Alejandro Casona

Literatura española contemporánea del siglo XX. Teatro de Posguerra. Vida y obras

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ALEJANDRO CASONA (Besullo, 1903 - Madrid, 1965)  Autor dramático español. Su verdadero nombre es Alejandro Rodríguez Álvarez. Estudia arte escénico en el Conservatorio de Murcia y en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid. Publica el libro de poemas El peregrino de la barba florida (1926) y la comedia La sirena varada, con la que obtiene el Premio Lope de Vega. En Madrid dirige el Teatro del pueblo y El teatro ambulante cuya función principal es la divulgación de la dramaturgia española. En 1932 obtiene el Premio Nacional de Literatura por el cuento infantil Flor de leyendas. A partir de 1934 dirige la compañía de teatro itinerante La Barranca. Exiliado en 1937, vive en Buenos Aires de 1939 a 1962, cuando vuelve a Asturias. Contribuye con su humor y lirismo a la renovación del teatro español de la primera mitad del siglo XX. Entre sus obras más destacadas se cuentan Nuestra Natacha (1935), Prohibido suicidarse en primavera (1944), La barca sin pescador (1945), Los árboles mueren de pie (1949), Corona de amor y de muerte (1955), La causa de los siete balcones (1957), Tres amantes y una mujer (1961) y La dama del alba.

Vida y semblanza

 

Nace Alejandro Rodríguez Álvarez, que desde la publicación de su libro de poemas La flauta del sapo -1930- utiliza en su vida artística y de relación el seudónimo Casona, el 23 de Marzo de 1903, en Besullo, concejo entonces de Cangas de Tineo y ahora de Cangas del Narcea (Asturias). Sus primeros años transcurren en tierra asturiana, junto a sus padres, maestros los dos: Besullo, Luarca, Miranda, Villaviciosa, Gijón. En el Instituto Jovellanos de esta última ciudad comienza sus estudios de Bachillerato, que termina en Murcia -1920-, a donde habían sido destinados sus progenitores. La vocación pedagógica de la familia y el amor a la enseñanza que se respiraba en ella son proverbiales. Alejandro Casona se hará maestro como todos sus hermanos y llevará ya para siempre metida en la sangre esa vena pedagógica. En Murcia, en los últimos cursos del Instituto, durante el preparatorio en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Conservatorio de Música y Declamación empieza a perfilarse un nuevo y para él definitivo ambiente. Sus nacientes aficiones literarias encuentran allí maestros que le aconsejan y orientan -Andrés Sobejano, Dionisio Sierra, Jara Carrillo...- y amigos que le contagian su entusiasmo loco por el teatro: Antonio Martínez, Pellicer, Prior, Julio Reyes, Pepe Martínez Gilabert... "Todos ellos -los maestros- y vosotros -los amigos-, cada uno un poco, habéis tenido la culpa de que yo tomara este camino del teatro", como él mismo asegura.

Cronológicamente la primera publicación de Alejandro R. Álvarez de que se tiene noticia es La empresa del Ave María, romance histórico premiado en unos juegos florales de Zamora y aparecido en la revista Polytechnicum, de Murcia, que dirigía su fundador José Pérez Mateos, en cuyo comité directivo figuraba Andrés Sobejano, siendo responsable de la parte artística Dionisio Sierra -1920. Entre los colaboradores de la revista aparecen los nombres de Benavente, Linares Rivas, Villaespesa, Rueda, M. Machado, Fernández Almagro... En 1922 ingresa en la Escuela Superior de Magisterio, de Madrid; allí se hace Inspector después de cuatro años de estudios, en los que no abandona su creación literaria. Aparte de algunos ensayos incipientes, da cima, probablemente antes de concluir sus estudios en la capital, a Otra vez el Diablo, obra que queda finalista en el concurso para escritores jóvenes convocado por ABC en 1928. Sigue un año de prácticas en Madrid, y en 1928 es destinado al Valle de Arán -Les- por el Ministerio de Instrucción Pública. En Octubre de ese mismo año contrae matrimonio con Rosalía Martín, condiscípula suya en la citada Escuela Superior; en 1930 nace su hija Marta. En esta comarca pirenaica permanece Alejandro Casona tres años, en los que escribe entre otras cosas, La sirena varada y El crimen de Lord Arturo, primera de sus obras representada en público -Zaragoza, 1929. Después de unos meses de estancia en la Asturias natal, obtiene en 1931, por oposición, una plaza en la Inspección Provincial de Madrid. Ese mismo año se proclama la República y se funda el Patronato de Misiones Pedagógicas. A Casona se le encarga de dirigir el Teatro ambulante o teatro del pueblo, marco excelente para la realización de sus ideales, tanto artísticos como pedagógicos, humanos y españoles. En 1932 alcanza el Premio Nacional de Literatura con Flor de leyendas. El 34 es seguramente un año clave en la vida de Alejandro Casona. La sirena varada, galardonada por el Ayuntamiento de Madrid con el Premio Lope de Vega -1933-, es estrenada triunfalmente en el teatro Español -17 de Marzo- por la compañía Xirgu-Borrás. Todos los periódicos saludan la parición de un destacado valor que viene a inocular savia nueva al decaído teatro español. Después se suceden otros estrenos: El misterio del "María Celeste", Otra vez el diablo, Nuestra Natacha, esta última con enorme éxito de público -Barcelona, 1935; Madrid, 1936.

En su vida, como en la de tantos otros, se produce un doloroso paréntesis: estalla nuestra guerra civil, Alejandro Casona marcha a Francia, y desde allí, como director artístico de la compañía Díaz de Artigas-Collado, emprende una gira artística por diferentes países de Hispanoamérica. En Julio de 1939 establece su residencia en Buenos Aires, centro cultural de la América del Sur, en donde permanece hasta su definitivo regreso a España. Durante todo este tiempo, Casona ha seguido trabajando incansablemente para la radio, el cine, para periódicos y revistas, pero, sobre todo, ha escrito con sello propio e inconfundible obras maestras para la escena que dan la vuelta al mundo: La dama del alba, Los árboles mueren de pie... En 1951 le entrevista Eduardo Zamacois en su casa de la calle de Arenales. Con su ingenio añejo y su desenfadado característico nos describe así la imagen física del dramaturgo:

...hombre cuarentón, ni alto ni bajo, enjuto y cetrino, de mirar malicioso y penetrante, de trato cordial y sonrisa burlona, cuya frente se pierde en la nobleza de una calvicie prematura... Aunque esté callada, su persona -toda ella- no cesa de hablar. Y es porque hay en sus ojillos astutos, negros y buidos, de campesino castellano, en la ironía de sus sonrisas, a las que el contraste entre el blancor de los dientes y el cobre de las mejillas infunde relieve, como también en la apacibilidad de su voz y la pulida mesura de los ademanes, ese algo misterioso -lejano- inseparable de los aristócratas de espíritu.

En 1962, después de veinticinco años de silencio, vuelve a representarse su teatro en España. El 22 de abril tiene lugar en Madrid un acontecimiento memorable: el estreno en el teatro Bellas Artes de La dama del alba, que es recibida con entusiasmo unánime. A ella le siguen las demás piezas, que se van poniendo en escena con aplauso constante, a pesar del tiempo transcurrido desde su primera representación, porque sus valores esenciales siguen teniendo vigencia. En 1964 se ofrece al público español El caballero de las espuelas de oro, "retrato dramático" de Quevedo, primera obra redactada en España por su autor dentro del ambiente español de nuestros días. Alejandro Casona es ya un clásico en vida, "uno de los maestros del teatro contemporáneo". Desgraciadamente, en un momento en que había empalmado de nuevo con las raíces más puras de su arte: con la gente, con la tierra, con el espíritu de España, con cuyo ser metafísico tan íntimamente se identificaba, cuando todavía tanto cabía esperar de él, de las nuevas circunstancias en que se hallaba inmerso, se extingue a los sesenta y dos años la vida fecunda, alegre, apasionada y generosa de Alejandro Casona el 17 de septiembre de 1965. Con él desaparece un altísimo dramaturgo y un gran hombre.

Prólogo de José R. Rodríguez Richart a la edición de La Dama del Alba, Madrid, Cátedra

Obra

 

Obras estrenadas, lugar, año.

El crimen de Lord Arturo, Zaragoza, 1929.

La sirena varada, Madrid, 1934.

El misterio de María Celeste, Valencia, 1935.

Otra vez el diablo, Madrid, 1935.

El mancebo que casó con mujer brava, Madrid, 1935.

Nuestra Natacha, Madrid, 1936.

Prohibido suicidarse en primavera, México, 1937.

Romance en tres noches, Caracas, 1938.

Sinfonía inacabada, Montevideo, 1940.

Pinocho y la Infantina Blancaflor, Buenos Aires, 1940.

Las tres perfectas casadas, Buenos Aires, 1941.

La dama del alba, Buenos Aires, 1944.

La barca sin pescador, Buenos Aires, 1945.

La molinera de Arcos, Buenos Aires, 1947.

Sancho Panza en la Ínsula, Buenos Aires, 1947.

Los árboles mueren de pie, Buenos Aires, 1949.

La llave en el desván, Buenos Aires, 1951.

A Belén pastores, Montevideo, 1951.

Siete gritos en el mar, Buenos Aires, 1952.

La tercera palabra, Buenos Aires, 1953.

Corona de amor y muerte, Buenos Aires, 1955.

La casa de los siete balcones, Buenos Aires, 1957.

Carta de una desconocida, Porto Alegre, 1957.

Tres diamantes y una mujer, Buenos Aires, 1961.

Carta de amor de una monja portuguesa, Buenos Aires, 1962.

El caballero de las espuelas de oro, Puertollano, 1962.

 

Refundiciones dramáticas.

Retablo jovial, piezas breves escritas para el Teatro ambulante, Mérida, 1967.

Farsa y justicia del corregidor, Valencia, 1970.

Marie Curie, escrita en colaboración con Francisco Madrid; la Habana (¿Buenos Aires?), 1940.

El anzuelo de Fenisa, de Lope de Vega, Buenos Aires, 1957.

El burlador de Sevilla, de Tirso, Buenos Aires, 1961.

Peribañez, de Lope de Vega, Buenos Aires, 1962.

La Celestina, de Rojas, Granada, 1965.

El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, Buenos Aires, 1962..

Ricardo III, de Shakespeare.

Fuenteovejuna, de Lope de Vega.

El amor de los cuatro coroneles, de Peter Ustinov.

 

Otras.

La empresa del Ave María, romance histórico, 1920.

El peregrino de la barba florida, libro de poemas, 1926.

El diablo en la literatura y en el arte, trabajo de fin de estudios, 1926.

El Diablo. Su valor literario principalmente en España.

La flauta del sapo, libro de poemas, 1930.

Flor de leyendas, prosa, Premio Nacional de Literatura, 1932.

Casa de muñecas (Ibsen), El abuelo (Galdós), guiones cinematográficos, 1943.

El lindo don Gato, ¡A Belén, pastores!; piezas infantiles.

Tres farsas infantiles, pequeñas comedias.

Don Rodrigo, opera.

Vida de Francisco Pizarro, biográfico.

Las mujeres de Lope de Vega, vida y teatro.

Momentos culminantes

 

El viento, en vez de aullar al enredar sus cabellos en las ramas, les susurraba algo urgente y sigiloso como una consigna, y las ramas se abrían asombradas dejándole paso. Las ovejas, acarradas en el redil, se apretujaban inquietas, con un temblor que por primera vez no era de miedo. Y hasta la misma nieve sentía un entrañable escozor que le venía de muy adentro y que trasmanaba de ella como un caliente vaho animal. Era como si la noche entera, conteniendo la respiración, se hubiera puesto a pensar intensamente para que la nueva madrugada tuviera una nueva idea.

 

 

MAYERHOFER.- ¡Tú..., beocio! ¡Aquí! ¿Has oído, carroña vil? Una de esas melodías que ha tocado Schubert está compuesta sobre un poema mío. ¿Te atreverás ahora a negarme un jarro de cerveza?

FRITZ.- ¿Cómo voy yo a negarle nada, señor Mayerhofer? ¡Un poeta que honra mi casa!

MAYERHOFER.- ¡Eh...!

FRITZ.- Pero, ¿por qué cerveza? ¿No prefiere vino?

MAYERHOFER.- ¡Eh...!

FRITZ.- ¡Qué menos, una noche tan gloriosa! ¿Quiere también cenar algo?

MAYERHOFER.- (Impresionado.) ¿Sería capaz?

FRITZ.- Todo lo que guste. Mi bodega y mi despensa están a sus órdenes. (Es demasiado. Mayerhofer se pasa una mano por la frente; sacude su melena de león. Llama.)

MAYERHOFER.- ¡Pablo! ¡Spaun!...! (Acuden y se colocan junto a él, cada uno a un lado. Les pasa las manos sobre los hombros.) Amigos míos... ¿quién soy yo?

SPAUN.- ¡Juan Mayerhofer!

KENNER.- ¡Poeta y ciudadano libre!

MAYERHOFER.- Está bien... gracias. ¿Has oído quién soy? Pues bien, responde ahora: tú tienes unas empanadas de queso de Baviera, que me han tentado siempre...

FRITZ.- Y un jamón de Silesa, legítimo...

KENNER.- (Sobresaltado, a Mayerhofer.) ¿Ha dicho jamón?

MAYERHOFER.- (Solemne) ¡Pablo! Si la memoria no me es infiel, el jamón es una especie de carne curada, que desciende del cerdo.

KENNER.- Recuerdo haber oído esa teoría.

MAYERHOFER.- (Con una ternura franciscana.) Fritz... hermano Fritz: ¿si yo te pidiera una empanada de esas...?

FRITZ.- ¿Una sola? ¡Grétel! Queso de Baviera, vino del Rhin y una fuente de jamón para tres. ¡Excelencias...! (Saluda con una reverencia y vuelve a su mostrador silbando. Los tres amigos se miran en silencio.)

KENNER.- ¿No nos querrá envenenar?

MAYERHOFER.- He ahí un burgués redimido. ¡Sublime poder del arte!

GRÉTEL.- (Pasando una bandeja.) ¡El jamón! (Se sientan a una mesa, y beben y engullen alegremente.)

 

 

DOCTOR.- Desengaños de amor, 8. Pelagra, 2. Vidas sin rumbo, 4. Catástrofe económica..., cocaína... ¿No tenemos ningún caso nuevo?

HANS.- El joven que llegó anoche. Está paseando por el parque de los sauces, hablando a solas.

DOCTOR.- ¿Diagnóstico?

HANS.- Dudoso. Problema de amor. Parece de esos curiosos de la muerte que tienen miedo cuando la ven de cerca.

DOCTOR.- ¿Ha hablado usted con él?

HANS.- Yo sí, pero no me ha contestado. Sólo quiere estar solo.

DOCTOR.- ¿Decidido?

HANS.- No creo: muy pálido, temblándole las manos. Al dejarle en el jardín he roto detrás de él una rama seca, y se volvió sobresaltado, con cara de espanto.

DOCTOR.- Miedo nervioso. Muy bien; entonces no hay peligro todavía. ¿Su ficha?

HANS.- Aquí está.

DOCTOR. (Leyendo.)- "Sin nombre. Empleado de banca. Veinticinco años. Sueldo, doscientas cincuenta pesetas. Desengaño de amor. Tiene un libro de poemas inédito". Ah, un romántico; no creo que sea peligroso. De todos modos, vigílelo sin que él se dé cuenta. Y avise a los violines: que toquen algo de Chopin en el bosque al caer la tarde. Eso le hará bien. ¿Ha vuelto a ver a la señora del pabellón verde?

HANS.- ¿La Dama Triste? Está en el jardín de Werther.

DOCTOR.- ¿Vigilada?

HANS.- ¿Para qué? La he venido observando estos días; ha visitado todas nuestras instalaciones: el lago de los ahogados, el bosque de las suspensiones, la sala de gas perfumado... Todo le parece excelente en principio, pero no acaba de decidirse por nada. Sólo le gusta llorar.