Anatomía

Cuerpo humano. Aparato circulatorio. Sistema endocrino. Aparato urinario. Esqueleto. Sistema nervioso. Sistema muscular. Aparato respiratorio. Sistema inmunológico. Aparato reproductor femenino y masculino

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ANATOMIA

El cuerpo humano se compone de 10 sistemas o aparatos, grupos de tejidos y órganos que están implicados en la realización de alguna función concreta. Cada sistema coordina sus actividades con el resto de los sistemas para mantener el funcionamiento adecuado de todo el organismo. Esta coordinación permite la realización de diversas actividades vitales como la defensa frente a los agentes infecciosos, la digestión, el crecimiento o la reproducción.

APARATO CIRCULATORIO

El aparato circulatorio proporciona oxígeno y nutrientes a los tejidos corporales y retira los productos de desecho de las células de los tejidos. Esta ilustración muestra el corazón y los diferentes tipos de vasos sanguíneos del sistema circulatorio humano. Los vasos rojos indican sangre oxigenada, transportada normalmente por las arterias. Los vasos azules muestran sangre pobre en oxígeno, transportada por las venas. Los vasos finos que se ramifican a partir de las venas y las arterias son los capilares, conductos con paredes finas y permeables, que permiten el intercambio de sustancias entre la sangre y los tejidos corporales.

El corazón es una bomba muscular con cuatro cavidades. El corazón humano late con una frecuencia de unos 72 latidos por minuto. Se compone de cuatro cavidades: dos cavidades superiores llamadas aurículas y dos cavidades inferiores conocidas como ventrículos. Las cuatro válvulas del corazón aseguran que la sangre pase a cada cavidad en un solo sentido. Los impulsos eléctricos regulan el latido rítmico del corazón. El ritmo del corazón y la cantidad de sangre que pasa por él aumenta o disminuye de acuerdo con el nivel de actividad del cuerpo.

EL SISTEMA ENDOCRINO

El sistema endocrino consiste en varias glándulas que segregan sustancias químicas, llamadas hormonas, al flujo sanguíneo. Las hormonas influyen y regulan diversas actividades como el metabolismo, el crecimiento, el desarrollo mental y el comportamiento emocional.

La hipófisis es una glándula del tamaño de un guisante localizada en la base del cerebro. La hipófisis actúa como una glándula controladora maestra, segregando una serie de hormonas que activan otras glándulas.

La glándula tiroides, localizada en el cuello, segrega la hormona tiroxina. La tiroxina aumenta el metabolismo corporal, el ritmo al que los alimentos son descompuestos y transformados en calor y energía. Una cantidad excesivamente baja de tiroxina en la sangre produce letargo y fatiga, mientras que una cantidad excesivamente elevada provoca hiperactividad, nerviosismo y pérdida de peso.

Las glándulas paratiroides son cuatro glándulas pequeñas localizadas en el cuello, detrás de la glándula tiroides. Estas glándulas segregan una hormona que regula la concentración de calcio y de fósforo para que los huesos se mantengan en buen estado. La parathormona también influye en la contracción muscular y en la conducción de los impulsos nerviosos.

Las glándulas suprarrenales son dos glándulas pequeñas, localizadas por encima de los riñones. Están compuestas de una zona interna, llamada médula, y una parte externa, conocida como corteza. La médula segrega la hormona adrenalina, que prepara al cuerpo para enfrentarse a emergencias repentinas. La adrenalina acelera el ritmo cardiaco, aumenta la tensión arterial, hace que la sangre se coagule más deprisa y desvía la sangre del tracto intestinal a los músculos. La corteza segrega hormonas que controlan el nivel de sales y de agua en la sangre y colaboran en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono. También segrega pequeñas cantidades de hormonas sexuales masculinas o andrógenos. De las dos partes de las glándulas suprarrenales, solo la corteza está bajo el control de la hipófisis.

El páncreas es una glándula larga y estrecha, parecida a una hoja, localizada en el abdomen, detrás del estómago y debajo del hígado. El páncreas segrega insulina, una hormona que favorece la entrada de glucosa en las células. Cuando se produce poca insulina, los tejidos corporales no pueden utilizar o almacenar glucosa, y se desarrolla una enfermedad conocida como diabetes mellitus.

Las mujeres tienen unas glándulas sexuales, llamadas ovarios, que segregan unas hormonas denominadas estrógenos. Estas hormonas controlan la aparición de los caracteres sexuales secundarios femeninos, como el crecimiento de las mamas y el desarrollo de la figura. Los estrógenos, junto con ciertas hormonas de la hipófisis, se ocupan de controlar el ciclo menstrual.

Los varones tienen unas glándulas sexuales, llamadas testículos, que segregan andrógenos, las hormonas sexuales masculinas. Además de controlar la aparición de los caracteres secundarios masculinos, los andrógenos contribuyen a la producción de esperma y al desarrollo de la próstata.

APARATO URINARIO

El aparato urinario elimina los productos de desecho del organismo y ayuda a regular el agua y el equilibrio químico. Los órganos del aparato urinario incluyen los dos riñones, de forma oval, cada uno con un tubo delgado y largo llamado uréter, que conecta con la vejiga. Otro vaso tubular, la uretra, se extiende desde la vejiga al exterior del organismo.

Los riñones son los mayores órganos excretores del cuerpo. Cada riñón está compuesto de millones de nefronas, unos tubos microscópicos que filtran la sangre. A medida que la sangre del cuerpo entra en los riñones, las nefronas retiran la urea, las sales y otros productos de desecho tóxicos formados durante el metabolismo. Los riñones producen orina para eliminar los productos de desecho. Las nefronas también absorben selectivamente proteínas, sales, glucosa, calcio y otros nutrientes. Los riñones devuelven esas sustancias nutritivas a la corriente sanguínea, para mantener una adecuada composición de la sangre. Los riñones también segregan hormonas que regulan funciones corporales como el mantenimiento de la tensión arterial y la producción de glóbulos rojos.

La orina sale de los riñones por los uréteres y llega hasta la vejiga, un saco muscular que almacena la orina. Cuando la vejiga está llena, los nervios envían señales para que la vejiga se contraiga y expulse la orina del cuerpo a través de la uretra.

EL ESQUELETO

El esqueleto humano es una estructura fuerte y flexible formada por 206 huesos, que soporta el cuerpo y protege los órganos internos. Además, los huesos del esqueleto almacenan calcio, un mineral esencial para la actividad de las células nerviosas y musculares. El núcleo blando del hueso, la médula ósea, es el lugar en el que se forman los glóbulos rojos, ciertos glóbulos blancos y las plaquetas. Los huesos tienen diferentes tamaños y formas, adaptados para realizar funciones específicas. El esternón, por ejemplo, es una lámina ósea que ayuda a proteger el corazón y los pulmones en el pecho. Los huesos fusionados del cráneo encierran en su interior el encéfalo. Los huesos cortos y delicados de la muñeca y la mano aumentan la destreza y proporcionan una considerable flexibilidad en los movimientos pequeños y precisos. Los huesos largos y pesados de las piernas actúan como palancas resistentes a la hora de realizar movimientos rápidos o enérgicos.

EL SISTEMA NERVIOSO

El sistema nervioso humano supervisa la actividad de los otros sistemas corporales. Consta de dos secciones principales: el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico. El sistema nervioso central se compone del encéfalo y de la médula espinal. La red de nervios que conecta esos dos órganos con el resto del cuerpo constituye el sistema nervioso periférico. Juntos, el sistema nervioso central y el periférico, controlan las funciones voluntarias e involuntarias del organismo.

El centro del sistema nervioso es el encéfalo, que se compone del tronco cerebral, el cerebelo y el cerebro. El bulbo raquídeo, que forma parte del tronco cerebral, controla funciones básicas como el ritmo de la respiración, el latido cardiaco y la actividad de los intestinos. El mesencéfalo, otra parte del tronco cerebral, controla el movimiento y contiene centros nerviosos implicados en la audición y en la vista. El cerebelo coordina el equilibrio y la locomoción. El cerebro regula las funciones mentales más elevadas, como la comprensión, la memoria, el habla, el aprendizaje, el razonamiento y las emociones. Dividido en dos hemisferios, el cerebro también contiene centros que reciben e interpretan las sensaciones del oído, la vista, el olfato y el gusto.

La médula espinal, encerrada por las vértebras, se extiende desde la base del cráneo hasta la segunda vértebra lumbar. La médula espinal es un conjunto de fibras y células nerviosas que llevan los impulsos sensoriales, procedentes de las distintas regiones corporales, hasta el encéfalo, donde son registrados y evaluados. El encéfalo responde entonces enviando impulsos a través de otras fibras nerviosas de la médula espinal para estimular los músculos que están bajo el control voluntario.

EL SISTEMA MUSCULAR

ANTERIOR

La siguiente ilustración muestra la compleja red de músculos esqueléticos del cuerpo. Los músculos esqueléticos se unen a los huesos del esqueleto y permiten los movimientos voluntarios. Un músculo esquelético se une a los huesos que constituyen la articulación, bien directamente o por medio de un tendón o una banda fibrosa llamada fascia. Los huesos se mueven cuando los músculos se contraen o se acortan en la articulación. El tamaño de un músculo depende de la función que desempeña. Cuando se requiere destreza, como en los dedos, los músculos suelen ser muy pequeños. Cuando se necesita fuerza, como en el muslo, los músculos son grandes.

POSTERIOR

La siguiente ilustración muestra la compleja red de músculos esqueléticos del cuerpo. Los músculos esqueléticos se unen a los huesos del esqueleto y permiten los movimientos voluntarios. Un músculo esquelético se une a los huesos que constituyen la articulación, bien directamente o por medio de un tendón o una banda fibrosa llamada fascia. Los huesos se mueven cuando los músculos se contraen o se acortan en la articulación. El tamaño de un músculo depende de la función que desempeña. Cuando se requiere destreza, como en los dedos, los músculos suelen ser muy pequeños. Cuando se necesita fuerza, como en el muslo, los músculos son grandes.

EL APARATO RESPIRATORIO

El aparato respiratorio está compuesto por los pulmones, un par de órganos elásticos situados en la cavidad torácica o tórax, y los tubos de aire que conducen hasta ellos. El aire que entra en los pulmones proporciona oxígeno a las células del organismo. El aire expulsado de los pulmones elimina el dióxido de carbono del organismo. En el proceso de la respiración, el aire entra en el sistema respiratorio a través de la nariz o la boca. Pasa entonces a través de la laringe y llega a la tráquea. En el centro del pecho aproximadamente, la tráquea se divide en dos tubos, los bronquios derecho e izquierdo. El bronquio derecho se divide en tres ramas, que llevan el aire a los tres lóbulos del pulmón derecho. El bronquio izquierdo se bifurca en dos ramas, que proporcionan aire a los dos lóbulos del pulmón izquierdo.

Dentro de los pulmones, los bronquios se dividen en bronquios cada vez más pequeños y finalmente en bronquiolos. Los bronquiolos terminan en miles de sacos diminutos, llamados alveolos, rodeados y entrelazados por capilares sanguíneos de pared delgada. Las paredes de los alveolos y de los capilares son tan delgadas que el oxígeno del aire de los alveolos puede pasar a las células sanguíneas de los capilares. Al mismo tiempo, el dióxido de carbono de esas células sanguíneas pasa a los alveolos. El aire con dióxido de carbono pasa por los alveolos, los bronquiolos, los bronquios, la tráquea y la laringe y, finalmente, se exhala a través de la nariz o la boca.

EL SISTEMA DIGESTIVO

Los órganos del sistema digestivo descomponen el alimento en sustancias más sencillas, para que puedan ser absorbidas por la corriente sanguínea. Esos órganos también eliminan la materia no digerible y los productos de desecho del cuerpo a través de la excreción.

La digestión comienza en la boca, donde los alimentos son divididos en partículas más pequeñas por medio de la masticación. La saliva contiene agua y secreciones lubricantes, que humedecen los alimentos y ayudan a la deglución, y una enzima llamada amilasa, que ayuda a la digestión del almidón. Los músculos de la garganta permiten tragar los alimentos, que descienden por la faringe y luego por un tubo muscular, llamado esófago, para, posteriormente, entrar en el estómago.

Al abandonar el intestino delgado, la sangre se dirige al hígado, una glándula grande, localizada en la parte superior derecha del abdomen. El hígado elimina de la sangre los nutrientes absorbidos y los almacena o los convierte en productos necesarios para el organismo. Por ejemplo, el hígado puede convertir glucosa en glucógeno, una forma de almidón que puede ser almacenada y liberada más tarde como glucosa, cuando el cuerpo necesita combustible para producir energía. El hígado también puede segregar glucosa directamente en la sangre para su uso inmediato como combustible, convertir glucosa en proteínas para su uso en la reconstrucción de tejidos corporales deteriorados o transformar la glucosa en grasa para su almacenamiento como energía potencial. El hígado también retira de la sangre las sustancias extrañas y perjudiciales.

El estómago es una bolsa dilatable, situada en la cavidad abdominal, que segrega jugo gástrico, el cual contiene pepsina, una enzima que actúa sobre las proteínas; ácido clorhídrico, que mata a los microorganismos que puedan haber sido ingeridos con los alimentos; y moco que cubre el estómago y lo protege de los efectos del jugo gástrico. Algunos componentes de los alimentos, como los azúcares simples y el alcohol, pueden ser absorbidos directamente a través de la pared del estómago, pero la mayoría de los alimentos pasan sin digerir desde el estómago al intestino delgado.

Los alimentos que no son absorbidos por la corriente sanguínea en el intestino delgado pasan al intestino grueso. Las paredes del intestino grueso absorben agua de los alimentos sin digerir, dejando unos desechos semisólidos llamados heces. Esos productos de desecho son excretados del cuerpo humano a través del recto y el ano.

Una vez que el alimento abandona el estómago, entra en el intestino delgado. El alimento es digerido, entonces, con la ayuda de enzimas procedentes del páncreas y de la bilis, procedente del hígado. La pared del intestino delgado tiene muchas proyecciones pequeñas, en forma de dedo, llamadas vellosidades. Los capilares de las vellosidades absorben los nutrientes de los alimentos digeridos y los incorporan a la corriente sanguínea.

EL SISTEMA INMUNOLOGICO

El sistema inmunológico defiende el cuerpo de la invasión de organismos que pueden causar enfermedades. El sistema inmunológico utiliza dos mecanismos de defensa: la inmunidad innata y la inmunidad adquirida. La respuesta inmunitaria innata ocurre inmediatamente para proteger el cuerpo de cualquier tipo de sustancia extraña. Este sistema utiliza barreras, como la piel y las membranas mucosas que revisten todas las cavidades corporales, y sustancias químicas protectoras, como las enzimas de la saliva y las lágrimas, que destruyen las bacterias. La respuesta inmunitaria adquirida, que requiere de una exposición previa a la sustancia extraña, se basa en la acción de glóbulos blancos especializados, llamados linfocitos, para responder a tipos específicos de invasores extraños. Los linfocitos B producen unas proteínas llamadas anticuerpos, que circulan en la sangre y atacan a los organismos específicos que causan las enfermedades. Los linfocitos T atacan a los organismos invasores directamente.

Las amígdalas son masas de tejido linfoide que forman un anillo que rodea las paredes de la faringe o garganta. Las células linfoides de las amígdalas ayudan a proteger a la faringe frente a la invasión de bacterias patógenas.

Algunos linfocitos se originan en la médula ósea y luego pasan al timo, donde maduran como linfocitos T.

Los ganglios linfáticos son masas de tejido que atraen a los linfocitos y los despliegan en áreas del cuerpo afectadas por el ataque de agentes infecciosos.

El bazo es un órgano linfático, situado en la zona superior izquierda de la cavidad abdominal, en contacto con el páncreas, el diafragma y el riñón izquierdo. Los linfocitos maduros viajan constantemente por el torrente sanguíneo hasta los órganos linfáticos y luego vuelven de nuevo a la sangre. De esta manera, el organismo está continuamente controlando las sustancias invasoras. Entre las principales funciones del bazo está la de elaborar anticuerpos contra diversos tipos de células sanguíneas y microorganismos infecciosos.

La médula ósea es un tejido que se encuentra en el interior de algunos huesos.Todos los linfocitos se originan en la médula ósea. Los que maduran en la médula ósea se desarrollan en linfocitos B.

Los linfocitos recorren el cuerpo por la circulación sanguínea y suelen emigrar a los vasos linfáticos, que se encuentran en cualquier parte del cuerpo menos en el cerebro. Los linfocitos viajan en el interior de esos vasos, en un líquido incoloro y rico en grasas conocido como linfa.

APARATO REPRODUCTOR MASCULINO

La función principal del aparato reproductor masculino es producir espermatozoides, las células reproductoras masculinas, y liberarlos en el cuerpo de la mujer. A diferencia de las estructuras reproductoras de las mujeres, las estructuras reproductoras masculinas están localizadas fuera de la pelvis. Esa situación externa mantiene la temperatura del esperma ligeramente más baja que la temperatura corporal, algo necesario para su desarrollo normal.

Cuando un hombre es estimulado sexualmente, el tejido esponjoso del pene se llena de sangre y el órgano se vuelve erecto. El esperma abandona el testículo y pasa por un tubo largo conocido como vaso deferente. Los fluidos producidos por las vesículas seminales y la próstata se mezclan con el esperma y producen semen. Durante la eyaculación, el semen, que contiene entre 200 y 300 millones de espermatozoides, sale del cuerpo a través de la uretra del pene.

Desde la pubertad, el organismo produce esperma en los testículos, un par de glándulas situadas en una bolsa llamada escroto. El esperma pasa de los testículos a un tubo largo y acodado conocido como epidídimo, donde se almacena y madura.

EL APARATO REPRODUCTOR FEMENINO

El papel del aparato reproductor femenino es más complejo que el del masculino. Además de producir células sexuales conocidas como óvulos, el cuerpo femenino también protege y nutre al feto durante un periodo de unos nueve meses, mientras crece dentro del útero de la madre. Además, las mamas de la mujer sirven para proporcionar sustento a los recién nacidos.

Durante el embarazo, el tamaño de las mamas aumenta, pues las glándulas mamarias se desarrollan en preparación de la lactancia. La leche puede proporcionar todo el alimento que un recién nacido necesita. Cuando el recién nacido se amamanta, la acción succionadora estimula la liberación de oxitocina, una hormona que promueve la expulsión de leche.

Los principales órganos reproductores de la mujer son los ovarios, un par de glándulas en forma de almendra. En la pubertad, los ovarios producen unos 400.000 óvulos. Cada mes se libera un óvulo del ovario y se dirige a una de las trompas de Falopio. Si el óvulo se une a un espermatozoide en su camino hacia el útero, se produce la fecundación. El óvulo fecundado pasa entonces al útero y se implanta en la pared . Si un óvulo no es fecundado, pasa de la trompa de Falopio al útero y desde allí es expulsado del organismo en el siguiente ciclo menstrual.

El útero es un órgano hueco, muscular y con forma de pera. Durante el embarazo el óvulo fecundado llega al útero y se implanta en la pared, formando el embrión. Tras los dos primeros meses de vida uterina, el embrión recibe el nombre de feto. Unas 40 semanas después de la fecundación, nace el niño. Durante el alumbramiento, el niño es expulsado del útero a través de la vagina, un tubo que comunica el útero con el exterior del organismo.