Amor y muerte medieval

Edad Media en España. Literatura medieval. La muerte. Amor. Ibn Abi Amanin. Jorge Manrique. Arcipreste de Hita. Juan Ruiz. Vida eterna. Carpe Diem. Aprovecha el momento. La Celestina

  • Enviado por: César Benítez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 11 páginas
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INTRODUCCIÓN

En este trabajo intentaré decir que modo eran vistos el amor y la muerte en España en la Edad Media a través de diversos poemas, obras de teatro, etc. de autores de esa época. Por eso, he estructurado el trabajo en tres partes: la muerte, el amor y “La Celestina”.

Así pues, explicaré los hechos que llevaron a la gente a dar una forma a la muerte y de darle personalidad fundamentalmente a través de dos obras: “Las coplas por la muerte de su padre” de Jorge Manrique, y las “Danzas de la muerte”. Haré mención ha otras obras como el “Romance del enamorado y la Muerte” pero creo que con las dos primeras ya queda bastante claro como era vista la muerte.

Y el amor será explicado principalmente mediante romanceros y la obra “Libro del buen amor” del Arcipreste de Hita, Juan Ruiz. Al igual que con la muerte, también daré mas ejemplos pero estos serán los más importantes.

Y por último se comentará de forma alargada la obra “La Celestina” que supuso la obra de transición entre la Edad Media y el Renacimiento y que posee elementos tanto de amor como de muerte (aunque es el primero el que predomina); y así con esta obra sacaré las conclusiones finales sobre el amor y la muerte en la Edad Media española.

LA MUERTE

Los comienzos de la literatura en España se remontan a los S. IX, X y XI cuando el sur de la península ibérica estaba dominado por los árabes. Allí se crearon unas cancioncillas en lengua románica que cantaban los mozárabes en estos territorios y que más tarde fueron recogidas por los árabes. De estas ya me encargaré de mencionarlas más a fondo cuando llegue el momento de hablar del amor ya que trataban mayoritariamente sobre temas amorosas; aunque se han conservado algunos que hablan de la muerte como el escrito por Ibn Abi Amanin (935 - 1007) que fue un poeta religioso pesimista y que traducido dice:

“¿Dónde están todos aquellos que nos ofrecieron tranquilidad?

Dióles a beber el tiempo un vaso con aguas inmundas

y han venido a ser rehenes de la tierra”

y donde se refiere a la gente que a pesar de ser buena acabó muerta en una tumba por el paso del tiempo.

Poco más se conserva sobre la muerte en esta época así que solo podemos suponer que la veían como algo que llegaba con el paso del tiempo.

Y fue en el S XIV y más concretamente entre los años 1348 y1350 cuando empieza la muerte a ser tratada. En esas fechas Europa sufrió una de las mayores desgracias de toda su historia. Por los puertos occidentales del mediterráneo, los barcos trajeron consigo la que fue la peor enfermedad conocida, la peste negra. Esta era transmitida por las pulgas que poseían las ratas y que a su vez viajaban en los barcos. Desde que surgió el primer brote hasta que se consiguió casi extinguir al cabo de tres años, afectó a todos los países europeos y causó la muerte a la cuarta o tercera parte de la población de este continente. Eso sí, afectó prácticamente al pueblo llano ya que era el que vivía en peores condiciones sanitarias y la que estaba debilitada por el hambre y el trabajo por lo que este fue uno de los factores claves de la gran destrucción que causó la plaga. A raíz de este suceso, se creó la figura en forma de esqueleto humano con una guadaña y que era enviada por Dios para matar a los que este último decía. También se popularizó la idea de esta muerte montada en un oscuro caballo y cubierta con un traje negro, como si de un jinete del Apocalipsis se tratase, yendo por las ciudades mientras segaba vidas con su guadaña. Otra idea relacionada con la muerte era la de los muertos, representados por esqueletos, atacando a los vivos en los pueblos y ciudades donde la plaga había hecho estragos.

Y así fue como nacieron las “Danzas de la muerte” a finales del S. XIV o principios del XV (no se sabe con seguridad) que se han conservado hasta nuestros días en forma de manuscrito antiguo de 79 estrofas. A causa de esta epidemia surgió una figuración poética que se difundió por toda la Europa del S. XIV y en donde la muerte con forma de esqueleto llama a bailar la danza macabra (macabro se deriva del árabe macaver que significa “cementerio”) a distintos representantes de las dos clases sociales favorecidas: la nobleza y el clero.

A continuación voy a analizar esta obra debido a su importancia.

En la obra la protagonista es la muerte, la cual nos hace ver que no hay manera de escapar de ella

[...] “pues non ay tan fuerte nin rezio gigante

que desde mi arco se puede amparar,”[...]

,dice la muerte refiriéndose a todos los hombres, y que además, nadie se escapará de ella sea de la edad que sea, o del bien que haga

[...]¿O piensas por ser mancebo valiente,

o ninno de días, que aluenne estaré,

e fasta que liegues a viejo impotente

la mi venida me detardaré?[...]

ya que una vez que ella les llame a danzar (con este se refiere a que mueren, o sea, morir = ir a danzar con la muerte) no habrá escapatoria posible. La muerte advierte que una vez que ella llame, no importa lo bien que hubiese vivido toda su vida tanto en las cuestiones de alojamiento, como de vestiduras, como de gastronomía; ya que al morir, todos acabarán en el mismo sitio, su tumba (aquí hay un tono macabro que caracteriza a las “Danzas de la muerte”).

[...]e desnudedad por las vestiduras;

por siempre jamás, muy triste aborrida,

e por los palaçios daré, por medida,

sepulcros escuros de dentro fedientes,

e por los manjares, gusanos royentes

que coman de dentro carne podrida.[...]

Así comienza la muerte a llamar a la gente con la frase “danzad, Padre Santo sin mas retardar” después de la cual habla el Padre Santo y así con todas las personas a las que llame las cuales se sorprenden de la llamada de la muerte (casi nadie en este mundo se espera morir, ni quiere, y menos si se vive tan bien como los eclesiásticos o nobles de esa época); y todas lamentan dejar atrás sus vidas terrenales a la vez que desesperadamente buscan una salida a la muerte, lo cual es en vano ya que no hay medios posibles para combatir la muerte.

[...]¿Non ay ningund rey in duque esforçado

que della me pueda agora defender?

¡Acorredme todos![...]

dice el emperador al que después la muerte hace de juez de su vida recriminándole todo el dinero que ganó con avaricia a costa de hacer guerras contra los demás (y en las cuales morían gentes tan solo para que él aumentase su fortuna).

[...]Aquí perderedes el vuestro cabdal

que atesoraste con grand tiranía

faziendo batallas de noche e de día.[...]

También se señala el hecho de que de nada sirve todo lo que se hubiera conseguido ya que al morir, se pierden todos los bienes.

Después de hacer llamar a mas personajes tales como reyes, cardenales o mercaderes, la muerte se dirige a todos aquellos a los que no nombró y a los cuales advierte que pronto estarán con ella y que ninguno se escapará sea la razón que sea; a lo que estos responden que saben que todos van a morir, por lo que trabajarán para Dios ya que será él el que decida cuando morirán y porque, aceptando ellos su decisión de enviarle a bailar con la muerte.

[...]si le plaze, avremos folgura,

aunque la muerte, con dança muy dura,

nos meta en su corro en qualquier comedio.

Esta obra lo que intenta hacer llegar son varios conceptos claves a través de lo macabro y en algunas ocasiones, del humor negro. Estos son, que no por ser persona importante o rica vas a poder escapar de la muerte, y que de nada te servirá todo lo que hubieras conseguido ya que lo perderás todo cuando la muerte “te llame a danzar”. Por último, destacar que la vida no importa la vida de lujos y despilfarros que hubieses llevado ya que al final todos acabarán en las mismas condiciones, tanto físicas (en la tumba), como espirituales donde priman ante todo la igualdad.

Esto no quiere decir que antes de la peste negra no se hubiese escrito sobre la muerte. Lo único fue que después de la catástrofe, se creó la imagen de la muerte, lo que trajo consigo la creación de la obra que se acaba de comentar. Pero antes de esta, ya se había mencionado a la muerte en diversas obras, aunque siempre de forma abstracta (como en el caso de las jarchas aunque no fue sólo en estas).

La otra gran obra sobre la muerte surgió entre los años 1476 y 77 de la mano de Jorge Manrique que fue un poeta cortesano que no hubiese destacado mucho, de no ser por su obra maestra “Coplas a la muerte de su padre”, la cual resultó ser la elegía (al hablar de la muerte de su padre) más famosa de la literatura española. Este autor, partidario, al igual que su padre, de Isabel la Católica murió en el asalto al castillo Garci - Muñoz, Cuenca, el cual era defendido por el marqués de Villena; y nació, presumiblemente, en el año 1440 en Palencia con don Rodrigo, maestre de Santiago de padre al que más tarde inmortalizaría en sus coplas.

Las coplas, están estructuradas en tres partes: la primera va de la 1 a la 13 y en ella Jorge Manrique reflexiona sobre la muerte (abstracta), la segunda va de la 14 a la 24 y va concretando más en las muertes históricas que ha habido; y la tercera, que va de la 25 a la 40, es la que supuso la elegía ya que habla sobre la muerte de su padre en particular. A través de esta última parte, el autor trata de elogiar a su padre de tal manera que lo “pone en un pedestal” halagando todos sus méritos.

La obra está influenciada por el pensamiento de la época donde se muestran los tópicos e ideas medievales y prerrenacentistas.

Hay que tener en cuanta que se trata a la muerte , en la mayoría de la obra, como algo abstracto, y no como la muerte que había en las “Danzas de la Muerte”; esto se debe a que esta obra representa un momento de tránsito entre la Edad Media y el Renacimiento y en donde se empiezan a abandonar algunas de las viejas ideas como la de la muerte (esto será comentado cuando se hable de “La Celestina”). Otra diferencia con respecto a las Danzas, es que las coplas no son tratadas ni de forma macabra, ni con un humor negro sino que son escritas para denotar tristeza, melancolía e incitando a la reflexión sobre la muerte y la inmortalidad.

Primero veremos los elementos medievales que posee la obra, para después ver los renacentistas.

Lo corta que es la vida y la irremediable llegada de la muerte.

[...]cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte[...]

La vida es un camino hacia la muerte

[...]Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en el mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

e consumi;

allí los ríos causales,

allí los otros medianos

e más chicos

i llegados son iguales[...]

Todos los humanos somos igualados ante la muerte, seamos de la clase social que seamos.

[...]así que no hay cosa fuerte,

que a papas y emperadores

e perlados,

así los trata la muerte

como a pobres pastores

de ganados.[...]

El tópico ubi sunt? (¿dónde están?) que hace mención a los que son olvidados al llegarles la muerte.

[...]¿Qué se hizo el rey don Joan?

Los infantes de Aragón,

¿qué se hicieron?

¿Qué fue de tanto galán,

qué de tanta invinción

que trujeron?

¿Fueron sino devaneos?

¿Qué fueron sino verduras

de las eras,

las justas e los torneos, paramentos, bordaduras e cimeras?[...]

Sobre estas cuatro ideas tratan las veinticuatro primeras coplas y que de momento, no representan una elegía ya que se trata del pensamiento popular de esa época sobre la muerte.

En cuanto al tópico renacentista, está la de la fama, que surgió en el Renacimiento ya que no existía en la Edad Media, y que representa la virtud personal que es lo único que desafía al tiempo y al destino; consiguiendo de este modo la vida inmortal (aunque en cierto sentido) tras abandonar la vida terrenal, o sea, morimos y dejamos de existir físicamente, pero vivimos eternamente en el pensamiento popular. Esta, es una idea mediante la cual se puede vencer a la muerte de alguna manera, cosa impensable en la Edad Media.

(la muerte a don Rodrigo) [...]No se os haga tan amarga

la batalla temerosa

que esperáis,

pues otra vida más larga,

de la fama gloriosa

acá dejais.

Aunque esta vida de honor

tampoco no es eternal

ni verdadera,

mas con todo es muy mejor

que la otra temporal

perecedera.[...]

De todo esto podemos deducir dos las dos ideas básicas con respecto a la muerte del renacimiento y la Edad Media: el segundo tenía la postura de prepararse para lograr la vida eterna y lograr así la salvación; mientras que el primero decía de aprovechar el momento y vivir la vida lo mejor que se pudiera.

Para terminar con la muerte destacaré un romance del noroeste de España titulado “Romance del enamorado y la muerte” y con el cual introduciré al amor en la Edad Media ya que abarca tanto a la muerte como a este.

En el se utiliza la idea sobre la muerte personificada que va a buscar a una persona. El hombre intenta convencerla de que le deje un día más de vida (intento de alargar su vida porque no se esperaba la muerte), al serle concedido sólo una hora, va a ver a su amada la cual, a pesar de quererle, duda de porque va a recibirle si no hay un motivo. Él le explica que la muerte le está buscando, así que ella tiende un cordón para que suba por él pero al ir subiendo, se rompe ya que la muerte le fue a buscar al haberse su hora acabado.

[...]La fina seda se rompe;

la Muerte que allí venía:

-Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida.

La idea de que uno pueda conversar con la muerte para conseguir así alargar su vida, ya que nunca se espera que la muerte llegue en ese momento; es un concepto puramente medieval.

Mientras que con el tema amoroso, todo se resumirá a una palabra clave que definirá el amor de esta época: la cortesía. Todos los enamorados de esta época se tratarán con toda la cortesía posible que será mayor en función del status social que posean pero que poseerán todos. No hay más que ver el diálogo entre el enamorado y su enamorada en donde la segunda no acepta su presencia si no era por un buen motivo.

[...]-Ábreme la puerta, blanca,

ábreme la puerta, niña!

-¿Cómo te podré yo abrir

si la ocasión no es avenida?[...]

EL AMOR

Los primeros versos escritos en la península ibérica fueron las jarchas (véase lo escrito para la muerte en las jarchas) en donde el tema predominante era el amor. Casi siempre trataban de lo mismo; el lamento de una mujer, casi siempre delante de su madre, por la ausencia de su amado y en donde al amado se le nombra con el apelativo árabe de “Aviv” (amigo).

“Mi corazón se me va de mí.

Oh Dios, ¿acaso se me tornará?

¡Tan fuerte mi dolor por el amado!

Enfermo está, ¿cuándo sanará?”

“¿Qué haré, madre?

Mi amigo está a la puerta”

Con esto se puede ver que el amor en esta época era muy intenso y casi siempre las que sufrían más eran las mujeres ya que sus amados se separaban de ellas con frecuencia debido a las guerras y demás asuntos.

La obra más representativa en el campo del amor en el S. XIV, por el 1343 fue escrita por una persona relacionada con el clero, el Arcipreste de Hita Juan Ruiz (¿ - 1350). Utiliza el amor y el realismo para a través de historias y anécdotas, dar consejos al margen de la moral eclesiástica; aunque hay teorías que dicen que se trata de una autobiografía del Arcipreste. Una de las historias empieza con el encuentro de una vaquera y que tienen el siguiente diálogo:

[...]Dije: -“Ante vos me humillo, serrana placentera, o me quedo con vos o mostradme carretera.”

-“Me pareces muy sandio, pues así te convidas, no te acerques a mí, antes toma medida, que si no yo haré que mi cayado midas: si te cojo de lleno, verás que no lo olvidas.”

Una vez más aparece la cortesía por todas partes tanto de la caballerosidad del hombre, como de la feminidad de la mujer; la cual no soporta la insolencia de un hombre que se le acaba de declarar (a veces se gana, otras se pierde). El hombre hace caso omiso de la advertencia de la mujer y se acerca de todas maneras.

[...]Cuando quise acercarme a la chata maldita, de un golpe me dejó la oreja marchita.

Me empujó cuesta abajo y me quedé aturdido, allí probé lo malo que es el golpe de oído.

-“¡Confunda Dios -me dije- tal cigüeña de ejido que de tal modo acoge cigoñinos en nido!”.

A esto prosigue la reconciliación y el amor al final al ayudar la mujer al hombre. Este es el clásico ejemplo de amor entre la clase baja (pueblo llano) en donde no hay cortes a la hora de declarar el amor por una persona que se acaba de conocer.

Claro que esta obra al estar escrita por una persona del clero, siempre tratará el amor sentimental, nunca el carnal; por lo que todos los personajes de la obra, son, en otras palabras, bueno cristianos al respetar el matrimonio y demás.

Pero donde de verdad se verá el concepto de amor será en los romances que proceden de fragmentos de antiguos cantares de gesta, los que más gustaban al pueblo, los cuales fueron retenidos en la memoria popular.

Más tarde, los juglares se dieron cuenta del éxito que tenían estos por lo que comenzaron a componer ellos más, de su invención, pero que eran más extensos y con una temática más amplia. Por esto los romances son anónimos en su totalidad.

Aunque los había de varios tipos, aquí sólo vamos a tratar los relacionados con el amor.

Los primero romanceros surgieron en el S. XIV como el “Romance de Gerineldo y la infanta” que es un claro ejemplo del amor imposible entre las distintas clases sociales pero que aquí se vuelve posible gracias a la iniciativa de una infanta. Esta se declara al paje del rey, el cual no se lo cree.

[...]-Como soy vuestro criado,

señora, burláis conmigo.

-No me burlo, Gerineldo,

que de veras te lo digo[...]

Deciden quedar esa noche mientras duerme el rey; pero al pasarse toda la noche juntos y despiertos, duermen al amanecer cuando se despierta el rey. Este llame a su paje, pero al no acudir este, va en su busca y lo encuentra en la cama con su hija. Entonces, se le plantea un dilema.

[...]¿Mataré yo a Gerineldo,

a quién crié desde niño?

Pues si matare a la infanta

Mi reino queda perdido.[...]

Está claro que en esta época, hacer lo que hicieron los dos, suponía la muerte primero por pecadores al no estar casados, y segundo mantener relaciones un miembro de la realeza con otro de menos status. Y este es otro problema del amor de esta época, ya que los romances solo podían ser con personas de su mismo rango social y nunca con otro. Además, en la nobleza, eran siempre los padres los que elegían los maridos para sus hijas y nunca estas, lo que suponía un problema ya que siempre el elegido solía ser alguno de mayor valor político o diplomático que sentimental; y además, las mujeres tenían una tendencia a enamorarse de otras personas (lo cual no es de extrañar).

El romance termina con la súplica del paje por su muerte al habérsela merecido; y con la propuesta de la infanta de que o lo case con ella, o la mate también.

Otro claro ejemplo de esto pero más realista, es el del “Romance de la hija del rey de Francia” donde se muestran las imposibilidades de un romance entra distintas clases sociales. Cuenta que la hija del rey se perdió de camino a París y esperó entonces por alguien que le ayudase: Se encontró con un caballero que la acompañó por amabilidad al principio pero que se enamoró de ella por el camino. Ella se dio cuenta y le advirtió que era imposible.

[...]no hagais tal villanía;

hija soy de un malato

y de una malatía;

el hombre que a mi llegase

malato se tornaría[...]

El caballero se asustó ante las palabras de la niña por lo que calló el resto del viaje, hasta que llegaron a París y le intrigaron las risas de la princesa. Este le preguntó que porque reía y ella respondió que de él (su cobardía); por lo que el caballero se le insinuó al verse ofendido, a lo que la princesa le dice que muy caro le saldría por tratarse ella de la hija del rey.

Queda bastante claro que siempre era la que poseía un rango social mayor la que tenía la última palabra y la que decidía el desenlace de todo, eligiendo así la solución justa o romántica.

Otra característica del amor en la Edad Media era, como se dijo en las jarchas, la pasión con que este se vivía y que en muchas ocasiones al llegar la muerte a uno, el otro se moría de amor o se suicidaba. Esto se ve en el “Romance de doña Alda”, donde una rica mujer está separada de su marido por motivos de guerra. Ella tiene un violento sueño que una de sus criadas interpretó como la boda con su esposo. Al día siguiente, recibe la noticia de que su marido a muerto.

[...]Cuando tal oyó doña Alda

muerta en el suelo se cae.

Era tal el amor que sentía, que no podría haber vivido sin él, o al menos así se entiende.

En otros casos, el amor que se siente es tal que no se pierde la esperanza de que su amado vuelve de la guerra incluso después de haber pasado varios años.

Como ya dije, las que más sufrían eran las mujeres ya que al irse sus prometidos o maridos, a ellos al menos les esperaba la guerra o cualquier otra actividad en la cual empleaban su tiempo; mientras que las mujeres se quedaban solas sin nada que hacer (no trabajaban) y lo único que hacían era esperar la vuelta de su amado, cosa que no siempre ocurría.

Para ver esto tomaremos de ejemplo el “Romance de la condesita”, la cual se ve separada de su marido nada más casarse por culpa de la guerra. Él le pide que si no ha vuelto al cabo de tres años, que se vuelva a casar porque el habrá muerto. Pasaron cuatro años y su padre le pidió que se volviese a casar, pero ella tenía la esperanza de que todavía estuviese vivo, por lo que decide partir en su busca.

[...]Anduvo siete reinados,

morería y cristiandad:

anduvo por amor y tierra,

no pudo al conde encontrar;

cansada va la romera,

que ya no puede andar más.[...]

Trata de buscar un sitio donde descansar y encuentra un vaquero que le cuenta que hay un castillo propiedad de un conde con el mismo apellido que su marido y que se va a casar mañana. Ella va a la ceremonia, y se presenta a su amado pidiendo una limosna, este se la concede pero no la reconoce así que se descubre y al recordar el conde a su mujer, cae inconsciente . Cuando despierta, abandona todo lo que había conseguido de la guerra (castillo, siervos y prometida) para volver con su mujer a su tierra de origen.

[...]Con ella vuelvo a mi tierra;

adiós, señores, quedad;

quédese con Dios la novia,

vestidita y sin casar;

que los amores primeros

son muy malos de olvidar.

Aquí se ve que el amor era eterno para la gente de esa época y que dos personas que se quieren no se pueden olvidar; además de que una es capaz de abandonarlo todo por estar con su amada.

Para terminar con el amor en la Edad Media, comentaré un poema de finales del S. XV de Juan Álvarez Gato titulado “Amor, no me desees...” donde un hombre pide desesperadamente que su amor no le deje ya que gracias a él, los males no existen. También vuelve a aparecer el hecho de que sin el amor no se puede vivir.

“Amor, no me dexes

que me moriré.[...]

Si algún mal me viene,

por ti se detiene;

en ti me sostiene

tu gracia y mi fe.[...]

Que aquel que tú tienes,

los males son bienes,

a él vas y vienes

muy cierto lo sé.

Amor no me dexes,

que me moriré.

LA CELESTINA

La obra con la que concluirá el amor en la Edad Media y que servirá de transición para el amor renacentista, será “La Celestina” de Fernando de Rojas (que continuó la obra a partir del principio del II acto) y que supuestamente es del año 1499, aunque se sospecha que hubo otra edición que salió con anterioridad. Esta fue la obra más representativa de la transición; donde presenta y reproduce la crisis de un mundo que entraba en una nueva concepción.

En la obra, el amor era el tema central auque también hay muerte y codicia. Con esta, podremos ver claramente como era visto el amor en casi todas sus características.

La obra trata el amor de las diferentes clases sociales. Por un lado están los personajes principales Calisto y Melibea que representan a la burguesía; y por otro están, los sirvientes de estos que también viven sus historias de amor.

Al principio la relación entre Calisto y Melibea, uno es un caballero y la otra una doncella de casa noble, es dispar, ya que Calisto se enamora locamente de Melibea, pero esta se muestra molesta ya que le habla con descaro y sin preámbulos.

El amor por Melibea hace que Calisto sufra varias “consecuencias!” de su enamoramiento. En primer lugar deja de comer y dormir ya que solo puede estar pendiente de la mujer a la que ama. Por otro lugar, la convierte en su diosa y religión lo que demuestra un amor desmesurado y pasional.

[...]Sempronio.- ¿Tú no eres cristiano?

Calisto.- ¿Yo? Melibeo soy, y a Melibea adoro.[...]

Durante toda la obra, el amor del protagonista es constante. En ningún momento deja de querer a su amada; es solo que varía un poco el tipo de amor que acaba sintiendo por ella.

Entonces, Calisto quiere buscar un remedio a su dolor por lo que confiesa esto con su criado el cual dice que cree poder ayudarle. Irá entonces este a buscar a Celestina para que le ayude a conseguir el amor de Melibea para su amo. Ella no lo hará de manera gratuita; pero Calisto es capaz de darlo todo por el amor de su querida. Y así lo hace al enterarse de que Calisto es capaz de ayudarla.

[...]Calisto.- ¡Oh, por Dios,

toma toda esta casa y

cuanto en ella hay![...]

Esta le entrega un cordón con el que conseguirá el amor de Melibea, con lo que el caballero está dispuesto a arriesgarlo todo con tal de entregárselo a su amada (va a verla aun a riesgo de tropezarse con los caballeros del padre de Melibea). Cuando se encuentra con ella, su amor se vuelve más carnal y así se muestra más tosco.

[...]Calisto.- Señora, el que

quiere comer el ave

quita primero las plumas.[...]

refiriéndose a las ropas de Melibea. Al fin consumen su amor mediante el “amor carnal” (no tiene otro nombre en esa época) aunque son observados para disfrute del cada vez más tosco Calisto.

Aquí se muestra uno de los puntos entre la transición de Edad Media y Renacimiento. En la primera predominaba el amor cortés sobre todo lo demás (principio de la obra); mientras que en lo segundo se le daba otro enfoque (como el caso del amor carnal).

Hay que destacar al personaje de Melibea el cual sufre varias transformaciones (otra vez la transición). Empieza odiando a Calisto y acaba adorándolo. Aunque al principio, cuando esta se siente atraída por su amado considera que actúa de forma inadecuada (Edad Media), acaba por olvidarse de todas las normas y se entrega en cuerpo y alma a su amado sin ningún reparo (Renacimiento con otra visión de la vida).

Por el otro lado, tenemos el amor de los criados que representan a la clase baja donde se mantiene una relación de amor cortés.

[...]Areúsa.- Ay, señor mío,

no me trates de tal manera;

ten mesura por cortesía;

mira las canas de aquella vieja honrada

que están presentes.[...]

Pero como estamos en época de transición, el amor de estos también varía hacia el carnal; abandonando el amor sincero que al principio poseían para sólo buscar el deseo en el caso de algunos protagonistas.

Al final todo acaba con la muerte por amor y codicia de Calisto, Melibea y Celestina.

CONCLUSIONES

Después de todo lo analizado y consultado creo que podemos fácilmente sacar las siguientes conclusiones de forma genérica.

Con respecto a la muerte, podemos decir que se dio forma y personalidad a la muerte que era una enviada de Dios, la inestabilidad de los bienes de la fortuna, la fugacidad de las vidas humanas y el poder igualatorio de la muerte. Ya como concepto prerrenacentista, destacar el de la virtud personal como único medio para desafiar a la muerte y conseguir así la vida eterna.

Con respecto al amor, prima el amor cortés en todo su poder, las barreras de los status sociales a la hora de los emparejamientos, el amor eterno y auténtico, la imposibilidad de vivir sin un miembro de la pareja, la muerte a causa del amor y la desesperación por la separación a causa de las guerras.

Creo que estos son los conceptos mas genéricos que se pueden deducir de todo este trabajo y a los cuales he llegado después de todas las investigaciones que he realizado.