Acuerdos comerciales

Liga de países árabes. OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). MERCOSUR (Mercado Común del Sur). NAFTA (North American Free Trade Agreement)

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ÁFRICA Y ORIENTE MEDIO

África y Oriente Medio, constituyen dos realidades muy diferenciadas, debido a la diversidad de sus historias recientes, sus recursos económicos y a sus características demográficas. Además, están insertados muy diferentemente en las co­rrientes comerciales y financieras internacionales. Pero tam­bién existen similitudes: Reducidos niveles de renta per capita nacionales, carencia generalizada de infraestructuras económicas modernas, elevados índices de crecimiento demográfico y no­tables deficiencias democráticas en sus instituciones políticas.

LA LIGA DE LOS ESTADOS ARABES

Los países de Oriente Medio y Magreb han mantenido siempre lazos de fraternidad y cooperación, buscando incluso, compromisos de carácter político y económico encaminados a conseguir la unidad internacional. Hay dos fechas significativas:

  • El Congreso de la Meca celebrado en 1926.

  • El Pacto de la Liga Árabe, firmado en 1945 por Siria, Jordania, Irak, Arabia Saudita, Líbano, Egipto y Yemen, a los cuales se les unen casi la totalidad de los países de oriente medio y el Magreb, hasta constituir un organismo supranacional, entre cuyos países miembros existe una gran desigualdad en densidad demográfica, extensión geográfica y niveles de renta. Son países en los que el integrismo religioso está per­mitiendo la postergación de cuestiones relacionadas directa­mente con el crecimiento y el desarrollo.

  • Tanto el Magreb como Oriente Medio, están inmersos actualmente, en distintos procesos de transición económica, consistentes en una reducción de la excesiva intervención del Estado en los ámbitos de la producción y la comercialización, y un inter­vencionismo derivado de recientes situaciones nacionalistas, caracterizadas por el predominio de fuertes grupos oligárquicos, cuya actuación permitió la consolidación de sistemas eco­nómicos duales, que repitieron el esquema tradicional centroperiferia, el cual permite la convivencia de elevadas tasas de producción en algunos sectores y el mantenimiento de criterios excesivamente sesgados en lo referente a la distribución de la riqueza nacional.

    Se trataba de modelos económicos autárquicos, donde el Es­tado controlaba unilateralmente, todo tipo de relaciones internacionales, impidiendo la iniciativa de los distintos grupos sociales. Esto originaba situaciones de ineficiencia económica de difícil resolución inmediata; el sector agrario, además de expulsar hacían centros urbanos porcentajes elevados de población, se muestra incapaz de atender a las necesidades alimentarías nacionales, incrementando así la dependencia exterior de productos alimenticios; la industria sigue participando escasa­mente en la generación de los distintos PNB nacionales; y la deuda externa continúa constituyendo una importante rémora para el desarrollo, a pesar de Los ingresos proporcionados por la explotación de productos energéticos, cuya explotación re­presenta el principal recurso de las economías nacionales.

    Por otro lado, la media del crecimiento demográfico duplica a la correspondiente a los países industrializados. Si el crecimiento de la población de los países de la Liga Árabe se mantiene a su ritmo actual (2,78%), Esta se duplicará cada 25 años. En cambio, la población del norte mediterráneo industria­lizado crece a tasas interanuales próximas a cero, por lo que la densidad demográfica del Magreb será superior a la del sur europeo a partir de la segunda década de este siglo, o que se traducirá en presiones demográficas, culturales y religiosas sobre el viejo continente.

    LA ORGANIZACIÓN DE PAÍSES EXPORTADORES DE PETRÓLEO (OPEP)

    Una de las razones del continúo crecimiento de las economías occidentales desde finales de la 2ª Guerra Mundial hasta los últimos años de la década de 1960, es la relacionada con la estabilidad de los precios petrolíferos. Al mismo tiempo, la evolución de los precios de los productos manufacturados siguieron una imparable senda ascendente, ocasionándose un continuo deterioro de la relación real de intercambio entre ambos tipos de producciones.

    En consecuencia, los principales países productores de petróleo (Irán, Irak, Kuwait, Arabia, Saudita y Venezuela celebraron una Conferencia en Bagdad (l960) con la finalidad de coordinar la defensa de sus intereses por medio del control de la oferta petrolífera en los mercados internacionales, para evitar descensos de sus precios.

    Los estatutos de la OPEP, que entraron en vigor el 1 de mayo de 1965, establecieron una serie de fluctuaciones innecesarias en los precios energéticos, la estabilidad de los ingresos de los países productores, la razonable rentabilidad de las inversiones en la industria petrolífera y la defensa de cualquier tipo de represalias que pudieran ejercerse contra algún país de la organización. A esta organización se sumaron posteriormente: Qatar, Libia, los Emiratos Árabes Unidos, Omán, Indonesia, Nigeria, Argelia, Gabón, Ecuador y Trinidad-Tobago.

    Las primeras resoluciones de la OPEP, con intensas repercusiones en el entramado productivo y financiero internacional, tuvieron lugar en la década de los 70, en respuesta a una situación económica desfavorable para los países producto­res de petróleo. Esta situación se caracterizaba por cuestio­nes de diverso índole:

  • Un crecimiento progresivo de la industrialización en los países de la OCDE. Supuso un aumento constante de la demanda y de los precios de todo tipo de materias primas y productos energéticos.

  • La ruptura, en 1970,del principal oleoducto entre el Golfo Pérsico y el Mediterráneo (Transarabian pipe line). Supuso un encarecimiento de los costes de transporte del crudo que, inevitablemente, se trasladó a los precios de venta.

  • Al inicio de la década de los 70, comenzó a resquebrajarse el Sistema Monetario Internacional creado en Bretton Woods. Se procedió a diversas devaluaciones del dólar, que para los países de la OPEP suponían reducciones de sus ingresos que intentaron ser mantenidos con ajustes equivalentes de los precios del crudo.

  • Se dio una redistribución de los beneficios petrolíferos entre las grandes corporaciones internacionales, llamadas las Siete Hermanas (Standard Oil de New Jersey y California, Mobil, Gulf, Texaco, BP y Shell) y los países productores. Benefició a los países de la OPEP, a pesar de los frecuentes conflictos bélicos regionales (Guerras de YonKipur, l973; y la de Irán-Irak).

  • El conjunto del mundo industrializado, tras la crisis de los 70,ha optado por una reducción del consumo, a través de dos vías complementarias: a)mediante nuevos diseños de sus aparatos productivos; b)caminando hacia la diversificación y hacia la utilización de energías alternativas en los procesos de producción y sistemas de transporte.

    ÁFRICA SUBSAHARIANA

    El hundimiento del área subsahariana ha permitido observar la brecha Norte-Sur, sin encontrar el camino de un desarrollo sostenible que erradique la pobreza de sus economías domésticas.

    La esperanza de vida alcanza niveles muy bajos con respecto a los países desarrollados. Las antiguas colonias francesas y británicas situadas en el continente africano, que logra su independencia en los años 60, pero no su progreso económico, han visto como se ha ido degradando su situación internacional por disputas internas y su escasez de recursos. Esta situación provoca numerosos obstáculos que impiden su incorporación en el mercado internacional con garantías de desarrollo.

    Su alta deuda externa, las continuas devaluaciones de sus monedas y su especialización en el sector agrícola, hacen que su relación real de intercambio sea cada vez peor y su relación comercial con el resto de los países se caracterice por un intercambio desigual, que provoca un mayor desequilibrio en su balanza de pagos con el exterior.

    La salida de esta situación sólo puede encontrarse caminando en dos direcciones: administrando eficientemente la ayuda procedente del exterior, e incrementando la cooperación regional. La ayuda externa, procedente de la Unión Europea se ha materializado en los sucesivos Convenios de Lomé.

    En el Lomé I, firmado en la capital de Togo el 28 de febrero de l975, se establecieron las normas que habrían de regular el comercio entre la CEE y los países ACP (África, Caribe, Pacífico) durante l976-l980. Los principales aspectos de este primer convenio estaban relacionados con el comercio internacional, la estabilidad de los precios de exportación de los productos procedentes del grupo ACP y la cooperación financiera, técnica e industrial.

    Más del 95% de las exportaciones de países ACP a la Unión Europea, entran en el espacio económico comunitario sin tener que soportar ningún recargo aduanero, trato que se desglosa en dos grupos de productos diferenciados:

    a) Dados los compromisos europeos en el GATT y teniendo en cuenta que las exportaciones ACP están constituidas por materias primas y productos agrarios y energéticos, el 75% de las exportaciones tendrían franca la entrada en Europa sin recurrir al tratamiento derivado de Lomé.

    b) Sólo el 25% de las exportaciones del África Subsahariana reciben un trato especial derivado de los Convenios de Lomé.

    El aspecto relativo a la estabilidad de los ingresos por exportación (STABEX) es más decisivo. En el Lomé I se firmaron acuerdos con la intención de ligar los precios de 25 productos ACP a los precios de los productos manufacturados. En el Lomé IV, el número de productos STABEX se duplica con respecto a los considerados en 1975, lo que supone un incremento del 60% de los fondos europeos destinados al mantenimiento de los ingresos por exportación de los países ACP.

    La situación económica del África Subsahariana se deteriora constantemente. La actual crisis económica y el nuevo frente de pobreza contribuyen a la reducción de los recursos destinados al desarrollo del continente negro.

    LA COMUNIDAD ECONÓMICA DE ÁFRICA ORIENTAL (CEAOR)

    El nacimiento de la Comunidad Económica de África Oriental (CEAOR,1967), se debió al presidente tanzano Julius Nyere, que intentó crear un organismo supranacional formado por Kenia, Uganda y Tanzania, además de Burundi, Ruanda, Somalia y Zambia. Esto no fue posible.

    La sede de la Comunidad ha estado siempre en Arusha (Tanzania) constituida por 5 Consejos: Mercado Común, Comunicaciones, Consejo Económico Consultivo de Planificación, Consejo Fi­nanciero y Consejo de Investigación y Asuntos Sociales.

    A pesar de las ventajas para la cooperación económica de los miembros de la CEAOR, sus relaciones económicas y políticas fueron siempre controvertidas.

    Las verdaderas dificultades para la CEAOR fueron respon­sabilidad del régimen ugandés de Idi Amín Dadá. Las dificulta­des empezaron en l97l, tras acusar a Tanzania de prestar apoyo a Milton Obote y de dar asilo a los guerrilleros que actuaban contra el general Amín.

    Como resultado del enrarecimiento de las relaciones políticas, militares, diplomáticas y comerciales entre los países miembros, la CEAOR era prácticamente inoperante desde 1977.

    Tras el regreso de Milton Obote al gobierno de Uganda, tuvieron lugar diferentes reuniones entre los presiden­tes de los tres países que permitieron la apertura de las fronteras y el reinicio de los intercambios comerciales. Pero la CEAOR había dejado ya de existir: se saldaron sus deudas con otros organismos supranacionales y, el 14 de mayo de l984, se declaró formalmente la disolución de este primer intento de cooperación.

    LA COMUNIDAD ECONÓMICA DE ESTADOS DE ÁFRICA OCCIDENTAL (ECOWAS)

    En l967, tuvieron lugar una serie de reuniones con la finalidad de propiciar y fomentar la creación de organismos económicos de ámbito regional que permitieran una mejor defensa de los intereses de los países subdesarrollados del continente.

    En l968, tuvo lugar, en Monrovia, capital de Liberia, una reunión de Jefes de Estado en la que se firmó el protocolo que daría nacimiento al WARG (West African Regional Group), que fue un primer intento fallido de integración económica.

    La constante degradación económica de África Occidental, y la pérdida de importancia de los países de la zona en el comercio internacional, empujaron a los presidentes de Nigeria y Togo, a retomar la idea de la integración. En l975, se firmaba en Lomé (Togo), el Tratado Constitutivo de la Comunidad Econó­mica de África Occidental (ECOWAS), integrada por los siguientes países: Benin, Burkina Faso, Cabo Verde, Costa de Marfil, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Liberia, Malí, Mauritania, Níger Nigeria, Senegal, Sierra Leona y Togo.

    Se trata de un área geográfica bien delimitada cuya renta está en continuo deterioro en la mayoría de los países como consecuencia de un superior crecimiento de la población que de la producción. Estos condicionamientos de geografía hostil y posición desfavorable en el comercio internacional, han hecho inútiles los esfuerzos para salir del subdesarrollo, imponiéndose la necesidad de la búsqueda de marcos de cooperación regional más eficaces para la defensa de los intereses comunes.

    El primer paso para la supresión de barreras arancelarias entre los países de la ECOWAS fue dado en l979, cuando se alcanzó el compromiso de no incrementar sus aranceles aduane­ros ante ningún otro país de la organización. Más tarde, se abolieron las cuotas a la importación, y en l980, se decidió el libre comercio de ciertos productos agrarios y manufacturados.

    La ECOWAS estaba constituida por:

    1- La Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno. Se reúne anualmente y su Presidente es designado por el país, que según un turno alfabético, ostente la presidencia de la Comunidad.

    2- El Consejo de Ministros. Se reúne, al menos, dos veces al año, con dos representantes de cada país.

    3- La Secretaria Ejecutiva. Ubicada en Lagos (Nigeria cuyo co­metido es el mantenimiento permanente del funcionamiento de la Comunidad.

    4- El Fondo de Cooperación. Compensación y Desarrollo. Ubicado en

    Lomé, tiene una doble misión: calcular los perjuicios ocasiona­dos a los ingresos fiscales de cada país por el establecimien­to de la libertad de comercio; ordenar las correspondientes transferencias monetarias compensatorias.

    El siguiente paso en el camino a la cooperación es la constitución de un mercado común que permita la libre circulación, entre los países miembros, de mercancías, servicios y capitales, así como la libertad de establecimiento para trabajadores y centros empresariales.

    A pesar de la situación actual de recesión económica internacional, son conscientes de las dificultades que supone avanzar, no sólo cuantitativamente, en el proceso de integración económica regional.

    LA COMUNIDAD ECONÓMICA DE ESTADOS DE ÁFRICA CENTRAL (CEEAC)

    El 8 de diciembre de 1954, los Jefes de Estado de Camerún, República Centroafricana, Chad, Congo y Gabón, firmaron un Trata­do (Brazzaville, Congo), en el que se declaraban las intenciones de crear una zona de libre cambio. Según el Convenio firmado en Fort-Lamy el 11 de febrero de 1954, el Tratado entraría en vigor el 1 de enero de 1956.

    La Conferencia de Jefes de Estado del África Ecuatorial (República Centroafricana, Chad, Congo y Gabón), permitió la formación de la Unión Douannière Equatoriale (UDE,1959), primer paso hacia la integración económica. Dos años más tarde, tuvo lugar una Convención entre Bangui y República Centroafricana sobre las relaciones económicas, que culminó con la firma de un tratado entre la UDE y Camerún.

    El 17 de octubre de 1983, diez países africanos firmaban en Libreville (Gabón) el acuerdo por el que se instituía oficialmente la Comunidad Económica de Estados del África Central (CEEAC), a la que después se unieron Angola, Burundi, Chad, Ruanda, Santo Tomé y Príncipe y Zaire. La unión de Angola fue temporal, siendo sustituida por Guinea Ecuatorial.

    Los objetivos buscados por la CEEAC eran:

    1- La eliminación de aranceles e impuestos equivalentes en el comercio intracomunitario.

    2- La abolición de restricciones cuantitativas.

    3- El establecimiento de una política comercial común respecto a países terceros.

    4- La eliminación progresiva de los obstáculos a la libre cir­culación de personas, servicios, capitales y trabajadores.

    5- La armonización de las diferentes políticas nacionales.

    6- La creación de un fondo de cooperación y desarrollo para evitar los desequilibrios existentes.

    7- La aceleración del desarrollo de los países miembros sin salida al mar y los menos desarrollados.

    Para ello, la CEEAC se estructuró de la siguiente forma:

    1- La Conferencia de Jefes de Estado y Gobierno. Se reúne una vez al año para tratar temas de carácter general y los asun­tos puntuales de ámbito internacional.

    2- El Consejo de Ministros. Su estructura es similar al Consejo de la Unión Europea y tiene carácter extraordinario.

    3- La Corte de Justicia.

    4- La Secretaria General. Se encarga de desarrollar los asuntos de interés general para la Comunidad, constituyendo el verda­dero motor de la CEEAC.

    5- El Comité de Asesoramiento.

    6- Los Comités técnicos especiales.

    Actualmente, los países miembros de la CEEAC son: Burundi, Camerún, Chad, Congo, Cabón, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana, Ruanda, Santo Tomé y Príncipe y Zaire.

    Uno de los principales condicionantes del crecimiento económico de la CEEAC es el constituido por su desfavorable inserción en el comercio internacional. A pesar de crecer en la década de los 80 tanto las importaciones como las exportaciones, el comercio internacional ha sufrido oscilaciones muy importantes. Si bien las exportaciones han sido superiores a las importaciones, no se refleja el hecho de que algunos países desarrollan gran parte de su actividad económica en función del comercio exterior, mientras que otros apenas intervienen en los mercados internacionales.

    Los principales países exportadores son Gabón, Zaire y Congo, mientras que los países importadores son Guinea Ecuatorial, Santo Tomé y Chad.

    Los productos más exportados son el café, el té, el algodón el cacao y la madera, lo cual indica que la mayoría de los productos energéticos consumidos en la industria deben ser importados, lo que se traduce en una casi total dependencia económica del exterior.

    Los principales clientes de la CEEAC son, la Unión Europea (Francia, España, Italia, Bélgica y Alemania), EEUU y, en menor medida Japón. La actual estructura del comercio exterior centro-africano no es difícil de comprender. Aún siguen en vigor numerosas declaraciones de buena voluntad y tratados de preferencia comercial entre las antiguas colonias y las exmetrópolis, tratándose de un comercio desigual. Característico en las relaciones económicas Norte-Sur, consistente en la exportación de materias primas y productos no elaborados a cambio de importaciones de productos manufacturados.

    Esta relación no tiene otra salida que la diversificación de las exportaciones, lo que no parece posible a medio plazo si las diversas economías nacionales de la CEEAC siguen caracte­rizándose por lo raquítico de su sector industrial, sector que en su conjunto, apenas contribuye en más de un 20% a la constitución del PIB regional.

    AMÉRICA DEL NORTE

    LA ECONOMÍA POLÍTICA DEL NAFTA

    La trayectoria de la integración en Norteamérica.

    La firma del Tratado de Libre Cambio entre Estados Unidos, Canadá y México, conocido como TCL o NAFTA pone los cimientos de un gran espacio económico integrado en Norteamérica.

    El NAFTA entraría en vigor en 1994: las negociaciones habían finalizado en 1992, pero las elecciones presidenciales retardaron la ratificación del acuerdo por parte del Congreso de Estados Unidos.

    El NAFTA establece una zona de libre cambio entre los tres países miembros, escalonando el desmantelamiento de ola protección durante un período de transición que, en el caso de las producciones más sensibles, alcanzará, unos quince años. El TLC traspasa el terreno clásico del libre cambio para productos industriales, adentrándose en la esfera siempre conflictiva de la agricultura, y los logros han sido manifiestos: una vez cubierto el periodo de transición, se podrán exportar sin trabas hortalizas mexicanas a Estados Unidos y maíz norteamericano hacia México. La Zona de libre cambio englobará los intercambios de cualquier tipo de mercancía, con las excepciones de los bienes culturales y las restricciones impuestas sobre la energía. La industria mexicana del petróleo, mantendrá una buena parte de las restricciones que impiden el acceso de inversiones extranjeras. En el sector de la fabricación de ordenadores, se ha acordado la fijación de una tarifa externa común frente a terceros países. La división regional del trabajo se podrá articular flexiblemente en dicha esfera: los intercambios intra-NAFTA serán plenamente libres sin tener que satisfacer el contenido regional de las reglas de origen.

    El NAFTA liberaliza notablemente las inversiones y los intercambios de servicios dentro del nuevo espacio norteamericano, exceptuándose el tráfico aéreo y las finanzas. La aplicación de la cláusula de “tratamiento nacional” para los proveedores de los países signatarios garantiza la no discriminación: la apertura de los mercados correspondientes a los contratos públicos constituye un salto cualitativo. La apertura general que está promoviendo la globalización en el mercado mundial exige que las zonas de libre cambio profundicen su margen preferencial, adentrándose en terrenos que van más allá de sus caracterizaciones clásicas y son más propios de un mercado único. Finalmente, el NAFTA provee unos mecanismos institucionales efectivos para la resolución de disputas, mediante la creación de una Comisión del Libre Comercio que dispone de representantes con rango ministerial.

    El NAFTA ha abierto las puertas de un sector de automoción fuertemente protegido en México. El hilo y la fibra utilizados en la fabricación de los textiles y las prendas de vestir deben fabricarse en Norteamérica para que esos bienes se puedan comerciar libremente. Estas salvaguardas textiles sirvieron para que un buen número de congresistas demócratas procedentes de los Estados sureños apoyaran finalmente la ratificación del Tratado de Libre Cambio.

    Cabe destacar que el TLC incluye dos acuerdos colaterales sobre medio ambiente y aspectos laborales. Estos acuerdos crean sendas comisiones encargadas de vigilar el estricto cumplimiento de las legislaciones nacionales sobre medio ambiente y empleo en los tres países.

    LA POSICIÓN DE ESTADOS UNIDOS

    Algunas motivaciones que guían la senda estadounidense hacia el libre comercio regional son las siguientes: la reducción de las presiones migratorias, la creación de comercio, y la búsqueda de incentivos que aceleren la competitividad industrial.

  • La reducción de las presiones migratorias.

  • La divergencia en los niveles de desarrollo, el crecimiento demográfico elevado que registra México, el asimétrico grado de dificultad para encontrar un empleo explican unas presiones al alza que provienen del sur.

    Las consecuencias que puede tener el NAFTA respecto a esto son: en primer lugar, que la firma de un acuerdo de libre cambio constituye una herramienta estratégica para reducir las presiones migratorias procedentes de México en el largo plazo. La razón estriba en el aumento del ingreso que debe producirse en aquel país como consecuencia de la creación de comercio asociada a unas relaciones bilaterales más intensas. La generación adicional de empleos en el sector moderno de las grandes urbes situadas al sur de la frontera neutralizará parcialmente las expectativas migratorias. No obstante, la extrema divergencia en los niveles de PIB per cápita y la magnitud del fenómeno del subempleo en México hacen prever que la reducción de la propensión a emigrar al vecino del norte será muy gradual.

    El NAFTA podría aumentar las tensiones migratorias en el corto y medio plazo, como consecuencia de la liberalización gradual del comercio agropecuario. Como contrapeso, la expansión de los cultivos hortofrutícolas en México, con unas boyantes expectativas exportadoras hacia Estados Unidos, puede generar una cantidad importante de nuevos empleos en la agricultura comercial. Las autoridades mexicanas deben aprovechar el periodo de transición hasta que se complete la plena liberalización del maíz para fomentar las estrategias de desarrollo rural y favorecer una diversificación de actividades en la economía campesina.

  • La creación de comercio.

  • La formación de una zona de libre cambio ofrece un amplio potencial de expansión comercial entre Estados Unidos y México. La ganancia de bienestar derivada de la mayor interdependencia entre ambos países podría totalizar unos 15.000 millones de dólares anuales. Estados Unidos puede aprovechar su ventaja en la producción de bienes intensivos en alta tecnología, mientras que la ventaja de México reside en una dotación abundante de mano de obra barata. La complementariedad económica por la divergencia existente entre ambas estructuras permite pronosticar un estrechamiento de la red de interdependencias susceptible de ahondar las posibilidades de la división del trabajo en Norteamérica.

    La creación de comercio ha resultado manifiesta en los propios años previos a la entrada en vigor del NAFTA. En primer lugar, cabe destacar cómo el tratado de libre cambio con Canadá promovió la creación de comercio. Las causas que explican este fenómeno son las siguientes: el régimen aduanero especial de la maquiladora; la dotación factorial divergente entre Canadá y México, y el fortalecimiento de la división regional del trabajo, como consecuencia de la reacción anticipada ante el NAFTA.

    Desde la perspectiva estadounidense, México constituye un mercado en expansión. Las posibilidades de penetración resultan amplias en numerosos segmentos:

  • La mayor exposición a la competencia que debe afrontar el tejido industrial mexicano se traduce en un aumento de la demanda de bienes de equipo.

  • Un aumento de las tasa de crecimiento en México que sea susceptible de ampliar el tamaño de la clase media podría disparar la demanda de bienes de consumo duradero.

  • La liberalización de los intercambios agropecuarios puede propiciar un gran aumento de las exportaciones de maíz hacía México.

  • La competitividad industrial.

  • La estructura industrial de Estados Unidos adquiere una diferenciación tripartida: numerosas producciones intensivas en alta tecnología alcanzan las mayores cotas de competitividad; sin embargo las ramas medias (como la automoción) y, principalmente las industrias más tradicionales (textiles y prendas de vestir, por ejemplo) se enfrentan a un empeoramiento de su posición en el mercado. Algunos factores que explican el éxito del mayor centro mundial de innovación tecnológica en el área de la fabricación de ordenadores son los siguientes: una concentración geográfica que ha facilitado el intercambio informal de información; la estructura descentralizada de las empresas; las sinergias establecidas entre las firmas y la cercana Universidad de Stanford; una cultura de trabajo compartida ; el suministro de capital empresarial de alto riesgo, y la garantía de los mercados militares.

    El NAFTA puede acelerar el proceso de cambio estructural en la industria de Estados Unidos.

    El NAFTA incentiva el cambio estructural de la reducción de las presiones migratorias en el largo plazo.

    En realidad, el nuevo escenario de libre comercio regional reduce el poder de negociación de los sindicatos: la amenaza de una deslocalización de la producción de la producción al otro lado de la frontera neutraliza las presiones laborales a favor de unos salarios más elevados para la mano de obra no cualificada en Estados Unidos. La pérdida de empleos explicada directamente por la firma del TLC ha sido notablemente reducida una vez que han pasado tres años y medio desde su entrada en vigor.

    La lectura de las repercusiones del Tratado de Libre Cambio sobre la competitividad de la economía estadounidense adquiere una perspectiva dinámica: las ganancias a largo plazo compensan con creces los costes de adaptación en el corto y medio plazo. La ganancia global de bienestar permite arbitrar criterios para compensar a los “perdedores”. Por esta razón, el gobierno federal ha desarrollado algunos programas de formación profesional y reciclaje destinados a aquellos trabajadores susceptibles de perder su empleo como consecuencia del libre comercio con México.

    LA POSICIÓN DE MÉXICO

    La economía mexicana busca una inserción favorable en el comercio internacional. Se trataba de profundizar un patrón de industrialización apoyado en la diversificación, aprovechar las economías externas pecuniarias derivadas de las inversiones simultáneas en diferentes industrias. Una fuerte protección arancelaria frente al exterior permitiría un acceso privilegiado al mercado interno, supliendo las carencias de competitividad de los bienes nacionales. La especialización en producciones intensivas en capital donde se adolecía de ventaja comparativa y el requerimiento creciente de inputs procedentes del exterior desembocaron en un empeoramiento de la balanza comercial. Los modelos de industrialización vía sustitución de importaciones (ISI) exhibían una deficiencia principal: la estrechez del mercado interno y la especialización múltiple impedían el aprovechamiento de las economías de escala en el proceso de producción.

    La expansión del mercado internacional de capitales y el excedente de liquidez generado por el reciclaje de los petrodólares como consecuencia de los shocks energéticos facilitaron las posibilidades de endeudamiento en los años setenta: México caería en el precipicio, una vez que el desempeño mediocre de su sector exterior dificultaba la cobertura del servicio de la deuda. Los planes de ajuste aplicados en los años ochenta sanearían el cuadro macroeconómico con un coste elevado: el PIB per cápita actual de México alcanza todavía sus niveles de 1980.

    El proyecto del NAFTA se asocia en este país con la modernización de la economía, dentro de un espíritu que podríamos resumir con la siguiente frase: “partir de cero”. Las principales motivaciones que guían la inserción de México en una Norteamérica integrada son las siguientes: la búsqueda de credibilidad en la aplicación de las políticas y reformas económicas, la atracción de inversiones extranjeras, y la competitividad industrial.

  • La credibilidad de la política económica

  • La economía mexicana trata que la vinculación al NAFTA certifique la credibilidad de sus políticas y reformas económicas. Este planteamiento resulta especialmente importante para un país cuya reputación financiera se vio gravemente dañada por la crisis de la deuda externa y la inestabilidad en el comportamiento de los precios.

    El halo de prestigio que rodea a instituciones estadounidenses como la Reserva Federal y el Tesoro suministra credibilidad a las autoridades económicas y monetarias de México.

  • La atracción de inversiones extranjeras.

  • Una buena “imagen de país” constituye un activo fundamental para atraer inversiones productivas. El NAFTA suministra esa etiqueta de calidad, existiendo un exponente claro de esta afirmación: México ha ingresado en la OCDE, el “sindicato” de los países desarrollados. La adhesión de este país al flamante club esconde una realidad: la estructura económica de México corresponde a un país en vías de desarrollo.

  • La competitividad industrial.

  • La zona metropolitana de México DF concentra una parte importante de un tejido industrial diversificado orientado al mercado interno. La exposición a la competencia impuesta por el NAFTA puede contribuir a su modernización. La nueva división del trabajo exige mayores dosis de especialización: la deslocalización de actividades intensivas en mano de obra barata constituye la consecuencia más directa del libre comercio con Norteamérica. Los mayores volúmenes de producción en aquellos “nichos” donde la economía mexicana adquiera competitividad constituyen una fuente para mejorar la productividad a través del mayor aprovechamiento de economías de escala.

    Las empresas que ensamblan componentes electrónicos y automovilísticos en la zona fronteriza han consolidado un tejido industrial en el norte del país. La exención de aranceles en la importación de inputs utilizados en la fabricación de bienes reexportables hacia Estados Unidos puso los cimientos del programa de la maquiladora en 1964.

    Todo esto amortiguo las presiones migratorias hacia Estados Unidos.

    Los efectos contaminantes de la “maquiladora” configuran la “leyenda negra”. El acuerdo sobre medio ambiente adscrito al NAFTA pone un énfasis especial en la resolución de la cuestión ambiental en la zona fronteriza con el objeto de evitar la competencia desleal por parte de México.

    La ventaja mexicana radicaría esencialmente en la abundancia de mano de obra no cualificada.

    En el contexto del NAFTA, la maquiladora abre sus puertas a las inversiones extranjeras procedentes de terceros países. Las empresas japonesas y coreanas están llevando un desembarco espectacular con el objeto de producir bienes como vídeos o televisores destinados a mercados de Estados Unidos y Canadá. Se reducen los costes gracias a los ahorros en aranceles, transporte y mano de obra: las empresas asiáticas generan una cuarta parte del empleo en esta ciudad.

    Este nuevo escenario incentiva la modernización de la red nacional de pequeñas y medianas empresas.

    LA POSICIÓN DE CANADÁ

    Los canadienses disfrutan del mayor nivel de calidad de vida del mundo.

    Las estimaciones apuntan que las ganancias del TLC pueden resultar positivas, pero modestas: la razón estriba en que la economía canadiense no comercia intensamente con México.

    La firma del Tratado de Libre Cambio con Estados Unidos (CUSFTA) constituye un momento culminante para la economía canadiense.

  • La economía política de la Confederación canadiense.

  • La Confederación canadiense, establecida en 1867, ha diseñado un modelo particular en las relaciones territoriales establecidas entre las provincias que componen el país. La construcción de una unidad económica ha constituido una prioridad política de primer orden. Se trataba de buscar la viabilidad y una identidad propia frente a los poderosos vecinos del sur.

    Pero esta lógica de funcionamiento corre el riesgo de resquebrajarse, una vez que los mercados se globalizan y Canadá afronta el reto del NAFTA.

    La apertura de la economía canadiense a escala multilateral (vía GATT) y regional (vía CUSFTA y NAFTA) exige la construcción de un nuevo modelo de economía política para lograr el consenso entre unas provincias cuya percepción de la relación coste-beneficio que implica la pertenencia a la Confederación ha cambiado como consecuencia del nuevo escenario internacional.

    • La posición de Ontario.

    Ontario constituye la espina dorsal del país: un 37'4% de los canadienses reside en una provincia que genera un 40% del PIB, según datos de 1994. La idea de libre cambio con Estados Unidos causó ciertos recelos entre ciertos sectores sociales: la liberalización de los intercambios suponía que el mercado canadiense dejaba de ser un dominio exclusivo para la industria provincial. Por esta razón, numerosas ramas han tenido problemas crecientes frente a unas importaciones estadounidenses que, desde la base de un mercado interno de gran tamaño, pueden alcanzar mayores niveles de competitividad.

    Los destinos de la provincia quedaron definitivamente vinculados a Estados Unidos con la firma del Acuerdo del Automóvil.

    La firma del CUSFTA y, posteriormente del NAFTA, están profundizando la división del trabajo transfonteriza articulada desde la firma del tratado sectorial referido en 1965: las plantas automovilísticas están llevando a cabo grandes inversiones para modernizarse y afinar todavía en mayor medida el patrón de especialización dentro del mercado norteamericano.

    El libre comercio ha estimulado la renovación de la estructura manufacturera, buscando “nichos” de especialización en segmentos con una intensidad tecnológica creciente.

    La consecuencia más directa del NAFTA es el perfeccionamiento de la ventaja competitiva.

    • La posición de Quebec.

    Los ciudadanos quebequeses han expresado su deseo de permanecer en la Confederación canadiense en el referéndum celebrado el 30 de octubre de 1995, siendo el margen muy escaso.

    Los quebequeses viven mejor dentro de Canadá. La lógica del nacionalismo québécois:

  • La minoría francófoba teme una pérdida de influencia ante su retroceso demográfico.

  • Los nacionalistas consideraban que una separación “amistosa” permitiría un mayor poder de negociación.

  • La provincia ha apoyado la firma del CUSFTA, otorgando alas a los nacionalistas en el libre comercio con Estados Unidos. Los plazos comerciales con los vecinos del sur se fortalecen. La intensidad de los intercambios con los Estados fronterizos resulta especialmente sólida. Los datos explicitan una fuerte creación de comercio vinculada al CUSFTA: las exportaciones provinciales dirigidas hacia Estados Unidos suponían un 17% del PIB de Quebec en 1994, frente a un 12% en 1990.

    • Las provincias occidentales.

    Las provincias de British Columbia y Alberta registran el comportamiento más dinámico y expansivo de Canadá, habiendo registrado las mayores tasa de crecimiento durante los últimos años. Los niveles de renta per cápita se sitúan claramente por encima de la media confedera, reflejando una mayor prosperidad relativa. La orientación exportadora aparece como un primer factor desde su riquísima dotación de recursos naturales.

    Un informe publicado por la Fundación del Oeste de Canadá lamenta que las políticas regionales han actuado frecuentemente contra los interese de las provincias occidentales, destinándose las transferencias y los incentivos de Quebec y el Canadá oriental.

    Las provincias más occidentales de Canadá están articulando una comunidad de intereses con sus vecinos de la costa oeste de Estados Unidos: la formación de una nueva región económica transfonteriza y el estrechamiento de los lazos con Asia y Pacífico constituyen las señas de identidad.

    La “conexión transpacífica” constituye un nuevo vector de crecimiento.

    Brithis Columbia y Alberta presentan una estructura exportadora competitiva en los mercados internacionales basada en sus recursos naturales: las industrias papeleras y forestal constituyen la primera actividad de Brithis Columbia ; por el contrario, Alberta tiene una economía articulada en torno a sus recursos energéticos, petróleo y gas natural. La balanza comercial de Brithis Columbia registra un superávit; sin embargo, el déficit resulta palpable en los intercambios con el resto de Canadá.

    Un mayor ritmo de crecimiento en el Canadá occidental altera los parámetros que definen la estructura territorial: una proporción creciente de la población canadiense reside en Alberta y Brithis Columbia; mientras, estas provincias generan una parte creciente del PIB canadiense.

    Estos cambios permiten observar la reproducción de un “círculo virtuoso” entre la inserción en la Cuenca del Pacífico y el crecimiento económico de Canadá; su lógica de funcionamiento se basa en las siguientes relaciones de causalidad:

  • La inserción en la Cuenca del Pacífico ha posibilitado que las provincias occidentales crezcan por encima de la media del país.

  • Este fenómeno aumenta el peso de Alberta y Brithis Columbia en la economía canadiense.

  • El desplazamiento de los centros de gravedad hacia el oeste implica una exposición creciente del país hacia el Pacífico, permitiendo una mayor repercusión de los efectos dinámicos de la inserción regional sobre la economía canadiense.

  • LAS CONSECUENCIAS DEL NAFTA

    El NAFTA es el primer acuerdo formal de tal envergadura y por esa razón se ha convertido en un auténtico laboratorio de pruebas.

    Las consecuencias para Estados Unidos

    Los estudios estiman que las ganancias para la economía de Estados Unidos derivadas del NAFTA podrían ser positivas pero modestas. El libre comercio con México constituye una fuerza aceleradora de los procesos de cambio estructural que se están registrando en la economía de Estados Unidos.

  • El crecimiento de la productividad.

  • El Nafta puede ser considerado como una “desventaja selectiva”. El cambio de escenario que supone la liberalización del comercio pone en evidencia la carencia de productividades norteamericana en las producciones más tradicionales, acelerando un proceso de cambio hacia una estructura donde la industria de alta tecnología y los servicios de alto valor añadido tengan una presencia hegemónica. Los cambios se están comenzando a notar en los años noventa. La generación de alta tecnología representa un 10% del PIB de Estados Unidos; mientras, se observa una renovación del tejido empresarial. Las “gacelas” son pequeñas empresas de creación reciente y expansión desbordante principalmente concentradas en los servicios intensivos en tecnología y capital humano: estas firmas podrían estar contribuyendo a la creación de las tres cuartas partes de los nuevos empleos que están surgiendo en Estados Unidos.

  • Las consecuencias territoriales.

  • La firma de un acuerdo de libre cambio con México contribuye a acelerar el desplazamiento de los centros de gravedad de la economía de Estados Unidos hacia el Suroeste ya que dispone de dos grandes ventajas: su climatología suave y una mayor calidad de vida, por lo que se ha convertido en destino favorito para las industrias de alta tecnología.

    La economía californiana, epicentro del complejo industrial-tecnológico-militar del país, han sabido superponerse a una reducción de los presupuestos del Pentágono que ha conllevado una pérdida importante de empleos. Ésta también representa una parte creciente de la población y del PIB del país.

    La buena red de transportes y comunicaciones facilita la deslocalización de actividades. California se ha erigido en el nudo donde confluyen tres vectores territoriales de crecimiento:

  • Las relaciones con Asía y Pacífico otorgan un dinamismo creciente al tejido empresarial del Estado.

  • Se consolida un corredor que dispersa la prosperidad a lo largo de la costa oeste (desde San Diego a Vancouver).

  • Conectando California y Texas: el sistema de autopistas interestatales permite que Arizona y Nuevo México optimicen su posición.

  • Un estudio demuestra cómo los efectos de arrastre entre industrias conexas de alta tecnología permite multiplicar las ganancias derivadas del NAFTA en las zonas menos distantes de México.

    La posición dominante del noroeste y medio oeste se ha visto favorecida por la historia: la concentración industrial se ha fortalecido por el aprovechamiento de las economías de escala.

    La caracterización del NAFTA como ventaja “desventaja selectiva” adquiere su mayor expresión en la frontera. La inestabilidad que implica la liberalización comercial pone las bases para una reordenación del territorio a ambos lados de la muga. La cercanía de México y las posibilidades de relocalización de las actividades industriales más tradicionales está fomentando la concentración de San Diego, Phoenix o San Austin en producciones altamente intensivas en I+D en áreas que van desde la microelectrónica hasta el Software informático o la biotecnología.

    Los Estados del Sur profundo podrían ser los más perjudicados por la firma del NAFTA. Su ventaja comparativa tradicional dentro del país ha residido en unos menores salarios; mientras, la construcción de la red de autopistas interestatales en los años cincuenta mejoraría las comunicaciones con el resto del país, atrayendo inversiones. En el nuevo escenario, las industrias más tradicionales como la producción de textiles y prendas de vestir tienen incentivos para trasladarse al sur de la frontera. La mayor parte de estos territorios tiene un nivel de desarrollo relativo comparativamente más bajo que el resto del país.

    En el largo plazo, la firma del NAFTA constituye un incentivo para que el tejido industrial de la región se desplace hacia tramos más sofisticados en la cadena de creación de valor añadido.

    Las consecuencias para México

    Los diversos estudios estiman que los beneficios del NAFTA podrían totalizar entre un 3'5% y 5% del PIB mexicano. Desde una perspectiva a largo plazo, las ganancias resultan difícilmente cuantificables: la modernización de la economía mexicana se asocia indisolublemente a la profundización del TLC.

    1. La evolución de la competitividad.

    El Nafta ha promovido una fuerte creación de comercio durante la primera mitad de los años noventa.

    El Nafta ofrece grandes posibilidades para el cambio estructural de México más allá de su ventaja efímera como reserva de mano de obra abundante y barata. Una tradición industrial consolidada y el mayor nivel de desarrollo respecto a otros socios latinoamericanos exigen un perfeccionamiento de la competitividad.

    Algunos estudios sugieren que el NAFTA podría crear casi 610.000 puestos de trabajo adicionales en México y los salarios podrían incrementarse entre un 0'7% y un 16%.

    Los mexicanos deben invertir fuertemente en educación, I+D e infraestructuras, auténticas plataformas sobre las que resulta posible edificar la competitividad futura. Esta economía puede especializarse en “nichos” con sofisticación tecnológica media, actuando como puente entre Estados Unidos, Canadá y los países de América Latina y el Caribe. La dinámica de la economía global se caracteriza por la expansión permanente del mercado. La reducción de los costes de transporte y comunicaciones, la ampliación de los acuerdos subregionales y la existencia de unas empresas foráneas ávidas de maximizar dispuestos a asumir riesgos aceleran la inserción de nuevos países, antaño demasiado periféricos, en la división internacional del trabajo.

    La consolidación de una red de proveedores locales que interactúen con las empresas trasnacionales constituye el instrumento principal para internalizar los efectos beneficiosos que se asocian a la inversión extranjera, tales como unos mejores métodos de gestión y organización del trabajo o la transferencia de tecnologías. Este último adquiere un papel fundamental para que México pueda edificar su ventaja comparativa en segmentos que requieran cierta cualificación de la mano de obra y un componente tecnológico medio.

    En el contexto del libre comercio, las exportaciones de automóviles y camiones se han duplicado desde 1994. La consolidación de México como centro manufacturador de primera fila está llevando importantes inversiones para mejorar la capacitación de la red nacional de proveedores de componentes.

    La pertenencia al NAFTA y la cercanía de un mercado norteamericano de alto poder adquisitivo dotan a México con una extraordinaria renta de posición ante el siglo XXI. Las expectativas y la posterior firma del TLC, así como la expansión de la maquiladora se han traducido en un aumento significativo de la creación de comercio con el resto del mundo desarrollado. La caracterización de México como la plataforma exportadora idónea para afrontar el mercado de Estados Unidos explica unos resultados que ponen en entredicho que el libre comercio regional deba traducirse en un cierto grado de desviación de comercio.

    2. Una nueva ordenación del territorio.

    El libre comercio con Estados Unidos y Canadá debe propulsar ciertos cambios en la estructura territorial mexicana. Un crecimiento espacialmente desequilibrado define la trayectoria de este país. El modelo ISI acrecentó el papel central de la Ciudad de México. Según datos de 1994 una tercera parte del valor añadido manufacturero del país se genera en su zona metropolitana y una cuarta parte de la población mexicana reside en la capital federal y sus contornos. La potencia de las economías de aglomeración existentes en el distrito federal actúa como un imán. La principal red de servicios, la red de comunicaciones con el exterior y la mayor reserva de mano de obra cualificada refuerzan la concentración de las actividades económicas en el DF.

    Ciudad de México se ha convertido en una de las urbes más grandes del mundo con una población que sobrepasa los quince millones de residentes, desbordando su capacidad.

    Las migraciones campo-ciudad y el elevado crecimiento demográfico potencian las deseconomías de aglomeración: el coste marginal que supone cada nuevo poblador sería mayor que su aporte al PIB. La expansión de las megalópolis magnifica el déficit de infraestructuras, penalizando la rentabilidad de las actividades económicas. Este cuello de botella y la pérdida de calidad de vida perjudican seriamente la imagen de marca de la zona metropolitana, así como su capacidad para atraer inversiones extranjeras.

    La política regional debe desempeñar un papel destacado, buscando la consolidación de nuevos polos de desarrollo alternativos capaces de generar empleos en el sector moderno de la economía. El NAFTA puede desempeñar una labor destacada, propulsando una mejor ordenación territorial del país. La formación de nuevos ejes de crecimiento capaces de alcanzar el Distrito Federal con la frontera nororiental, central y noroccidental se atea en el horizonte.

    Un perfeccionamiento en la estructura federal de México y una mayor transparencia democrática del sistema político permitirían la competencia entre Estados, implementando incentivos para atraer inversiones extranjeras.

    Una conexión más barata y en menor tiempo con el interior más profundo que dote de certidumbre a los mercados constituye la condición para que se redistribuyan territorialmente los efectos expansivos del NAFTA.

    El NAFTA va a propiciar una mayor articulación territorial de la mitad norte de México. Sin embargo, las disparidades con los Estados más meridionales de extracción rural pueden incrementarse. Tradicionalmente, estos territorios tienen los menores niveles de desarrollo, experimentando las consecuencias de la perifericidad.

    3. Un mayor peso geopolítico.

    La firma del acuerdo del NAFTA realza el peso geopolítico de México. Sus diplomáticos han lanzado una ofensiva que refuerza la posición de este país como paladín de la integración regional. La firma de sendos acuerdos de libre comercio bilaterales con Chile, Venezuela, Bolivia, los países caribeños y Panamá otorga a México una posición de liderazgo ante la futura formación de una zona de libre cambio panamericana. Este país adquiere una posición de “nudo” en el nuevo sistema radial que conduce la integración en las Américas. La posición de México como “eje” de la futura integración continental refuerza el poder centrípeto de esta economía para atraer inversiones foráneas cuyos objetivos van más allá de la penetración en el mercado de Estados Unidos.

    Las ventajas que han permitido esto:

  • Los costes de transacción necesarios para concluir las negociaciones bilaterales resultan notablemente menores en México que en Estados Unidos.

  • Los países latinoamericanos han firmado acuerdos con México considerándolos como un preámbulo para entrar en la futura zona de libre cambio de las Américas o en el TLC.

  • Las consecuencias para Canadá

    La consecución del libre comercio en Norteamérica favorece la creación de comercio y una mayor competitividad de la economía canadiense.

  • La competitividad de la economía.

  • Algunas estimaciones llegan a apuntar una ganancia para la economía canadiense del 9% en el largo plazo como consecuencia del CUSFTA: las mejoras de productividad derivadas del mayor aprovechamiento de las economías de escala en un mercado de gran tamaño explican gran parte de la historia. La conclusión de las negociaciones del CUSFTA provocó una reducción de las cotizaciones bursátiles correspondientes a las industrias de alimentos y bebidas, textiles, confecciones, muebles, plásticos y calzados. Por el contrario, los valores de las industrias maderera y papelera evolucionaron al alza.

    El CUSFTA y el NAFTA pueden expandir el patrón de especialización establecido en el sector de la automoción basado en los intercambios intra industriales e intra firma. Los componentes y vehículos constituyen el principal rubro de exportación e importación. El índice de comercio intraindustrial entre Estados Unidos y Canadá correspondiente a las piezas para automóviles subiendo en lo referente a los componentes aeronáuticos. La especialización podrá afinarse gracias al NAFTA, mediante un engranaje de México en esta división regional del trabajo.

    Los lazos económicos con Estados Unidos se han fortalecido tras la firma del CUSFTA.

    La creación de comercio derivada del CUSFTA ha resultado sencillamente espectacular a pesar de los bajos aranceles que gravaban el comercio bilateral antes de 1989. La interdependencia difícilmente puede resultar mayor: la evolución de la demanda interna estadounidense condiciona absolutamente el comportamiento de la economía canadiense. Las importaciones canadienses procedentes de Estados Unidos también han evolucionado de forma ascendente en el contexto del CUSFTA y NAFTA.

    El libre comercio ha beneficiado a las industrias canadienses de mayor valor añadido.

    Las fortalecidas relaciones con los vecinos del sur están acelerando los cambios estructurales en el tejido productivo canadiense. Una sólida dotación de capital humano permite ahondar la ventaja comparativa en actividades intensivas en alta tecnología, reduciendo la dependencia respecto a las producciones intensivas en recursos naturales.

    La entrada en vigor del CUSFTA y, posteriormente, del TLC podía permitir que, en algunos casos, fuera más fácil comerciar con Estados Unidos o México que dentro de la propia Confederación. La firma del Acuerdo para el Libre Comercio Interno supone una condición necesaria para fortalecer los intercambios este-oeste que forman la columna vertebral de Canadá, frente a la potenciación del eje transfronterizo norte-sur derivada del NAFTA.

    AMÉRICA LATINA

    ANTECEDENTES DEL MERCOSUR

     

    La República Argentina, la República Federativa de Brasil, la República del Paraguay y la República Oriental del Uruguay suscribieron el 26 de marzo de 1991 el Tratado de Asunción, creando el Mercado Común del Sur, MERCOSUR, que constituye el proyecto internacional más relevante en que se encuentran comprometidos esos países.

    Los cuatro Estados Partes que conforman el MERCOSUR comparten una comunión de valores que encuentra expresión en sus sociedades democráticas, pluralistas, defensoras de las libertades fundamentales, de los derechos humanos, de la protección del medio ambiente y del desarrollo sustentable, así como su compromiso con la consolidación de la democracia, la seguridad jurídica, el combate a la pobreza y el desarrollo económico y social en equidad.

    Con esa base fundamental de coincidencias, los socios buscaron la ampliación de las dimensiones de los respectivos mercados nacionales, a través de la integración, lo cual constituye una condición fundamental para acelerar sus procesos de desarrollo económico con justicia social.

    Así, el objetivo primordial del Tratado de Asunción es la integración de los cuatro Estados Partes, a través de la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, el establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común, la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales y la armonización de legislaciones en las áreas pertinentes, para lograr el fortalecimiento del proceso de integración.

    En la Cumbre de Presidentes de Ouro Preto, de diciembre de 1994, se aprobó un Protocolo Adicional al Tratado de Asunción - el Protocolo de Ouro Preto por el que se establece la estructura institucional del MERCOSUR y se lo dota de personalidad jurídica internacional.

    En Ouro Preto se puso fin al período de transición y se adoptaron los instrumentos fundamentales de política comercial común que rigen la zona de libre comercio y la unión aduanera que caracterizan hoy al MERCOSUR, encabezados por el Arancel Externo Común.

    Así, los Estados Partes iniciaron una nueva etapa - de consolidación y profundización - donde la zona de libre comercio y la unión aduanera constituyen pasos intermedios para alcanzar un mercado único que genere un mayor crecimiento de sus economías, aprovechando el efecto multiplicador de la especialización, las economías de escala y el mayor poder negociador del bloque.

    EL MERCOSUR POLÍTICO

    El MERCOSUR sienta las bases fundamentales sobre las que se consolidan definitivamente las relaciones entre los países del emprendimiento. Representa, por sobre todo, un Acuerdo Político, el más importante alcanzado en la región. A partir de este Acuerdo, los conceptos de confiabilidad, armonía, razonabilidad y previsibilidad pasan a formar parte del lenguaje y de la convivencia política, económica y social de nuestras sociedades. La "red de seguridad política" del MERCOSUR genera las reglas de juego necesarias para que se desarrollen plenamente las interrelaciones económicas y comerciales existentes.

    El MERCOSUR es un elemento de estabilidad en la región, pues el entramado de intereses y relaciones que genera, profundiza los vínculos tanto económicos como políticos y neutraliza las tendencias hacia la fragmentación. Los responsables políticos, las burocracias estatales y los hombres de empresa, tienen ahora un ámbito de discusión, de múltiples y complejas facetas, donde abordar y resolver asuntos de interés común. Ello seguramente estimula una mayor racionalidad en la toma de decisiones de todos los actores sociales.

    La integración genera un nivel de interdependencia tal, que el juego de intereses cruzados lleva progresivamente a los actores públicos y privados a moverse en un escenario político común, que excede los aparatos políticos nacionales. En efecto, los avances en la construcción del mercado común implican necesariamente la conformación de un ''espacio político común “ en el que en forma implícita rige una "política MERCOSUR”.

    En este contexto, los cuatro Estados Partes del MERCOSUR, junto a Bolivia y Chile. han constituido el “Mecanismo de Consulta y Concertación Política” en el que se consensúan posiciones comunes en materias de alcance regional que superan lo estrictamente económico y comercial.

    Así, en ocasión de la X Reunión del Consejo del Mercado Común (San Luis, 25 de Junio de 1996), se suscribió la “Declaración Presidencial sobre Compromiso Democrático en el MERCOSUR”, así como el Protocolo de Adhesión de Bolivia y Chile dicha Declaración, instrumento que traduce la plena vigencia de las instituciones democráticas, condición indispensable para la existencia y el desarrollo del MERCOSUR.

    En esa misma oportunidad se suscribió una Declaración de los Presidentes de los Estados Partes del MERCOSUR, Bolivia y Chile, reafirmando su respaldo a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía sobre la cuestión de las Islas Malvinas.

    Posteriormente, en la Reunión del Consejo del Mercado Común de julio de 1998, los presidentes de los Estados Parte del MERCOSUR y de las Repúblicas de Bolivia y Chile suscribieron el “Protocolo de Ushaia sobre Compromiso Democrático”, por medio del cual los seis países reconocen que la vigencia de las instituciones democráticas es condición indispensable para la existencia y desarrollo de los procesos de integración y que toda alteración del orden democrático constituye un obstáculo inaceptable para la continuidad del proceso de integración regional.

    Asimismo, en dicha ocasión se suscribió la “Declaración Política del MERCOSUR, Bolivia y Chile como zona de Paz” a través de la cual los seis países manifiestan que la paz constituye un elemento esencial para la continuidad y el desarrollo del proceso de integración regional. En ese sentido, los seis gobiernos acuerdan, entre otros puntos, fortalecer los mecanismos de consulta y cooperación sobre temas de seguridad y defensa existentes entre sus países y promover su progresiva articulación y realizar esfuerzos conjuntos en los foros pertinentes para avanzar en la consolidación de acuerdos internacionales orientados a lograr el objetivo del desarme nuclear y la no proliferación en todos sus aspectos.

    UNA NUEVA ETAPA "EL RELANZAMIENTO DEL MERCOSUR"

    El MERCOSUR se constituyó como una unión aduanera, hecho que marcó cambios fundamentales para las economías de la región.

    En primer lugar, genera un compromiso muy importante entre los cuatro países, lo que se refleja en una tendencia natural al disciplinamiento conjunto de las políticas económicas nacionales, asegurando conductas previsibles y no perjudiciales para los socios;

    En segundo lugar, y estrechamente ligado al párrafo anterior, existe un arancel externo común. La necesidad que eventuales modificaciones de los niveles de protección de los sectores productivos deban ser consensuadas cuatripartitamente, impone un nuevo estilo a las políticas comerciales nacionales. Así, éstas deben ser menos discrecionales y más coordinadas, lo que brinda un marco de mayor previsibilidad y certidumbre para la toma de decisiones de los agentes económicos;

    En tercer lugar, es posible afirmar que la nueva política comercial común tiende a fortalecer y reafirmar los procesos de apertura e inserción en los mercados mundiales que vienen actualmente realizando los cuatro socios individualmente. El MERCOSUR no fue creado como una fortaleza con vocación de aislamiento; por el contrario, fue concebido como un reaseguro de la inserción de nuestros países al mundo exterior;

    En cuarto lugar, las empresas de todo el mundo tienen hoy al MERCOSUR en su agenda estratégica; la unión aduanera representa un salto cualitativo decisivo para los agentes económicos. De ahora en más, sus decisiones de producción, inversión y comercio tienen necesariamente como referente obligado el mercado ampliado del MERCOSUR;

    En quinto lugar, y a partir de los cuatro elementos enunciados precedentemente - mayor compromiso, certidumbre en la estructura arancelaria, no aislacionismo de los flujos de comercio internacional y salto cualitativo -, se logra reducir el riesgo para invertir en el MERCOSUR y, por lo tanto, se fomentan nuevas inversiones de empresas regionales y extranjeras, que tratan de aprovechar las ventajas y los atractivos del mercado ampliado;

    La captación de las inversiones es uno de los objetivos centrales del MERCOSUR. En un escenario internacional tan competitivo, en el cual los países se esfuerzan en brindar atractivos a los inversores, la conformación de la unión aduanera es una "ventaja comparativa" fundamental, pues otorga un marco muy propicio para atraer a los capitales. Aun con todas las dificultades derivadas del difícil escenario económico internacional y de los inconvenientes resultantes de los procesos de reestructuración de las economías internas, el MERCOSUR ha sido uno de los principales receptores mundiales de inversión extranjera directa.

    Una de las grandes virtudes del MERCOSUR es haber logrado que el proceso de negociación se realizara sobre bases realistas, razonables y flexibles. Es decir, el gran mérito del MERCOSUR fue mantener el proceso integrador adaptando los instrumentos con flexibilidad a las realidades de los cuatro países. El resultado es el MERCOSUR posible, dadas las características y capacidades de las estructuras económicas y políticas de cada uno de los socios.

    Sólo así fue factible alcanzar la unión aduanera, cumpliendo los plazos fijados en el Tratado de Asunción. Las negociaciones desarrolladas durante los últimos meses y los acuerdos alcanzados ponen de manifiesto esta afirmación. Todos los países han defendido sus principales intereses y al mismo tiempo, han debido consustanciarse con los problemas y realidades de los restantes socios. Fue, sin duda alguna, un ejercicio de negociación arduo, transparente y solidario.

    Así, en el año 2000, los Estados Partes del MERCOSUR decidieron encarar una nueva etapa en el proceso de integración regional, la cual se denomina "RELANZAMIENTO del MERCOSUR” y tiene como objetivo fundamental el reforzamiento de la Unión Aduanera tanto a nivel intracomunitario como en el relacionamiento externo.

    En este marco, los Gobiernos de los Estados Partes del MERCOSUR reconocen el rol central que tienen la convergencia y la coordinación macroeconómica para avanzar profundamente en el proceso de integración. Así, se busca lograr la adopción de políticas fiscales que aseguren la solvencia fiscal y de políticas monetarias que garanticen la estabilidad de precios.

    Asimismo, en la agenda del relanzamiento del MERCOSUR, los Estados Partes decidieron priorizar el tratamiento de las siguientes temáticas, con el objetivo final de profundizar el camino hacia la conformación del MERCADO COMUN DEL SUR:

     

    • Acceso al mercado

    • Agilización de los trámites en frontera (plena vigencia del Programa de Asunción);

    • Incentivos a las inversiones, a la producción, a la exportación, incluyendo las Zonas Francas, admisión

    • temporaria y otros regímenes especiales;

    • Arancel Externo Común;

    • Defensa Comercial y de la Competencia;

    • Solución de controversias;

    • Incorporación de la normativa MERCOSUR;

    • Fortalecimiento institucional del MERCOSUR;

    • Relaciones externas;

    Se ha avanzado en varios de estos temas lo que demuestra la voluntad de los Estados Partes de continuar la consolidación y profundización del MERCOSUR.

    ¿QUÉ ES LA ALADI?

    La Asociación Latinoamericana de Integración es un organismo intergubernamental que asocia a doce países miembros de América Latina:

    ARGENTINA

    COLOMBIA

    PARAGUAY

    BOLIVIA

    CUBA

    PERÚ

    BRASIL

    ECUADOR

    URUGUAY

    CHILE

    MÉXICO

    VENEZUELA

    Abarca un territorio de casi 20 millones de kilómetros cuadrados y a más de 430 millones de habitantes.

    ¿CUÁNDO SE FORMÓ?

    El 12 de agosto de 1980 los países de América del Sur y México suscriben el Tratado de Montevideo instituyéndose la ALADI. El 26 de agosto de 1999 la República de Cuba se incorpora como el duodécimo país miembro de la Asociación.

    ¿POR QUÉ SE FORMÓ LA ALADI?

    En 1960 se firma el primer Tratado de Montevideo estableciendo la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). En aquel entonces los países latinoamericanos comerciaban principalmente con Europa y Estados Unidos.

    La Segunda Guerra Mundial y los años seguidos de la posguerra marcaron cambios favorables a la economía de los países de América Latina, por cuanto sus bienes primarios (carne, cacao, azúcar, etc.) encontraron mercados en esas naciones devastadas. Poco tiempo después, los países europeos comienzan a reordenar sus economías y a impulsar la recuperación de su sector agrícola e industrial. Esta nueva realidad incidió negativamente en las exportaciones latinoamericanas.

    Los Gobiernos latinoamericanos, en su propósito de encontrar medidas de corrección e impulsados por las exigencias de crear fuentes alternativas de empleo para una población con una de las tasas más altas de crecimiento (2,6%), iniciaron planes de industrialización para atender las necesidades de abastecimiento en bienes de consumo duradero y bienes de capital. Este objetivo, unido al interés de captar mayores inversiones destinadas al desarrollo del parque industrial, obligaba a que los pequeños mercados se ampliaran, de manera que la producción masiva bajara costos y elevara el rendimiento, permitiendo mejores posibilidades de competencia.

    Así, en 1960 se logró un acuerdo inicial entre siete países: Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay, Perú y Uruguay, que perseguía alcanzar una mayor integración económica, a través de la ampliación del tamaño de sus mercados y la expansión de su comercio recíproco. Con posterioridad se unieron las naciones de Colombia, Ecuador, Bolivia y Venezuela.

    En 1980, los Gobiernos de estos once países modifican el viejo tratado y deciden reafirmar la voluntad política de fortalecer el proceso de integración, hacerlo más flexible en su aplicación, y suscriben el nuevo Tratado de Montevideo (TM-80).

    ¿PARA QUÉ SIRVE? (Funciones)


    - Para promover y regular el comercio recíproco de los países miembros.
    - Para apoyar la complementación económica entre ellos.
    - Para desarrollar acciones de cooperación que contribuyan a la ampliación de sus mercados nacionales.

    ¿CUÁLES SON SUS OBJETIVOS?

    La creación de un área de preferencias económicas teniendo como objetivo final el establecimiento de un mercado común latinoamericano.

    La ALADI se formó con el propósito de reducir y eliminar gradualmente las trabas al comercio recíproco de sus países miembros; impulsar el desarrollo de vínculos de solidaridad y cooperación entre los pueblos latinoamericanos; promover el desarrollo económico y social de la región en forma armónica y equilibrada a fin de asegurar un mejor nivel de vida para sus pueblos; renovar el proceso de integración latinoamericano, y establecer mecanismos aplicables a la realidad regional.

    ¿CÓMO LO HACE?

    Mediante tres organismos:

    • Preferencia arancelaria regional: consiste en una rebaja porcentual de los impuestos que cada país cobra a sus importaciones cuando los productos provienen de la región.

    • Acuerdos regionales: son los suscritos entre todos los países miembros. Por ejemplo: nóminas de apertura de los mercados a favor de los países de menor desarrollo económico relativo (Bolivia, Ecuador y Paraguay); acuerdo de cooperación científica y tecnológica; acuerdo de intercambio de bienes en las áreas educacional, cultural y científica.

    • Acuerdos de alcance parcial: son los suscritos entre dos o más países, sin obligación de que participen todos. Hay casi 100 acuerdos de este tipo y de naturaleza muy diversa: promoción del comercio; complementación económica e industrial, agropecuarios; etc.

    El TM-80 también permite que los países miembros de la ALADI firmen acuerdos con otros países latinoamericanos o en vías de desarrollo. Esta flexibilidad es un principio fundamental del Tratado y busca la convergencia, o sea, el agrupamiento progresivo de los acuerdos parciales para alcanzar una gran área de preferencias y luego un mercado común. Hay unos 35 acuerdos suscritos con países no miembros como Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Panamá, Trinidad y Tobago, Guyana, etc.).

    ¿QUIÉN ORGANIZA LOS TRABAJOS?


    Para desarrollar su trabajo, la ALADI está integrada por tres órganos políticos y un cuerpo técnico.


      • El Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores: es la máxima autoridad, que adopta las decisiones más importantes e indica las acciones a tomar;

      • La Conferencia de Evaluación y Convergencia: está integrada por Representantes de los países miembros, tiene entre sus funciones examinar el funcionamiento de proceso de integración en todos sus aspectos, y la convergencia de los acuerdos de alcance parcial, a través de la multilateralización progresiva y promover acciones de mayor alcance para profundizar la integración económica;

      • El Comité de Representantes: es el foro político permanente, responsable de la negociación y el control de todas aquellas iniciativas destinadas a perfeccionar el proceso de integración. Lo conforman las Representaciones Permanentes de los países miembros;

      • La Secretaría General: es el cuerpo técnico de la Asociación. Tiene entre otras funciones la de proponer, analizar, estudiar y hacer gestiones para facilitar las decisiones que deben alcanzar los Gobiernos.

    La Secretaría está dirigida por un Secretario General y dos Secretarios Generales Adjuntos y la integran 5 departamentos técnicos, cuenta además con una Biblioteca, cuya base de datos es una de las más grandes en materia de integración de Latinoamérica.

    Los cuatro primeros Acuerdos en que participan la totalidad de los países miembros responden a la puesta en funcionamiento de mecanismos de liberación comercial previstos a texto expreso en los Artículos 5 y 18 del Tratado de Montevideo 1980: se trata de las Nóminas de Apertura de Mercados a favor de Bolivia, Ecuador y Paraguay (Acuerdos N° 1, 2 y 3, respectivamente) y del Acuerdo que instituye la Preferencia Arancelaria Regional (Acuerdo N° 4).

    Los otros dos Acuerdos Regionales establecen acciones de cooperación en materia científica y tecnológica (Acuerdo N° 6) y de cooperación e intercambio de bienes en las áreas cultural, educacional y científica (Acuerdo N° 7) y de Superación de Obstáculos Técnicos al Comercio (Acuerdo N° 8).

    APERTURA DE MERCADOS

    A los efectos de establecer condiciones favorables para la participación de los países de menor desarrollo económico relativo en el proceso de integración económica, y con el propósito de asegurarles un tratamiento preferencial efectivo a partir del 30 de abril de 1983, los países miembros establecieron la apertura de sus mercados para una serie de productos concediéndoles, sin reciprocidad, la eliminación total de gravámenes aduaneros y demás restricciones.

    PREFERENCIA ARANCELARIA REGIONAL

    Prevista en el Artículo 5 del Tratado de Montevideo 1980, la Preferencia Arancelaria Regional (PAR) consiste en una reducción porcentual de los gravámenes aplicables a las importaciones desde terceros países, que los países miembros se otorgan recíprocamente sobre las importaciones de productos originarios de sus respectivos territorios.

    La PAR actualmente con nivel básico de 20% se aplica en magnitudes diferentes según las tres categorías de países establecidas por la Resolución 6 del Consejo de Ministros (países de menor desarrollo económico relativo; países de desarrollo intermedio; demás países) y abarca el universo arancelario salvo una nómina de productos que cada país exceptúa del beneficio de dicha preferencia, cuya extensión también está relacionada con las tres categorías mencionadas precedentemente.

    ACUERDOS DE ALCANCE PARCIAL

    Complementación Económica

    Estos acuerdos tienen entre otros objetivos, promover el máximo aprovechamiento de los factores de producción, estimular la complementación económica, asegurar condiciones equitativas de competencia, facilitar la concurrencia de los productos al mercado internacional e impulsar el desarrollo equilibrado y armónico de los países miembros.

    Actualmente, además de los esquemas de integración subregionales (Comunidad Andina de Naciones y el MERCOSUR), existen nueve acuerdos de complementación económica que prevén el establecimiento de zonas de libre comercio entre sus signatarios. En estos Acuerdos participan Chile y Venezuela (ACE 23), Chile y Colombia (ACE 24), Bolivia y México (ACE 31), Chile y Ecuador (ACE 32) Colombia, México y Venezuela (ACE 33), MERCOSUR y Chile (ACE 35), MERCOSUR y Bolivia (ACE 36), Chile y Perú (ACE 38) y Chile y México (ACE 41).

    De Renegociación del Patrimonio Histórico

    Estos Acuerdos recogen los resultados de la renegociación de las concesiones otorgadas en las listas nacionales y en las listas de ventajas no extensivas de la ALALC, que se encontraban vigentes al término del año 1980. De 40 Acuerdos de renegociación suscritos originalmente, permanecen en vigor solamente 9 de ellos en virtud que los restantes han sido absorbidos por nuevos Acuerdos de Complementación Económica suscritos posteriormente entre los países miembros.

    ASIA Y PACÍFICO

    ASEAN Y APEC

    La región Asia-Pacífico está captando cada vez más atención en el ámbito de las relaciones internacionales. A medida que se acerca el próximo siglo, la región sigue siendo muy pujante y cambia rápidamente en la mayoría de los aspectos relacionados con el desarrollo económico y político. Si esta región se convierte en el núcleo de crecimiento más importante de la economía mundial, las discusiones más calificadas obviamente se centrarán en la visión necesaria para manejar las veloces transformaciones que ocurren dentro de la zona (Dutta (1994)). Por el momento, el esquema regional conocido como el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) ha ido asumiendo cada vez un mayor número de estos restos.

    Nadie en la ASEAN podía imaginarse lo que sería el APEC hoy en día en comparación con sus inicios en la reunión ministerial de Canberra en 1989. Fue durante la primera reunión de líderes en las Islas Blake's en 1993, cuando la APEC planteó un reto para el gobierno. Más allá del concepto de ser sólo un foro consultivo, la agrupación se ha adherido fuertemente a un sistema abierto de comercio multilateral, como si éste fuese su mejor alternativa. El APEC se parece mucho a ese foro en la esfera económica de la región, pero se ha vuelto más formal con las reuniones de jefes de gobierno y encuentros ministeriales para discutir la agenda común relacionada con ellos. La Declaración de Bogor colocó la visión del APEC sobre tres pilares: la liberalización del comercio antes del 2010 para las economías desarrolladas, y antes del 2020 para las economías en desarrollo, seguida por la liberalización de las inversiones, la facilitación del comercio y las inversiones con miras a aumentar la actividad empresarial, y el fortalecimiento de la cooperación económica y técnica para que los otros dos pilares tengan éxito. Estos elementos recibieron un mayor énfasis durante la reunión de líderes de Osaka en 1995, al brindárseles el marco apropiado con un conjunto de principios definidos. Posteriormente, el primer resultado de estas acciones individuales y colectivas pasaron a ser conocidas como el Plan de Acción de Manila para el APEC (MAPA).

    La ASEAN ha tenido suerte al contribuir con la materialización de tres importantes agendas en el APEC: la Secretaría del APEC en Singapur, la Declaración de Bogor y el más reciente MAPA. Esto ha servido para darle mayor relevancia al papel del APEC y a la participación de la ASEAN en el APEC. El proceso de esta asociación finalmente entró en la fase de instrumentación en enero de 1997. Basándose en las acciones colectivas e individuales del MAPA, la ASEAN ahora ha prometido alentar a los otros miembros para que liberalicen más allá de sus compromisos en la OMC. De modo que cada miembro debe comprometerse a presentar revisiones regulares y objetivas según los principios comunes de la agrupación. De esta forma se garantiza que todos los miembros perciban beneficios mutuos de la instrumentación conjunta de las propuestas acordadas. Todavía queda por verse si la ASEAN se beneficiará del proceso y cuáles serán los retos de la organización dentro del proceso futuro del APEC.

    INTEGRACIÓN DENTRO DE LA ECONOMÍA DE ASIA-PACÍFICO

    Desde la formación del APEC hay varias razones para la participación de la ASEAN. La ASEAN representa una importante área geográfica en la región y además su interacción con las economías de la región Asia-Pacífico se ha incrementado. Varios países del APEC han participado en los denominados "Diálogos entre Socios" de la ASEAN. De allí que podamos alegar que la ASEAN necesita lograr un rol que encaje perfectamente en la dinámica de la región. Las economías de la ASEAN se han beneficiado de esta dinámica, aparte de que contribuyen cada vez más con ella.

    Para resaltar este hecho, las cifras de la ASEAN en 1995 muestran un enorme mercado regional de 420 millones de personas, con un PIB combinado de 537 mil millones de dólares estadounidenses o casi 1.500 dólares estadounidenses per capita. A pesar de que el PIB de la ASEAN apenas alcanza 4 por ciento del PIB del APEC, ha crecido rápidamente y seguirá haciéndolo. La población de la ASEAN representa casi 15 por ciento del número total de habitantes en la región Asia-Pacífico. Las economías de la ASEAN están atravesando diferentes etapas de desarrollo, registrando Singapur un ingreso per capita veinte veces mayor que el de Vietnam.

    La ASEAN, como parte subregional de Asia-Pacífico, quizás no sea tan atractiva como el APEC, en el sentido de que este grupo comprende más economías y abarca a las mayores del mundo, tales como las de Estados Unidos de América, China y Japón, o las más desarrolladas, como las de Canadá, Australia y Nueva Zelandia. Sin embargo, la ASEAN sigue siendo considerada como un vasto mercado que crece muy rápidamente. El grupo regional pretende combinar su importancia como mercado y como base de producción con las otras economías del Sudeste Asiático y el Pacífico para poder conservar su competitividad. La región del Asia-Pacífico es lo bastante diversa como para que la ASEAN genere una mayor interdependencia con sus diferentes economías.

    De hecho, la estructura cambiante de las ventajas comparativas en la ASEAN está íntimamente relacionada con los cambios estructurales y la reestructuración industrial que tiene lugar especialmente en la región Asia-Pacífico. Con las inversiones extranjeras directas que han entrado y las que ya existían en la ASEAN, varios países del grupo se han convertido en plataformas para las empresas multinacionales. Singapur ha logrado transformar a la isla en un centro de comunicaciones y servicios de suministro para el mercado regional. Malasia y Tailandia redujeron el papel de sus industrias con uso intensivo de la mano de obra a finales de los años 80 y comienzos de los 90 a favor de industrias con uso más intensivo de tecnología, especialmente en el sector manufacturero. Incluso Vietnam, país que entró a la ASEAN en 1995, ha aprovechado esta rápida transformación captando fuertes inversiones extranjeras directas.

    Sin embargo, todavía no se sabe a ciencia cierta si los cambios que están ocurriendo con las economías de la ASEAN y el APEC contribuirán a fortalecer o a debilitar la sinergia entre ambas agrupaciones. Por el momento, el patrón de ventajas comparativas de la ASEAN pareciera estar en creciente interacción con la región del Asia-Pacífico. De hecho, el intercambio comercial interindustrial de la ASEAN con la región ha sido sustituida por el comercio intraindustrial.

    La proximidad geográfica de la ASEAN con el polo económico del Este Asiático, la afinidad cultural y las políticas pragmáticas de los países que conforman este grupo han hecho de la ASEAN un lugar atractivo para los inversionistas del Este Asiático, especialmente de Japón y las ERI asiáticas, sin olvidar a las empresas multinacionales de los países occidentales desarrollados. Es probable que estas tendencias se refuercen, ya que algunos países de la ASEAN como Singapur, Malasia e incluso Tailandia e Indonesia también están a punto de invertir más en la región del Asia-Pacífico.

    Hasta ahora, las relaciones económicas de la ASEAN con otras economías del APEC perecen tener un carácter más complementario, a medida que el comercio y las inversiones van creciendo como resultado de las relaciones de tipo intraindustrial. Existe la idea de que una mayor competencia entre los países del APEC, derivada de la liberalización unilateral, favorece el ajuste en pos de un nuevo carácter complementario en la estructura productiva y comercial. De esta forma, la ASEAN y el APEC se complementarían y competirían bien en un sentido dinámico si cada país de la ASEAN está trabajando correctamente para adaptarse a los nuevos cambios estructurales y la reestructuración industrial que tienen lugar en la región.

    DENTRO DEL PROCESO DEL APEC

    Antes de la formación del APEC en 1989, los únicos acuerdos comerciales regionales (ACR) que existían en Asia-Pacífico eran los acuerdos comerciales preferenciales de la ASEAN (ASEAN-PTA) y el Tratado entre Australia y Nueva Zelandia. Sin contar el Tratado de Libre Comercio entre Canadá y Estados Unidos de América (CUSTA, Canadian-US Free Trade Agreement) de 1989, el mismo año del APEC. La materialización del APEC en cierta forma obligó a la ASEAN a pensar en su posición y su participación. Anteriormente este grupo no era un actor importante en los asuntos del Asia-Pacífico y existía el temor de que se diluyera o actuara simplemente como una especie de suplemento a los esfuerzos de la ASEAN hechos hasta esa fecha. Esto explica por qué la ASEAN mostró gran cautela y no confiaba en el proceso del APEC cuando éste se formó. El predominio de las economías más grandes generó la insistencia del APEC sobre los arreglos informales y la no institucionalización del APEC.

    Desde entonces, la ASEAN ha tomado seriamente los asuntos concernientes al APEC y se ha convertido en uno de los voceros más sólidos de las economías en desarrollo del grupo. Ahora bien, en cuanto a en qué medida el APEC podría hacer que la ASEAN se tornase incoherente, todo dependerá básicamente de la evolución del primero y la participación de la segunda. El APEC ha pasado a ser parte de las reflexiones de la ASEAN. Si bien cada país actúa con carácter individual en el seno del APEC, en términos generales las economías miembros de este grupo aceptan a la ASEAN como un grupo subregional. El valor del APEC para la ASEAN estriba en que complementa los esfuerzos de integración que lleva a cabo esta última. En este sentido, la ASEAN trabaja para lograr que el APEC se encamine hacia el logro del objetivo primordial de la ASEAN, a saber, el fomento de un sistema abierto multilateral de comercio y la promoción del dinamismo y progreso en la región que den cabida a nuevas iniciativas.

    En efecto, los principios de la participación de la ASEAN en el proceso del APEC han sido manifestados claramente a través del "Consenso Kuching". En cierto sentido, la ASEAN está en capacidad de transformarse en el alma del grupo y ha actuado significativamente en algunas instancias del proceso APEC hasta el presente. El consenso ASEAN, a pesar de que ha sido lento en opinión de algunos, ha logrado avanzar y se aplica perfectamente en el APEC. Incluso los principios destinados a poner en práctica la Declaración de Bogor son considerados como no demasiado comprometedores y son vistos más bien como un mecanismo eficaz de avenencia entre una diversidad de economías miembros del APEC. La participación del Grupo de Personas Eminentes (EPG) de la ASEAN fue positiva y contribuyó a que el proceso APEC avanzara con un ímpetu correcto.

    Muchos de los esfuerzos desplegados por la ASEAN conjuntamente con otros miembros del APEC han arrojado resultados positivos que han permitido a este último perpetuarse hasta el próximo siglo. Esperemos que las relaciones económicas de la ASEAN con otras economías APEC incrementen la complementariedad y competencia económicas dentro del proceso y refuercen al mismo tiempo el compromiso adquirido por el APEC a favor de la apertura económica. Sería conveniente que la ASEAN revisara su propio registro de compatibilidad ASEAN-APEC en términos de esfuerzos de integración regional. El APEC sigue avanzando con su plan de acción colectiva e individual conocido como MAPA (1996) como la continuación de la Declaración de Bogor de 1994 y el Programa de Acción de Osaka de 1995. Este plan cubriría los tres pilares del APEC mencionados anteriormente y la ASEAN se encuentra actualmente inmersa en su aplicación para la subregión.

    LOS RETOS DEL FUTURO

    Es posible que la evolución del APEC luzca diferente a la que todos habían supuesto, pero lo cierto es que sus resultados parecen ser positivos hasta ahora. En general, la ASEAN, como parte del grupo, logró aportar principios importantes conjuntamente con otras economías miembros, pero no podrá impedir que el APEC avance en su institucionalización (Chirathivat (1996)). De hecho, la institucionalización del APEC podría no perjudicar a la ASEAN en tanto dicho proceso no implique la creación de una nueva estructura burocrática y la invención de nuevas herramientas que sean incompatibles con las necesidades de la región APEC. Por otra parte, la ASEAN deberá favorecer la institucionalización del APEC si sus trabajos se ajustan al enfoque del regionalismo abierto y complementan los esquemas de integración intra-ASEAN.

    El APEC se ha transformado en un foro regional importante ahora que se está dedicando a la tarea de llevar su visión a la práctica, lo que significa que cada país deberá dar cumplimiento a sus compromisos presentando ofertas unilaterales de liberalización del comercio y las inversiones dentro del APEC, conjuntamente con otras iniciativas en los tres pilares. Este sería el primer elemento importante de los retos que la ASEAN deberá enfrentar en el futuro. En términos generales, la ASEAN se siente cómoda con esa ejecución en APEC, puesto que cada país ha propuesto su propio plan de acción, y está tratando de concebir alguna manera en que el APEC pudiera servir de respaldo al AFTA, en la aplicación de las políticas de la ASEAN. A Singapur y Brunei les resultará fácil cumplir con sus ofertas de liberalización dentro del APEC, puesto que ello facilitará su apertura. Por su parte, Malasia e Indonesia están conformes con estos esquemas dado que sus aranceles promedio actuales no son tan elevados entre las economías miembros del APEC. Por el contrario, Tailandia y Filipinas deberán hacer frente a la importante tarea de demostrar su capacidad de reducir sus aranceles promedio dentro de los esquemas de ejecución.

    Existen también otras áreas importantes de la liberalización del comercio y las inversiones en las cuales el APEC está centrando sus esfuerzos y con las que la ASEAN deberá cumplir su compromiso también. En lo que respecta a los dos pilares restantes de la Declaración de Bogor, a saber, facilitación del comercio y las inversiones y cooperación técnica y económica, la ASEAN considera en general que estos pilares deberían introducirse simultáneamente con la liberalización del comercio y las inversiones. Esto se basa en la premisa de que la mayoría de los miembros se unen al APEC esperando obtener beneficios y fortalecer sus intereses a través de la cooperación.

    El tema de la compatibilidad ASEAN-AFTA y los tres pilares de los esquemas APEC también está adquiriendo importancia ahora que la liberalización del comercio y las inversiones están ingresando a su fase de ejecución. AFTA deberá cumplir con un nuevo plan de 10 años destinado a culminar su proceso de liberalización comercial para el año 2003, particularmente en el sector manufacturero. Los productos y servicios agrícolas se tomarán más tiempo. Dado que AFTA es una Area de Libre Comercio (ALC), contiene todos los elementos de un acuerdo discriminatorio, pues contempla la reducción de las barreras intra-ASEAN con normas de origen específicas y claras. Los tres pilares del APEC, por otra parte, poseen un mayor alcance que una ALC convencional, tal como la AFTA. No es discriminatorio y su propósito es crear una zona de libre comercio e inversiones en Asia y el Pacífico, ejemplificando así los compromisos de la OMC. Esto tomará un período más prolongado, hasta el 2020, para la mayoría de los países de la ASEAN, salvo Singapur y Brunei.

    Hasta la fecha, se considera que AFTA no constituye una amenaza para la región en términos de su impacto significativo. Entretanto, la ejecución del APEC, que implica esencialmente una liberalización unilateral, continúa siendo objeto de presiones externas y podría seguir produciendo nuevas iniciativas, emprendidas por ejemplo por países desarrollados importantes. La rapidez y el ajuste en términos de comercio y liberalización son elementos importantes para la ASEAN dentro del AFTA y el APEC, puesto que estas dos opciones deberán dar muestras de sus propias capacidades a través de su estructura y coherencia propias para manejar esta situación regional. A medida que la ejecución del APEC se torna más clara, la ASEAN tiene muchas probabilidades de extender sus propias iniciativas posteriores al AFTA para complementar los tres pilares del APEC. Es de esperarse que estas áreas se amplíen para que abarquen el movimiento de factores productivos dentro de ASEAN, en lugar sólo de la liberalización de productos. Por lo tanto, existen razones para que el AFTA exista conjuntamente con el APEC en el futuro, aunque la ASEAN deberá cumplir previamente con el requisito de trabajar eficazmente en sus propios esfuerzos integradores posteriores al AFTA.

    Finalmente, APEC probablemente tendrá más repercusiones en las políticas nacionales de los países de la ASEAN. No cabe la menor duda de que el futuro y la dinámica de la región de Asia-Pacífico importan mucho a la ASEAN. El grupo se sentiría cómodo si el APEC pudiera avanzar hacia un regionalismo abierto y trabajara para estimular las fuerzas del mercado con miras a una mayor integración de las economías de la región a través del vínculo del comercio y la inversión. Esto significa también que cada país de la ASEAN deberá cultivar sus relaciones económicas con los socios principales de la región. El grupo deberá trabajar con otras economías de la región, tales como China, Corea y Taiwán para compartir los mismos tipos de cuestiones claves en la coordinación de las necesidades nacionales y los compromisos internacionales (Yamazawa y Hirata (1996):3). Si bien el proceso de coordinación es considerado lento y progresivo, la ASEAN está segura de la liberalización, con base en la experiencia reciente que sus países miembros han vivido en relación con la liberalización unilateral de sus regímenes comerciales. Existen también otros problemas relacionados con la vinculación de los esquemas de integración subregional en Asia-Pacífico. La ASEAN ha comenzado a trabajar con el CER. De hecho, "la vinculación entre los distintos tratados regionales de comercio tales como AFTA y CER podría ser considerado un acontecimiento positivo". En general, la ASEAN está tratando de trabajar positivamente con varios tratados comerciales regionales en la zona Asia-Pacífico, especialmente con el APEC. A la larga, la liberalización de la ASEAN y el APEC, de ser planificada correctamente, permitirá a estos dos organismos reforzarse mutuamente y profundizar aún más la integración a través de las fuerzas invisibles de mercado que hasta ahora han funcionado bien en la región.