American Beauty; Sam Mendes

Cinematografía. Argumento. Sinopsis. Ficha técnica. Cine americano. Familia. Crítica social. Análisis: tipos. Sam Mendes

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ANALISIS SOBRE

AMERICAN BEAUTY

American Beauty; Sam Mendes

LA CARA DE LA REALIDAD NO ES LA CARA QUE MUESTRA EL MUNDO

American Beauty; Sam Mendes
American Beauty; Sam Mendes

American Beauty; Sam Mendes
INDICE

Introducción ............................pág 3.

Tipo de análisis.........................pag 4.

Argumento................................pág 5.

Sinopsis.................................pág 6.

Ficha técnica............................pág 7.

Ficha artística..........................pág 8.

Análisis.................................pág 9-24.

Bibliografía.............................pág 25.

American Beauty; Sam Mendes
INTRODUCCIÓN

¿Te gustaría tener una familia en la que tu madre se fuera con otros, tu padre se la pegase con la mejor amiga de tu hermana o tu hija se fuese con un novio que trafica con drogas cuyo padre es un ex-militar gay reprimido? Ciertamente me inclino a creer que no, sin embargo hay personas para todo, y a las que quizá les gustaría experimentar durante una temporada la convivencia en el seno de una familia como esta. Pero supongo que este no es tu caso, ¿verdad?. De cualquier modo, y desgraciadamente esto existe, se da en nuestra sociedad, y en las del resto del mundo, por lo que el reflejo de esta humanidad es cierto y evidente, y tenemos que hacer frente a este crudo escenario, que una vez más el cine americano ha decidido exponer en la ya archí conocida American Beauty”.

Ha sido un triunfo absoluto y muy bien estudiado. Este film ha traspasado las fronteras del país que lo ha realizado, y ha llegado al resto del mundo. Ha tratado un tema generalista, cuya elección ha sido crucial para alcanzar el existo abrasador de esta película, del que todos hemos sido testigos. Esto es una realidad como la vida misma, llevada hasta los extremos, y que ahora he decidido analizar debido al interés, que desde que se estrenó en los cines de nuestro país, ha suscitado en mí.

Me fascina el cine y todo lo que ello conlleva. Mis dos grandes pasiones unidas: la imagen y la música. Su fusión ofrece como resultado un mundo indescriptible que atrapa lo insospechado. A mí el primero, tengo que confesarlo, al igual que he de confesar que conocí a Sam Mendes (director de American Beauty) a raíz de este atrayente film. Gracias a esta película he descubierto un mago del séptimo arte, escondido ante mis ojos, y que ahora he hecho de él, parte de mi vida. Por ello formará parte ineludible de este análisis del que ahora soy el protagonista. Otro de mis grandes sueños, que de momento he tenido que calmar con pequeñas intervenciones en la teleserie “Al salir de clase”, que probablemente no sea una excelente plataforma de lanzamiento, pero como la mayoría de los entendidos dice: “por algo se empieza”.Y aquí en este momento, yo, empiezo con el análisis del que ya venimos hablando meses atrás.

American Beauty; Sam Mendes
TIPO DE ANÁLISIS

A lo largo del cuatrimestre hemos visto en clase varias clases de análisis de imágenes, tanto para las fijas como para las de movimiento. En mi caso el análisis debe ajustarse a las exigencias de las imágenes en movimiento, puesto que se trata de un film, de un discurso audiovisual, que engloba todos los elementos que forman parten irrevocable de un relato fílmico.

Para examinar hasta el más mínimo detalle de esta película, he decido inclinarme por el análisis transdiscursivo. La trascendencia textual del texto me permitirá poner este texto en relación manifiesta o secreta, con otros textos. Abarcaré tanto el análisis extradiscursivo o extradiegético como al intradiscursivo o intradiegético del relato fílmico (American Beauty).

Según vayamos avanzando en el análisis nos encontraremos con la intertextualidad del discurso audiovisual, al igual que su hipertextualidad (intradiegética y extradiegética). También abordaré el tema de la proyección simbólica, sin duda alguna, uno de los puntos relevantes de este film.

Afrontaremos los conceptos de adaptación, pastiche y parodia. En qué medida aparecen reflejados, si se presentan todos o si por el contrario no se da ninguno, o hasta qué punto es bueno o malo que uno de ellos se refleje más que otro. Estas y otras cuestiones intentaré dilucidar a lo largo de mi análisis, que espero se acerque, en la mayor medida de lo posible, a lo exigido.

Finalmente haré frente a la evolución de la obra de Sam Mendes, que se remontará a una trayectoria teatral, al ser ésta su ópera prima. Veremos los rasgos en común y opuestos de sus obras, y todas aquellas características que conlleva estudiar los parámetros comparativos de toda una trayectoria profesional.

American Beauty; Sam Mendes
ARGUMENTO

La historia gira en torno a Lester Burnham, un hombre que ya ha pasado los cuarenta y se encuentra en plena crisis existencial: su vida es aburrida, rutinaria, lleva en el mismo trabajo años y años, y siente que está perdiendo el tiempo.

Además, su mujer Carolyn es un poco rara, y su hija Jane está entrando en la pubertad, con lo que Lester se encuentra en el ojo del huracán de todos los problemas de la familia.


Es entonces cuando comienza a sentirse atraído por una amiga de su hija, Angela, lo que le acarreará aún más dolores de cabeza. También surgirá una pequeña amistad con la familia vecina, unos auténticos bichos raros: el padre es un general retirado que cree estar todavía en el ejército, la madre vive en una depresión constante y el hijo se dedica a grabar con su cámara todas las cosas bonitas que ve, incluida la hija de Lester.

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SINOPSIS

Lester Burnham, a cargo de Kevin Spacey (nominado como mejor actor), vive infeliz hasta que descubre a alguien, un motivo que estimula su existencia y que lo excita sexualmente: la mejor amiga de su hija. Con esta ilusión, más el juego de seducción que inicia la adolescente, Burnham comienza a liberar todas sus represiones. Deja de hacer lo que se entiende por "correcto" para preocuparse de sí y hacer lo que siente ganas de hacer. Es un verdadero renacimiento y un resurgimiento, en el que deja esa sonrisa cínica para mostrar una amplia y verdadera.

American Beauty; Sam Mendes
FICHA TÉCNICA

Título original: American Beauty

Distribuidora: UIP

Género: Drama

Año de producción: 1999

Dirección: Sam Mendes

Guión: Alan Ball

Producción: Alan Ball y Bruce Cohen

Fotografía: Conrad L.Hall

Música: Thomas Newman y Pete Townshend

Idioma: Inglés

Duración: 121 minutos

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FICHA ARTÍSTICA

Lester: Kevin Spacey

Carolyn Burnham: Annette Bening

Jane Burnham: Thora Birch

Ricky Fitts: Wes Bentley

Angela Hayes: Mena Suvari

Buddy Kane: Peter Gallagher

Barbara Fitts: Allison Janney

Coronel Fitts: Chris Coope

Jim 1: Scott Bakula

Jim 2: Sam Robards

American Beauty; Sam Mendes
ANÁLISIS

Lúcido y sardónico film que cuestiona e invoca los artificiosos y vacuos valores identificadores del triunfalismo occidental, centrándose en la figura de un animoso perdedor, el extraordinario Kevin Spacey, esta película coral fluye turbadoramente por cauces diversos, perversión, fanatismo, represión, locura, gloria, fracaso, muerte, sexo, que terminan por desembocar en un piélago de aguas existencialistas: el devenir del ser humano y su difícil ubicación en la realidad de su indefinida existencia como miembro de una colectividad harto competitiva que invita a dejar aparcadas las ilusiones de la niñez, cuando tumbado en la hierba contemplaba las estrellas fugaces caer, como al final el protagonista recuerda desde la atalaya de su plácido descanso.

Las drogas, el onanismo o la imaginación son cómodos recursos para evadirse de esa asfixiante realidad y soñar con lindas chicas de amplias y pícaras sonrisas envueltas en floridos lechos, liberación que igualmente se encuentra en la captura de la cara bonita de la vida, por mediación de cámaras que pretenden atrapar la belleza, esa belleza americana y universal hallada ya sea en la muerte de una nívea paloma, en la desnudez de cuerpo y alma, en la más simple cotidianeidad de una vieja y usada bolsa que danza bajo los naturales acordes del viento, en la más pura sencillez, o en una lejana y límpida mirada reflejada en un pequeño espejo: "American Beauty", cuenta con una cautivadora e imponente narración no exenta de simbolismos, que progresivamente va atrapando al espectador en una trama fascinadora y sugestiva, con un dominio del tempo cinematográfico impensable en un cineasta debutante.

Grandes interpretaciones de todos los protagonistas, pudiendo destacar en este aspecto a un joven actor que borda un papel clave en la historia, Wes Bentley. Por su parte, el neófito director, Sam Mendes demuestra que cuenta con un presente y un futuro como narrador incuestionable.

“Desconcertado”, esa es la palabra que se adecua a lo que yo sentía mientras visionaba la primera hora de American Beauty en el cine. ¿Ésa era la obra maestra que iba a arrasar en los Oscars? La película estaba bien, se dejaba ver e incluso su realización contenía ciertos momentos que cabría calificar de portentosos, pero en mí se producía una extraña confusión al sentir, en realidad, que todo aquello no eran más que unos cuantos tópicos situados con fortuna por el guionista Alan Ball. Y es que, ¿no son personajes extremos los que pueblan la cinta? ¿Pretenden hacernos creer que esos acaudalados protagonistas representan al ciudadano medio? ¿Que los jóvenes poseen inquietudes metafísicas como las que se asoman en el personaje interpretado por Wes Bentley? ¿Que todo el mundo, todo, es igual que el que sale por esa pantalla? Cierto es que vivimos en un planeta de apariencias (aspecto que, en mi opinión, es el que mejor retrata American Beauty), pero considero injusto poblar de extremismos (y caer, repito, en el tópico) la película; la sociedad es algo heterogéneo, American Beauty sólo está analizando una parte mínima de la misma. De ahí el error de caer en esta propuesta radical, haciéndonos ver, en un primer momento, que todo el mundo es rastrero, vil, egoísta (salvo la madre de Ricky, una auténtica sufridora), para luego decirnos todo lo contrario. Es esto, pues, y siempre según mi apreciación, lo peor de American Beauty.

Sin embargo, y tras esta opinión liberadora, he de decir que este filme de DreamWorks SKG posee algunos momentos arrebatadores. Y no precisamente en la comedia, sino más bien en el drama. Ahí es donde radica toda su fuerza, ahí es donde se hace sublime, soberbia, algo que la redime de sus posibles pecados. El dolor de los personajes, sus emociones, se transmiten al espectador de forma sincera, le llegan al corazón, le impactan. De ahí que la media hora final me parezca magnífica, no ya porque es entretenidísima (jugando a ser una especie de «thriller», por cierto), sino porque supone dar a los personajes un momento de liberación, un instante para sincerarse consigo mismos y con los demás.

Si hay alguien que mereció llevarse el Oscar ese año, ése es Sam Mendes. Su labor es impagable. A pesar de su escasa experiencia en el mundo cinematográfico, muestra tal desparpajo a la hora de mover la cámara que uno se queda pasmado al comprobar la fuerza que otorga a secuencias tan sencillas (y en apariencia, imposibilitadas para obtener algún brillo de ellas) como aquélla en la que una bolsa de plástico baila al compás del viento.

De los actores, he de decir que Kevin Spacey y Annette Bening están muy bien, por supuesto, pero sus interpretaciones no son tan convincentes en el campo de la comedia. Es como si sobreactuaran, dándoles a sus personajes poses fingidas y en algunas ocasiones poco creíbles. No obstante, en los momentos dramáticos hay que rendirse a la evidencia: están espléndidos. E igual de espléndidas son las actuaciones de los personajes secundarios, y en particular de los más jóvenes, toda una sorpresa (Thora Birch, Wes Bentley y Mena Suvari).

La partitura de Thomas Newman deja el mismo sabor que la película: sabes que no estás ante un producto perfecto, pero te gusta. Es una música extraña, escasamente melódica y en ocasiones impropia para las imágenes que contemplamos, pero todos sabemos que este compositor (al igual que Goldenthal y, en determinadas ocasiones, Mancina) suele experimentar bastante en este campo de las bandas sonoras.

La película se deja ver y tiene momentos magníficos. Se disfruta y se convierte en una verdadera crítica de la sociedad (estadounidense o no), como refleja, al igual y claramente la serie de Los Simpson. Más dura y cruda incluso si cabe.

En ocasiones resulta curioso comprobar como funciona la maquinaria hollywoodiense de cara a los Oscar: la mayoría de las veces antes de encarar la recta final de las nominaciones ya suele haber una favorita que va recibiendo premios de diversas asociaciones y que, irremisiblemente, acaba ganando la estatuilla a la mejor película. Sin embargo, tanto el caso de este año, como el del pasado con Shakespeare in love (ya no traducen ningún título, lo que es el esnobismo), aún siendo dos películas que cumplen con lo dicho anteriormente, constituyen sendas excepciones a las películas de Oscar.

Y es que American Beauty es un producto bastante insólito dentro del cine comercial americano, producida por la Dream Works de Spielberg -quien precisamente perdió en la edición anterior con su efectista Salvar al soldado Ryan- la dura crítica al American Way of Life, así como algunos de los papeles que aparecen en la película, se salen con mucho del estereotipo de comedia ácida norteamericana.

En especial destaca el personaje protagonista, interpretado por el multilaureado Kevin Spacey, quien borda el papel seguramente porque se trata de un personaje hecho a su medida: un cuarentón periodista, que vive con mujer e hija en uno de esos maravillosos adosados, de los que salen siempre en las telecomedias norteamericanas de sobremesa y cuya aparentemente perfecta existencia se demuestra como una auténtica mascarada: odia su trabajo, su mujer es una trepa egocéntrica insoportable (una también muy creíble Annette Bening) y con su hija no tiene demasiada comunicación, entre otras cosas porque el personaje de Spacey se queda embobado con su lolítica amiga cada vez que le invita a casa.

También es cierto que la película no puede evitar ciertos tópicos del género: sus vecinos son: una pareja de homosexuales encantadores y un estricto militar retirado que tiene verdadero terror a que su hijo pueda ser de los de la acera de enfrente, (en este caso la misma acera, pero un par de casas más abajo). La verdad es que en la película se insinúan varios temas —como el lío entre Spacey y la adorable Lolita o la más que evidente homosexualidad latente del vecino militar— que quedan a medias y no satisfacen las expectativas creadas.

Con todo, y obviando algunas de las torpezas visuales con las que Sam Mendes nos obsequia reiteradamente a lo largo del filme, hay que reconocer que en esta ocasión el Oscar a la mejor película ha ido a una cinta bastante aceptable, claro que no han llegaron al extremo de concedérselo a una película como Happyness de Tod Sdolonz, que llega mucho más lejos, posiblemente que esta y que por lo tanto, difícilmente pudo tener el reconocimiento de la industria. Y es que eso de mirar la mierda que tenemos en casa no es demasiado agradable…

La película, que contiene algunas escenas violentas y de desnudos frontales, trata todos estos temas con una delicadeza y buen gusto anormales para tratarse de una película hecha en Hollywood.

Acostumbrados a películas como Very Bad Things, donde la violencia y el sexo se muestran sin ningún tipo de elegancia, resulta extraño encontrarse con un film como American Beauty, donde prima el sugerir por encima del espectáculo. Sin duda, una gran película que no debe pasar desapercibida para ninguno de nosotros, y más aún siendo estudiantes de quinto de comunicación audiovisual.

Con un poco de cierta ironía podría resumirse el tema de la película con la frase "el dinero no lo es todo". Y parece la película carne de cañón para tertulias religiosas sobre lo desorientados que andamos y lo peligroso de andar por ahí sin mas valores que los invertidos en Bolsa.

        Ciertamente, los personajes parecen seguir al pie de la letra algún manual sobre como ser felices. Y ahí les vemos cenando con música de fondo, motivándose para ser los mejores y apoyándose cuando la situación lo requiere. Pero es que parece que los manuales ya salen caducados de imprenta, como si la ética de la que uno pudiera echar mano se hubiera contagiado del vértigo de la informática y necesitara de continuas actualizaciones.

        Que, dicho en lenguaje rápido, por la vida rondan ciertos virus que son capaces de desarrollarse y vivir en los ambientes mas limpios y brillantes. Que la manzana que se comen en los anuncios después de pasarla por el fregadero tiene mas porquería que la suela de nuestros zapatos.

        Sam Mendes se atreve a contar una historia a la que van pegadas palabras tan peligrosas como ética, nihilismo, vacío, perdida o nostalgia.

        Y lo hace colocando en el centro a alguien que tiene la suficiente lucidez como para narrar todo lo que va ocurriendo. Alguien que es capaz de darse cuenta de que el suelo se esta moviendo pero que no sabe donde poner el siguiente paso. Lejos de tratar de enfrentarse a lo que le sucede, Lester se deja llevar por el camino del absurdo, como si se tratara de una forma de provocar a la realidad para saber hasta que punto él es importante.

        La película es una cuestión de distancias y de velocidades. Lester parece haberse cansado del vértigo, haberse dado cuenta de que el camino que lleva no va hacia donde el quería. Pero, lejos de parar y tomar nota de donde esta, decide volver atrás : a los tiempos de Pink Floyd, los canutos y la pasión por las animadoras del equipo local. Su mujer tal vez presienta que la situación no va bien, pero soluciona el problema apretando el acelerador.

        Entre ambas situaciones, se encuentra la hija y su admirador. Resulta curioso ver que la respuesta de la nueva generación ante todo ese movimiento sea la pausa y la observación. La acumulación de imágenes grabadas con una cámara entre las que destaca la de esa bolsa de plástico flotando en el viento.

        Durante toda la secuencia de la bolsa en el aire se puede llegar a comprender la pasión del U por lo que grabo. Es cierto que la tercera vía parece imposible y que ante las exigencias de la vida uno puede seguir con el síndrome de Peter Pan o lanzarse a la lectura compulsiva de manuales de Deusto para despuntar en cuanto el consejo de administración se nos ponga por delante.

        Pero parece que la propuesta de Sam Mendes esté en esa bolsa. Una imagen que logra quitarse de encima cualquier referencia religiosa, de new age o de defensa apasionada de lo vegetal y mineral.

        Si en cualquier película los actores son importantes, en esta son fundamentales para que la cosa no caiga en el estilo de Estrenos TV . Y la elección logra que todo se mantenga en pie. A Kevin Spacey le basta un gesto mirando una fotografía de familia para que entendamos que es lo que le pasa. Todos sus actos, desde ese momento, dejan el terreno de lo absurdo para entrar en lo trágico. Algo similar le ocurre a Annette Bening cuando, desesperada, cierra las cortinas de la casa que no ha conseguido vender.

        Muchos elementos recuerdan a la Tormenta de Hielo, y en ella debería haberse fijado Sam Mendes para eliminar algunos aspectos que impiden a esta película alcanzar el sobresaliente. Queda justificada la voz en off con un personaje que no se va a comunicar con nadie y que no podría, de otra forma, transmitirnos lo que piensa, pero colocar como narrador a alguien que esta muerto parece un giro demasiado forzado, que encaja mal con alguien capaz de colocar esa imagen de la chica en el techo con pétalos de rosas descendiendo sobre la cama de Lester.

        La pareja del militar y su mujer esta tratada de forma demasiado plana. El juego del humor negro o irónico de que el protagonista acabe pagando por lo único de que no es culpable rebaja el tono de una narración que no necesita de grandes trucos. Sobre todo porque Sam Mendes apenas necesita nada para expresarse.

        Pero la película es capaz de sobreponerse a baches como estos. Logra mostrar ese proceso de decadencia y mostrar que incluso en esas situaciones puede encontrarse cierta forma de belleza. La escena en la que la hija que sube el jersey frente la voyeur que la espía es un buen ejemplo. Ahí coloca otra señal en la memoria, que enlaza con ese momento de Sue, perdida en Mahattan en el que la protagonista accede a la petición del vagabundo y le muestra los pechos.

        Las películas se van lanzando y parece que las historias bien contadas y con algo que contar recibieran impulsos de otras películas a cambio de mandar los suyos a las siguientes. American Beauty cumple este requisito y logra establecer unas conexiones fuertes que, como las de las neuronas, forman la red mas o menos útil no solo de la historia del cine, sino de la personal. Que es la que, a fin de cuentas, importa.

Esta opera prima del director Sam Mendes cuenta con un excelente guión (elaborado por Alan Ball) que narra la historia de una manera inteligente, con humor y lucidez. El autor juega con los estereotipos de una manera original: el fracasado, la adolescente que quiere perder la inocencia, la amiga, el marine, la ejecutiva exitosa y el tipo freak.

Los personajes están situados en un mundo de apariencias, no muy distinto a la vida real, donde la proyección de la imagen es más importante que la vida misma. En contraposición se encuentra la belleza natural de las personas y las cosas, donde lo más importante es vivir.

Todos hacen concesiones para desenvolverse en este mundo frívolo, incluso el muchacho freak, Ricky Fitts, interpretado por Wes Bentley, que lleva a un extremo la contemplación de la belleza, puesto que transita atado a una cámara de video capturando imágenes, capturando la belleza. Este mantiene un inmenso archivo de cintas que costea traficando marihuana de primera selección. El muchacho también fuma la hierba, pero como hijo de un ex coronel aparenta vivir bajo el código de disciplina y estructura.

No es extraño que este filme haya causado polémica puesto que en la superficie parece una apología de la marihuana, pero en el fondo se interpreta que el uso de la droga surge como una respuesta a la autorrepresión, y se convierte en una excusa para la liberación, que puede ocurrir con droga o sin ella.

Lo mejor de la película es que toca un tema profundo de una manera liviana, incluso divertida, con bastante ironía y humor negro. Kevin Spacey desarrolló un excelente papel como hombre frustrado que decide dar un vuelco a su vida. Annette Bening hizo de las suyas como la esposa. Ambos protagonistas estuvieron nominados por un Oscar como mejor actor y actriz respectivamente.

American Beauty, glorifica película que le ha abierto a Sam Mendeslas puertas del panorama cinematográfico. Film que triunfó en la ceremonia de los Oscar de 2000. Fue nominada a ocho estatuillas, de las que consiguió cinco: a la mejor película, director, actor (Kevin Spacey), fotografía y guión original. En 2001 Sam Mendes ha presentado su segunda película, The road to perdition, protagonizada entre otros por Jude Law, Tom Hanks y Paul Newman.

American Beauty que ya consiguió ocho nominaciones al Oscar, encabezó las de los Premios de la Academia Británica de Cine. La cinta, un triunfo para el director británico Sam Mendes, sumó 14 nominaciones, incluso las correspondientes a mejor actriz...

Sin embargo no todos los fragmentos del film rozan la perfección en su forma y contenido. Ante nosotros se presenta la belleza americana adaptada a nuestra lengua, para que sea absorbida por nuestros sentidos y gocen en su totalidad de lo que se presenta ante ellos. Pero después de un doblaje poco pulido quedan heridas como la que se le hizo al personaje interpretado por Wes Bentley (Ricky Fitts) cuando le comenta su novia, mientras le enseña la habitación privada de su horrible padre, “que algunos de los clientes a los que vende droga le pagan en "especias"”,siendo la forma correcta pagar "en especie".

Continuo profundizando en la temática tratada y en los símbolos, pues los méritos cinematográficos (un guión excelente, grandes actuaciones, música completamente disfrutable, etc.) ya están muy muy masticados a estas fechas...

Respecto a la Academia y la nominación, los puristas no agradecieron el tocar temas de homofobia y de uso de drogas, pero la idea base es pura y absoluta: la cultura Americana (con mayúsculas para aclarar que estamos hablando principalmente de nuestros vecinos del Norte) tiene cierto toque de "belleza" (la ironía del título es impecable e implacable) que no puede tratarse de otra forma y la parodia es una elegante forma de reconocer que la belleza externa es sólo eso, y que la que importa es la belleza interior (o la "reversible")...

Si crees que el término va hacia la musa de Lester (el motor al cambio, que sí es algo hermoso también), el ombligo del cartel es para disimular la burla, y la misma frase de copy es aclaratoria: mira más de cerca... El símbolo "rojo" en la historia es muy obvio (como fueron los azules y rojos de Kubrick en su última cinta) y tenemos desde las rosas que emanan de la hermosa musa de Lester, amiga de la hija, hasta las manchas de sangre y las rosas frente a él en la secuencia final, pasando por la puerta de la casa...

Si el rojo es lo deseado (¿la musa?, ¿la paz?, ¿la certeza?, ¿la vida segura y sin riesgos?), el color en la puerta (¿es para entrar o más bien para salir y huir?) es quizá la idea más compleja de la historia, pues la libertad de hacer lo que deseamos está ahí, y es nuestra decisión seguir el rumbo que nos lleve a una calma al menos momentánea... El video es un elemento de voyeur, pues con la base de que no se puede soportar tanta belleza directamente, es mejor usar un medio que sirva de interfaz (¿una cámara?), pues entre platos Nazis y morales complejas con violencia en un lazo paterno la única opción es mirar ("más de cerca", pues siempre existe la "curiosidad") a través de otra realidad (que de hecho es la causa por la que tú y yo vamos al cine)...

La última sonrisa de Lester es memorable, y remata la idea de que la vida "insignificantemente significativa" ("a nadie le gusta ser ordinario") no es siempre como parece... No es posible soportar tanta belleza, es cierto, pero la profundidad de las ideas narradas, de los temas y la ambigüedad que existe en la breve frontera entre lo ordinario y lo extraordinario, bien merece sonreír, aunque reconozcamos que lo que logra nuestra sonrisa bien puede ser un motivo para deprimirnos y cortarnos las venas con galletas María...

La elección es suya, pueden tomar el camino corto y reír, sin profundizar mayormente, pero te recomiendo leer entre líneas, la realidad mostrada es devastadora, demasiado "bella" y "ordinaria" para algunos...

Ooops, podría seguir desvariando y divagando por horas, pero no quiero aburrirte sino dejarte la idea de que veas una y otra vez la película con ojos críticos pero receptivos, y te atrevas a mirar "más de cerca"... Habemos quienes no siempre podemos soportar mucha belleza, pero con esta cinta y con mi musa, a quien amo, haré una excepción increíblemente merecida...

A todo esto el la jauría hollywoodiense no existe el monopolio fílmico sobre una temática. American Beauty tiene grandes amigas que han seguido su mismo camino. Un de las más destacables es “Happiness”, una feel bad movie del director de Welcome to the Dollhouse (Bienvenido a la casa de muñecas), dada en Chile por Cinemax. Una oscurísima comedia negra que se centra en la vida de puros personajes patéticos. Un gordo fracasado y sexualmente inactivo, un padre pederasta, una guatona loser..era como ver al staff de Sobras un fin de semana.

Los actores son increíbles, especialmente el niño prepuber hijo del pederasta.

Podría elogiar el guión y la dirección de actores por horas. Pero mejor no. Si no la has visto te la recomiendo. No te arrepentirás.

American Beauty; Sam Mendes

Imagen extraída de la película “Happiness”.

Al carro se han subido otros films como “Vidas cruzadas” de Robert Altman, que crea una obra maestra del realismo norteamericano contando una serie de historietas paralelas en un barrio de Los Ángeles.

Madeleine Stowe es la esposa de un policía abobado (Tim Robbinns) que le es infiel. Ella finge creerse todas sus trolas, e ignorar sus extraños amoríos y todas sus desventuras sexuales.

Además Madeleine protagoniza un divertido desnudo, posando como modelo de su hermana pintora. A pesar de ser un personaje muy realista, una ama de casa atribulada por sus hijos, Madeleine conserva su sensualidad y a uno le resulta inverosímil que el marido la engañe.

Altman crea una mirada divertida, sarcástica y lúcida de la actual sociedad norteamericana. Precisamente aquella que el cine de Hollywood suele ignorar por cotidiana y poco comercial para las taquillas.

American Beauty; Sam Mendes

Imagen extraída de la película “Vidas cruzadas”.

Del mayor país exportador de films también despegan producciones culinarias. Se presentan excelentes platos como “American Cuisine”.Lejos de la cruda y sarcástica sociedad del día a día, American Cuisine es un hermoso, aunque pequeño exponente del tipo de films alimenticios a la americana. Subgénero gastronómico del cine. Desde la obra maestra que es “El festín de Babette” de Gabriel Axel, hasta películas mediocres como “ Seducción a la carta”, hay un gran abanico de films que directa o indirectamente giran en torno a la buena mesa americana. Su director es Jean Yves Pitour.

American Beauty; Sam Mendes

Portada de la película “American Cuisine

El giro temático es de ciento ochenta grados, pero sin salir de Norteamérica. Ahora el plato fuerte lo presenta Tony Kaye en 1998 con “American History x”. Espeluznante y a la vez esperanzado descenso a las cloacas del racismo neonazi en Estados Unidos. Retrato fiel de cómo pueden perderse de una forma terrible buenos chicos de buenas familias. Hay un esfuerzo del guión por huir de los estereotipos. Hay variedad de registros y bastante perturbadores. Se presenta imágenes con gran violencia, hay una deshumanizadora crudeza en muchos de los diálogos y apuntes sexuales.

Cuenta Norton cómo la preparación física fue fundamental para representar a un tipo imponente por dentro y por fuera como Derek, un héroe y un antihéroe: «Es un personaje en mutación a lo largo de la película. Logra humanizarse en un proceso complejo gracias a su inteligencia», comenta.

American Beauty; Sam Mendes

Poster del film “America History x”

Y si el contraste era intenso con “American History x”, la presente película lo hace mayor aún. Es otra a la americana, pero siendo ésta la dejadez hecha película. “American Pie”, es un fiel reflejo de la adolescencia americana llevada a veces a sus extremos. Adolescentes obsesionados con la pérdida de la virginidad. Es una especie de landismo en versión USA, que se puso de moda tras el éxito de “Desmadre a la americana (Animal House)”, y donde encontramos unos guionistas influidos por éxitos precedentes del cine norteamericano como “Algo pasa con Mary”

Sin intentar jugar eficazmente con los tabúes y la represión en torno a los temas sexuales - ya que se plantea como una producción cómica - el filme narra como se preparan los jóvenes para lograr el debut.

Una escena cantada - si hablamos de sexo y adolescencia - es la del padre que se inhibe al tratar estos temas con su hijo. Acá le tocó a Eugene Levy ponerse la camisa de once varas. Si se concede que contienen algo de humor estas escenas, no se puede dejar pasar que la construcción de ese padre es por lo menos anacrónica, es decir, se parece más al padre de quien hoy en día ronda los cuarenta años que al de un adolescente contemporáneo como Jim

American Beauty; Sam Mendes

Portada de la película “American Pie

Las palabras “American Beauty” tienen un significado bastante peculiar, por decirlo de algún modo, en la floricultura norteamericana. Se llama American Beauty a la rosa, que por injertos y artificios de jardinería, derrocha gran esplendor de forma y colorido, pero carece de olor y hasta espinas. En rigor no es una flor artificial típica, pero se le acerca bastante hasta poder confundirse con ella. Este título aplica a cierta burguesía americana residencial las características de la rosa American Beauty. Vistosa y opulenta, no muestra, en apariencia, aquello que pueda provocar reserva: puntas hirientes o aroma que puede degradarse al perder el frescor. Sin embargo, su realidad es a veces diversa y su decadencia tan real que cuestiona hasta su mismo prototipo.

La proyección simbólica es un desmarque de las apariencias y en donde se intenta mostrar, uno a uno, los pilares removidos de esa burguesía tradicional. Los puntos de apoyo de la clase acomodada yankee han sido una familia ejemplar en todos los niveles; las vidas profesionales brillantes, bien remuneradas y, por supuesto, felices; sentirse protegida por una seguridad hecha de instituciones honradas y de un mundo consistente de creencias. Muchos de tales sillares están hoy removidos, aunque la apariencia siga la inercia de un pasado “glorioso”, mantenido por la publicidad. Tal situación produce, en ocasiones, sólo desajustes más o menos palpables; otras, sin embargo, una conmoción verdaderamente catastrófica.

Hasta ahora Sam Mendes era perito en dirección teatral; tras una honda formación clásica en Cambrige y con triunfos rotundos en Londres y Nueva York. Resulta curioso que, en esta primera película, el experto montador escenógrafo se dedique, casi por completo, al desmontaje de un tipo de sociedad teatral en sus conductas. El “género” escogido, para ello, ha sido la comedia dramática, la síntesis de risa y tragedia.

El ritmo de realización es de gran mesura. El director comienza el relato respetando todos los rituales burgueses que parecen proteger situaciones tradicionales establecidaas en códigos tácitos. Sin embargo, pronto comienzan a arremolinarse los síntomas de los desajustes, donde se adivina la tragedia. Los acontecimientos se suceden con tanta agilidad y tan pasmosa fluidez que el relato carece de puntos muertos sin perder ni un momento de interés, gracias a peripecias cada vez más complejas y solapadas en sus hábiles alternancias, muy bien realizadas por los montadores Thomas Anwar y Chris Greenbury.

Es un guión dirigido magistralmente por Sam Mendes, que es uno de los directores de teatro más famosos del panorama británico. Sus puestas en escena han ganado múltiples premios en Londres, Nueva York y por todo el mundo. American Beauty marca su inicio como director de cine.


Uno de los triunfos más sonados de Mendes fue la aclamada reposición del musical Cabaret, primero en Londres y después en Broadway. Esta producción ganó cuatro premios Tony, incluida una por Best Revival of a Musical, tres premios Drama Desk y tres premios del Outer Critics Circle. También dirigió La habitación azul en Broadway, protagonizada por Nicole Kidman. Mendes también había dirigido previamente la premiada producción en Londres The Rise and Fall of Little Voice, con Jane Horrocks, que retomó ese papel en la versión de cine, Little Voice.

Mendes nació en Inglaterra, se educó en la universidad de Cambridge y se unió al Festival de Teatro de Chichester tras su graduación en 1987. Poco tiempo después, dirigió a Dame Judi Dench en The Cherry Orchard, por el que ganó el premio Critics Circle for Best Newcomer. Ingresó entonces en la Compañía Royal Shakespeare en 1990, donde dirigió producciones como Troilus and Cressida, con Ralph Fiennes, Richard III y La Tempestad, por la cual consiguió una nominación al Premio Olivier.

En 1992, Mendes se convirtió en el director artístico de la reapertura del Donmar Warehouse de Londres. Allí, tuvo la oportunidad de dirigir varias producciones muy premiadas como la anteriormente mencionada Cabaret, The Glass Menagerie y Company, por las que ganó el Premio Olivier como el Mejor Director. Sus otros trabajos en el Donmar incluyen Asesinos, que ganó el Premio Critic's Circle, Translations, Glengarry Glen Ross, Habeas Corpus y The Front Page


American Beauty; Sam Mendes
BIBLIOGRAFÍA

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La película ha sido un auténtico éxito desde su estreno. Rodada con un presupuesto de 15 millones de dólares, ha recaudado 210 millones en todo el mundo y ha lanzado a la fama a su protagonista, Kevin Spacey, que cobró inicialmente un salario modesto pero terminará ganando millones gracias a su cláusula de participación en los beneficios

"Belleza Americana" es la ventana que nos lleva a romper y a cambiar el estereotipo de belleza rubia y encantadora por el de encontrar en objetos tan sencillos como una bolsa de papel al ritmo del viento el más grande encuentro con la beldad.

Una de las cosas que más me gusta de esta película es el manejo de la simbología a lo largo de ésta. El color rojo aparece en las rosas que cuida Carolyn, pero también en las fantasías de Lester con la mejor amiga de su hija. Su casa es de color blanco y sus ventanas azul claro, pero su puerta es de un rojo intenso que la hace sobresalir a las demás. Cuando Lester muere su sangre rojísima se esparce por toda la cocina

Cuenta el director: “aunque no he trabajado en la cocina de un restaurante y casi no distingo entre un Gurke y un Zuchini, cuento en la película una cercana historia autobiográfica. Tras acabar mis estudios en la escuela de cine de la Universidad de California, tenía solo un deseo: quería ser guionista de Hollywood. Pero tenía una gran preocupación, pues no sabía ni francés ni inglés, no conocía a nadie en Hollywood, tenía un visado de estudiante que expiraría pronto...
Era como Forest Gump. Mi inocencia era mi punto fuerte. Conocí a un agente, tuve un contrato con un estudio y el resto, pues es la misma historia caótica de siempre”.

  • La película, en la que se combina el blanco y negro con el color, está dirigida por Tony Kaye, director que procede del mundo de la publicidad (ha realizado anuncios de Nike y Volkswagen) y para el que American history X es su primer largometraje, no exento de polémica. El propio Kaye estuvo a punto de retirar su nombre de los créditos cuando el protagonista Edward Norton modificó el montaje final para aparecer más tiempo en pantalla.

  • La banda sonora está compuesta por Anne Dudley, ganadora de un Oscar por la partitura de Full monty.

  • Edward Norton (Las dos caras de la verdad, Todos dicen I love you, El escándalo de Larry Flint) ha conseguido una candidatura al Oscar al mejor actor principal.

Está formado por un numeroso grupo de críticos de la revista Reseña, cuyo núcleo principal ha permanecido vinculado a la publicación desde hace años.

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