. Guerra y Revolución:

    El levantamiento generalizado se convirtió en una prolongada y cruenta guerra, la Guerra de la Independencia (1808-1813), de resistencia contra los franceses. Estas luchas españolas por la independencia se encuadran en el contexto internacional de las guerras europeas de liberación antinapoleónica que sostuvieron también alemanes y rusos.

    En el desarrollo de los acontecimientos bélicos distinguimos tres fases:

    - Primera fase: de Mayo a finales de 1808.

    Se desarrolló una guerra convencional en la que frente a la superior técnica militar francesa, los españoles opusieron una heroica resistencia. Durante estos meses las tropas francesas, unos 150.000 hombres bajo el mando de Murat fueron incapaces de ocupar rápidamente el país. No lograron conquistar Gerona, Zaragoza ni Valencia.

    El ejército español venció en la “Batalla de Bailén” y los franceses se vieron obligados a evacuar Madrid y Portugal, derrotado en este caso por el ejército inglés, aliado ya de los españoles.

    - Segunda fase: de finales de 1808 a finales de 1811.

    Fase de dominio militar francés, que se inició con el traslado de Napoleón en persona a España al frente de 250.000 hombres, en su mayoría los mejores veteranos de guerra. El Emperador recuperó Madrid y regresó a Francia (Enero de 1809). Los años siguientes, el ejército francés fue conquistando territorios a cambio de enormes pérdidas humanas. Así, en 1810, ya ocupaban Aragón, Cataluña y casi toda Andalucía excepto Cádiz y Huelva.

    En cualquier caso, el dominio francés no fue nunca indiscutido: las guerrillas ocasionaron grandes pérdidas a los invasores, quienes tuvieron que mantener en armas un número excesivo de soldados.

    Las guerrillas eran pequeños grupos, formados por las gentes del pueblo, que atacaban continuamente y por sorpresa a los franceses en acciones rápidas sobre espacios rurales, aprovechando su conocimiento del terreno y la colaboración de la población civil que facilitaba a los guerrilleros información, alimentos y refugio.

    El ejército francés, incapaz de luchar con efectividad contra las guerrillas, reaccionó desarrollando una dura represión indiscriminada contra la población española en su conjunto.

    - Tercera fase: 1812 y 1813.

    Se vuelve a la guerra convencional apoyada por las guerrillas. Durante estos años los franceses irán retirándose progresivamente hacia la frontera pirenaica empujados por los españoles y por el ejército anglo-portugués, dirigido por el general Wellington.

    Las grandes batallas del periodo fueron “Arapiles”, “Vitoria” y “San Marcial”, con las cuales se puso fin a la presencia del ejército francés en España.

    Esta guerra se ganó gracias al esfuerzo sumado ejército inglés y de los guerrilleros españoles.

    3.2. Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812.

    Durante los años de guerra tuvo lugar el proceso revolucionario político gaditano, que significó la rotura con el absolutismo del pasado. El hundimiento del Antiguo Régimen en España se producía tras dos décadas de fracasos militares, crisis fiscales y desprestigio de la monarquía.

    Al haber renunciado al trono Carlos IV y Fernando VII se produjo un vacío de autoridad o poder legítimo y, como el rey impuesto José I no era aceptado, sería el pueblo español en su conjunto el que recogiese la soberanía vacante en un acto completamente revolucionario, ya que se pasaba así del poder monárquico al poder popular.

    De la misma manera que las guerrillas ejemplifican la participación espontánea de los españoles en la guerra, las Juntas demuestran su participación en la revolución política. Las Juntas que agrupaban a representantes del pueblo fueron los nuevos organismo políticos que asumieron el poder surgido en la España de la resistencia. Estas Juntas locales y provinciales se formaron contra los franceses en numerosas partes del país inmediatamente después de conocerse las abdicaciones de Bayona.

    En septiembre de 1808 se creó la Junta Central, integrada por 26 representantes de todas las Juntas Provinciales. Esta Junta estableció primero su sede en Aranjuez y posteriormente se trasladó a Sevilla y Cádiz obligada por el avance de las tropas de Napoleón.

    La obra de la Junta Central fue triple:

    • Gobernar el país.

    • Dirigir la resistencia militar contra los franceses.

    • Convocar Cortes extraordinarias en Cádiz. Iniciativa completamente revolucionaria ya que anteriormente el derecho de convocatoria de Cortes quedaba reservado exclusivamente a los reyes.

    A finales de Enero de 1810 la Junta Central se autodisolvió y traspasó sus poderes a una Regencia de cinco miembros.

    En 1810 se reunieron las Cortes en Cádiz (Cortes de Cádiz) para quedar a salvo de las tropas francesas, aunque la ciudad estaba sitiada por el enemigo. Las Cortes se autoconcedieron poderes ilimitados. Estaban formadas por unos 300 diputados entre los que dominaban los representantes de las clases medias con formación intelectual y escaseaban nobles y obispos.

    Pronto aparecieron entre los diputados dos grandes tendencias: los liberales (partidarios de las reformas revolucionarias que dominaron decisivamente en toda la labor de las Cortes) y los absolutistas (que se pronunciaron a favor del viejo absolutismo monárquico)

    Las Cortes proclamaron a Fernando VII ,que pasó a llamarse “el deseado” y a quien se consideraba secuestrado, como legítimo rey.

    Los dos objetivos principales de las Cortes de Cádiz fueron:

    • Reformar profunda y estructuralmente las instituciones políticas, económicas y jurídicas españolas.

    • Redactar una Constitución.

    El primero de estos objetivos se llevó a cabo sobre una serie de Decretos y Leyes. Destacan por su mayor trascendencia los siguientes:

    • Libertad de imprenta y supresión de la censura previa por primera vez en España (1810).

    • Abolición del Régimen Señorial y de los Señoríos jurisdiccionales. Pero al convertirse los títulos señoriales en contratos de propiedad particular, la nobleza salvó casi todos sus bienes y tierras (1811).

    • Supresión de la Inquisición (1813).

    • Abolición del régimen gremial, lo que suponía la libertad económica, comercial de trabajo y de fabricación (1813).

    • Tímida desamortización eclesiástica con la incautación de los bienes de órdenes militares y de los Jesuitas (1813).

    • Creación de un moderno sistema presupuestario para controlar gastos e ingresos del Estado.

    La Constitución promulgada el 19 de Marzo de 1812 es un documento de gran importancia histórica, aunque careció de hecho de aplicación en la vida pública.

    Esta constitución consta de 384 artículo y descansa sobre cuatro principios fundamentales:

  • Soberanía Nacional. Principio según el cual el poder reside en la nación en su conjunto; este precepto político se opone a la Soberanía Monárquica absolutista legitimada por el origen divino.

  • División de poderes. La Constitución confía el poder legislativo a unas Cortes unicamerales. El poder judicial queda depositado en los tribunales, de tal forma que el rey y los señores feudales pierden la potestad de administrar justicia como sucediera en el Antiguo Régimen. El poder ejecutivo queda con limitaciones en manos del rey, pues para impedir el retorno del absolutismo el monarca no podía disolver las Cortes; además, sus órdenes quedarían invalidadas en caso de no llevar la firma del ministro correspondiente, quien sería responsable de su gestión ante la cámara legislativa.

  • Aunque el rey reina y no gobierna, posee iniciativa de proponer leyes a las cortes, manda las fuerzas armadas, dirige las relaciones internacionales y nombra libremente los ministros. Poseía un veto suspensivo transitorio sobre las leyes durante dos años, después quedaba obligado a aceptar la ley aprobada en Cortes.

  • El nuevo derecho de representación. Los diputados representaban a todos los españoles, y no a los estamentos. Se nombraban mediante un complicado procedimiento electoral por sufragio universal indirecto en cuarto grado (tenían derecho a voto todos los hombres mayores de 25 años).

  • La declaración de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Esto supone el fin de las diferencias estamentales con sus privilegios fiscales, militares y jurídicos.

  • 4. Absolutistas y liberales.

    Después de la derrota de Leipzig, Napoleón necesitaba asegurar el flanco sur del territorio francés para impedir una invasión inglesa desde España. La manera más cómoda y barata de lograr sus propósitos era negociar con Fernando VII la vuelta de éste al trono.

    Fernando VII en un principio no quiso tratar ni hacer nada sin el consentimiento de la nación española y, por consiguiente de la Regencia. Como no sabía muy bien cual era la situación política, pretendía ganar tiempo no comprometiéndose con Napoleón para no ser por ello desautorizado, ya que las Cortes habían decretado que cualquier tratado firmado por él mientras estuviese prisionero carecía de valor; pretendía, asimismo, ignorar al máximo órgano de poder, la Regencia. Presionado por el emperador acabaría firmando (11-12-1813) el “Tratado de Valençay” en el que se le reconocía como rey de España y en el que se comprometía ante Napoleón a no tomar represalias sobre quienes habían seguido al rey José I.

    Fernando VII pasaba a ser aliado estratégico de Napoleón, y, por ello, la Regencia, dominada por los liberales, se negó a ratificar el tratado, y por ese mismo motivo España no sería invitada a participar en el “Tratado de Chaumont” (marzo 1814), donde se decidió coordinar la acción política y militar de los diversos países de Europa contra Napoleón. Esa marginación de lo acordado en Chaumont era el comienzo del aislamiento internacional al que estaría sometida España durante gran parte del siglo XIX.

    Como el rey, desautorizado por la Regencia, no estaba muy seguro del recibimiento que iba a tener en el país, retrasó su regreso hasta finales del mes de marzo. Escoltado por las tropas del general Copons (liberal) emprendió un lento retorno a Madrid con el objeto de ir tratando la situación. A medida que se adentraba en el país, el rey se iba dando cuenta de que era el árbitro, de que todos le necesitaban, los liberales para consolidar las reformas y los absolutistas para acabar con ellas.

    El inevitable choque entre la Regencia, que se consideraba titular de la soberanía en nombre del pueblo y la Constitución, y el rey, que se consideraba soberano por derecho divino, acabaría produciéndose en Valencia. El cardenal Borbón, arzobispo de Toledo y presidente de la Regencia, se vio obligado a besar la mano del rey en señal de sumisión.

    4.1. La restauración absolutista:

    Un grupo de diputados absolutistas le presentará al rey en Valencia (1814) el llamado “Manifiesto de los Persas”, en el que se le pide al rey la vuelta al Antiguo Régimen y la disolución de la Constitución. Fernando VII va aclarando sus ideas gracias a sus partidarios y, el 4 de Mayo de 1814, da un golpe de Estado contra la Constitución y contra toda la labor de las Cortes de Cádiz, conocido como el “Manifiesto de abrogación del Régimen Constitucional” .

    El rey, tras el manifiesto del 4 de Mayo, pretende que el país olvide todo lo ocurrido durante la guerra y que, como si nada hubiera sucedido, se vuelva al Antiguo Régimen y al absolutismo. Iniciará entonces una fase de represión contra todo lo liberal, España ser va a ver convertida en un estado “policíaco” y de terror. Las cárceles se llenaran de liberales y el rey ordenará incluso penas de muerte.

    Los liberales ante la actitud del rey tienen dos opciones:

  • Quedarse en España, correr el riesgo y oponerse a la política real (mediante los Pronunciamientos).

  • Marcharse al exilio (Gran Bretaña, Portugal, etc.) y desde allí apoyar los pronunciamientos.

  • El ejército que tanto había luchado antes contra Napoleón, ahora, tras tantos años de guerra, se verá perseguido y encarcelado. Se abrirá entonces un periodo lleno de pronunciamientos.

    El pronunciamiento fue la peculiar forma que los liberales utilizaron para combatir el absolutismo. El objetivo de estos pronunciamientos era sustituir la monarquía absoluta restaurada por Fernando VII por una monarquía constitucional basada en los principios de las reformas planteadas por las cortes de Cádiz durante la Guerra de la Independencia.

    4.2. Etapas del reinado de Fernando VII:

    4.2.1. (1814-1820): El Sexenio Absolutista:

    Al rey lo único que le interesaba era ejercer su poder absoluto, y a ello se dedicó. Se desinteresó de los asuntos externos que provocaría su vuelta al trono y, aunque el general Castaños participó en la lucha contra el imperio de los Cien Días, la cortedad de miras del rey fue la causa de que España no obtuviese en la segunda Paz de París (noviembre, 1815) ningún tipo de compensación territorial o económica por su esforzada lucha contra el imperio napoleónico; tampoco fue invitada a entrar en la Quíntuple Alianza formada en el Congreso de Viena y que se propuso dirigir Europa.

    Durante los años que siguieron el rey practicó una política personalista, sin programa, con gobiernos inestables y gobernantes incapaces. Poco a poco, bastantes de cuantos habían firmado el “Manifiesto de los Persas” y apoyado al rey en el Decreto del 4 de Mayo, fueron sintiéndose burlados y alejándose de la política seguida por el rey al ver que las promesas de reforma no sólo no se cumplían sino que incluso la vida política del país se endurecía.

    España se encontraría en una grave crisis económica causada por los desastres de la guerra y por la elevada deuda de la Hacienda Real, además la desconexión con las colonias causaría la paralización del comercio. La monarquía borbónica se encontraría una vez más con los viejos problemas.

    Como hemos dicho anteriormente Fernando VII ordenó una brutal represión contra todo intento de oposición liberal, lo que enfrentó duramente a absolutistas (también llamados “serviles”) y a los liberales. En 1814 se exiliaron unos 15.000 liberales y, en 1823, 20.000 fueron ajusticiados.

    Además de la grave crisis económica que azotaba el país España sufrió internacionalmente un grave descrédito y una descalificación como potencia de segundo orden.

    Se sucedieron los pronunciamientos que buscaban el apoyo popular pero que en pocas ocasiones lo consiguieron. Todos ellos fracasaron no tanto por la eficacia represora de la Monarquía, sino debido a la improvisación de las acciones, la falta de organización y, con frecuencia, la denuncia y la delación de algunos de los implicados.

    Así, pues, durante todo el periodo se van a suceder una serie de frustrados pronunciamientos liberales, resultado de una mezcla de principios liberales, ambición frustrada y descontento militar. Sólo uno de estos pronunciamientos, el encabezado por el comandante Riego, fue el detonante de la revolución de 1820-1823.

    4.2.2. (1820-1823): El Trienio Liberal:

    En 1820 el comandante Riego obligará al rey a volver a la Constitución de 1812 y a las reformas planteadas. El éxito de los liberales se debió más a la debilidad del absolutismo que a la fortaleza de los militares liberales. El 9 de Marzo el atemorizado Fernando VII decidiría jurar la Constitución de 1812 y autorizar la formación de una Junta Provisional Consultiva que se encargase del gobierno del país.

    En un intento de modernizar la administración del país se dividió éste en 49 provincias jurídicamente iguales, se promulgó el primer Código Penal, se establecieron las tres etapas de la enseñanza: primaria, secundaria y superior, y se suprimieron también los señoríos y el mayorazgo.

    El rey nunca se resignó a su papel de monarca constitucional y aprovechó cuantas ocasiones pudo para intentar recuperar su poder absoluto. Pidió ayuda y la recibiría. El Congreso de Verona decidiría entonces enviar un ejército al mando del Duque de Angulema formado por 65.000 franceses y 35.000 españoles absolutistas voluntarios (los llamados 100.000 hijos de San Luis).

    Este ejército penetra en España el 7 de Abril de 1823, no encuentra entonces resistencia alguna y arrincona al gobierno del Trienio en Cádiz, éste llevó tras de si al rey como escudo y una vez en Cádiz intentó aguantar la invasión. En julio los franceses y los absolutistas que se les habían unido vencieron a las tropas gubernamentales en Despeñaperros. El rey no podía ocultar su satisfacción y, al devolvérsele sus poderes declaró nulos y de ningún valor todo cuanto se había legislado desde el 7 de Marzo de 1820 hasta el 1 de Octubre de 1823, volviendo así al absolutismo.

    4.2.3. (1823-1833): La Década Ominosa:

    Una vez más la monarquía absoluta intenta reformas porque la crisis continúa, además se han ido configurando dos opciones políticas alternativas al rey:

  • La liberal: que se ha dividido entre moderados y exaltados o progresistas.

  • El reaccionario que se había aglutinado en torno a Carlos (hermano menor de Fernando VII) también llamados apostólicos o Carlistas.

  • Esta tercera etapa tendrá dos periodos claros:

  • (1823-1827) Es un periodo de represión contra los liberales tras el Trienio, pero también de reafirmación absolutista y de crisis económica (por la guerra de la independencia de las Colonias y por su definitiva separación de España, junto con los problemas heredados en etapas anteriores).

  • (1828-1833) Se caracteriza por una vergonzosa inacción política (el rey paraliza las labores de gobierno porque no tiene recursos). La Hacienda Real está en absoluta crisis, se pide prestado al extranjero y se arriendan los bienes del Estado. Los servicio públicos como la Administración del Estado, el Ejército, la Marina, la Magistratura, la Enseñanza, la Beneficencia o las Obras Públicas están totalmente abandonados, al igual que el comercio y la industria.

  • 4.3. Independencia de las colonias americanas:

    El Imperio Colonial americano era independiente de hecho desde la Guerra de la Independencia (1808-1814). En plena guerra contra los franceses surgieron también en América Juntas, que si bien en un principio era para luchar contra los franceses, pronto lo harían también por su independencia de España. En 1814, con la vuelta de Fernando VII, este proceso se frenó, pero la ineficacia del gobierno del rey y la desconexión existente desde Trafalgar, provocaron que se reiniciara el proceso en 1816.

    Las características más relevantes del proceso serán:

    • Aparición de Juntas por todo el territorio, la ideología liberal que si bien lucha contra Napoleón, cuando acaba la Guerra de la Independencia, repetirá el proceso, esta vez en América y contra los españoles.

    • La influencia de la independencia de las trece colonias británicas de América del Norte conocidas como los Estados Unidos durante 1770-1780 y la influencia indiscutible de la Revolución Francesa de 1789.

    • La monarquía borbónica había entrado en una crisis financiera que le imposibilitaba tener recursos para mandar un ejército de España a América, además, también estaba en crisis política debido a que, en 1820, el comandante Riego se había pronunciado en Cabezas de San Juan (Cádiz) contra el absolutismo de Fernando VII y le había impuesto al rey la vuelta a todo lo hecho en las Cortes de Cádiz.

    • El proceso tuvo además un carácter regional, ya que aparece en varios lugares simultáneamente: en Méjico sublevaciones encabezadas por el cura Morelos, en Rio de la Plata (Argentina) y en Perú encabezadas por el general San Martín, como también haría con Nueva Granada (Colombia y Venezuela) Simón Bolívar.

    5. La imposibilidad del absolutismo:

    El proceso de la independencia americana agravó todavía más la crisis de la Hacienda Real, ya que se perdieron los ingresos procedentes de América, contribuyendo así a la crisis de la Monarquía Absoluta. Además la burguesía, que tenía intereses comerciales en América, la culpó de perder el mercado colonial y pasó a apoyar con más fuerza el liberalismo.

    Al final de la década de 1830 acontecieron dos hechos cuya influencia modificaría la situación:

    • El panorama internacional: entró en una nueva situación debido a que en Europa, en 1830, se produce una oleada de revoluciones liberales que derrocan la Monarquía Absoluta impuesta por la Santa Alianza y el Congreso de Viena. Este movimiento triunfó en Francia con la proclamación de Luis Felipe de Orleáns como nuevo rey, volviendo así al régimen constitucional, al igual que en otros puntos de Europa. Dicho movimiento contribuyó a la causa de Isabel II.

    • Pleito dinástico sucesorio: entre Isabel y María Cristina (hija y esposa de Fernando VII sucesivamente) apoyadas por los liberales, y Carlos (hermano menor de Fernando) apoyado por los absolutistas.

    Este hecho cambió bruscamente la situación: en 1832 enferma Fernando VII y Mª Cristina actúa de Regente en el gobierno y, obligada por la situación sucesoria tuvo que atraer a los liberales para la causa de Isabel. Éstos exigieron cambios radicales para apoyar dicha causa y Mª Cristina actuó así:

      • Declaró la Amnistía (liberación de presos políticos liberales encarcelados).

      • Cambio al alto personal de la Administración sustituyendo a los absolutistas por liberales.

      • Abrió las universidades cerradas dos años antes.

      • Indultó a gran cantidad de presos comunes,etc.

    Y más medidas que agradaron a los liberales.

    Con la mejora de Fernando VII y su vuelta al poder, lo único que le preocupaba al monarca era asegurar el trono a su hija Isabel.

    La ley Sálica de dictada por Felipe V en 1713 excluía del trono a Isabel, ya que según dicha norma la corona sólo podía transmitirse entre varones, de tal forma que las mujeres únicamente serían llamadas a suceder al faltar heredero varón en línea directa o colateral. De éste modo sería Carlos sobre quien recaería el poder sobre España, lo que Fernando VII se proponía evitar. Para ello derogó mediante una Pragmática Sanción la Ley Sálica de 1713. Según esta pragmática en caso de faltar hijos varones heredaría el trono la hija mayor del rey, por lo que Don Carlos quedaba excluido del trono.

    Este pleito sucesorio en realidad ocultaba un conflicto de carácter ideológico que dividía a la sociedad española en dos sectores con intereses opuestos:

  • El bando isabelino, que agrupó a burgueses, hombres de negocios, funcionarios públicos, mandos del ejército, alta nobleza, altas jerarquías eclesiásticas, sectores urbanos y a los liberales, eligieron la defensa de los derechos dinásticos de Isabel contemplando así la posibilidad de triunfo de sus ideas.

  • El bando carlista, formado por todos aquellos que se oponían a la Revolución Liberal: algunos pequeños nobles rurales, unos pocos oficiales del ejército (los más reaccionarios), parte del bajo clero y muchos campesinos, pequeños propietarios o humildes agricultores que asociaban el liberalismo con el aumento de impuestos.

  • En 1833 muere Fernando VII, dejando como heredera a Isabel, que tiene 3 años de edad. Su madre, Mª Cristina, actúa como Regente. Esta situación no es aceptada por Carlos, lo que traería consigo más tarde el comienzo de una Guerra Civil.

    7. Bibliografía.

    - Historia de España (1999). Ed. Laberinto.

    Susana Casaos León, Domingo Domené Sánchez y Antonio Puente Sierra.

    - Historia 2º Bachillerato (1999). Ed. Rialla-Octaedro.

    José Ignacio Madalena Calvo, Enric Pedro Llopis y Pilar Maestro González.

    - Enciclopedia Larousse (1998). Ed. Planeta.

    - Apuntes de clase.

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