Alcalá de Henares

Historia del Arte. Monumentos. Hospitalillo de Antezana. Fachada Universidad

  • Enviado por: Yuni
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA MISERICORDIA O DE ANTEZANA HOSPITALILLO

El matrimonio Antezana estuvo formado por D. Luis de Antezana y Dª Isabel de Guzmán. La esposa pertenecía al ilustre linaje de los Guzmanes, lo que la convertía en una mujer adinerada. Su marido se describe así mismo en su testamento como “caballero doncel del rey”, por lo que formaba parte de la nobleza urbana de la Alcalá de la época.

En el testamento de la familia, fechado en Alcalá el 18 de octubre de 1483, donan gran parte de su fortuna para la creación de una casa de acogida de enfermos, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Misericordia, hospital que, regido por una cofradía de caballeros, ha sobrevivido más de cinco siglos, considerándose el más antiguo de Europa en funcionamiento.

La fundación de Antezana fue más humilde y sencilla y desde sus primeras constituciones sólo atendió a doce enfermos, de forma física y espiritual, siendo su reducido número de camas el motivo por el que se le apodó cariñosamente como “el hospitalillo”.

La tradición dice en él trabajó Rodrigo de Cervantes, que, desde su modesto cargo de cirujano sangrador, atendió a los enfermos.

Arquitectónicamente, el edificio conserva la fachada, retocada en el siglo XIX en estilo neogótico, de la que sobresale un airoso alero mudéjar.

Entrando por la puerta principal del hospital vemos un patio castellano de doble crujía que nos traslada de manera mágica al siglo XV. En este lugar, de clara influencia toledana, como muestran sus humildes pies derechos y zapatas, de vez en cuando podemos ver alguna de las doce ancianas enfermas que de manera altruista son atendidas por la congregación de Siervas de María junto a esforzados voluntarios. Más de cinco siglos han pasado por este fósil viviente de nuestra Edad media, que ha sobrevivido gracias a la buena voluntad y caridad de las personas que se acercan al él.

CONVENTO DE SAN BERNARDO VULGO DE LAS BERNARDAS

Tal vez sea, desde el punto de vista artístico, el más importante de los conventos de clausura de Alcalá. Fundado por el cardenal Bernardo de Sandovál y Rojas, Arzobispo de Toledo, para 24 monjas cistercienses, que debían pertenecer a su familia, y seis frailes, familia de sus criados. El edificio es obra del arquitecto Juan Gómez de Mora. Para la edificación de este monasterio se hubo de derribar una parte del antiguo barrio morisco, llamado de la Almanxara.

La fachada principal destaca por su sencillez y por la poca relación que tiene con el interior del templo. Está dividida en tres cuerpos separados por impostas de piedra. En el interior, tenemos tres portadas que quieren dar a entender que la iglesia se compone de tres naves, pero es falso, pues las entradas laterales se corresponden con dos capillas adosadas. En la línea de impostas que separa este cuerpo del superior, se hace referencia al fundador como doctor, arzobispo, cardenal, inquisidor general y fundador de este convento en el año 1618. En el cuerpo central, un nicho contiene una estatua de San Bernardo, atribuida a Manuel Pereira. A sus lados, ventanales ovalados, balcones y escudos del fundador, motivos que luego se repetían con insistencia en el interior del templo. En el tercer cuerpo, flanqueado por aletones, de nuevo el escudo del cardenal Sandovál. Todo el conjunto se remata mediante un frontón triangular.

Ya en el interior, lo primero que sorprende al espectador, en deliberado contraste con la austera fachada telón, es la planta ovalada y la grandiosa cúpula elíptica que la cubre, la más grande de España de su género. Cuenta la tradición que el arquitecto tenía miedo de que se cayera la cúpula: mandó quitar los andamios y se ausentó con alguna excusa. El arquitecto no volvió a aparecer y la cúpula nunca se desplomó. Todo el conjunto se levanta sobre un solar de proporciones razonables. Por ello se contó con la posibilidad de ordenar adecuadamente el espacio: sobre un eje imaginario se alienan plaza, fachada, templo, presbiterio, coros, cripta y claustro. También es una gradación estética mediante el recurso inagotable de la luz: de la luminosidad de la plaza y el claustro, en los extremos de la composición, a la claridad de la iglesia y coro, y como punto de inflexión, la penumbra del presbiterio y capillas que, el hábil contraluz, se mitiga por el uso sistemático de dorados. Tiene seis capillas, en las cuales, al lado del altar se ponían los ricos, a las 12 de la mañana, cuando se consagraba la ostia daba la luz en ella y se tiraban pétalos de rosa desde la linterna. Se construyó un baldaquino para guardar el Cuerpo de Cristo con el adorno de cuatro evangelistas. Las últimas monjas que vivían en este convento fueron destinadas a otros por que la más joven (la madre superiora) tenía 65 años y no podían hacerse cargo de la biblioteca, los huertos, los patios y los demás sitios del convento.

FACHADA DE LA UNIVERSIDAD

Se hay un trabajo arquitectónico que simbolice la Universidad de Alcalá este es, sin duda, la fachada plateresca de Rodrigo Gil de Hontañón.

El fundador, Cisneros, se valió del complutense Pedro Gumiel para trazar su ciudad del saber. Ya muerto Cisneros se realizan, entre los años 1537 y 1553, las obras más emblemáticas del patrimonio complutense.

Todo el conjunto se puede apreciar como un autentico museo de escultura al aire libre. Si nos fijamos en el Dios Pantocrator del frontón, podemos sentir la influencia del Moisés de Miguel Angel y, perdiendo la vista entre los detalles, podemos encontrar mitología griega, calaveras medievales o ángeles renacentistas.

La obra, realizada principalmente el piedra caliza de Tamajón (Guadalajara), consta de tres pisos en los que se sobreponen cinco calles verticales. La central es la más rica en decoración, y a la vez la que centra la mayor atención de toda la composición.

En el primer piso, la entrada, que todo estudiante cruzaba como ingreso al saber, está rematada por una hermosa clave obra del vecino de Alcalá Claudio de Arciniega. A ambos lados de la portada, cuatro ventanas en cuyos frontones aparecen representados los padres de la Iglesia Católica (San Ambrosio, San Gregorio, San Jerónimo y San Agustín), sabios medievales que fundamentan los principios del cristianismo latino.

Sobre la puerta de entrada, el segundo piso nos ofrece una ventana suntuosamente decorada. En el medallón aparece San Ildefonso, santo al que está consagrado el Colegio Mayor y patrono de los arzobispos de Toledo. Se encuentra flanqueado por dos bellos blasones de Cisneros, escudo que tomó la Universidad como suyo propio. Simbólicamente esta ventana o balcón volado de hierro, creación de Hontañón de gran repercusión en la arquitectura española del siglo XVII, se ve custodiada por dos expresivos alabarderos, soldados casi invencibles de Carlos V, esculpidos por el entallador Hans de Sevilla. Podemos intuir que esta ventana es la más importante de la Universidad al guardar tras ella el símbolo del saber: la Biblioteca. Recordemos que estamos ante una obra del S. XVI; la imprenta no ha hecho más que nacer por lo que los libros son aún valiosos y escasos. La Complutense, a pesar de todo, gozó desde sus primeros aós de una excelente biblioteca, rica en códices de Teología y pergaminos musulmanes de Medicina. Enmarcando este conjunto, dos pares de columnas exentas con capiteles renacentistas, ejemplo del espíritu creativo que animó la costa de la pérdida de la pura influencia clásica. Sujetando las columnas, las mayores esculturas de la fachada, dos esforzados atlantes, fruto del cincel del ya mencionado Claudio de Arciniega. Las ventanas laterales presentan dos medallones con las figuras de San Pedro y San Pablo que sujetan respectivamente las llaves y la espada, símbolos de la iconografía de estos dos seguidores de Cristo. La excelente obra de rejería de este segundo piso se debe a los maestros toledanos Juan de Villalpando y Ruiz Díaz del Corral.

Ya en el tercer piso, se descubre el impresionante blasón del que fue Rey de España y Emperador de Alemania, Carlos V. Al igual que en Toledo, nos sorprende el águila bicéfala timbrada con la corona imperial. En el interior, un escudo cuarteado donde aparecen los reinos que consigue reunir en su persona. A los lados, sendas columnas de Hércules donde ya aparece la leyenda “Plus Ultra”, recordando que estamos en una época de largos viajes a América y Africa. Sobre las columnas, dos cruces borgoésas tildadas con las coronas imperial y real, reflejo de los títulos de emperador y rey.

Bordeando las armas de Carlos V, dos pares de pilares exentos y angulados apoyados sobre plintos. Entre ellos, dos figuras a la romana. Son estas esculturas mitológicas las que más polémica han causado en cuanto a interpretación. La de la izquierda sostiene en su mano la cabeza de una mujer, estando por tanto ante el mito de Perseo y Medusa.

En el lado de la derecha aparece una mujer que, en principio se creyó que era la cautiva Andrómeda. Interpretaciones más recientes hablan de la ya mencionada Palas Atenea, la fue Minerva de los Romanos.

Sobre los diez ventanales superiores, que nos podrían sugerir las tablas de la ley, aparece una reminiscencia del gótico; las gárgolas, esculpidas por Juan de Miera, en las que se mezclan fantasías animales y humanas. Finalmente, el frontón triangular con la figura de Dios Padre, obra, junto al escudo del emperador, del salmantino Juan Guerra. Rematando el frontón, cuatro figuras humanas unidas por guirnaldas de frutas. Las de la izquierda son dos varones, uno joven y otro viejo, sucediendo lo mismo a la derecha con dos mujeres, representación del paso del tiempo. En el vértice, los restos de una custodia, símbolo de Cristo, con lo que el conjunto nos podría recordar al Apocalipsis de San Juan cuando habla del final de los tiempos. A la misma altura, una balaustrada con 12 antorchas que nos sugieren las lenguas de fuego de Pentecostés, símbolos del Espíritu Santo y al mismo tiempo imágenes del saber de la Cristiandad.

Enmarcando el cuerpo principal y la portada de la fachada, cuelga el cordón de la orden de San Francisco de Asís con los nudos que representan los votos de pobreza, obediencia y castidad, al igual que, en otro tiempo, lo hiciera de la cintura del fundador del Colegio Mayor, Fray Francisco Jiménez de Cisneros.

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