Antígona; Sófocles

Literatura universal antigua. Tragedia griega. Mitología y realidad. Argumento. Personajes

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  • Autor

  • Personajes

  • Resumen de la obra

  • Ideas fundamentales y secundarias de la obra. Su relación con el mundo actual

  • Conclusiones

  • Otro final

  • La familia de Antígona

  • Bibliografía

Autor

En griego Sophoklës. Poeta griego (Colona, entre 496 y 494-Atenas 406 a.d.C.)

Hijo del armero Sofilo, desde muy joven demostró una excepcional vocación hacia el arte damático. En 468 a.d.C. fue declarado vencedor en un certamen teatral en el que también participaba Esquilo.

De la vasta producción dramática de Sófocles, integrada por más de 120 piezas, sólo se han conservado siete tragedias y el fragmento de una obra satírica. Entre sus principales contribuciones a la evolución del género trágico se cuentan la introducción del tercer actor, con el consiguiente enriquecimiento del diálogo; el abandono a la trilogía tradicional, en la que cada pieza guardaba estrecha vinculación con las otras, y la concentración de la acción en el plano psicológico, que le permite crear una vasta y compleja galería de héroes trágicos. Uno de sus mecanismos creadores más representativos es la ironía dramática, por la que las palabreas de algunos personajes adquieren un sentido al contrario al que querían darle al pronunciarlas.

Las siete tragedias que se conservan son las siguientes: Áyax, Antígona, Edipo rey, Electra, Las traquinias, Filoctetes y Edipo en Colona.

Se conocen títulos de obras perdidas y hay trozos de algunas de sus obras, donde cabe destacar los 400 versos de Los sabuesos, que se descubrieron en 1912, en un papiro egipcio.

Además de Antígona que plantea el conflicto entre el amor fraternal y la obediencia a las leyes humanas, la obra más difundida y universal de Sófocles es Edipo Rey a la que Aristóteles considera el prototipo de la tragedia clásica.

Resumen de la obra

Antígona era la hija de Epido y Yocasta y hermana de Ismene, de Eteocles y de Polinices. Antígona acompañó a su padre cuando éste, al descubrir el crimen y el incesto que había cometido, partió hacia el exilio después de arrancarse los ojos. Se refugiaron en Colona, un pueblecillo de Ática, donde la muerte trajo finalmente la paz a Edipo. Antígona regresó entonces a Tebas. Después de que Eteocles y Polinices se mataran mutuamente en su lucha fratricida por el poder, su tío Creonte, convertido en rey de Tebas, dijo que Eteocles tenía que recibir una sepultura y honras fúnebres (porque defendió el pueblo) y a Polinices no. A éste le cogieron y lo tiraron al campo para que las alimañas y las aves rapiñas se lo comieran. Las tradiciones griegas establecían el deber sagrado de sepultar a los muertos, señalando que en caso contrario el alma del difunto vagaría eternamente sin reposo y nunca podría acceder al reino de las sombras.

Ismene se sometió al edicto de Creonte; no así Antígona , que transgredió conscientemente la prohibición del tirano por amor a su hermano y en nombre de las "leyes no escritas e inmutables de los dioses" (pag. 389). Condenada a ser emparedada viva, Antígona pone fin a su vida ahorcándose. Su prometido Hemón, hijo de Creonte, se da muerte sobre el cuerpo sin vida de Antígona, y la esposa de Creonte, a su vez se suicida de dolor.

Personajes

Antígona:

Es la hija de Epido y Yocasta y hermana de Ismene, de Eteocles y de Polinices. Es una persona decidida con las ideas claras que la sirve para revelarse contra su tío, el Rey de Tebas, que tiene todo el poder. Es consciente del peligro que corre, al querer darle a su hermano Polinicles la sepultura que se merece, pues Creonte siempre cumplía su palabra, pero es peor, para ella, pensar que ha fallado a sus antepasados y que ha ido en contra de lo que la sangre que corre por sus venas le dicta.

La ley que rige en los principios morales de Antígona, es la ley de las costumbres, de la religión y de la familia. Ante las órdenes de Creonte de no enterrar a Polinices ante el supuesto crimen que ha cometido, Antígona decide desobedecer la orden de su tío aunque ello le suponga su propia vida, ella no puede traicionar a su hermano y así se lo dice a su hermana Ismene " sí, que es hermano mío y, aunque no quieras, tuyo. No quiero ser culpable de haberle traicionado" (pag. 376). Se impone la fidelidad a la familia, a las costumbres y a la moral que dice que todo cadáver debe ser enterrado debidamente y añade " a Creonte nada le permite inmiscuirse en lo mío".

Estas afirmaciones que Antígona hace a su hermana, dan a entender la firmeza de sus convicciones religiosas y de fidelidad familiar, ya que desobedecer la Ley que Creonte ha impuesto respecto al cadáver de Polinices, le puede llevar a su propia muerte, y ella prefiere morir a renegar de sus principios.

Creonte:

Es el Rey de Tebas, descendiente de Meneceo, padre de Hemón y tío de Antígona, Ismere, Eteocles y Polinicles. Cree tener la razón cuando determina que Polinicles tiene que pudrirse sin haberle dado sepultura pero no piensa en las consecuencias que puede acarrearle la decisión de Antígona y su oposición. Se mantiene firme toda la obra, sin importarle la oposición de su hijo, y la explicación, con fundamentos, de su sobrina Antígona.

Los dos únicos momentos en los que muestra debilidad son, primero cuando Tiresias, su adivino, le advierte sobre las consecuencias de la muerte de Antígona; y segundo cuando ve morir a su hijo y ve a su esposa muerta.

Para Creonte su Ley es la ley del poder. Lo primero que manda es que el cuerpo de Polinices no sea sepultado y que sea pasto de las aves y alimañas, ya que le considera un traidor y que un traidor, aunque sea su pariente, no tiene derecho a un entierro digno. Así lo afirma en el texto " para mí una persona que, en la ciudad mandando, no se atenga al mejor criterio, sino deje el miedo a tal o cual cosa cierre su boca, me parece el peor hombre que ha existido jamás; y para el ciudadano que posponga su patria al amigo, ninguna consideración tengo" (pag. 380) y más adelante dice "esta es mi decisión; jamás de parte mía conseguirán los malos más honor que los justos, mas quien resulte amante de esta ciudad, será por mí tan estimado muerto ya como en vida" (pag. 381).

El criterio de Creonte es el del poder, el de que no puede anteponer dicho poder a otras consideraciones, como las religiosas, las de la familia, de las costumbre. Considera a Polinices un traidor, un malvado y por ello no le puede dar el mismo honor que a los justos. Pero le desprecia, ya que el entierro que propone no es ni siquiera digno, ya que el cuerpo quedaría a merced de las alimañas.

Cuando se entera de la desaparición del cadáver, el Corifeo le insinúa que el suceso puede tener algún componente divino (religioso), pero no lo cree así, dando a entender que no cree mucho en los dioses, así dice " es intolerable que digas (al Corifeo) que a los dioses les importa ese muerto ni aun en el grado mínimo" (pag. 384) y más adelante "¿ has visto que algún dios estime a los malvados? (pág. 384). El cree que ha habido algún soborno a los guardias, no cree en acciones divinas.

Ismene:

Es la hermana de Antígona. En un momento de la obra Antígona la cuenta que va a ir a enterrar a su hermano y ella se escandaliza y no la ayuda por temor al Rey de Tebas.

Al cabo del tiempo Ismene se da cuenta de que es mejor ayudar a su hermana, y así lo hace. Cuando Creonte la llama ella dice que ayudó a su hermana a enterrar el cuerpo.

Al principio Ismene tiene una conducta cobarde, indecisa y temerosa pero al final se arrepiente de su cobardía y rectifica.

Guardián:

Es quien va a darle la noticia a Creonte de que alguien ha cubierto el cuerpo de Polinicles. También es el que encuentra a Antígona cavando una tumba.

En la figura del guardián se ha atenido Sófocles al personaje que relaja la tensión haciendo sonreír al público. Divierte este personaje tan asustado, pero tan listo como para hacer gracia al rey saliendo así bien del lance.

Hemón:

Hijo de Creonte y Eurípides y el prometido de Antígona. Se opone a la decisión de su padre y le amenaza con una espada, después se marcha a donde está enterrada Antígona y se quita la vida.

Hemón se enfrenta a su padre, Creonte, al principio con palabras amables y protestas de cariño mutuo; pero terminarán enfurecidos por el odio y la pasión. Los argumentos del padre son los que ya conocemos: los hijos deben ser meras prolongaciones de los progenitores en el trato con amigos y enemigos; sería vergonzoso que Hemón transgrediera esta regla impulsado sólo por la pasión erótica que le haga esclavo de una simple mujer. Creonte no puede volverse atrás; la ciudad necesita orden, disciplina y no anarquía. Pero tales argumentos se lo ponen fácil a Hemón. Cómo él puede salir y entrar de casa cuando quiera, posee más datos sobre la opinión pública, favorable a Antígona, que el déspota aislado en su palacio sin otro interlocutor que los aduladores del coro. Intenta convencer a su padre que cree saberlo todo y nunca se doblega. Ante la irracionalidad de su padre por el amor que siente sobre Antígona y por los principios que representa se quita la vida cuando descubre muerta a su amada.

Tiresias:

Es un anciano, vidente de Creonte. Es al único que verdaderamente escucha porque es quien alerta de todo lo malo que le puede suceder con Antígona y propone a Creonte el entierro de Polinices.

Mensajero:

Es el encargado de decirle a Creonte que su hijo Hemón se ha suicidado y también de decirle que su esposa, Eurídice, también lo ha hecho.

Corifeo:

Es el presidente del Coro de ancianos de Tebas. Representa la máxima autoridad después del Rey. En todo momento sabe lo que ocurre y es consciente de la situación de Creonte. Intenta convencerle que la sepultura del cadáver de Polinices es obra divina así el problema quedaría zanjado, pero su intento es inútil.

Coro:

El coro representa la voz de los que adulan al rey, y lo que hace es dar la opinión de éste, aunque puede deducir o imaginarse lo que puede pasar. Analiza lo que hace Creonte y las situaciones que genera. Al principio de la obra siente angustia, pero no ante la desmesura de Creonte, secundaria hasta ahora, sino ante el atrevimiento del que ha desobedecido sus órdenes.

Más adelante ante el castigo a Antígona el coro se pone de lado de Creonte, la desobediencia ha sido la causa del castigo. Los dioses han vuelto a ofuscar el que cree bueno el mal. Para el coro el mal ha sido Antígona, en cambio para otros como hemos visto el desatinado Creonte. Sófocles pone al coro frente a la ambigüedad ya que quiere mostrar lo delicado y difícil del problema, saber quien tiene la razón y quién no en este conflicto entre leyes.

Ideas fundamentales y secundarias de la obra. Su relación con el mundo actual

Como ideas fundamentales y secundarias de la obra destacamos las siguientes:

a) Oposición entre leyes divinas y humanas

El dramaturgo ha preferido aquí un tema relacionado de forma indirecta con la política. Una oposición entre dos personas, hombre y mujer, tío y sobrina, en un encuentro entre dos maneras de atenerse a las leyes divinas o humanas; un choque de las viejas normas religiosas y familiares con la innovadora razón del Estado representada por un tipo de gobernante autocrático y poseído de sí mismo, alejado de la sensatez y buen juicio que se le debía suponer. El individuo se afirma frente a este déspota con otro modo de enfocar la vida y las relaciones entre humanos; el hijo se yergue frente al padre en ese conflicto generacional del que mil ecos atruenan hoy en nuestra sociedad; todo en efecto muy actual hasta el punto de que ningún drama antiguo se ha erigido como éste en estandarte de tantas doctrinas a lo largo de un siglo.

b) Relación entre tiranía y democracia

En la obra se destaca dos formas diferentes de ejercer el poder, el de Creonte y el de Hemón su hijo.

Creonte representa el poder absoluto y no permite sugerencias a sus órdenes. El está en poder de la verdad y su verdad debe ser cumplida y no permite nadie la cambie. Así en la obra se destacan frases en su conversación con su hijo Hemón que al enterarse de que su prometida Antígona va a ser ejecutada por haber dado sepultura a su hermano Polinices, va a pedirle explicaciones a su padre.

Creonte cree que debe hacer matar a Antígona para mantener el principio de autoridad no sólo ante el pueblo, sino también dentro de su propia familia; así dice "si el desorden permito en mi propia familia, ¿qué no harán los extraños? ….al que gobierna se debe obedecer aun en lo más pequeño, sea ello justo o no sea. …..no hay calamidad alguna mayor que la anarquía; las ciudades deshace, los hogares destruye, consigue que vencidos huyan los batallones aliados; y, en cambio, la disciplina es causa de que se salven muchos soldados victoriosos" (pag. 397). Con estas palabras Creonte expresa su favor por la autoridad absoluta, la tiranía, ya que no permite que voces le aconsejen en la toma de órdenes aunque sepa que las mismas sean injustas. No admite consejos de sus conciudadanos "¿me habrá, pues, de dictar la ciudad cuando mande? (pag. 399), a lo que Hemón le contesta "no es ciudad la que sea propiedad de un solo hombre" (pag. 399), pero él insiste en el poder absoluto del rey "pero ¿no admiten todos que la ciudad es del jefe?" (pag. 399). La obra recalca la tiranía de Creonte como el dueño del reino con poder absoluto.

Por su parte Hemón plantea una forma distinta de ejercer el poder. Se presenta ante su padre ante el clamor del pueblo sobre la injusticia de la pena de muerte sobre Antígona. Las peticiones del pueblo no llegan al rey, no hay cauces para ello y Creonte que según él tiene la verdad absoluta sobre todas la cosas no se preocupa de enterarse que opina el pueblo de su órdenes. Así en el texto Hemón dice a su padre: "tu persona al vulgar ciudadano intimida si se trata de dichos que quizás no te agraden, mientras yo puedo oculto, por ejemplo, oír como la ciudad se lamenta por esa niña al ver que, aún siendo la mujer que menos lo merece, va a perecer por causa de la más noble acción" (pag. 398). Asimismo Hemón intenta razonar sobre las órdenes que no admiten sugerencias aunque sean injustas "el hombre, aunque sea sabio, no ha de sentir vergüenza de aprender muchas cosas y no ser inflexible" (pag. 398). Más adelante ante la insistencia de Creonte de que admitir sugerencias supondría perder su autoridad, Hemón insiste que se va a convertir en el tirano de un país despoblado.

En resumen estamos ante un caso claro caso de Dictadura y Democracia, en la primera existe el poder absoluto de gobernar sin tener en cuenta al pueblo, sin escucharle ni tener en cuenta sus inquietudes, sus opiniones. Por otro lado, Hemón representa la democracia, escuchar al pueblo, sus opiniones y gobernar teniendo en cuenta sus sugerencias. Por eso no se pierde autoridad sino que se fortalece la misma.

Como buen tirano, Creonte no admite consejos del pueblo, pero sí de un adivino el anciano Tiresias, que le avisa de malos presagios por la ira de los diosas por lo que está haciendo. Así también el coro le avisa que la muerte de Antígona puede ser mala para el reino porque puede suponer también la muerte de Hemón. Como buen tirano y supersticioso que es, sólo hace caso de lo que le dice su adivino, en lugar de atender a los razonamientos de su hijo. Esto va a dar lugar a la tragedia que se adivina.

c) El papel que desempeña el destino

Es un elemento secundario. El destino queda reflejado en la actitud de las dos hermanas Antígona e Ismene.

Ismene en su condición de mujer cree que no puede pelear contra los hombres ni sus leyes "piensa que hemos nacido mujeres, incapaces de pelear con hombres, y que en poder estamos de quienes darnos pueden esos mandatos y otros todavía más duros" (pag. 377). En sus palabras se ve que existe un cierto conformismo por su parte, que no puede hacer nada contra las leyes de los hombres y que tampoco piensa rebelarse ante ellas. El destino ha querido que las cosas fueran así, y no piensa plantear batalla ante las órdenes de Creonte.

Por parte de Antígona, el destino le ha puesto ante la prueba de defender sus creencias, sus principios, y ante ello no va a dudar de desobedecer las órdenes de Creonte, aunque le cueste la vida.

d) Las críticas sobre Antígona y sus autores. Relación con el mundo actual.

Antígona ha quedado desde Sófocles como la heroína capaz de asumir los valores éticos más elevados y pagar con ello con su vida, como el símbolo de la resistencia contra cualquier forma de tiranía.

Sin embargo, cuando el mito literario sobre Antígona empieza a cobrar cuerpo en la letras europeas y antes de encarnar la oposición a la tiranía, Antígona había simbolizado fundamentalmente la adhesión a los valores familiares. Así aparece en las traducciones romances de la tragedia de Sófocles, tanto en la italiana Luigi Alamani (1533) como en la francesa Baïf (1573), y también en la creación oriental de Robert Garnier (1580), donde puede detectarse ya una cristianización del mito. Lo mismo se observa en la interpretación que ofrece Rotrou en su Antígona (1637) y sobre todo en el relato épico de Ballanche (1814), que la convierte en una heroína moderna, una santa comparable por su abnegación y espíritu de sacrificio de Juana de Arco.

En el siglo XIX Antígona inspirará la reflexión de los románticos alemanes, especialmente a partir de la traducción que de la pieza de Sófocles realiza Hölderlin que, en sus Observaciones sobre Antígona (1804), ve en ella una figura blasfema y violenta. Según el filósofo Hegel, el mito de Antígona pone de manifiesto la contradicción misma que condenaba a muerte a la sociedad griega, víctima de la tensión entre los valores morales de la ciudad, encarnados en la figura masculina, Creonte, y los valores morales "naturales" que profesa Antígona como mujer (Estética, 1835).

La interpretación abiertamente política del mito se gesta durante el siglo XIX. El conflicto entre las leyes escritas y las leyes no escritas se convierte en el que enfrenta al individuo con el poder absoluto. Esta interpretación aparecía esbozada en la Antígona de Alfieri (1783), donde se denunciaba enérgicamente la razón del Estado y el poder monárquico. Por extensión, Antígona se convierte en el símbolo de la rebeldía y de la libertad inconformista, como en la pieza de Jean Cocteau representada en 1922 con una puesta en escena vanguardista.

En el siglo XX muchos autores han buscado interpretaciones a los personajes que aparecen en la obra. Respecto a Creonte, Walter Hasenclever (1917) lo identificaba con Guillermo II rodeado de su camarilla belicosa; Salvador Espriu (1939), con alusiones a Franco y un intento de mediación de Antígona entre sus hermanos que recuerda le gestión de Besteiro y Casado; Jean Anouilh (1944), cuya famosa Antigone, estrenada en el París de la ocupación, inortalizó sus prototipos de la muchacha resistente avocada a la muerte que no quiere comprender cuanto la rodea y el escéptico y fatigado Creonte, un eficaz burócrata colaboracionista que quiere para Tebas una vida sin sobresaltos y que se resigna a llevar a cabo su sucia tarea, porque alguien tiene que hacerla y porque es demasiado cómoda la postura de los que dicen no a todo; José Mª Pemán (1945) que, no pudiendo abstraerse de las recentísimas catástrofes de Mussolini y Hitler, simultanea la condena del estalinismo con tímidos reproches al franquismo; Beltor Brecht (1948), que muestra a Polinices como un disidente ahorcado por las SS del vesánico y destructor rey; y, en América, visiones tan interesantes como las Leopoldo Marechal, Gabriel García Márquez y María Zambrano.

Así Zambrano y otros, son propensos a reconocer en Antígona una juvenil y santa patrona de toda suerte de buenas causas.

Hegel estableció la tesis de la colisión entre dos esferas jurídicas, la ley del Estado y la de la familia, ninguna de las cuales puede arrogarse toda la razón.

Pero en gran parte de los estudios científicos y modernos sobre la tragedia asoma la polémica contra Hegel. Porque está claro que Sófocles no piensa como Creonte. Aunque, como apuntó Bowra, a veces se complazca pícaramente en desorientarnos dejándonos entrever las figuras de un tirano razonable y una heroína arrogante en exceso: Creonte puede parecer que tiene razón, pero se equivoca; Antígona la tiene, pero a menudo parece que no. Más aun, para Pohlenz le tema real de la obra, como en tantos dramas, es el del castigo de un culpable, Creonte.

En los años del totalitarismo en Europa, la figura de Creonte, como era de esperar atrajo alguna mayor atención. En 1942, Tovar establece una clara contraposición entre las tendencias tradicionales, religiosas, irracionales, reaccionarias de Antígona y las razonables revolucionarias, irreligiosas, moralistas y modernas de Creonte, personaje que viene así a quedar bastante cercano al de Anouilh. Pulquérito califica a Creonte de hombre bien intencionado cuya naturaleza lleva en sí gérmenes activos de corrupción.

Para Müller y Gil, por el contrario, la crítica se ha descarriado al centrar la cuestión tan totalmente en torno a Creonte. Sólo Antígona puede ser la heroína de la obra, afirma tajantemente el primero; en la hija de Edipo, frente a la cual Creonte es un personaje de segunda fila, resentido está el anticipo mítico de un ideal de ciudadanía que habría de encontrar años más tarde su más cabal encarnación en Sócrates, afirma el segundo. Y Pemán llega más lejos: se trata aquí de la tragedia máxima de la libertad, la familia y el derecho natural frente al despotismo. La proclamación de la civilización europea. Cada vez que esa niña valiente, mártir y gloriosa muere en escena, Sófocles vuelve a ganar la batalla de Salamina.

Pero entonces ¿por qué esa atormentadora sensación de culpabilidad que mueve a Antígona a hablar de su "impiedad y de que ha obrado en contra de sus conciudadanos" (pag. 405)?. Aquí la argumentación de los críticos es importante. Tal vez sea Segal quien ha visto que la obra tiene un doble foco, un doble centro de gravedad representado por dos figuras ligadas entre sí. Es algo más complejo que la síntesis hegeliana, pero también mucho más simple: sencillamente, la naturaleza humana tomada en sí, con las posibilidades y limitaciones de su acción, en torno a la cual giran todo tipo de antinomias no siempre solubles, ley divina y ley de los hombres, individuo y Estado, moral privada y moral pública.

Con el problema al fondo, tan antiguo y tan actual, de la incomunicabilidad de los afectos y criterios humanos. Lo que ocurre es, sin más, que estos héroes y heroínas no se entienden. No hablemos de Hemón, sobre cuya cabeza pasa la tempestad como algo divino que no llega sino a presentir. Son Antígona y Creonte quienes tropiezan cada cual con una muralla de incomprensión. El primero es incapaz de comprender a su sobrina, pero Antígona tampoco sabe profundizar en las razones del tirano.

Conclusiones

Pienso que estamos ante dos posturas diferentes, por una parte Creonte con su autoridad de rey que no permite modificar las ordenes que da, y por otra parte la de Antígona que no cede ante sus principios aunque la cueste la vida.

También creo que había que haber buscado un punto intermedio de encuentro entre las dos posturas.

Quizá el autor quiso dejar un mensaje en esta tragedia, lo malo que son las diferencias de opiniones, tanto para los que lo practican como los que lo sufren cuando no se busca el diálogo entre las diferentes posturas.

Otro final

El final que yo daría diferente a la obra de Antígona sería el siguiente:

Un día mientras que Antígona estaba en la prisión esperando con miedo para ser ahorcada, vio como una persona con la cara cubierta se acercaba a su celda. Esa persona se quitó la mascara que llevaba y Antígona vio que era Hemón. Él le contó que un amigo suyo que era carcelero le había infiltrado en la prisión. Los dos salieron por un pasadizo que les enseñó el amigo de Hemón. Cuando salieron se montaron en un caballo blanco como la nieve. Los dos se dirigieron a una casa que Hemón tenía en las afueras de la ciudad. Allí estuvieron varios meses hasta que un día Ismere se presentó en la casa. Hemón y Antígona asombrados le preguntaron que como los había encontrado. Ella les contó que el amigo de Hemón se lo dijo y también que Creonte estaba muy enfadado por su huída, tanto que mandó a unos guardias para que los buscaran. Hemón y Antígona decidieron que estaban hartos de esconderse y decidieron plantar cara a Creonte.

Cuando se presentaron en el palacio, Creonte ordenó a sus alguaciles que los arrestaran. Al día siguiente Creonte bajó a las celdas cerradas con doble llave donde estaban Hemón y Antígona. Creonte les propuso un trato en el que los dos se tendrían que disculpar ante el pueblo de Tebas. Antígona como era muy orgullosa dijo que antes preferiría la muerte que disculparse ante el pueblo para que Creonte quedara mejor. Creonte al oír eso se quedó muy ofendido y ordenó que matasen a Antígona. Después de la ejecución de Antígona Hemón fue soltado. Hemón decidió marcharse porque el pueblo estaba en contra de él por haber ayudado a Antígona.

La familia de Antígona

Edipo, hijo del rey de Tebas, después de matar a la Esfinge fue aclamado como libertador en toda Tebas, y los tebanos, llenos de gratitud, le ofrecieron el trono de Layo y la mano de su viuda, Yocasta, que no era otra que su propia madre.

Algún tiempo después, una terrible epidemia de peste asoló la ciudad y Edipo que había intentado averiguar qué criminal había podido suscitar la cólera de los dioses, descubrió horrorizado que ese criminal no era otro que él mismo, culpable de parricidio e incesto. No pudiendo soportar mirar la verdad cara a cara, Edipo se arrancó los ojos mientras Yocasta se quitaba la vida. Sus hijos Eteocles y Polinices lo expulsaron de la ciudad y Edipo volvió a tomar el camino al exilio, acompañedo esta vez por su hija Antígona. Sus pasos les llevaron hasta la aldea de Colona, cerca de Atenas, donde el rastro de Edipo desapareció.

A la muerte de Edipo, Antígona volvió a Tebas y su historia forma parte de la tragedia que Sófocles escribió. El árbol genealógico de la familia es el siguiente:

Bibliografía

TRAGEDIAS. SÓFOCLES ED. PLANETA

DICCIONARIO DE LA MITOLOGÍA CLÁSICA. ED. ESPASA

ENCICLOPEDIA SALVAT

ENCARTA MICROSOFT

1

Meneceo

Hemón

Antígona

Polinicles

Eteocles

Ismere

Yocasta

Eurípides

Creonte

Edipo

Yocasta

Meneceo