Amor y pedagogía; Miguel de Unamuno

Literatura española contemporánea. Generación del 98. Narrativa. Novela. Educación moral. Argumento. Vida y obra

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AMOR Y PEDAGOGÍA

MIGUEL DE UNAMUNO

Para entender la obra de Miguel de Unamuno es necesario comprender cómo convierte su vida en dato público. El lector de un texto de Unamuno no lee en primer lugar un texto sobre cierto temasino lee un texto de Unamuno. Por eso, recordar la trayectoria vital de Unamuno no es alejarse del tema de su obra.

Sus padres son vascos, y él se cría en Bilbao en una familia católica y tradicionalista. Su

padre muere cuando Unamuno sólo tiene seis años, con lo cual el joven Miguel se convierte en el único varón en un hogar dominado por mujeres. Sobre todo la madre es una mujer de carácter fuerte. Terminados los estudios en Madrid, Unamuno tiene que hacer oposiciones varias veces antes de conseguir en 1891 una cátedra de Griego en Salamanca. Unamuno se traslada a Salamanca, ciudad con la que más tarde se identificará. Contrae matrimonio con su novia de siempre, Concepción Lizárraga, y con el tiempo llegan a tener ocho hijos de los que uno muere a corta edad de una enfermedad trágica. Es muy conocido que Unamuno se solía referir a su esposa como a «su costumbre», y ella le llamaba «hijo mío».

Unamuno intenta hacerse camino, busca apoyos, realiza traducciones, y publica una serie de ensayos, Al torno del casticismo (1895, 1902), y una novela, Paz en la guerra (1897).

Escribe crítica literaria, en especial sobre la literatura latinoamericana y portuguesa. Los

escritores le mandan sus libros para que les haga reseñas, y Unamuno llega a cartearse con nada menos que 375 personalidades latinoamericanas, a través de las que recibe noticias de ultramar, noticias que utiliza para sus artículos. Unamuno tuvo problemas económicos durante casi toda su vida, lo cual es una de las explicaciones a sus muchas colaboraciones en la prensa.

En 1897 sufre una breve pero profunda crisis entre depresiva y de duda religiosa. La crisis se resuelve por la vuelta aparente al catolicismo de su infancia, pero muchos estudiosos cuestionan la sinceridad de Unamuno respecto a la fe. Podría haber callado sus dudas por razones familiares y sociales. La religión está presente en toda su obra pero de manera ambigua, y es frecuente el tema del desdoblamiento y del fingimiento.

Unamuno es nombrado Rector de la Universidad de Salamanca en 1900, a pesar de tener poco apoyo entre los profesores y las autoridades de la ciudad. Al parecer, unos artículos y un discurso pronunciado en Madrid habrían impresionado a alguna persona influyente. Sin embargo, sigue publicando artículos sobre temas controvertidos.

Tiene problemas con la Iglesia con Del sentimiento trágico de la vida (1913) ya que el libro cuestiona la existencia de Dios, el fundamento de la religión. También sorprende en el Rector de una gran Universidad el ataque contra la ciencia en La vida de Don Quijote y Sancho (1905), que es un alegato a favor del sentimiento y contra la razón. En la novela Amor y pedagogía (1902) ridiculiza la ciencia. Son cada vez más numerosos los que ven su actuación como incompatible con el cargo de rector, y Unamuno es depuesto en 1914. El haber perdido el cargo hace que Unamuno endurezca significativamente su crítica contra la Monarquía.

Sigue escribiendo crítica literaria, novelas y teatro, y en 1914 se publica la novela más

conocida hoy en día, Niebla, que suele considerarse como una obra precursora por su técnica no realista y la utilización de la metaficción. Las novelas La tía Tula (1921) y Abel Sánchez(1917) también hacen caso omiso de la descripción del contexto y de la elaboración de los matices psicológicos de los personajes. Los protagonistas parecen predeterminados a actuar de cierta manera: las mujeres son fanáticas cuando se trata de la maternidad y los hombres sueñan con la fama.

En 1924 se publica en Buenos Aires una carta privada escrita por Unamuno en la cual

critica a Primo de Rivera. No se sabe si la publicación se realizó por un malentendido o no. Las autoridades españolas deciden poner coto a esas críticas, y Unamuno es condenado al destierro a la isla de Fuerteventura en Canarias y a la pérdida de la cátedra. Hay manifestaciones de apoyo a Unamuno en muchos lugares, especialmente en Portugal y en América Latina. A los pocos meses le llega un indulto, pero cuando Unamuno se entera de que el indulto no significa que se le devuelva el cargo de catedrático, decide no aceptarlo. Un periódico francés junto con un hijo de Unamuno organiza una «huida» a Francia, huida que es más bien es un viaje normal. El periódico le prepara una recepción triunfal en París, saludándole como el símbolo de la resistencia contra el dictador. Así, el destierro contribuye poderosamente a convertir a Unamuno en una figura de proyección internacional como escritor, pensador y espíritu rebelde. Ahora periodistas de muchos países le buscan para entrevistarle, y los españoles e hispanoamericanos que viajan a Francia gustan de visitar a Unamuno como si fuera una peregrinación. Unamuno afirma públicamente que no volverá a España mientras esté en el poder Primo de Rivera. Para Primo de Rivera y el Rey, la medida del destierro ha sido contraproducente (Ribas-Hermida 2002; Urrutia 1997).

Durante los seis años que Unamuno pasa en Francia, el autor se siente a menudo deprimido y sufre otra profunda crisis en 1925. Va envejeciendo y le pesa el estar lejos de la familia y del ambiente salmantino. Escribe otra obra religiosa, La agonía del cristianismo (1925), un libro que tampoco gusta a la Iglesia. Cómo escribir una novela y una novela (1925) es una obra híbrida entre novela, autobiografía y libro sobre la teoría literaria. San Manuel Bueno, Mártir (1931) cuestiona la reforma social como camino hacia la felicidad del pueblo. Como obra de un autor prorrepublicano, la novela desconcierta.

Con la caída de Primo de Rivera, Unamuno vuelve a España, y sus admiradores le organizan recepciones magníficas. Con la República, Unamuno logra recuperar el anhelado Rectorado y ser elegido diputado para las Cortes constituyentes. Sin embargo, ya es un hombre mayor, la violencia política le produce gran decepción, y además, se lleva un gran disgusto: en la votación para elegir el nuevo Presidente de la República sólo obtiene un voto.

A partir de este momento, Unamuno intensifica su crítica a los líderes republicanos. Crece su aislamiento, y cada vez cuenta menos en la vida pública. Unamuno podría tener un récord en cuestión de ser depuesto como Rector universitario, porque en el último año de su vida, es depuesto primero por la República y después por el Gobierno de Burgos. Muere el 31 de diciembre de 1936, sentado en un sillón en su casa de Salamanca.

Miguel de Unamuno y Jugo (1864 - 1936), figura clave de la llamada generación del 98, fue escritor de obras de ficción y periodista; filósofo y autor de libros de temas religiosos; catedrático de Griego y rector de la Universidad de Salamanca. Dentro del campo de la literatura se dedicó a la novela, al cuento, al teatro, a la poesía y a la crítica literaria. Hacia el final de su vida, fue nombrado diputado. Lo más frecuente es estudiarle como regeneracionista y como novelista, pero estos dos aspectos no toman en cuenta más que a una parte de su obra. El presente trabajo quiere ampliar el enfoque sobre este versátil autor.

Es difícil analizar y sintetizar la obra de Unamuno por la enorme productividad del autor, el eclecticismo de sus temas y sus opiniones cambiantes. El lector puede admirar la claridad y lucidez de muchos artículos pero sacudir la cabeza ante otros, tan descosidos que es difícil decir de qué tratan. Diferentes comentaristas pueden afirmar cosas muy distintas sobre Unamuno, apoyándose en citas textuales. Para el estudioso se trata de llegar a crear una visión de conjunto, equilibrada, que refleje la totalidad de la obra y encontrar un hilo conductor para explicarla.

La fama de Unamuno como miembro de la generación del 98 está ligada a su interés por las lenguas de la Península. Un tema recurrente en su obra es la situación del vasco, del gallego, del catalán y del portugués y su relación con el castellano. Es «iberista» y considera que toda persona castellanoparlante culta debería hacer un esfuerzo por leer el catalán y el portugués sin traducción. Por otro lado, considera que los catalanistas y los nacionalistas vascos van demasiado lejos en su uso de la lengua regional para fines políticos separatistas.

En esos temas adopta la misma actitud desde su juventud hasta su vejez. Otros temas favoritos de Unamuno son diferentes asuntos lingüísticos como la etimología, la ortografía y las similitudes y diferencias entre el español de la Península y de América Latina. En sus viajes por en la Península, Unamuno admira el paisaje y describe rincones conocidos y no tan conocidos.

Unamuno fue dramaturgo, poeta, crítico literario, catedrático, investigador, rector, teólogo, filósofo y pensador político.

Los comentaristas de hace un siglo solían llamarlo el vate, el maestro o el sabio de Salamanca o el Sócrates español. La justificación para considerarlo filósofo es que

Unamuno se hace preguntas sobre su propia existencia, lo cual se ha visto como un enfoque existencial, comparándosele con Kierkegaard y Sartre. Sin embargo, el propio Unamuno casi no comenta obras filosóficas, y es dudoso que Unamuno hubiera sido incluido entre los filósofos si la clasificación se hubiera hecho de nuestros días; prácticamente ningún filósofo lo cita.

Ferrater Mora (1967) constata que la filosofía de Unamuno es una filosofía de la personalidad, la suya propia. Zavala (1963) habla de una filosofía de múltiples yos que se dramatizan sin resolver los conflictos entre ellos, y Wyers (1976) añade que Unamuno presenta una oscilación entre alternativas. Chaves (1964) le llama un filósofo sin filosofía. Otero (1967) comenta que el quijotismo de Unamuno, el hecho de ridiculizar la razón y la ciencia prefiriendo el subjetivismo y el capricho, es un «crimen» en un intelectual de gran influencia. Cacho Viu (1997) menciona la doble excentricidad de Unamuno: la de su personalidad y la de vivir en la provincia y no en Madrid. Sin embargo, se le podría incluir en lo que Abellán (1995) llama la tradición asistemática de la filosofía española, una filosofía que suele expresarse a través de la literatura.

Amor y pedagogía (1902) trata acerca de un hombre, Don Ávito, que decide tener un hijo genio, utilizando todos los consejos de la ciencia. Los personajes que intervienen en la historia son esquemáticos y grotescamente inmaduros.Podemos encontrar un mundo despersonalizado en el que la actuación del padre del supuesto genio lleva a su familia a la catástrofe.

El lector se pregunta acerca de la teoría acerca de la cual polemiza Unamuno, ya que nadie ha propuesto nunca una pedagogía como la que aplica Don Ávito, que queriendo crear un genio “fracasó” en su intento creando todo lo contrario, alguien que fracasa en todos sus empeños y no sabe cómo afrontar la vida. La falta de amor que Don Ávito tiene hacia su hijo no la podrá suplir con la ciencia.

Don Ávito consiguió crear un genio aplicándole la ciencia a su hijo desde pequeño, convirtiendo a Apolodoro en un genio. Aunque algo desquiciado de mente. Si su padre hubiese permitido a su esposa pasar más tiempo con el niño, y Apolodoro hubiese recibido más amor, si su educación hubiese sido más integral, tal vez no habría perdido a Clarita, y la situación que le rodeaba no hubiese acabado con él.

Si Don Ávito no hubiese estado tan cerrado de mente y hubiese descubierto el significado del amor con mayor anterioridad tal vez hubiese evitado el fatal desenlace.

Es cierto que la pedagogía es necesaria para todos, pero no se puede educar a una persona sólo de pura pedagogía, al igual que no se puede vivir sólo de amor. En una persona el amor y la pedagogía deben estar compensadas entre sí, equilibradas.

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