Análisis de la teoría de la seudocultura

Cultura síntesis. Pensamiento. Theodor W Adorno, Max Horkheimer

  • Enviado por: Esperanza Aguilera Horta
  • Idioma: castellano
  • País: Cuba Cuba
  • 4 páginas
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Título: Análisis de la teoría de la seudocultura a partir de la obra Sociología de Theodor W Adorno y Max Horkheimer

Theodor Adorno y Max Horkheimer, alemanes, contemporáneos, fueron representantes de la escuela de Frankfurt, pertenecientes a la primera generación, estuvieron unidos por una misma línea de pensamiento, realizaron una crítica no solo al modo de producción capitalista sino que fueron hasta el aparato conceptual resultado de este y desenmascararon la esencia falsa e irracional de la lógica consumista que desarrolla este sistema. Mostrando como sobrevive a partir de la destrucción de los valores tradicionales, sustituyéndolos por aquellos que respondan a la economía de mercado. Partiendo de esto elaboraron la teoría de la seudocultura a través de la cual explican las causas y consecuencias de una lamentable necrosis de la formación cultural.

En el presente trabajo se hace un análisis partiendo de los postulados principales expuestos en el libro Sociológica, específicamente el artículo titulado “Teoría de la seudocultura”

La sociedad capitalista en su esencialidad posee una contradicción fundamental que se va a reflejar en todas sus esferas, desde la producción material hasta toda elaboración de elementos culturales. En tanto que las fuerzas productivas en esta sociedad van adquiriendo mayor carácter social las relaciones de producción se van a ir privatizando en mayor cuantía, lo cual va a determinar los valores sobre los cuales se va a dirigir la producción espiritual. Los mecanismos de producción espiritual capitalista constituyen expresión de las relaciones mercantiles y del fetichismo mercantil, estos se presentan tal que su función es cosificar la conciencia de los grupos sobre la base de los intereses. Siendo la cultura síntesis de los procesos que se convierten en la esencia de las relaciones sociales y estando éstas cosificadas en su esencialidad, encontramos gran distancia entre lo que es y lo que debe ser. De esta forma la cultura existe en medida cada vez mayor como artículo auxiliar de la producción, se convierte en un valor, ya no va a ser un reflejo de esta producción sino que se incorpora a este proceso como su suplemento administrativo. Así se van sustituyendo los conceptos tradicionales por valores fabricados, que van a socializar a través de los medios de masas creando en la sociedad necesidades puramente comerciales y de consumo. De esta forma el sujeto se convierte en sujeto de cultura solo a través de sus proveedores. A partir de la pérdida de conceptos tradicionales y su sustitución por imágenes y formas prediseñadas se va a fomentar una contracultura que va en contra de estas tradiciones y les induce a negar lo suyo y a apropiarse de lo ajeno. Se ha entendido a sí misma como conformación de la vida real, destaca unilateralmente la acomodación y retrae a los hombres de la superación.

La formación es la apropiación subjetiva de la cultura, pero sometida a sustituciones conceptuales fetichizadas cambia no solo de esencia sino de función. Se desentiende de los bienes culturales que van a comprender a la humanidad y todo lo inherente a ella, se congela en categorías fijadas, se presta a una ideología y por tanto se convierte en una formación regresiva, sustentada sus bases no en las necesidades humanas sino en las impuestas artificialmente por la nueva sociedad de consumo. Se convierte en una seudoformación que pasa a ser la forma dominante de la conciencia social.

Esta seudoformación con sus contenidos objetivos, cosificados y con carácter de mercancía sobrevive a costa de su contenido real y de sus relaciones con el sujeto. La industria cultural, con los medios de masa perpetúa estos nuevos valores como una cultura confesada a favor de la integración, a partir de la cual se van perdiendo valores tradicionales, que devienen en un estado de carencias de imágenes y formas.

Pero no se confina solamente al espíritu sino que adultera la vida sensorial. El seudoculto se dedica a la conservación de sí en sí mismo, no ve en la sociedad nada que lo remita a ella y por tanto su accionar se ve influenciado por una visión egocéntrica de su persona. Se convierte en un individuo aislado sin otra conexión que las necesidades consumistas, que le arrastran en una oleada inalterable y acrítica hacia una cultura inconsciente de sí misma, sin valoraciones históricas e insensible. Esto es el resultado de una educación social basada en la relatividad de juicios sobre la sociedad y el actuar humano.

A partir de la seudoformación la continuidad de la conciencia queda sustituida por un estado informativo puntual, de carácter intercambiable que quedará borrado en cuanto se precise asimilar otro tipo de informaciones. Puesto que no establece una relación directa con la esencia de las cosas, sino que se queda en las nociones que se pueden obtener acerca de ella, establece un estado de conciencia enajenada que va a estar caracterizada por un análisis metafísico e irracional de la realidad; análisis mediatizado y asimilado mecánicamente, alimentado por los medios de masa que sostienen una mitología sustitutiva que nadie confronta ni compara con los hechos de un pasado que no se encuentra tan lejano.

A partir de la sustitución de valores tradicionales se somete a los hombres a medidas predeterminadas que responden a los intereses de producción de la sociedad capitalista, crea una tensión permanente capaz de convertirse en omnipotente que prohíbe alzarse por una decisión individual aparte de las decisiones predeterminadas, sin embargo a raíz de la presión que ejerce en los hombres perpetúa en ellos la agresividad, siendo esta la razón de los malestares culturales que aquejan a la sociedad. La incultura como estado de ignorancia permite una relación directa con los objetos, con lo cual en determinado momento puede elevarse a conciencia crítica. La seudoformación está estructurada a partir de la inconmovilidad de los conceptos y de la vaciedad de los juicios que carecen de carácter crítico en cuanto al análisis de esencia de la producción mercantilista y su influencia real en los fenómenos dados en la sociedad. De esta forma se crea un sentimiento de insatisfacción en el subconsciente social que se manifiesta a través de inconformidades con el modo de vida sin relacionarlo con la irracionalidad de una conciencia mediatizada.

Sin embargo no existe nadie exceptuado de la tendencia a la seudoformación socializada, incluso el crítico consciente del fenómeno se encuentra atado por las concepciones sociales que le acompañan y le inducen un determinado comportamiento.

En la actualidad el intelectual crítico prospera menos que quien utiliza el medio del intelecto. La razón de ello está dada en que los contenidos que van surgiendo al calor de la seudocultura van a tener un contenido acrítico, lo cual dificulta su corrección a causa de su vacío conceptual. De esta forma aunque exista la crítica sobre la sociedad no es asimilada por sus miembros, los cuales están acostumbrados a recibir productos concientes de fácil digestión.

A medida de que la formación se va encerrando en una concepción de finalidad, debemos tener en cuenta que ella sola no infiere una sociedad razonable. Se hace preciso llevar a una situación en la cual no se intente cosificar la cultura ni renunciar a ella como mediador de la vida social, sino que se realice en virtud de la integridad de los productos espirituales no de los ajustes conceptuales y repercuta en la sociedad. Una seudocultura alimentada por la seudoformación no hace más que desnaturalizar a ser humano, convirtiéndolo en objeto de su propia violencia, necrosando desde su centro a las concepciones tradicionales que se vienen heredando desde tiempos inmemoriales.

De esta forma Adorno y Horkheimer presenta a la sociedad capitalista desvirtuada de los maquillajes y enseres que le permiten continuar con la imagen de libertad que ostenta, siendo esta libertad una imposición de integración, que no significa más que olvido de las tradiciones de los pueblos con tal de obtener una semejanza que supuestamente es la deseada y por tanto la necesaria. Su visión acerca de las posibles soluciones prácticas se aparta un tanto de las que encarnan y exigen una dirección violenta, a pesar de que consideran la imposibilidad del cambio de forma aislada cuanto es producido bajo una conciencia impotente.

Llegan a visualizar el hecho de que la seudocultura sólo puede ser sustituida a partir de la sustitución del modo de producción capitalista, solo a través de una cultura que sea realmente reflejo de unas relaciones de producción realmente regeneradoras de los valores humanos y no una sustituta pobre hecha solo de apariencia.

Bibliografía: Adorno, Theodor W. y Max Horkheimer. Sociológica

Adorno, Theodor W. y Max Horkheimer. Sociológica