Animación Sociocultural

Sociología. Animación cultural. Prácticas sociales. Iniciativa. Participación ciudadana. Dinámica global. Vida socio-política

  • Enviado por: Sarita
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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1.- La animación sociocultural

• El concepto de animación sociocultural

Animación sociocultural y animación cultural. Problemas de delimitación

La animación sociocultural es un concepto difícil de definir y delimitar porque son muchas las definiciones que de este término se han ido elaborando a tenor de distintas interpretaciones y valoraciones en ciertos contextos. Esta dificultad de definición muestra la complejidad y multiplicidad de facetas que la animación so­ciocultural presenta.

También en lo que respecta a la animación cultural, uno de los ámbitos o modalidades de la animación sociocultural, la confusión de significados e implicaciones es enorme.

Por ello, para entender qué es la animación cultural es necesario hacer una apro­ximación global a la animación sociocultural.

Definiciones de animación sociocultural

Es necesario hacer un re­corrido por las definiciones que se han elaborado desde dis­tintas perspectivas de aproximación y trabajo; entre otras, destacamos:


  • Proceso dirigido a la organización de las personas para llevar a cabo proyectos e iniciativas desde la cultura y para el desarrollo social. Los cuatro ejes que la compo­nen son: la cultura, la organización de las personas, los proyectos e iniciativas y el desarrollo social.

  • Conjunto de acciones que tienden a ofrecer al individuo la posibilidad de convertirse en agente de su propio de­sarrollo y del de su comunidad, que generan procesos de participación, responden a necesidades reales teniendo en cuenta los centros de interés de las personas y se apo­yan en una pedagogía activa y dinamizadora.

  • Instrumento privilegiado para hacer posible y potenciar una situación de democracia cultural.

  • Tecnología social que, basada en una pedagogía participativa, tiene por finalidad actuar en ámbitos diferentes de la calidad de vida, mediante la participación de la gente en su propio desarrollo sociocultural.

  • Es animar, dar sentido, mover, motivar, dinamizar, acompañar, comunicar, ayudar a crecer.

  • Conjunto de prácticas sociales que, basadas en una pe­dagogía participativa, tienen por finalidad actuar en di­ferentes ámbitos de desarrollo de la calidad de vida, con el fin de promover la participación de la gente en su pro­pio desarrollo cultural, creando espacios para la comu­nicación interpersonal.

Las diferentes definiciones valoran como factor clave de esta disciplina distintos elementos, según el punto de vista adop­tado. Estos elementos son:

La acción (conjunto de acciones, acción grupal, etc.).

La técnica (elemento técnico, tecnología social, etc.).

La metodología (manera de intervenir, método de inter­vención territorial, etc.).

La actitud.

En lo que sí coinciden todas las definiciones es en el impulso social y cultural de la práctica de la animación y la fina­lidad de promover el desarrollo y el cambio desde la participación activa de los propios beneficiarios.

Por ello, una definición que puede servir como base desde la que entender la animación y los fines que se plantea es la expuesta por Trilla que la entiende como:

"El conjunto de acciones realizadas por individuos, grupos o instituciones sobre una comunidad (o sector de la misma) y en el marco de un territorio concreto, con el propósito prin­cipal de promover en sus miembros una actitud de partici­pación activa en el proceso de su propio desarrollo tanto so­cial como cultural".

Funciones de la animación

La animación sociocultural está orientada al cumplimiento de las siguientes funciones:

  • Función de socialización, como instrumento de la inte­gración de la persona y de los grupos sociales en la reali­dad compleja y cambiante en que se en­cuentran.

  • Función lúdica y recreativa, como estrategia de desarro­llo y experimentación del tiempo libre como tiempo de disfrute enriquecedor y de autorrealización.

  • Función educativa y cultural, en su faceta de educación no formal, posibilitando el aprendizaje para el autodesarrollo, y en que la vivencia participativa de la cultura sea un medio más para el crecimiento vital.

  • Función de regulación social, como práctica de los valo­res democráticos de igualdad social, y desarrollando una acción en cierta medida compensatoria respecto a las desigualdades socioculturales.

  • Función innovadora y crítica, desde la reflexión y el cuestionamiento de la realidad y la motivación para la activi­dad crítica y creativa de la misma sociedad contra situaciones de conformismo, pasividad y estancamiento comunitario, evitando caer en cualquier tipo de manipulación y sim­plificación normalizante respecto al statu quo social.

Fundamentación de la animación sociocultural

La animación sociocultural se apoya en las aportaciones de diferentes ciencias humanas del estudio y análisis de la persona tanto individual­mente como en su integración en la comu­nidad.

Estas disciplinas son la filosofía, la antropología, la sociología y la psicología.

  • La filosofía como disciplina que se si­túa en la perspectiva de la búsqueda del significado de la vida y la comprensión de la realidad.

Todo ello desde la afir­mación de valores fundamentales como la libertad de la persona, la soli­daridad, el pluralismo, el ecologismo, la creencia en el valor de todas las per­sonas, la confianza en su desarrollo y la democracia como modelo de comuni­dad garante de la justicia, la igualdad y el derecho para todos los ciudadanos.

Por tanto, en la filosofía se apoyan los va­lores éticos que guían la práctica animadora y que a la vez guían al mismo profesional.

  • La antropología aporta las reflexiones y los conocimien­tos sobre la persona en su desarrollo en comunidad, partiendo de los usos, valores, costumbres y tradiciones que definen la identidad cultural de una comunidad y determinan su diálogo y encuentro con otras.

El conoci­miento de este conjunto de factores facilitará la com­prensión de las características y necesidades de cada persona, atendiendo tanto a sus propias peculiaridades como a las de la comunidad en que se inserta.

  • La sociología analiza a la persona en su interacción grupal, en sus posibilidades de desarrollo social y en su pa­pel como agente del desarrollo comunitario.

La sociolo­gía señala además las características de la sociedad actual: evolución tecnológica, cambios en la estructura familiar, ocio, consumismo, globalización, desigualda­des etc., y todas las necesidades que en ella aparecen.

Todo lo cual da sentido e inspira la necesidad misma de la intervención desde el campo de la animación sociocultural, partiendo de la participación, la reflexión, el pensamiento crítico, el valor de la persona y la responsa­bilidad social.

  • Por su parte, la psicología da a conocer, entre otros as­pectos, las características evolutivas, el proceso vital de aprendizaje, las necesidades básicas, los procesos de in­teracción o las fuentes de motivación y de desmotiva­ción de la persona.

En todo ello se basan aspectos tan importantes de la animación como el análisis de la realidad en su dimensión personal y grupal, la metodología -con estrategias como las dinámicas de grupo-, el com­ponente lúdico de las propuestas, el aprendizaje en gru­po, la importancia de la interacción, etc.

Principios de intervención de la animación sociocultural

A tenor de lo expuesto hasta el momento, se puede deducir una serie de principios que caracterizan e identifican la actuación del animador profesional.

Estos principios son la democracia cultural, la participación y el empoderamiento.

  • La democracia cultural, como el lugar, el contexto de las intervenciones y como objetivo que se persigue para hacer realidad una sociedad más justa, desde el ejercicio responsable de la libertad en condiciones de igualdad y desde la asunción del pluralismo sociocultural como una realidad enriquecedora.

  • La participación, como valor y condición misma de la intervención animadora. La participación supone la eje­cución de intervenciones cuyos destinatarios han de en­contrar los cauces adecuados para tomar el protagonismo que les permita desarrollar la autonomía tanto en el plano individual como en el grupal.

Esa participación supone ade­más el encuentro, el diálogo y la integración en sistemas de sentido comunitario y solidario (asociaciones, sociedades, organizaciones sin ánimo de lucro, etc.).

  • El empoderamiento. Se entiende como tal la capacidad personal o comunitaria de escoger e incrementar el con­trol sobre los recursos y las decisiones que afectan las propias condiciones de vida.

De esta manera supone la expansión de la libertad de escoger, actuar y responsabi­lizarse. Por otra parte conlleva el desarrollo de la capaci­dad de reflexión y análisis crítico y de actitudes de autoconfianza, de autorrealización, de expresión de la propia identidad, respeto, honestidad y tolerancia.

'Animación Sociocultural'

En coherencia con estos principios se señalan en el siguiente cuadro una serie de valores promovidos por la animación sociocultural que deben constituir el "equipaje" ético (el có­digo deontológico) de quien ejerce este campo profesional. Estos valores se recogen en el siguiente recuadro:

Ámbitos de intervención


'Animación Sociocultural'

Dentro de la animación sociocultural se distinguen, según sus claves, ámbitos específicos de la intervención sociocultu­ral que dan lugar a la animación cultural, a la animación del ocio y tiempo libre y al desarrollo comunitario. Todos ellos se­rán objeto de estudio en los módulos profesionales correspondientes de este curso.

'Animación Sociocultural'

El siguiente cuadro sintetiza los distintos ámbitos de la animación sociocultural que dan lugar a la animación cultural, a la animación del ocio y tiempo libre y al desarrollo comu­nitario.

El animador profesional

La capacitación para el ejercicio profesional de la animación sociocultural debe suponer para todos un alto nivel de exi­gencia.

En esta formación se han de recoger todas las expec­tativas que desde diversos ámbitos socioeducativos se depo­sitan en la animación sociocultural.

Todo ello es garantía para una promoción completa de las personas, facilitadora del desarrollo de valores sociales y, por todo ello, medio para hacer realidad un proyecto de sociedad democrática más justa, igualitaria e integradora de todos sus ciudadanos y ciu­dadanas.

Existen diversas titulaciones relacionadas con la práctica de la animación sociocultural en cada una de sus modalidades (monitores de ocio y tiempo libre, educadores sociales, etc), pero es el Técnico Superior de la Animación Sociocultural (T.A.S.O.C.) la cualificación profesional específica y recono­cida para la práctica de este campo laboral. Por ello es im­portante conocer las líneas generales de su perfil en el que se profundizará, desde cada una de sus modalidades, en los módulos profesionales correspondientes.

Aun siendo este el perfil profesional del TASOC hay que de­cir que según el contexto, la modalidad o incluso el sector de la población o colectivo de destinatarios con el que el anima­dor va a desarrollar su práctica profesional, se habla de una serie de especializaciones: la animación rural, la animación cultural, la animación juvenil, la animación infantil, etc.

Además, junto al animador profesional se encuentran otros agentes que intervendrán en la práctica dinamizadora. Por una parte, los agentes procedentes de las bolsas de volunta­riado social y de la movilización comunitaria, como líderes espontáneos de proyectos autogestionados.

Generalmente ninguno de ellos tendrá una formación espe­cífica en animación, pero se debe tender a su formación bá­sica para que sus intervenciones sean una ayuda eficaz y no un obstáculo, e incluso un riesgo, para el desarrollo óptimo de los proyectos. Estos agentes voluntarios trabajarán siem­pre bajo la supervisión y coordinación del profesional en la animación, que es el que cuenta con la formación y cualificación necesaria, adecuada y exigible.

Por otra parte, también aparecerán otros agentes profesiona­les que tendrán la formación y cualificación precisas. Con ellos se formarán equipos de trabajo y, según el nivel de au­tonomía, las funciones y las competencias que se tengan en­comendadas, se trabajará en línea vertical (dependiendo de su supervisión) o en línea horizontal (en colaboración). Son profesionales procedentes de la psicología, la educación so­cial, la gestión cultural, la integración social, etc.

Respecto a las características y estilo del profesional de la ani­mación cabe decir que si bien hay varios estilos (autoritario, permisivo y democrático), el animador debe desarrollar su actividad desde el estilo democrático que es el que responde claramente al ejercicio de los valores y principios de la ani­mación.

De esta manera, el animador ha de convertirse en un facilitador de procesos de desarrollo, movilización y crea­ción comunitaria, abriendo posibilidades, ofreciendo recur­sos y facilitando apoyos, desde el fomento y la canalización de inquietudes socioculturales, a la vez que promoviendo la toma consensuada y reflexiva de decisiones por parte de los propios grupos o colectivos.

En definitiva, el animador promueve el empoderamiento de las comunidades en su propio desarrollo y mejora. Por ello, se ha de caracterizar por rasgos tales como:


  • Compromiso.

  • Responsabilidad.

  • Flexibilidad y capacidad de adaptación a diferentes rea­lidades y situaciones.

  • Confianza en la persona y sus capacidades de autodesarrollo.

  • Mentalidad abierta que no plantea juicios de valor res­pecto a los destinatarios de las propuestas.

  • Capacidad de comunicación y relación, imprescindible en un ámbito profesional basado en las relaciones e inte­racciones sociales.

  • Creatividad e iniciativa en el planteamiento de propues­tas, desarrollo de estrategias metodológicas, búsqueda de recursos y promoción de dinámicas de acción grupal.

  • Capacidad para trabajar en grupo y de análisis crítico.

'Animación Sociocultural'

2.- La animación cultural

• La animación cultural: concepto

La animación cultural responde a la aplicación de la anima­ción en el ámbito cultural para dar respuesta a necesidades cul­turales. Éstas son necesidades relacionadas con los procesos de autorrealización, conocimiento y expresión estética y creativa, que en palabras de E. Ander-Egg promueven o crean las condiciones para la transformación cultural.

Progreso de la políticas culturales

Pero la definición de la animación cultural como tal es resul­tado de la evolución de las estrategias políticas referidas a la cultura y su práctica social. Así, se puede señalar un progreso de las políticas culturales en tres fases: la cultura patrimonial, la democratización de la cultura y la democracia cultural.

  • La cultura patrimonial, (décadas 50-60 del siglo XX). Se parte de un concepto de cultura como objeto de crea­ción y disfrute de una élite social que desarrolla estrate­gias de protección y conservación del patrimonio artís­tico.

  • La democratización de la cultura. (Décadas 60 y 70). Se entiende este concepto como el desarrollo de una oferta cultural basada en la difusión de los pro­ductos culturales (en sentido vertical de arriba abajo) di­rigido a dar acceso a la población en general a productos y servicios culturales elaborados principalmente por la industria del sector.

En esta fase hay que tener presentes los procesos de mercantilización de la cultura que la transforman en un objeto de consumo masivo funda­mentalmente pasivo.

Esta política reformista da lugar a situaciones en que si bien la oferta cultural aumenta y se extiende territorialmente, también es cierto que lo hace de manera desi­gual, que el acceso a determinados productos culturales continúa siendo restringido y que lo hace de manera es­tandarizada y ajena a necesidades e intereses concretos de la población. Además, no se da posibilidad a la recre­ación y a la respuesta expresiva.

  • La democracia cultural. (Décadas 80 y 90). En esta nueva fase se pretende dar respuesta a las de­mandas de la población aun cuando se continúe traba­jando paralelamente en la difusión cultural.

Se parte del análisis de la realidad (contextos cultural), de la de­tección de necesidades y de la definición de las deman­das culturales latentes o potenciales, para mediar en la dinamización de las iniciativas, la creación, la expresión y la vivencia lúdica de la cultura como una dimensión más de la autorrealización personal y comunitaria.

Se trata por lo tanto de abrir las posibilidades del desa­rrollo de una manera de hacer y vivir la cultura partien­do de la individualidad y de su comprensión en la co­munidad.

Acción política y estilos culturales

En el proceso de evolución de las políticas culturales, desde la cultura patrimonial hasta la democracia cultural, se de­sarrollan "maneras" de cultura que se ajustan a los presu­puestos y finalidades de la política que en ese momento queda definida.

Así, se distinguen tres maneras o estilos de hacer cultura que se entienden como tres corrientes de ac­ción de la política cultural: la cultura oficial, la cultura de masas y la cultura popular.

  • La cultura oficial puede entenderse como la definida desde la potestad del poder socioeconómico. Viene determinada por la dimensión de la cultura en su rea­lización por sectores de creación cultural profesionali­zados (artes plásticas, escénicas, literarias, música, etc.) en circuitos restringidos de creación, crítica, co­mercialización y consumo a los que difícilmente se tiene acceso. Detenta un poder económico y social conservador, y proyecta corrientes de creación y con­sumo cultural.

  • La cultura de masas. Fue definida en gran parte por el proceso de democratización de la cultura por enten­derse como una proyección social de las formas cultu­rales elaboradas por distintos sectores (teatro, cine, li­teratura, pintura, etc.) y valoradas como formas de prestigio sociocultural que se difunden a nivel masivo para facilitar su acceso y consumo masivos.

El proceso de desarrollo de esta modalidad de cultura es vertical, de arriba abajo, y el producto cultural se ofrece terminado y listo para su consumo, por lo que no da posibilidad a una respuesta creativa, ni a la par­ticipación. Ha sido paralelo al desarrollo de la indus­tria cultural de gran alcance y en base a principios económicos se desliga de las concreciones culturales y de las demandas específicas.

  • Se entiende la cultura popular como la cultura elabo­rada desde las inquietudes populares y sociales, siendo por tanto su expresión. Por esta misma concreción de­pende de contextos específicos. Su organización y au­tonomía es relativamente endeble frente a los influjos de las otras dos corrientes de cultura.

Sin embargo estas tres maneras de cultura realmente no se excluyen unas a otras, es decir, la aparición de una no supuso la desaparición de la anterior sino que, de he­cho, comparten espacios y a veces pueden confluir en el desarrollo de estrategias y actividades con la colabora­ción en intervenciones y aportaciones diferentes según los intereses de cada uno de los agentes que en ellas participan.

El estilo actual: la cultura popular

En el momento actual se debería considerar la cultura popular como una expresión comunitaria, desarrollada desde procesos de autogestión con el apoyo de políticas culturales oficiales. Este estilo cultural se basa en la de­fensa de la democracia cultural y surge como respuesta a demandas sociales, integrando los flujos de la cultura oficial y de la mercantilizada en la justa medida en que aporten elementos enriquecedores y abran nuevas posi­bilidades.

Por ello, la animación cultural encuentra el contexto adecuado de intervención en el marco de la política de democracia cultural, es decir, en el marco de la libertad, la participación ciudadana, la pluralidad y la autonomía. Todos ellos son conceptos que aplicados a la práctica de la animación implican una intervención dirigida a facili­tar el desarrollo de la participación y autogestión ciuda­dana de proyectos de índole cultural y plural, y por tanto, a la manera de cultura popular. De esta forma se puede dar respuesta a demandas específicas y necesidades con­cretas.

Y para que esta respuesta se ajuste a realidades concretas, la perspectiva que se adoptará será la local, aunque sin descuidar las relaciones e influjos que se dan en el plano global, bien desde los distintos ámbitos de competencias administrativas, bien desde los procesos de comercializa­ción de la cultura que parten del sector privado, o bien desde los flujos de corrientes y modos culturales que se dan en el plano comunitario.

Se abren entonces las posibilidades de dinamización cul­tural, del carácter o sentido dinámico de la cultura; ya no se trata sólo de una oferta de productos elaborados o de un acercamiento a formas culturales de acceso res­tringido hasta ese momento. Se intenta movilizar la acti­vidad y la creatividad comunitaria desde la apertura de vías de autogestión, autoelaboración y apropiación de la cultura.

Pero hay que insistir en que esta intervención ha de reco­ger y reutilizar los aspectos e instrumentos positivos que se desarrollaron desde la línea política de la democratiza­ción cultural, para complementar las mismas iniciativas sociales y ajustarse a demandas existentes de acceso y disfrute a productos culturales, tanto a los elaborados por la industria cultural como a los pertenecientes al patrimonio de la comunidad.

La animación cultural y la atención a los distintos colectivos y contextos

Un aspecto que define la animación cultural es por tanto la atención adecuada y ajustada a cada una de las personas y comunidades a las que se dirigen sus propuestas y actuacio­nes, ya que se entienden como protagonistas o agentes de los propios procesos de expresión y disfrute cultural, desde el desarrollo de su empoderamiento y participación.

Para orientar el contenido de las propuestas de intervención a través de la animación cultural se debe hacer una segmenta­ción de los distintos destinatarios de dichas intervenciones. En este sentido se puede atender a varios criterios, considerando como características más importantes las relacionadas con la edad, las necesidades específicas (especialmente de los colecti­vos más desfavorecidos) y el entorno o contexto donde se desa­rrolla.

El siguiente cuadro desglosa esta categorización.

'Animación Sociocultural'
Aunque en unidades didácticas posteriores se hará un co­mentario detallado sobre la atención a los distintos colecti­vos por edades en la práctica de la animación cultural, se presentan a continuación una serie de indicaciones aten­diendo a las franjas de edad y a los distintos contextos.

Orientaciones sobre la práctica animadora según franjas de edad

  • La infancia. En esta etapa la animación cultural se orien­ta hacia el descubrimiento de las posibilidades formativas y creativas desde la inserción en el contexto social en el que se hallan.

Esto se lleva a cabo desde una educación en valores democráticos, en la apropiación de la identi­dad cultural basada en el conocimiento y el respeto de las demás, en el disfrute de las expresiones artísticas y en la participación desde la comprensión de la persona en su globalidad.

Los objetivos que se pretenden son los siguientes:

• Desarrollar habilidades creativas para el desarrollo personal y social.

• Descubrir y desarrollar formas de ocio creativo.

• Adquirir distintas técnicas expresivas.

• Experimentar diversos lenguajes.

• Compartir experiencias creativas.

• Colaborar activamente en el desarrollo de productos colectivos.

• Desarrollar la identidad cultural.

• Descubrir y apreciar otras culturas.

  • La juventud. El desarrollo de la intervención de la ani­mación cultural con este colectivo tiene una doble di­mensión:

• Ofrecer un soporte a las demandas y proyectos cultu­rales de los jóvenes en sus distintas expresiones.

• Ser un apoyo y medio de la integración de la persona en los grupos sociales. Esto es muy importante, ya que esta es una etapa vital de cambios que pueden ser vividos como momentos de desorientación, dificul­tad para relacionarse, búsqueda de la propia identi­dad, etc.

Los objetivos a conseguir son los siguientes:

• Desarrollar la identidad cultural.

• Desarrollar capacidades de toma de decisiones y com­promiso personal que permitan el empoderamiento cultural.

• Vivir y cultivar el ocio creativo.

• Desarrollar capacidades creativas.

• Experimentar diversos lenguajes y técnicas expresivas.

• Compartir experiencias en la vivencia satisfactoria de la actividad grupal.

• Colaborar activamente en el desarrollo de productos colectivos.

• Establecer relaciones de integración comunitaria.

• Descubrir y apreciar otras culturas desde la comuni­cación intercultural.

  • La edad adulta. La animación, aun adaptándose a las ca­racterísticas e intereses de esta etapa de la vida, ha de re­cuperar el carácter lúdico y creativo en el desarrollo de actividades con unos participantes que posiblemente tengan o desarrollen pocas experiencias con estas carac­terísticas. Además, tiene que servir de estímulo para la reflexión, la crítica, la toma de conciencia, el compromi­so cultural y la participación activa.

En esta edad deben crearse espacios para el encuentro, la valoración y la reflexión grupal. También aquí la anima­ción dará respuesta a la demanda de recuperar y/o desa­rrollar el ocio creativo, las aficiones abandonadas o des­conocidas y la respuesta a necesidades e inquietudes personales que están más allá de las obligaciones labora­les y/o familiares, y también comunitarias.

En esta línea, los objetivos son:

• Desarrollar cauces para lograr el empoderamiento personal y comunitario.

• Desarrollar procesos de autorrealización personal me­diante la vivencia, la elaboración y el acceso a produc­tos culturales.

• Tomar parte activa en la cultura.

• Compartir experiencias vitales.

• Desarrollar y vivir el ocio creativo.

• Desarrollar capacidades creativas.

• Experimentar diversos lenguajes y técnicas expresivas.

• Colaborar activamente en el desarrollo de productos colectivos.

• Dar expresión a la propia identidad cultural.

• Compartir vivencias multiculturales desde una verda­dera comunicación intercultural.

  • Personas mayores. La atención a este colectivo se dirige a abrir posibilidades de actividad y desarrollo de proyectos vitales desde la actividad, el encuentro comunitario y el disfrute de esta etapa vital, atendiendo a sus propias caracte­rísticas, necesidades, motivaciones e in­tereses y siguiendo entonces el modelo de intervención socioeducativa de ac­tualización de los mayores.

Es el momento de recuperar la dimen­sión comunitaria de la persona, de bus­car una red de soporte y conexión con la realidad y de trabajar entre otros ob­jetivos, los siguientes:

• Vivir el ocio creativo.

• Recuperar la memoria colectiva y la propia identidad.

• Mantener relaciones con la actualidad comunitaria mediante cauces de par­ticipación activa.

• Mantener habilidades intelectuales y de autonomía personal.

• Desarrollar capacidades creativas.

• Desarrollar relaciones sociales.

• Romper ciclos de aislamiento social.

• Compartir experiencias vitales.

• Disfrutar del encuentro cultural.

Orientaciones sobre la práctica animadora según con­textos vitales

  • Contextos urbanos. Las propuestas de animación en contextos urbanos deben abrir cauces para la expresión de inquietudes, intereses y necesidades; ser invitaciones al encuentro social y a la integración en colectivos socia­les, promoviendo la recuperación de la identidad cultu­ral y el encuentro intercultural. Para conseguirlo se de­ben proveer espacios de autogestión o de gestión compartida para la creación, la participación y la expre­sión comunitaria.

  • Rurales. En el contexto rural las propuestas in­cluirán la recuperación de formas y estilos culturales propios previendo espacios y cauces para el intercambio y el diálogo cultural que sean capaces de motivar, con­cienciar y movilizar a los participantes en ellas hacia el empoderamiento de sus vidas. Es además importante que se promueva el acceso a realidades distintas y dis­tantes a la propia para superar el aislamiento que en de­terminados contextos rurales puede existir, y así posibi­litar el conocimiento y la valoración de otras formas culturales.

  • Contextos institucionalizados. Son espacios para desa­rrollar propuestas de animación capaces de dinamizar y sorprender la cotidianidad y la rutina del con­texto institucional, procurando siempre la apertura, relación e implicación con y del entorno de la institu­ción, superando las barreras físicas. En ellos es muy importante estimular la creatividad y la participación activa.

Las propuestas permitirán abrir vías para la expresión personal auténtica y espontánea de emociones, senti­mientos y pensamientos, para personas que se en­cuentran en situaciones vitales complejas y para las que no siempre resulta fácil verbalizar y comunicar los estados de ánimo, ni integrarse en nuevos grupos, por lo que en numerosas ocasiones adquirirán un valor te­rapéutico.

También serán un medio para ampliar intereses y co­nocimientos, es decir, una herramienta para el apren­dizaje y el desarrollo personal, siendo al mismo tiem­po un nexo de conexión con la realidad social externa a las instituciones.

A modo de síntesis: Elementos de la animación cultural

'Animación Sociocultural'
Como síntesis de los elementos que definen el ámbito de la animación cultural se refleja el siguiente cuadro:

ACU: ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL - ANIMACIÓN CULTURAL

ACU: ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL - ANIMACIÓN CULTURAL

ACU: ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL - ANIMACIÓN CULTURAL

ACU: ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL - ANIMACIÓN CULTURAL